20 de septiembre de 2013

Días sin hambre: el suplicio de la anorexia

A todos los médicos 
que se dejan la vida
tratando de salvar la ajena

Descarnada, en el sentido literal del término es el adjetivo perfecto para definir la novela de Delphine de Vigan, Días sin hambre, publicada por Anagrama.

La narración aborda el complejo problema de la anorexia sirviéndose del mejor estilo que se podía emplear para ello. Del mismo modo que la persona con este trastorno se ve reducida a un puro esqueleto, la escritora pule la prosa, la somete a un duro régimen y nos presenta en un esquema narrativo mínimo, anoréxico, la historia de Laure.

La narración es sobria: es una novela de ciento sesenta y siete páginas; los capítulos son tan sólo párrafos, las partes en que está dividida equivalen a lo que podríamos entender como capítulos; el prólogo y el epílogo son unos párrafos y no existen palabras de más.
Laure es una joven universitaria a la que el doctor Brunel consigue convencer en la calle para que vaya a visitarle a su consulta. Lo único que le queda a la protagonista es un hilo de vida, un pasado oscuro y una soledad que le hace aferrarse a esa última oportunidad que le ofrece el psiquiatra.

De este modo, Laure es ingresada en un hospital y sometida a un tratamiento, que supone un suplicio, no sólo mental sino también físico. Las tentaciones le rodean: vomitar después de comer, desconectarse la alimentación parenteral que debe llevar toda la noche encendida, moverse desenfrenadamente para perder las calorías dolorosamente ganadas, pesarse con un paquete de arroz para fingir haber engordado... Sólo el vínculo profundo que el médico logra establecer con ella es capaz de salvar los obstáculos.

Esta novela presenta una serie de méritos notables: el estilo depurado, la capacidad de la autora para transmitir el sentimiento de dependencia que surge en el interior de Laure hacia el doctor Brunnel, los límites éticos que él mantiene en su relación con la enferma y su gran capacidad de empatía y escucha.

En el aspecto temático, la escritora consigue enfrentar al lector con la dura realidad de la anorexia. Ésta no es una simple tendencia y deseo de ser como las modelos, propia de jóvenes inmaduras. Detrás de ella se esconden conflictos muy duros que todos tenemos que descubrir y considerar, para ayudar y tratar a estas personas tal y como se lo merecen: con amor.

5 de septiembre de 2013

Los libros más vendidos en 2012: una interpretación





En una entrada anterior recogí una noticia dada a conocer por varios medios de comunicación sobre los libros más vendidos durante el año pasado. A mi parecer, la prensa ha pecado en esta ocasión ante todo -y en general-, de cierta superficialidad, al hacerse eco de datos estadísticos sin tratar de dar una explicación a los mismos.

En alguno de los comentarios, los seguidores confesaban que no deben estar muy integrados en la sociedad actual, por haber leído sólo uno o dos libros de los incluidos en la lista. Esta opinión sobre sí mismos puede y seguramente es un tanto equivocada.
Si atendemos en primer lugar al título del post, que recoge el de las principales fuentes de comunicación, los libros que integran la lista no son los más leídos, sino los más vendidos. En este sentido la primera conclusión está clara: los lectores no tienen por qué haber leído esos libros .

Si navegamos por algunas páginas de la Web buscando cuáles son los libros más leídos en 2012, los resultados varían respecto a la lista de los más vendidos y ofrecen también notables diferencias según las fuentes. Y es que, según el grupo de personas que en cada web se haya encuestado, según la edad, la cultura, la procedencia, los resultados se ven sujetos a cambios notables. Así en Nuevo bestseller español la lista de libros más leídos, en este caso en España, según la Federación de Libreros y Editores es la siguiente:

1. MILENNIUM, de STIEG LARSON
2. CINCUENTA SOMBRAS, de E. L. JAMES
3.LOS PILARES DE LA TIERRA, de KEN FOLLET
4.EL TIEMPO ENTRE COSTURAS, de MARIA DUEÑAS
5.EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS, de CARLOS RUIZ ZAFON
6. CANCION DE HIELO Y FUEGO, de GEORGE R.R MARTIN
7. LA CATEDRAL DEL MAR, de ILDEFONSO FALCONES
8. LA CAIDA DE LOS GIGANTES, de KEN FOLLET
9. DIME QUIEN SOY, de JULIA NAVARRO
10. UN MUNDO SIN FIN, de KEN FOLLET
11. LA MANO DE FATIMA ILDEFONSO, de FALCONES
12. A TRES METROS SOBRE EL CIELO, de FEDERICO MOCCIA
13. AFRICANUS, de SANTIAGO POSTEGUILLO
14.EL MEDICO, de NOAH GORDON
15.EL JARDIN OLVIDADO, de KATE MORTON
16.EL ALQUIMISTA, de PAULO COELHO
17.TENGO GANAS DE TI, de FEDERICO MOCCIA
18. DAVID GURNEY, de JOHN VERDON
19.ANGELES Y DEMONIOS, de DAN BROWN
20.EL CODIGO DA VINCI, de DAN BROWN
21 MARTIN OJO DE PLATA, de MATILDE ASENSI
22.VIVIR PARA CONTARLA, de GABRIEL GARCIA MARQUEZ
23. EL CHE, de PABLO ODONNEL
24. PERDONA SI TE LLAMO AMOR, de FEDERICO MOCCIA
25.EL SIMBOLO PERDIDO, de DAN BROWN

Si conjugo esta lista con mi experiencia durante este año pasado en una Biblioteca Pública, he de decir que este segundo conjunto de obras se acerca bastante más a las obras solicitadas por los lectores de perfil medio-bajo que acudían a la misma.

Otra observación que me gustaría realizar a propósito de la lista de libros más vendidos es que recoge un nuevo sector de lectores: el público infantil y juvenil: de este modo podemos explicar el lugar destacado que ocupa en ella obras como El señor de los anillos -trilogía que yo leí con doce años- o Harry Potter, obra muy solicitada en las bibliotecas y no sólo por jóvenes. 

Lo mismo puede decirse de la saga Crepúsculo, que ha causado furor entre las lectoras quinceañeras. El diario de Ana Frank es, por su parte, una obra que se recomienda en institutos. Es decir, un grupo de las obras incluidas en la lista de bestsellers parece obedecer a un mayor grado de alfabetización por parte de nuestros niños y jóvenes y a una mayor afición por la lectura.


La presencia de libros como La Biblia o El libro rojo de Mao puede justificarse por  otros factores de tipo religioso e ideológico. En el mundo crisitano (católico, protestante, calvinista...) es rara la familia que carece de una Biblia o, al menos de una de sus partes más conocidas: El Nuevo Testamento. Por otro lado, celebraciones como la Primera Comunión favorecen el regalo de este libro fundamental de la fe cristiana. El libro rojo de Mao quizá se deba a las exigencias del régimen comunista sobre el país más poblado de la tierra.


Los libros más vendidos no son por tanto siempre los más leídos. El lector medio y muchas veces el alto tiende a buscar obras más sencillas para su lectura cotidiana, que le ayuden a descansar de sus ocupaciones y preocupaciones. Lo cierto es que en el momento actual vivimos un auge de la novela erótica, la novela negra con alto grado de violencia y la narración histórica. 

Mejorar el nivel intectual de nuestras lectura está en nuestras manos y en nuestra cabeza: no todo lo que se anuncia en la prensa como bueno lo es, ni lo que lee la mayoría es lo mejor. Tampoco las mejores obras tienen por qué ser las más difíciles. Lo que debemos buscar, al igual que cuando nos disponemos a comprar una casa, un ordenador o un smartphone, es la mejor  información posible, para elegir el libro que mejor se adecue a nuestras necesidades.

2 de septiembre de 2013

Así es un club de lectura en Estados Unidos

Texto tomado de Diario de Navarra

Faltan unos minutos para las 7 de la tarde y conduzco por los alrededores de mi vecindario. Mi destino es un club de lectura. Pero no voy a un centro cultural, ni una biblioteca o una librería. Me dirijo a una típica casa americana, en medio de un barrio residencial a las afueras de la ciudad de Chattanooga, en el estado de Tennessee: voy a asistir a un club de lectura típicamente americano.
Me han invitado las damas que lo organizan, y yo lo vivo como una nueva experiencia americana. Una muy especial, y como una forma más de integrarme en el vecindario, después de que mi amiga Isabel, que ya asiste desde hace un año a estas reuniones bibliófilas le comentara a una de las organizadoras que en mi país coordino el club de lectura de un periódico.
Llego puntual y la reunión aún no ha comenzado. En un salón amplio, decorado en estilo clásico con muebles robustos de madera oscura y cuadros de paisajes que recuerdan la campiña inglesa, con ventanales que dan al jardín y varios sillones orejeros sobre una alfombra enorme de dibujos orientales, charlan animadamente cerca de una decena de personas. Se nota que se conocen, son vecinas que tienen en común la afición a la lectura y hace años decidieron reunirse una vez al mes alternando las casas de cada una como punto de encuentro. Se ponen de acuerdo al comienzo del curso y proponen mensualmente una lectura para comentarla juntas.
Junto al sillón donde me encuentro charlando con dos de ellas, hay una barra americana que comunica ese espacio con la cocina, y veo dispuestos copas y vasos, así como una selección de bandejas y platos con varios tipos de lasaña, verduras y pasteles de lo más apetitosos. Es una sesión de cena con libros. Interesante.
Van llegando y se sucede una cascada de saludos muy cariñosos. Entre ellas y luego algunas se dirigen a mí. Soy la recién llegada, la nueva. Les resulta exótica mi procedencia. Pienso que Tennessee no es un estado al que lleguen habitualmente muchos europeos y quizá menos españoles aún, pero aquí estamos, Isabel y yo somos una buena muestra. Les interesa saber y me preguntan por cómo son los clubes de lectura en mi país y les cuento cómo los organizamos normalmente. En bibliotecas, lugares públicos, colegios, librerías, y nosotros en Diario de Navarra, además de presencialmente con los escritores que nos visitan desde hace más de cinco años, también por Internet.
Veo en sus rostros que para ellas es tan extraño eso de reunirse en un lugar público, pudiendo hacerlo en casa, como para mí lo es encontrarme en el salón de una casa desconocida dispuesta a comentar el libro en cuestión. Tenemos en común el amor por los libros, el gusto por la lectura, el placer de comentar las impresiones tras la lectura, el interés por descubrir en las palabras del otro el poso que dejó el mismo libro que leímos… eso nos une, por encima del idioma, de la cultura y de las formas de llevarlo a cabo. Me doy cuenta de que un club de lectura puede ser también una dimensión de encuentro, sea donde sea y como sea.
Pero antes de hablar del libro, cenamos.

Más info: Sopa de letras

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