28 de octubre de 2013

De Susana Benet

Aunque hace tiempo que no sabemos de Susana Benet, esto no es una señal forzosa de inactividad. Antes bien, esta maravillosa escritora de poesía y acuarelista destacada no para. Damos cuenta de su último libro, que tendremos que comprar, según lo que de él dice Antonio Rivero en su blog Fuego con nieve.


Vino aquí hace unos días con unos haikus publicados en la revista Palimpsesto, y ahora vuelve a hacerlo con motivo -qué gozoso motivo- de la aparición de su libro La durmiente, en Pre-Textos. En esta ocasión no se trata de una colección de haikus, esa forma en la que es maestra; integran el volumen poemas de otra arquitectura que sin embargo traen mucho de lo ya mostrado en aquellas composiciones breves: la visión lírica, la percepción de los milagros sencillos, la expresión feliz e inmejorable con las palabras precisas.
El sueño, no tanto en su componente onírico como en suspensión de la vigilia, de la vida, es principal protagonista. Y lo subrayan sendas citas de Juan Ramón Jiménez y Emily Dickinson. No pocos poemas lo frecuentan, y el puñado de los escritos a la memoria de alguien hablan de esa otra forma de sueño que es la muerte.
Sé que el lector de recomendaciones literarias suele ser un santo Tomás que pide pruebas, palparlas. Pero miedo me da tocar estos pétalos, la posibilidad de mancharlos. Uno, que es todo menos Cristo, pide fe para esto que digo: busca, lector, "Quietud" o "No hay temor". Aunque estos son solo dos de los poemas de tan hermoso libro signado por un tono elegíaco y serenísimo, y lleno de páginas dedicadas, señales, como las halladas en "Escalera", de que su autora no, no está sola: además de a personas queridas, aquí o en las regiones del sueño, tiene las estrellas, los gatos. Y eso que es necesario para asombrarnos: el asombro.

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