27 de octubre de 2012

Premio Nobel de Literatura 2012

El escritor chino Mo Yan, galardonado con el premio Nobel de Literatura 2012, recibió con modestia y sorpresa el galardón asegurando que «ganar no representa nada», mientras China celebra un reconocimiento que, a diferencia de otros anteriores, no enfrenta al régimen comunista con Estocolmo u Oslo.


La obra de Mo Yan muestra gran conexión con el realismo mágico de García Márquez. La suya es una intensa y poderosa escritura en la que se puede apreciar una mezcla entre Kakfa, Faulkner, García Márquez y hasta de Dostoievski, por la introspección y el análisis que hace acerca de la crueldad del hombre y la sociedad. Un «realismo alucinatorio», como destacó la Academia Sueca que le concedió el máximo galardón de las Letras, y que el escritor utiliza con un lenguaje muy carnal, cruel y bello a un tiempo, plagado de imágenes imposibles y, a veces muy violentas, con las que plasma la cruda historia de su país: un mundo rural, falto de derecho, sobre todo en las mujeres, y un retrato del abuso de poder, la corrupción de los funcionarios y el sometimiento de las familias.


Crítico, pero muy hábil para sortear cualquier censura en su país, Mo Yan (Shandong, 1955) visitó España en 2008 para presentar y hablar de su novela «Las baladas del ajo». Entonces no era muy conocido en España, más bien sólo por la adaptación al cine de su obra «Sorgo rojo», que filmaría Zhang Yimou. Además es autor de «Grandes pechos, amplias caderas», una revisión minuciosa de la historia de China, y de «Rana», polémica en China por demonizar la política del hijo único.

«Continuaré trabajando duro, gracias a todos», señaló Mo Yan, tras conocer el premio y antes de tratar de aislarse de la prensa y los admiradores. Sobre la importancia del galardón para la literatura de su país, el escritor de 57 años aseguró que China «tiene muchos autores excelentes, cuyos destacados trabajos podrán también ser reconocidos en el mundo».

El autor de «Sorgo rojo», «Las baladas del ajo» o «La vida y la muerte me están desgastando» señaló que prefería «tener los pies en la tierra» y no hacer grandes celebraciones; como mucho, cocinar con su familia los tradicionales «jiaozi» (raviolis) que se comen en las fiestas chinas. «Quiero seguir mi camino, concentrado en lo humano para mi propia obra», dijo, tras afirmar que se recluyó en su pueblo «para sentirse tranquilo» y «escribir encerrado en su habitación».

Mientras, en contraste con el Nobel de la Paz concedido hace dos años a otro escritor chino, Liu Xiaobo (encarcelado por sus llamadas a la democratización del régimen), la prensa china y los círculos culturales del país celebraron ayer lo que consideran «el primer Nobel de Literatura chino» olvidando también al galardonado en 2000 Gao Xingjian (exiliado en Francia).
«El éxito es el reconocimiento mundial a la literatura contemporánea china», destacó a la agencia oficial He Jianming, vicepresidente de la Asociación China de Escritores.

Aunque la reacción general en la potencia asiática fue de alegría y quizá de reconciliación con un jurado que también dio en 1989 el Nobel de la Paz al Dalai Lama, algunas voces críticas con el régimen aprovecharon el premio a Mo Yan para recordar a Liu Xiaobo, en prisión desde hace casi tres años.
A través de redes sociales, algunos escritores y disidentes mostraron cierto escepticismo hacia el premio, sobre todo con respecto a la utilización que podría hacer el Gobierno comunista. «El Gobierno chino hará uso ilimitado del Nobel a Mo Yan», señaló el periodista y afamado crítico Michael Anti.
El artista y disidente Ai Weiwei denunció «la insensibilidad» de la Academia Sueca a la hora de conceder el premio a Mo mientras Liu permanece encarcelado y su mujer, Liu Xia, sometida a un régimen de arresto domiciliario.


Fuente: La Nueva España

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El horizonte,
dormido de costado,
porque anochece.

José Luis González-Urbiola

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