26 de noviembre de 2012

El informe de Brodeck

Para los miembros del club de lectura de la Rotxa, con quienes he comentado este libro

Quien se acerque a El informe de Brodeck no debe esperar una lectura cómoda o fácil. Ni siquiera un tema agradable. En esta novela Philippe Claudel se acerca al lado más oscuro del ser humano para plantearnos una pregunta universal: ¿puede el ser humano vivir con la imagen de lo que realmente es? ¿Es posible aceptar la verdad y convivir con ella?
Brodeck vive en un pueblo aislado, situado entre montañas, cerca de una frontera con Alemania (no se precisa exactamente el lugar), que consta de unos cuatrocientos habitantes. Allí llegó cuando tenía sólo cuatro años acompañado de la vieja Fédorine, que lo había recogido delante de unas ruinas de un lugar destruido por la guerra.
Tras ser acogidos por el pueblo, toda la vida de Brodeck transcurre en esa pequeña aldea hasta que, cuando llega a la edad de cursar los estudios universitarios, toda la población hace una colecta para que pueda hacer en la ciudad una carrera con la que ayudar al lugar.
Durante su vida de estudiante, Brodeck hace amigos y sobre todo conoce a Emélia, que se convertirá muy pronto en su novia y más tarde en su mujer. Pero la vida no es fácil y una noche en la que Brodeck está fuera de su barrio se produce una algarada, más tarde bautizada con el nombre de la noche de los cristales rotos, en la que hay numerosos heridos y muertos. Temiendo por su futuro, Brodeck recoge a Emélia y se regresa a su pueblo donde se casará.
La novela no empieza sin embargo de esta manera, sino que nos sitúa in medias res, cuando Brodeck es requerido por sus vecinos para que redacte un informe sobre un siniestro acontecimiento que ha ocurrido en el pueblo: un extraño que llevaba tres meses entre ellos ha sido asesinado entre todos los hombres de la población, con la excepción de Brodeck, el cura y unos viejos.
¡De todos modos, el único inocente era yo! ¡Yo!¡El único!El único...
El único.
Sí, yo era el único.
Mientras me lo repetía, comprendí hasta qué punto era peligroso, porque en el fondo, ser inocente entre culpables es igual que ser culpable entre inocentes.
Desde una situación ambiental muy tensa Brodeck comienza su narración y nos presenta al Anderer, el Otro, como llaman en el pueblo al desconocido, como un personaje estrafalario, tanto en su vestimenta, como en sus costumbres y modo de relacionarse con los demás. Sin embargo, el mayor pecado de este ser venido del otro lado de la frontera es su capacidad de reflejar en los bosquejos y retratos que realiza la verdad de los seres que lo rodean. 
...si poseyera el talento, los colores y los pinceles del Anderer, podría pintar todas esas caras, en especial sus ojos, unos ojos donde entonces no leí más que sorpresa, pero en los que de hecho, ahora que creo conocerlos mejor, había un montón de cosas, como en esas charcas, que el verano deja tras de sí en las tuberas desecadas del calvero del Trauerprinz, llenas de minúsculas fauces dispuestas a despedazar cuanto entorpezca su estrecho destino...

Y es que todos en el pueblo de Brodeck tienen un pasado oculto, en el que laten miserias cometidas durante el periodo de ocupación nazi. Nadie nombra esas miserias, han caído en el olvido de un modo u otro hasta el día en que aparece un ser inquietante dispuesto a dar imagen a lo innombrable. Lleno de temor por su vida  y pensando que va a tener el mismo fin que el Anderer, Brodeck pasa a redactar otro informe, el personal, la novela que nos llega a nosotros, en la que junto con la historia de lo sucedido, indaga en la vida sus vecinos y en la suya propia, hasta llegar al fondo más oscuro de las almas.
La cuestión última que plantea Claudel en esta novela versa sobre la capacidad del hombre para vivir con la verdad íntima sobre sí mismo. Y ofrece varias  respuestas para su pregunta: ante los horrores que ha sido capaz de cometer el hombre puede dejarse morir (como el estudiante que conoce Brodeck en su camino hacia el campo de concentración),  puede darse a la bebida (tal es el caso del cura del pueblo), puede negar su error como la esposa del comandante nazi del campo de concentración,puede emplear la confesión por medio de la palabra hablada o escrita o bien, como Brodeck, puede aferrarse al único motivo que puede dar sentido a la existencia: el amor, en este caso, a su mujer.
La visión que ofrece Claudel es esencialmente atea: no existe una posibilidad de redención en ningún tipo de dios, cristiano o no. Es más, el único sacerdote que aparece ha abandonado su fe y trata de sobrellevar mediante la bebida todo lo que conoce sobre sus vecinos.
Esta novela ofrece un texto para pensar. Llena de maravillosas descripciones de una naturaleza personalizada y de textos que se prestan para la meditación individual. La narración, en primera persona, no consigue sin embargo involucrar emocionalmente al lector: es una prosa fría y precisa que evita la sensiblería o la emotividad. Un texto que no dejará en su brutalidad y delicadeza, indiferente a nadie.

21 de noviembre de 2012

EL LAMENTO DE FAUSTO O LA INDIFERENCIA



Desde mi cuerpo hasta tu azucenado cuerpo,
Y aquella estela tuya de olor de rosas
Y los frescos pétalos de tus labios,
Y mi ímpetu…
Hubiera querido ser río para ti.
Hubiera querido amarte y luego más amarte
Cuando surgiste entre mis brazos leve, grave, dúctil,
Tras un océano persistentemente inacabable.
Creímos recuperar nuestra invivida juventud común
En una noche bohemia y canalla.
Si descuidé la vida te encontré a ti:
Aquel soñado presente de aquel momento breve
En que cayeron almenas, cercos…
Tanta divertida locuacidad y tanto poderoso secreto.
Aunque no todos los poetas cantan tristemente
Ni todo el amor es dulce
¿Cómo retener con las manos el mar?
Fríos, aquellas madrugadas, en nuestras interminables conversaciones.
Tú en un sueño tras otro sueño,
Temerosa de mis confesadas debilidades:
“No todo es fulgor,
Lucha o relámpago…”

Incauta volabas a tus recuerdos
Cuando me habías enseñado la iglesia de los franciscanos,
Así en silencio, como ya acomodados y viejos, paseábamos la ciudad termal,
Acompasando nuestros pasos y acaso los pensamientos.
¡Pero será que tendremos forma de glaciar?
Yo me hinqué a ti
Como si ya nada hubiera de ser provisional.
Eras fémina y lluvia.
“¡Entonces detengo el mar
O la incesante tierra?”
Horizontes sireneados
… Tras aquel malhadado camino de faunos y bosques;
Pero aquel inesperado beso tuyo de entrega
Como si urgente fuese imponer la redención al amor.
Hoy el olor gramíneo del ganado
De grandes oscuros ojos soñadores
Te imponen nuevamente ante mí,
Crucialmente mártir
¿Qué perdurará más en ti, aquel amor, este dolor?
Cuál fue la huella que dejaste sobre mí impresa,
-Sea indeleble o ya marchita-
Tal vez deba vivir en el sur como tú en el este,
Tal vez deba vivir en arrebatada venganza y sin ti.
Tal vez hayamos de ser sin habernos necesitado,
Como si la indiferencia condicione a los pusilánimes.
Serena como Venus, desposada y despojada,
Horrorizada como una niña de lo que de mí supiste.
Tú, aquella que vi en el rincón, en la penumbra,
Tan callada, tan atenta, tan profunda…
A la que llegué como si isla tuviese un mar
Del que nosotros, desolados o vulnerables,
Fuéramos a ser rescatados.
Sin tormentas, tras huir,
Partimos… hasta nunca volver más…

16 de octubre de 2012

Carlos Pereira

19 de noviembre de 2012

HAIKU

 
 
 
 
 
Una montaña
recubierta de pinos.
Otra, de niebla.
 
 
 

(de: "Huellas de escarabajo" - Edit. Comares)

12 de noviembre de 2012

1 de noviembre de 2012

HAIKU


 
 
 
 
Leo tu libro
y es tu mano difunta
la que subraya.




(de: "La muerte" - Edit. Krausse, 2009)

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