2 de septiembre de 2013

Así es un club de lectura en Estados Unidos

Texto tomado de Diario de Navarra

Faltan unos minutos para las 7 de la tarde y conduzco por los alrededores de mi vecindario. Mi destino es un club de lectura. Pero no voy a un centro cultural, ni una biblioteca o una librería. Me dirijo a una típica casa americana, en medio de un barrio residencial a las afueras de la ciudad de Chattanooga, en el estado de Tennessee: voy a asistir a un club de lectura típicamente americano.
Me han invitado las damas que lo organizan, y yo lo vivo como una nueva experiencia americana. Una muy especial, y como una forma más de integrarme en el vecindario, después de que mi amiga Isabel, que ya asiste desde hace un año a estas reuniones bibliófilas le comentara a una de las organizadoras que en mi país coordino el club de lectura de un periódico.
Llego puntual y la reunión aún no ha comenzado. En un salón amplio, decorado en estilo clásico con muebles robustos de madera oscura y cuadros de paisajes que recuerdan la campiña inglesa, con ventanales que dan al jardín y varios sillones orejeros sobre una alfombra enorme de dibujos orientales, charlan animadamente cerca de una decena de personas. Se nota que se conocen, son vecinas que tienen en común la afición a la lectura y hace años decidieron reunirse una vez al mes alternando las casas de cada una como punto de encuentro. Se ponen de acuerdo al comienzo del curso y proponen mensualmente una lectura para comentarla juntas.
Junto al sillón donde me encuentro charlando con dos de ellas, hay una barra americana que comunica ese espacio con la cocina, y veo dispuestos copas y vasos, así como una selección de bandejas y platos con varios tipos de lasaña, verduras y pasteles de lo más apetitosos. Es una sesión de cena con libros. Interesante.
Van llegando y se sucede una cascada de saludos muy cariñosos. Entre ellas y luego algunas se dirigen a mí. Soy la recién llegada, la nueva. Les resulta exótica mi procedencia. Pienso que Tennessee no es un estado al que lleguen habitualmente muchos europeos y quizá menos españoles aún, pero aquí estamos, Isabel y yo somos una buena muestra. Les interesa saber y me preguntan por cómo son los clubes de lectura en mi país y les cuento cómo los organizamos normalmente. En bibliotecas, lugares públicos, colegios, librerías, y nosotros en Diario de Navarra, además de presencialmente con los escritores que nos visitan desde hace más de cinco años, también por Internet.
Veo en sus rostros que para ellas es tan extraño eso de reunirse en un lugar público, pudiendo hacerlo en casa, como para mí lo es encontrarme en el salón de una casa desconocida dispuesta a comentar el libro en cuestión. Tenemos en común el amor por los libros, el gusto por la lectura, el placer de comentar las impresiones tras la lectura, el interés por descubrir en las palabras del otro el poso que dejó el mismo libro que leímos… eso nos une, por encima del idioma, de la cultura y de las formas de llevarlo a cabo. Me doy cuenta de que un club de lectura puede ser también una dimensión de encuentro, sea donde sea y como sea.
Pero antes de hablar del libro, cenamos.

Más info: Sopa de letras

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