29 de junio de 2013

Continúa la saga de Ásterix

Info obtenida de ABC


La nueva aventura de Astérix y Obélix, que se publicaráel 24 octubre en el orginal francés y llevará a los irreductibles galos a Escocia, será «tradicional» pero incluirá «alguna sorpresa», según reveló el autor del libro, Jean-Yves Ferri.

Ferri fue elegido entre varios candidatos para, junto con el dibujante Didier Conrad, tomar el testigo de los creadores de las historietas del dúo, Albert Uderzo, de 86 años, y el ya fallecido René Goscinny, en la que será la primera obra realizada por otros artistas desde el inicio de la saga en 1959.

En «Astérix y los pictos», los valientes galos, acompañados del diminuto perro Idéfix, cruzan el canal de la Mancha hasta tierras escocesas, donde ayudarán a los pictos (las tribus indígenas de Escocia) a defenderse de los imperialistas romanos.

«Al más puro estilo tradicional, "Astérix y los pictos" es un viaje épico a una tierra llena de tradiciones e historia», explica el guionista francés de 54 años.

«Esta aventura -prosigue- llevará a los galos al corazón de Escocia, donde conocerán a aterradores guerreros y antiguos clanes de pictos y descubrirán el whisky, las gaitas, los orígenes del muro de Adriano y el hogar del monstruo del lago Ness».

26 de junio de 2013

Los cafés literarios

Info tomada de ABC




En ellos, la literatura se servía tan caliente como el café, o tan azucarada como un traguito de sol y sombra. Allí, en los cafés, los croissants estaban rellenos de versos, y el coñac rezumaba endecasílabos. Pero a veces venían tiesas, y las palabras estaban envenenadas de absenta, de pastelería soez, y de lenguas trabadas por el humo de los cigarrones y el anís. Y de los derechos de la prosa se pasaba a los hechos de la épica a puñetazo limpio.
En aquellos cafés, y en aquellas tertulias, se escribía la historia de la literatura, unas veces con trazo fino, otras con trazo grueso y apenas unas pesetas en los bolsillos de la chaqueta. Cafés como el Pombo, el del Gato Negro, el Colonial, el Marfil, la Cervecería de Correos, el Lyon, o el Café de Levante que, según Valle-Inclán, ejerció «más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias».
Ahora, el Ateneo, al alimón con Cafés La Estrella y su Movimiento 1887, quieren recuperar el placer de hablar y discutir, de compartir y disentir, en un ciclo de tertulias (días 27, 28 y 29) que van a versar sobre cine, música, café, autoedición, teatro…en las que van a participar, entre otros, Vicente Molina Foix, Carmen Posadas, Boris Izaguirre, Ramón Freixa, José Luis Cuerda, Mercedes Cebrián, Carlos del Amor, Juan Gómez -Jurado, Alex Colet, Alma Obregón, Chisco Fernández, Rubén Romero Sánchez, Carlos Rod, Pepe Rodríguez, Sergio Mejías, Nicolás Alcalde, Verónica Larios y Mónica Vázquez.
Como explica Aitziber Bárcena, Brand Manager de Cafés La Estrella y portavoz del «Movimiento 1887», este, nacido en 2010 cuando se acercaba el 125 aniversario de la popular marca cafetera, «trata de crear acciones gratuitas que ofrecieran experiencias a todos los públicos para recuperar cosas del pasado que merecieran la pena que durasen en el tiempo».

Redes sociales de su tiempo

Nadie puede negar que los cafés, que las tertulias fueron auténticas redes sociales en su tiempo. «Hoy en día -continúa Bárcena-, parece que todos vivimos enganchados a las redes sociales, en vez de conversar, tecleamos información con límites de caracteres. Parece que las relaciones sociales están cambiando con las nuevas tecnologías y aunque es una maravilla las posibilidades de comunicación que ofrece la tecnología y las redes sociales, creemos que lo inteligente es volver la vista atrás y caer en la cuenta de lo necesario e importante que es el encuentro con los otros, el conversar sin límite de tiempo, quedar a tomarse un café, mirarse a los ojos…».
El escritor Juan Gómez-Jurado, uno de los participantes en el ciclo tertuliano, también apunta su buen grado de incorporarse a los croissants y el café: «Es muy bonito el ver regresar las tertulias literarias a los cafés de Madrid, y mucho más en un marco como el del Ateneo de Madrid, con su cafetería centenaria donde tantas figuras ilustres han debatido sobre las distintas artes. No hay nada mejor que charlar encima de un café, con toda la tarde por delante y los mejores contertulios al otro lado de la mesa. Pero además, ahora, lo haremos tuiteando. Y es que todo avanza...».

Más info: ABC

25 de junio de 2013

Consideraciones sobre el e-reader

Antes no lo sabía, pero me lo decían. Ahora lo reconozco y lo grito: soy una fetichista de los libros.
Cuando nació el e-reader, me quedé absolutamente fría. Muchos reaccionaron con entusiasmo: el tamaño de las casas, la dificultad de independizarse debido a problemas económicos, el precio de los libros parecían ser buenos motivos para alegrarse de la invención de este aparato.
Este año me decidí y en Navidad me regalaron un reader de Sony. Las ventajas, todas las anteriores, a las que hay que sumar la posibilidad de cambiar el tamaño de letra según los requerimientos personales así como el hecho de poder llevar encima toda la biblioteca me encandilaron.
Descubrí páginas para descargar libros clásicos, páginas piratas en las que se ofrecían libros publicados el día anterior de manera gratuita (¡gran robo de propiedad intelectual!) y me llené de la furia de descargar, copiar, pegar y leer un libro tras otro.
Leía realmente los libros. Sin embargo, había algún tipo de problema. No era el hecho de que no hubiera papel. No. Era otra cosa.
El otro día descubrí la evidencia: el reader priva al lector de la sensación de estar leyendo un 
libro concreto. Todos los libros son iguales, y todas sus páginas son similares: una sucesión de pantallas que cambian de disposición según se configure la visualización de cada texto.
A la hora de la verdad, soy incapaz de recordar en qué página de la novela de Fred Vargas que leí en el reader vi una frase que me llamó la atención y en qué parte de La montaña mágica que almaceno en la memoria casi infinita de mi aparato está mi capítulo favorito del libro o aquellos fragmentos que sigo sin comprender.
El libro físico tiene algunas ventajas de las que carece el electrónico: el carácter visual de la memoria y la individualidad de cada uno de los objetos que leemos son algunos de los más importantes.
Este puede ser un capítulo del último bestseller, pero también la primera parte del segundo volumen de  El señor de los anillos o un capítulo de un Código de Derecho Civil

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