11 de marzo de 2013

Ser deforme en la sociedad de la perfección




Para Ronces, in memoriam

Con esta breve frase podría resumir el tema que se aborda en La lección de August, obra de J.L Palacio. El poder lucir una imagen perfecta  preocupa -con fundamentos más o menos sólidos- a muchas personas en el momento actual, en el que no tener una silueta perfecta, tener acné, sufrir caída de pelo o no poder lucir una sonrisa reluciente y un bronceado saludable en un rostro sin arrugas se convierten en una obsesión.
En esta obra que descubrí en la sección juvenil de la biblioteca, J.L Palacio aborda el problema de August, un niño nacido con una malformación que se ha cebado ante todo en su rostro: tiene los ojos en una posición más baja de lo normal, la nariz con una forma especial, el paladar hendido y la boca con una mandíbula reconstruida de modo que le hace parecer a la cara de una tortuga y le imposibilita comer sin manchar un poco. Sus orejas, por otra parte, son muy pequeñas y le obligarán a llevar unos audífonos con una pequeña antena.
August ha vivido durante años bajo la protección de sus padres y su hermana. Su madre se ha encargado de enseñarle las asignaturas que corresponden a su edad. August ha sufrido siempre las miradas de los demás, sus risas y sus insultos, hasta tal punto que durante su infancia el mejor regalo que recibió fue el que le hizo Miranda: un casco espacial.
Bajo él se ocultó durante dos años cada vez que salía de casa para evitar que la gente le mirara como a un bicho raro Al empezar la narración Augus va a verse obligado a mirar con su propia cara a la vida,  con la decisión tomada por sus padres : éstos le han inscrito en  un colegio para que curse secundaria y empiece a enfrentarse con los problemas de la vida, como le tocará hacer en el mundo real.

Recién llegado al colegio, August ve como la mayoría de los alumnos se apartan de su lado, se ríen de él o evitan mirarlo, en el mejor de los casos. Sin embargo, siempre hay alguien bueno. Durante la hora de la comida, Summer, una chica muy guapa y un poco hippy se sienta junto a August que come solo en la mesa. Muy pronto se harán inseparables y a ellos se unirá el simpático Jack Will. 
Quizá os preguntéis dónde radican el valor literario de esta novela. En un principio, podemos decir que es una obra que engaña. Parece un libro en el que un adolescente que ha tenido mala suerte va mostrando todos los problemas a los que se tiene que enfrentar y cómo consigue en algunas ocasiones superarlos. 
Sin embargo la autora ha sido inteligente. Después de ofrecernos la narración de August en la primera sección de la novela, pasa a mostrarnos la historia desde el punto de vista de su hermana, el novio de ésta  y los mejores amigos de August en el nuevo colegio. De este modo, el lector verá el efecto que la apariencia de August causa en un primer momento y cómo poco a poco su forma de ser hace que todos se acostumbren a su rostro y lleguen a amarlo.
La narración es ligera, con capítulos breves y en absoluto lacrimógena. Es más, uno de los aspectos que más llama la atención es el profundo sentido del humor que invade toda la obra


                           

4 comentarios:

  1. Muchas gracias. Habrá que sumarlo a la biblioteca

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  2. Espero en todo caso que te guste. Hay un momento en la primera parte en que parece que la narración se va a atascar, pero entonces entra el segundo punto de vista. Si no llega a utilizar la alternancia la obra no hubiera funcionado.
    Un saludo

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  3. No lo he leído, pero estoy segura de que a Ronces le gustaría....

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