31 de julio de 2014

El secreto de Gaudlin Hall


John Boyne, el aclamado autor de El niño del pijama de rayas o La casa del propósito especial, nos ha sorprendido este verano con la publicación de un libro nuevo: El secreto de Gaudlin Hall.

Esta obra, que se aparta del estilo de las dos arriba mencionadas, ha sido presentada por la editorial como una narración al estilo de Dickens o Wilkie Collins. Sin embargo, tras una lectura de la misma, podemos afirmar que esta narración sigue la tradición de Una vuelta de tuerca de Henry James o de La caída de la casa Ushter de Edgar Allan Poe.
La obra presenta dos logros evidentes: la primera y la última frase. Por ello recomiendo no seguir la costumbre que tienen algunos de mirar la última página de los libros que leen, ya que en este libro se produciría la destrucción de su aportación esencial: la intriga y el suspense que mantienen en vilo al lector hasta el último momento.
La narración se presenta desde el punto de vista de la protagonista, una joven que, tras la muerte de su padre, se ve obligada buscar trabajo. Al encontrar un anuncio en la prensa que pide una institutriz, Elizabeth se presenta candidata y es elegida rápidamente.
Sin pensar mucho en la rapidez de la respuesta y en los escasos requisitos que presentaba el anuncio, Elizabeth viaja a Gaudlin Hall, una casa en la que viven dos hermanos (un niño y una niña, como en Otra vuelta de tuerca) algo especiales, sin más cuidado que el que les presta una señora que cocina y un guarda de la finca.
Desde la primera noche comienzan a sucederse acontecimientos inquietantes, que parecen ser la manifestación de un espíritu maligno que ataca a Elizabeth. Ésta, preocupada por su vida, intenta averiguar la razón de todo lo que ocurre en la casa. La primera noticia que recibe no es tranquilizadora: todas sus antecesoras, excepto una, han muerto en extrañas circunstancias.
Esta obra es entretenida, presenta un argumento trepidante que mantiene la atención hasta el final y es especialmente apropiada para leer en verano. Quienes sean conocedores de las obra de Henry James o las de Edgar Allan Poe, verán pronto las carencias narrativas de la narración: respecto a Otra vuelta de tuerca, esta obra pierde la ambigüedad de la obra del americano y el cuidadoso retrato de los protagonistas. Respecto a las obras de Poe,  El secreto de Gaudlin Hall tiene un lenguaje menos cuidado, un ambiente menos asfixiante y opresivo.
Con todo, la narración es correcta y está llamada a ser una de las lecturas estrellas de este verano.

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