9 de febrero de 2015

Treblinka: fotografías del horror por Chil Rajchman

Chil Rajchman, judío de origen polaco nacido en 1914, nos ofrece en su obra Treblinka publicada por Seix Barral en su colección Los Tres Mundos. Memorias un escalofriante retrato del campo de concentración de Treblinka.
Hay que señalar dos aspectos antes de leer el libro: no nos encontramos ante una novela, sino ante un testimonio de un superviviente que convierte en el sentido de su vida explicar al mundo entero el espanto vivido por miles de seres humanos en este campo del horror. Este campo, que estuvo funcionando como parte de la solución final desde 1942 hasta finales de 1943, dentro de la Operación Reinhard y estuvo bajo el control directo del jefe de las SS, Himmler. La obra es pues un retrato de lo sucedido y nada de lo que en ella se cuenta escapa a lo que sucedía en el campo.
El segundo aspecto es el del propio campo. En realidad Treblinka estaba dividido en dos partes. La primera estaba destinada para todos aquellos que no eran judíos y era lo que normalmente se entiende como campo de concentración. La segunda, en la que estuvo alojado Chil Rajchman, era un campo de exterminio, destinado a terminar con toda persona ajena al régimen que ingresara en él. 
Rajchman estructura la obra en breves capítulos, precedidos por pequeños fragmentos de texto, a veces a modo de haiku, que ofrecen la esencia de lo que el lector va a encontrar en cada uno de ellos. 
El hecho de que Chil Rajchman escriba un texto que roza el documental, no le resta valor literario. Parco en palabras, el escritor judío escoge desde una primera persona no ficticia en la que el narrador es el mismo que el autor y se llena de autoridad, los términos justos y precisos, sin prescindir de recursos literarios.

Los tristes vagones me conducen hacia allí, hacia aquel lugar. De todas partes nos llevan: del este y del oeste, del norte y del sur. De día y de noche. En todas las estaciones del año, viajan los trenes: primavera y verano, otoño e invierno. Los transportes viajan hacia allí sin obstáculos ni restricciones y Treblinka se vuelve cada día más rica en sangre. Cuanta más gente llevan allí, más crece su capacidad para recibirla.
La obra se inicia con la llegada del autor al campo de concentración acompañado de su hermana de diecinueve años. Al bajar del vagón que los transporta hombres y mujeres son separados y así esta será la última vez en que Rajchman vea a su hermana.
 El autor se muestra en la obra como una persona con iniciativa: aprovechando la primera posibilidad se oculta bajo el montón de ropa que se hacina a uno de los lados, se viste  y finge ser un prisionero que no está destinado a las cámaras de gas. Ayudado por un compañero, finge ser peluquero y desde el primer día se dedica a cortar el pelo de las mujeres que van a ser gaseadas. Después pasará por las más macabras ocupaciones: dentista encargado de arrancar los dientes de oro o plata de los cadáveres recién gaseados y porteador de los muertos desde las cámaras de gas a las fosas comunes en las que, capa tras capa, se acumulan las víctimas del horror nazi. Rajchman permanece en el campo hasta su destrucción por parte de judíos que como él, son capaces de sortear el destino y hacer frente a una situación aparentemente sin solución.
La lectura del libro no es agradable. Sin embargo resulta obligada como reparación a todos los que tuvieron la desventura de ir a parar allí. Para terminar reproduzco un fragmento de esta obra, que espero nos enseñe a prevenir  movimientos tan terribles e inhumanos.

Recuerdo que todas las mañanas, cuando llegábamos al trabajo, notábamos que en las fosas la superficie se había levantado en varios lugares. Durante el día el suelo era apisonado, pero de noche la sangre brotaba a la superficie, la cual se elevaba tanto que los trabajadores, al bajar con las carretillas cargadas de ceniza y arena, transpiraban profusamente cuando descendían a la fosa.
La sangre de decenas de miles de víctimas no podía descansar y brotaba a la superficie.

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