4 de marzo de 2013

Historia de mis ojos






Miradme ahora bien
al centro de los ojos. Comprobad
que ha cambiado el color que de mis padres
venía: la madera quemada como un barco
descubierto en el réquiem coral del horizonte
del verdadero José Luis González
y esa resina verde que brillaba
en mi madre tan hora a hora hasta que a Dios
mismo en persona entonces le dio por confundir
el sobre del mensaje de la muerte,
la eterna dirección de su remite,
el número, la calle, la ciudad,
el día 10 de abril solo de un año
después de tantos meses y una pobre y antigua Navidad,
entonces la primera
la primera persona encarnada en un cáncer
que en mi vida veía dejé entonces de verla.

Y qué deciros de mis propios ojos
-antes de la esperanza-,
de su densa ignorancia y su constante
seguir conmigo enfrente a todos lados,
si después distinguieron menos cosas.
Qué hacer más que cerrar
ojos, boca, la puerta, el corazón,
las manos, la cabeza, los fríos, cada invierno,
los primeros tejados de la nieve,
tantas vidas que importan a unos pocos.


José Luis González-Urbiola

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