8 de febrero de 2017

La voz escondida de Parinoush Saniee




Una de las novelas traducidas recientemente al español que más me ha gustado ha sido la escrita por la iraní Parinoush Saniee, muy conocida en el mundo occidental por su obra El libro de mi destino, novela en la que trazaba una nítida pintura de la vida de la mujer en Irán a través del relato de los hechos más significativos de la existencia de la protagonista.En Una voz escondida, la escritora vuelve de nuevo los ojos hacia la realidad para retratarla y criticarla, aunque en este caso no se centra en la gran sociedad de un país, sino en su célula elemental que es la familia.
Shahab es un niño especial. Le gusta escuchar a los que le rodean, hablar con sus amigos invisibles, provocar la risa en  los que le rodean haciendo todo lo que le piden. Ellos dicen que es tonto y Shahab, figura desde la que se focaliza casi totalmente la narración, no tarda en comprender que esa es una palabra con connotaciones muy negativas. Sus amigos y la mayor parte de su familia, con la excepción de su madre, creen que Shahab tiene un retraso mental porque con  cuatro años es incapaz de hablar y así lo expresan delante del personaje, olvidando que tiene oídos y cerebro para interpretar lo que oye. Shahab guarda silencio en parte porque la obsesión de los que le rodean por que hable le paraliza y también porque ninguno de ellos tiene la mirada clara para suscitar en el niño la confianza para comunicarse.
Llegamos de este modo al núcleo de la novela. Una voz oculta pretende denunciar, no la sociedad del país, como algunos han señalado, sino la incomunicación y soledad del individuo en el seno de la familia. El padre de Shahab es un hombre que vive para el trabajo, para conseguir dinero. Busca la perfección de su familia y en ese sentido su hijo es una vergüenza para él. Su hijo mayor, Arash vive obsesionado por lograr la aceptación de su padre para lo que subordina su vida a los estudios y a destacar por encima de sus compañeros, que se convierte en competidores. Su hermana pequeña, Shadi, es el juguete de la familia, simpática y guapa y parlanchina. Sólo la madre de Shahab, Mariam es capaz de comprender que su hijo es un ser especial, en absoluto falto de inteligencia.
-¡Qué le has hecho a mi niño!? -chillé. Tan grande y corpulento como eres ¿y tienes que tomarla con él? ¿No se te ha ocurrido que se habría puesto enfermo si hubiera bebido el agua de la acequia? ¿Por qué lo provocas?
-Pero,¿qué tengo que ver yo, tía Mariam? -contestó Josrow como un corderito-. Ése es capaz de lo que sea por un helado o un trozo de chocolate. Como es tonto, en la calle los niños le toman el pelo, y yo procuro que nadie le pegue.
-¿Qué has dicho? ¿Tonto? ¿No te da vergüenza llamar así a mi hijo? No es tonto, ni muchísimo menos.
-No te pongas así, Mariam Janum -intervino Husein Aga con tranquilidad-. ¿Por qué te alteras? Es bien sabido que hay niños menos inteligentes que otros: algunos son como Arash, muy espabilados y muy hábiles, y otros son como él, menos inteligentes.
-Eso es falso. No es menos inteligente, para nada. Por mucho que lo penséis.
-Dios mío, ¿por qué no quieres aceptar la realidad? -preguntó Fataneh con desdén-. Un crío que a esa edad aún no habla, tiene que ser retrasado, es de cajón.
-No. No hablar no tiene nada que ver con ser retrasado.
Sin embargo, Mariam tampoco es capaz de arrancar del mutismo a su hijo. Las tensas relaciones con su marido, la atención a su hija pequeña y a los problemas familiares así como el trabajo del hogar en el que se siente ahogada, no propician el encuentro de la voz de su hijo.
Shahab tendrá que pasar por muchas vicisitudes como perderse y vivir con unos extraños o pasar unos días con su abuela para encontrar su voz. Y aquí surge una figura que resulta entrañable y que la autora reivindica: la de la persona mayor.
Tanto el matrimonio que recoge a Shahab como la en principio terrible abuela resultan ser con su amor y buen humor el terreno que el niño necesita para desarrollarse. La figura de la abuela con sus relatos de cuentos y su observación de la familia consigue acercarse a su nieto como nadie antes lo había logrado.
Bibi pasó a ser mi compañera de cuarto. Por primera vez estaba al lado de alguien que entendía mis frustraciones. A ella le daba igual que yo no hablara y en nuestra relación no había problemas. Estando juntos en nuestra habitación no nos faltaba nada. Cuando cerrábamos la puerta, en el aire vibraba una agradable sensación de tranquilidad. Bibi no me agobiaba para que dijera algo. Con ella no sentía ni miedo ni ansiedad, no había que aprobar ningún examen.
La obra está enfocada, como señalamos desde la perspectiva de Shahab, con pequeñas intromisiones de la visión de Mariam. La narración aborda así el tema de la incomunicación en la familia a través de una voz cálida, la de un niño, que es capaz de comprender a los que le rodean y sus problemas mejor que lo que ellos creen hacerlo con él. El silencio de Shahab es un espejo de la situación de sus familiares, quienes guardan terribles secretos entre sí. Nos encontramos ante una novela llamada al éxito tanto por su temática, como por su forma de abordarla, a través de una escritura fácil, ligera pero no exenta de profundidad.








1 comentario:

  1. Leí el libro de mi destino y me gustó mucho. Muchísimas gracias.

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