25 de junio de 2013

Consideraciones sobre el e-reader

Antes no lo sabía, pero me lo decían. Ahora lo reconozco y lo grito: soy una fetichista de los libros.
Cuando nació el e-reader, me quedé absolutamente fría. Muchos reaccionaron con entusiasmo: el tamaño de las casas, la dificultad de independizarse debido a problemas económicos, el precio de los libros parecían ser buenos motivos para alegrarse de la invención de este aparato.
Este año me decidí y en Navidad me regalaron un reader de Sony. Las ventajas, todas las anteriores, a las que hay que sumar la posibilidad de cambiar el tamaño de letra según los requerimientos personales así como el hecho de poder llevar encima toda la biblioteca me encandilaron.
Descubrí páginas para descargar libros clásicos, páginas piratas en las que se ofrecían libros publicados el día anterior de manera gratuita (¡gran robo de propiedad intelectual!) y me llené de la furia de descargar, copiar, pegar y leer un libro tras otro.
Leía realmente los libros. Sin embargo, había algún tipo de problema. No era el hecho de que no hubiera papel. No. Era otra cosa.
El otro día descubrí la evidencia: el reader priva al lector de la sensación de estar leyendo un 
libro concreto. Todos los libros son iguales, y todas sus páginas son similares: una sucesión de pantallas que cambian de disposición según se configure la visualización de cada texto.
A la hora de la verdad, soy incapaz de recordar en qué página de la novela de Fred Vargas que leí en el reader vi una frase que me llamó la atención y en qué parte de La montaña mágica que almaceno en la memoria casi infinita de mi aparato está mi capítulo favorito del libro o aquellos fragmentos que sigo sin comprender.
El libro físico tiene algunas ventajas de las que carece el electrónico: el carácter visual de la memoria y la individualidad de cada uno de los objetos que leemos son algunos de los más importantes.
Este puede ser un capítulo del último bestseller, pero también la primera parte del segundo volumen de  El señor de los anillos o un capítulo de un Código de Derecho Civil

7 comentarios:

  1. Anónimo6/26/2013

    Es estupendo el e-reader. Lo tengo y lo aprovecho mucho. Tengo poco espacio para mis preciosidades y por eso me encanta.

    Saludos desde mi rincón.

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  2. Anónimo6/26/2013

    Entiendo lo del poco espacio, pero comparto totalmente la opinión del blogg. Donde este un libro de papel que se quite el e-reader

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  3. Para una compulsiva como yo, el e-reader ofrece la inmediatez de buscar los libros y de poderlos leer en el momento en cualquier momento y lugar. Pero es cierto que todos los libros son iguales y que no deja espacio para la memoria visual, ni para el olor a libro, ni para el tacto de las hojas y las tapas....

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  4. Cuándo llegó la imprenta estoy seguro que los nostálgicos del pergamino se escandalizaron. La humanidad, gracias a Dios y a la técnica, avanza. Viva el e-reader

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  5. Me pasa algo así con la memoria cuando leo de e-reader. Creo que si debo leer una novela por placer y con la idea de que no volveré a leerla este aparato funciona bien. Si quiero guardar marcas no funciona muy bien, es muy poco práctico. Con el libro físico subrayo, hasta le hago dibujos o esquemas, etc. Para estudiar un e-reader creo que sirve poco. Si se es estudiante o investigador y se leen pdf los e-reader pequeños no sirven. Quizá uno grande sirva para no sacar fotocopia a todo, pero para estudiar algo extenso no sirve o sirve poco.
    http://cincochile.blogspot.com/

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Totalmente de acuerdo con lo que dices.

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