29 de marzo de 2012

Drácula o el triunfo del amor

A pesar de que algunos amigos consideran que soy una gótica en potencia, nunca me habría planteado la lectura de Drácula de no ser por la estupefacción que mostró un conocido mío al enterarse que no conocía esta novela, muy interesante, según él, desde distintos puntos de vista.
Así que, una vez terminados Los demonios, decidí hincarle el diente a la novela de Bram Stoker. Este autor, nacido en Dublín a mediados del siglo XIX, construye su narración a través de la sucesión de los diarios de los principales personajes que la protagonizan.
En la versión que he utilizado aparece una parte inicial llamada El invitado de Drácula, que algunos consideran de otro autor. En todo caso, la forma y el hilo argumental no se ve alterado de manera sustancial.
Jonathan Harker es enviado por una firma de abogados a Transilvania, al castillo del conde Drácula, que ha solicitado su ayuda para la adquisición de unas casas en Londres. Conforme se va acercando al lugar en el que se encuentra el castillo, Jonathan observa cómo el temor y las supersticiones que las gentes del pueblo tienen hacia algo que no quieren nombrar, va en aumento.
Cuando llega al castillo en plena noche él mismo empieza a sentir algo de temor. Las dudas sobre su huésped comienzan a asaltarlo conforme va notando hechos extraños: nunca lo ve durante el día, no come con él, tiene una fuerza extraordinaria y cada vez le va imponiendo más restricciones a su libertad. Muy pronto Jonathan se percata con quién está realmente y las escasas posibilidades que tiene de escapar de su morada con vida. Esto le preocupa no sólo por él, sino por su su prometida Mina, para la que está llevando el diario con todos los acontecimientos que vive. 
El siguiente diario es el de Mina, que se aparece intercalado con los fragmentos de una amiga suya, Lucy. Mina está muy preocupada por su prometido, que no ha llegado en la fecha prevista a Londres. Para aliviar su espera decide acompañar unos días a  Lucy, que está en un pueblo de la costa. Lucy es una joven cariñosa y dulce que sufre sonambulismo. Una noche sale de la casa. Mina se da cuenta de que no está en la cama y va en su busca. Finalmente la encuentra tumbada en un banco de un cementerio; sobre ella se inclina un hombre delgado, pálido y vestido de negro.
A partir de ese momento Lucy empieza a sufrir una extraña enfermedad. La preocupación embarga no sólo a Mina, sino también a su prometido Edward y a dos antiguos pretendientes, que han quedado cautivados por el carácter de Lucy: el psiquiatra John Seward y el americano Quincey Morris. John al ver el estado cada vez más alarmante de su amiga decide intervenir y llamar a un amigo y colega suyo, el médico holandés Van Helsing, quien tras mantener una conversación con la joven comienza a albergar sospechas sobre lo que le sucede. Entre tanto Mina recibe una carta desde un hospital en la que le informan que su novio permanece ingresado como consecuencia de unas fiebres cerebrales, por lo que decide partir para ayudarlo.


 Éste es un breve esbozo de la primera parte del libro. Me gustaría destacar sobre esta obra una serie de aspectos: por una parte el uso de diferentes perspectivas bajo la forma del diario. El haber empleado este artificio le permite al autor que los personajes se retraten a sí mismos, sobre todo en la primera parte de la obra, cuando todavía ignoran que los va a leer otra persona. Además fuerte subjetividad de un diario permite acentuar la presencia de sensaciones y temores de un modo que incide con más fuerza sobre el lector, que se funde con gran facilidad con los sentimientos de los personajes. Otro acierto es el orden de los diarios, que se van intercalando, con lo que crece la tensión argumental, incrementa el ritmo narrativo y nos permite contraponer las ideas de los mismos para obtener una idea más clara sobre lo que va sucediendo.
La acción se desarrolla fundamentalmente en dos espacios -Transilvania y Londres-, si bien el país del conde será el que funcione como marco de la narración: allí comienza la obra y allí finaliza. Y es que la novela incluye también el viaje de los protagonistas a Transilvania. La sucesión de lugares, la rapidez de las jornadas obligados por la prisa para cercar a Drácula, hacen que el lector no pueda apartarse de la obra. 

Otro elemento que llama la atención es la presencia de rasgos de novela de caballería: cuando los personajes deciden emprender la guerra contra el terrible vampiro, los hombres le piden a Mina que permanezca al margen, que se quede en la casa actuando sobre ellos como la luz de la esperanza y como acicate en el terror. Del mismo modo, los caballeros medievales y renacentistas se enfrentaban a sus enemigos, incluso los más temibles, encomendándose a su dama.
Fundamental en el desarrollo y desenlace de la obra es el amor en todos los sentidos. Si Drácula es un ser diabólico, egoísta, que sólo piensa en sí mismo y que odia al género humano, Jonathan, Mina, Lucy, Edward, Quincey, Van Helsing y John son seres movidos por el amor, la fe en Dios y el deseo de librar a la humanidad de una terrible lacra. La amistad entre ellos, fundamentada en la mutua confianza y la admiración por la virtud, y  el amor por Lucy y por Mina que les une a todos ellos son el motor que les permite avanzar más allá de todo horror por lo desconocido, ignorando cualquier riesgo personal con tal de conseguir la salvación del otro. Ante semejante fuerza, es poco lo que le queda por hacer al terrible conde.
Una novela decimonónica, que podemos inscribir en la parte alta de los bestsellers, con la que los lectores pueden descansar, disfrutar y pasar un poco de miedo.


26 de marzo de 2012

El reto de Von Doderer: Los demonios

Hace ya unos días desde que apareció el último post del Rincón. La ausencia de publicaciones tiene una explicación que se sintetiza en un título de tan sólo dos palabras: Los demonios.
Quien conozca la obra de Heimito von Doderer comprenderá mi dilema: dedicarme a la lectura de una obra de más de 1600 páginas, de consistencia intelectual y literaria considerable, o bien, continuar leyendo obras más fáciles y breves para facilitar la continuidad de entradas del Rincón. El hecho de que tanto como la obra que nos ocupa como su autor sean prácticamente desconocidos así como su incuestionable calidad son los factores cruciales que provocaron mi decisión de desconectarme de la red  para centrarme en esta novela.
Franz Karl Heimito von Dorerer es un escritor austriaco, poco conocido hasta el momento fuera de su patria, al que la editorial Acantilado ha dedicado su atención permitiendo su entrada en el mercado español. La vida del autor no carece de curiosidades, empezando por el nombre por el que normalmente se le conoce. Heimito -pronunciado en alemán jaimito- no es el nombre que tuvo en un principio von Dorerer. Fue su madre, quien, durante un viaje a España oyó el nombre de Jaime, y, gustándole mucho, comenzó a llamar a su hijo Jaimito, alemanizando la grafía.
Von Doderer fue menor de seis hermanos de una familia austro-húngara muy bien situada. Le tocó en suerte vivir una época agitada (1896-1966): así participó en la Primera Guerra Mundial, fue apresado y pasó por varios campos de concentración en Siberia; tiene un breve contacto con el partido nazi debido a una crisis personal; participa también en la Segunda Guerra Mundial -lo que le permite conocer numerosas ciudades- y termina siendo capturado por los ingleses, que lo liberan en 1945.
En el periodo de entreguerras es cuando Heimito decide ser escritor para lo que cursa los estudios de Historia y Psicología. Se especializa en cuestiones medievales de la capital austriaca y se interesa profundamente por las obras Sexo y carácter de Otto Weiniger y La decadencia de Occidente de Oswald Spengler. En 1938 escribe Un asesinato que cualquiera comete.
Cuando von Doderer regresó de la Segunda Guerra Mundial, se encontró con la prohibición de publicar en Austria debido a sus breves escarceos con el nacionalsocialismo. Con 52 años es un escritor vetado y desconocido que se ve obligado a encontrar un medio para ganarse la vida y lo encuentra tras realizar estudios de biblioteconomía. Su trabajo en las bibliotecas le pone en contacto con documentos que luego serán cruciales en la escritura de novelas posteriores. Con la publicación de La escalera de Strudholf en 1951 es reconocido como escritor en su país. Los demonios aparece en 1956 y  recibe de nuevo muy buenas críticas.
A partir de este momento Heimito von Doderer recibe una serie de premios literarios: el Nacional de las Artes de Austria en 1958, el Ciudad de Viena en 1961 y el Wilhem Raabe en 1966.

En este punto tengo que confesar que estoy aterrada. Reseñar una novela de esta categoría, tratar de transmitir algo de su esencia con mis palabras sin destrozar la obra que me ocupa es algo que me parece muy difícil. En cualquier caso, los posibles prejuicios que lo que diga os haga albergar o los defectos que os parezca que la obra pueda tener a la obra son achacables a la persona que reseña   y no a la obra o al autor.
Von Doderer afirmó que "una obra narrativa lo es tanto más cuanto menos idea pueda hacerse uno de ella por su contenido". Ésta es la clave de Los demonios y también la mejor explicación para entender la dificultad para trazar una visión general sobre ella. Por eso voy a optar por dar sólo unas pinceladas que sirvan al lector de aviso para lo que va a encontrar en la novela.
Los demonios es una novela coral, una obra que ocupó a su autor durante más de veinticinco años (¡!) y en la que, como señalan todos los críticos aparecen más de un centenar de personajes. Todo lo que llevo dicho puede asustar al lector por su carácter monumental. Si nos ceñimos al núcleo de la obra, es fácil darse cuenta de que el escritor parte de una idea que podemos delimitar: ofrecer una visión general de la vida en Viena a finales de los años veinte. Para ello se va a servir del siguiente artificio: el jefe de sección G-ff, un alto funcionario, entra en posesión de una herencia. Viendo que su situación económica le permite retirarse de su trabajo con cierta holgura, se jubila prematuramente y pasa a dedicarse a escribir una crónica de los hechos que durante los años 1926 y 1927 suceden en la vida de un grupo de amigos cercanos, "los nuestros", como los llama G-ff. Entre ellos hay un medievalista, un escritor, una estudiante de violín, un dibujante. Ellos junto con sus correspondientes parejas conforman el eje central de la novela. Alrededor de cada uno aparecen nuevos personajes que permiten la entrada en la obra de otros estratos de la sociedad vienesa: desde un peligroso criminal, pasando por un grupo de prostitutas, chulos, agitadores políticos, boy-scouts, estudiantes de bachillerato,  hasta un miembro de la diplomacia húngara y un príncipe.
Dos aspectos fundamentales son los que ocupan al narrador: la evolución intelectual y afectiva de "los nuestros". En alguno de los casos el escritor presenta pequeñas novelas de formación (no cito los nombres de los personajes por no desbaratar la obra). En la mayoría de los casos se produce un encuentro con la verdad sobre el propio ser, sobre la identidad personal y su lugar en la sociedad, los amigos y la familia. Detrás del estudio de la personalidad de sus criaturas, que va cobrando mayor importancia conforme avanza la novela, se va tejiendo el tapiz de la vida de Viena: los cafés, las tertulias, las reuniones de sociedad, los intereses de la juventud, la vida universitaria, el mundo del hampa.
Llama la atención la inclusión de capítulos enteros pertenecientes a géneros distintos al de la novela propiamente dicha: dos de ellos son los nocturnarios -o los diarios sobre los extraños sueños de la Kaps, un personaje que aparece en la segunda parte de la novela- o una crónica medieval dedicada a un proceso medieval a unas supuestas brujas. Sobre este último aspecto, algunos autores de críticas han echado en falta la presencia de lo demoníaco en la obra a pesar de lo que el título pueda hacer pensar. Sin embargo no hay que llamarse a engaño. En este libro, el sentido de demonio es en cierto sentido el que tenía en griego la palabra daemon, el de una presencia psíquica. Y esta especie de fuerzas psíquicas aparecen en la obra en ciertos momentos. El propio narrador lo señala explícitamente "Y Ruodlieb se asusta, porque él ha experimentado exactamente  lo mismo que su señor. En otras palabras, Ruodlieb se asusta porque esas palabras sacan a la luz un estado de cosas que adquiere validez general. Es una situación muy moderna: el choque entre una primera y una segunda realidad entre las que no hay un puente ni una lengua común, aunque las palabras concretas lo puedan ser. El  señor Achaz lo expresa de la siguiente manera:
 Quando una ymagen te gana y te haze presso, te despoja del resto de las cosas del mundo y quedas desamparado"
- Es lo que aquella época llamaban un demonio- dijo Williams.
- Y tenían razon.
Otro aspecto muy llamativo de la obra es su profundo sentido del humor, que se manifiesta en distintos niveles: juegos de palabras establecidos a partir de los nombres de los personajes (los Siebenschein son llamados por los nuestros los sietesuelas, los siete cabritillos, hay un personaje llamado Krautwurst -literalmente fiambre de col- y muchos más); motivos que se van repitiendo en diferentes ambientes que nada tienen que ver entre sí (señalo el episodio del pulpo que se cuela por una alcantarilla); y cómo no, el hilarante capítulo en el que un grupo de orondas señoras vienesas lucha por bajar de los 80 kilos delante de revistas de moda y tazas de chocolate con mucha nata montada, así como la obsesión sexual que de pronto se apodera de uno de los personajes por las señoras gordas y que adquiere forma de tratado que se incluye en la obra a través de un capítulo titulado Señoras gordas, que el propio G-ff se encarga de censurar.
En resumen: una obra redonda, en la que se va tejiendo una compleja de red de relaciones que acaba vinculando a los personajes aparentemente más lejanos y en la que se retrata la vida y costumbres de Viena.
Acabaré con una de las brillantes reflexiones que aparecen de vez en cuando en la obra sobre motivos distintos, en este caso, sobre la amistad.

Sí, era verdad, estábamos solos, en el sentido más superficial de la palabra, pero también en otro más hondo: estábamos solos, nos habíamos dado la oportunidad de olvidar los estériles enfrentamientos y su violencia, éramos señores libres, que podían estar contentos y de buen humor, prescindiendo de lo que no llegamos a comprender y nos obliga a avanzar a tientas por senderos extraños: aquí cada cual podía ser él mismo tanto para lo más elevado como para lo más bajo.

AVISO IMPORTANTE: Para todos los que leéis las introducciones a los libros: ¡no leáis la de éste hasta haber terminado la novela!  El introductor da demasiadas informaciones sobre la trama.

25 de marzo de 2012

Fallece Antonio Tabucchi

Fuente: El mundo

El escritor italiano Antonio Tabucchi, considerado un referente literario en Europa, ha muerto hoy a los 68 años de edad en Lisboa, ha informado la editorial Feltrinelli en un comunicado.
El escritor se encontraba ingresado en el hospital de la Cruz Roja de Lisboa a consecuencia de un cáncer. Los funerales se celebrarán el próximo jueves en la capital portuguesa, según ha explicado su viuda, Maria José Lancastre.
Tabucchi, que desde 2004 tenía la nacionalidad portuguesa, nació en Pisa, norte de Italia, en 1943. Fue profesor de literatura portuguesa, disciplina que impartió en prestigiosas universidades de Estados Unidos y Francia y se contaba entre los máximos expertos mundiales en la figura del poeta portugués Fernando Pessoa.
Fue colaborador del diario italiano 'Il Corriere della Sera', el francés 'Le Monde' y el español 'El País'. Inició su carrera como escritor en 1975 con la novela Piazza Italia, a la que siguieron varias antologías de cuentos, pero se consagró definitivamente gracias a las novelas Réquiem. Una alucinación (1992) y, sobre todo, Sostiene Pereira (1994), ambientada en la dictadura de Salazar en Portugal y que fue llevada al cine por Roberto Faenza en 1996 con Marcello Mastroianni como protagonista.
El compromiso civil y el aura de misterio que predominan en su estilo literario se encuentran en sus últimas obras importantes La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, de 1996, Tristan Muere (2004) y Se está haciendo cada vez más tarde (2001).
Tabucchi ha sido reconocido por la crítica literaria como un maestro de las narraciones cortas, formaba parte del Parlamento Internacional de Escritores, una asociación de solidaridad con escritores perseguidos. Su última novela fue 'Racconti con Figure' publicada en 2011.

Más información: El mundo

HAIKU






Firme en su tallo,
aferrada al invierno,
una hoja seca.

17 de marzo de 2012

Se publica un artículo inédito de Camus

Fuente: El Mundo


"Un periodista libre, en 1939, no desespera y lucha por lo que considera verdadero como si su acción pudiera influir en los eventos", escribió Albert Camus en un artículo censurado y publicado hoy por primera vez por el diario Le Monde. El texto no vio la luz, como estaba previsto, en Le Soir Républicain el 25 de noviembre de 1939, tres meses después del inicio de la II Guerra Mundial y cuando Camus, redactor jefe de aquel rotativo editado en su Argelia natal, no tenía más que 26 años. Las autoridades francesas de Argelia decidieron censurarlo y el diario, como hacía siempre que cortaban alguno de sus textos, publicó un hueco en blanco en su lugar.
El artículo es un manifiesto de Camus a favor del periodismo libre en tiempos de guerra, una reacción contra la censura decretada en Francia por ley el 27 de agosto. Fue encontrado en los Archivos de Ultramar de Aix-en-Provence, donde se recogen las actividades de los censores.
En el manifiesto, Camus reivindica lo que para él son "las condiciones y los medios a través de los cuales, en el seno mismo de la guerra y sus servidumbres, la libertad puede ser, no sólo preservada, sino manifestada". Para lograrlo es necesaria "la lucidez, el rechazo, la ironía y la obstinación", escribe el joven autor, que para entonces ya había publicado El revés y el derecho (1937) y Bodas (1939).

El poder de la ironía

"La lucidez supone la resistencia a las consecuencias del odio y el culto a la fatalidad", indica el autor de El extranjero (1942), que invita a conocer "las causas" de la guerra y a no publicar "nada que pueda excitar el odio y provocar desesperanza".
"Un diario independiente da el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el relleno de cráneos, suprime las invenciones, palía con comentarios la uniformidad de las informaciones y sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas", agrega para justificar el rechazo a la mentira.
Camus considera la ironía como "un arma sin precedentes contra los todopoderosos" porque "una verdad expresada en tono dogmático es censurada nueve de cada diez veces", mientras que "la misma verdad dicha humorísticamente, sólo lo es cinco de cada diez".
"Un periodista libre, en 1939, tiene que ser necesariamente irónico, aunque sea para defender su cuerpo. Pero la verdad y la libertad son amantes exigentes porque tienen pocos novios", asegura.
El escritor destaca también la importancia de la obstinación frente a todos los obstáculos que encuentra el periodista. "La amenazas, las supresiones, las persecuciones, encuentran generalmente en Francia el efecto contrario al que se proponen", asegura el escritor, que considera que "por una paradoja curiosa pero evidente" la obstinación "se pone al servicio de la objetividad y la tolerancia".
Fueron muchos los artículos de Camus que no superaron la censura de una Francia en guerra, tanto en Le Soir Républicain, prohibido en enero de 1940, como en otros diarios.
Pacifista convencido, Camus quiso enrolarse en el Ejército tras el inicio de la guerra, pero su tuberculosis se lo impidió, por lo que se dedicó al periodismo, primero en 'Alger républicain' y más tarde en 'Le Soir Républicain', que lanzó el 15 de septiembre de 1939 junto con Pascal Pia.

16 de marzo de 2012

Una tormenta perfecta azota el mundo del libro

Fuente: El País

El ecosistema del mundo del libro y la lectura está en riesgo. El panorama de recortes es un problema nuevo y determinante que se suma a otros tres al irrumpir en el cambio de paradigma: la crisis económica global por lo que tiene que ver directamente con el bolsillo del lector-comprador y los reajustes empresariales en editoriales o librerías; la reinvención apresurada del sector hacia la convivencia de un mundo dual, analógico y digital, que conlleva en sí mismo muchas transformaciones y traumas; y el duelo competitivo al que se enfrentan las editoriales en España con las empresas globales que han desembarcado aquí. Son aspectos que han alterado la cadena de valor del libro, jubilado un modelo de negocio centenario, amenazado con empobrecer la producción académica y científica y, sobre todo, puesto en peligro la continuación del hábito lector y su retroceso en un país con cifras bajas (apenas un 45% dice leer semanal o mensualmente, en contradicción con la alta cifra de publicaciones: 80.000 títulos al año).

La inquietud sobre esta crisis en el mundo del libro, más allá de cualquier efecto inmediato como del 10% menos en las ventas, tiene que ver con su proyección a mediano y largo plazo. Porque si bien es cierto que la industria editorial es en su gran mayoría privada, las ayudas y subvenciones están dirigidas, especialmente, a renglones que buscan el fomento, la divulgación y la promoción de la lectura, es decir, de creación de nuevos lectores, de personas que con su lectura compren libros y por tanto dinamicen el sector. Y, ahora mismo, lo que estaría más en riesgo con los recortes son las bibliotecas, las campañas de lectura y los diferentes encuentros, ferias y citas literarias. A todo ello se suma la piratería digital, la unificación del IVA al del papel, que es del 4% mientras el digital es del 18%, y los riesgos de posiciones monopolísticas.

El sector del libro es el punto por donde cruzan los actuales caminos peligrosos o llenos de incertidumbres o poblados de miedos agazapados que han surgido en los últimos tiempos. Y aunque el libro es una de las industrias culturales mejor engrasadas ha sido de las primeras en empezar a chirriar con la llegada del siglo XXI. A partir de ahí, su historia ha comenzado a escribirse en capítulos breves y sombríos. El penúltimo de ellos lo abrió el gobierno de Mariano Rajoy cuando anunció la desaparición de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas. Entonces, hace un par de meses, la incertidumbre aumentó. Ahora, esas funciones, dentro del plan de austeridad, han sido asumidas por la Dirección General de Políticas e Industrias Culturales y del Libro, a cargo de María Teresa Lizaranzu, quien a su vez ejerce la presidencia de la sociedad estatal Acción Cultural Española y de la Comisión de Propiedad Intelectual.

Aunque no hay cifras concretas sobre ayudas públicas, Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremio de Editores de España, se remite al Anuario de Estadísticas de 2011 publicado por el antiguo Ministerio de Cultura. Allí, "el total de la financiación y gasto público en Cultura (refiriéndose estas estadísticas al 2009) fue de 1.135 millones de euros por la Administración General del Estado, 2.046 millones de euros por la Administración Autonómica y 3.874 millones por la Administración Local, lo que supone en términos de PIB (base 2000) el 0,11%, 0,19% y 0,35% del gasto público respectivamente".

Ante las inquietudes por el posible retroceso en programas de fomento de la lectura, fuentes del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, recalcan tres aspectos: del recorte general que tendría Cultura (calculado en un 12%, según algunas estimaciones) lo destinado al fomento y promoción del libro será aún menor, recuerdan que las bibliotecas dependen de los ayuntamientos y comunidades y que España ha pedido a Bruselas la equiparación del impuesto del IVA al libro en papel y digital, del 4%, por lo cual "hay que legislar con un ojo en Bruselas".

Bibliotecas solitarias

Las bibliotecas son un asomo al futuro. Se están empezando a cerrar, hay reducción de horarios, cancelación de fines de semana y destitución del personal. Y eso que se trata de los centros culturales más visitados de España, incluso más que los museos, recuerda Antonio María Ávila. Lo que ocurre, explica, es que "no ha habido algo que se le pudiera denominar red de bibliotecas públicas, que ha sido creada precisamente en los últimos 15 años, siendo la mayor parte de titularidad municipal o regional.


Lo que sucede en Cataluña es un ejemplo, dice Margarita Taladriz, presidenta de Fesabid (Federación Española de Sociedades y Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística): “En esa comunidad los recortes presupuestarios afectan a diferentes inversiones en las bibliotecas públicas, desde la cancelación del presupuesto para adquisición y renovación del fondo documental (de momento, se aplica un 40% de reducción en la adquisición de Diputación y más de un 75% a la adquisición municipal); la paralización de obras en ejecución de nuevos equipamientos; la cancelación de la dotación presupuestaria para la renovación de mobiliario y equipamiento tecnológico y audiovisual. La desactualización de las colecciones, impresas y digitales dada la reducción presupuestaria de los últimos tres años. Por lo que respecta a los Servicios, que las bibliotecas vienen prestando: se ha reducido el número y la calidad de la programación de actividades de fomento de la lectura a la ciudadanía; en Asturias se ha planteado reducir el número de libros, que una persona puede solicitar en préstamo interbibliotecario; en el Centro Koldo Mitxelena (San Sebastián) han reducido el horario de visitas de los usuarios a sólo cuatro horas en la tarde…”.

Librerías amenazadas


Las librerías es otro sector sensible. Aunque el equilibrio numérico se mantiene porque mientras unas se cierras surgen otras especializadas o como librerías-café. Debido a la ausencia de presupuestos generales del Estado, hay un desfase de unos tres meses con el calendario de años anteriores en lo que a solicitud y concesión de subvención se refiere, asegura Fernando Valverde presidente de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros). Una situación, agrega Valverde que supone un retraso en la puesta en marcha de los Proyectos a los que CEGAL destina el importe de la subvención: actividades de fomento de la lectura (Club Kirico), de extensión cultural (Librería Cultural), Estudios dentro de el marco del Observatorio de la librería, desarrollos tecnológicos (Cegal en red y todostuslibros.com), los cursos de formación, etcétera. “Los recortes y retrasos están trastornando el trabajo diario y complicando la organización de dichas actividades en los tiempos habitualmente exigidos por la Administración, es decir a lo largo del año natural en curso. A fecha de hoy ignoramos cual va a ser el recorte que se aplicará a la subvención del pasado año ni cuando se abonará. Aventurarse a realizar actividades en estas condiciones sería por lo tanto muy arriesgado”.




Más información: El País

15 de marzo de 2012

Taller de escritura con Cortázar:

León L. affirmait qu’il n’y avait qu'une chose de plus épouvantable que l’Epouvante: la journée normale, le quotidien, nous-mêmes sans le cadre forgé par l’Epouvante. —Dieu a créé la mort. Il a créé la vie. Soit, déclamait L.L. Mais ne dites pas que c’est Lui qui a également créé la “journée normale”, la “vie de-tous-les-jours”. Grande est mon impiété, soit. Mais devant cette calomnie, devant ce blasphème, elle recule.


Piotr Rawicz, Le sang du ciel.

Alguna vez Horacio Quiroga intentó un “Decálogo del perfecto cuentista”, cuyo mero título vale ya como una guiñada de ojo al lector. Si nueve de los preceptos son considerablemente prescindibles, el último me parece de una lucidez impecable: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

La noción de pequeño ambiente da su sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad; pero a esa noción se suma otra igualmente significativa, la de que el narrador pudo haber sido uno de los personajes, es decir que la situación narrativa en sí debe nacer y darse dentro de la esfera, trabajando del interior hacia el exterior, sin que los límites del relato se vean trazados como quien modela una esfera de arcilla. Dicho de otro modo, el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica.

Estoy hablando del cuento contemporáneo, digamos el que nace con Edgar Allan Poe, y que se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios; precisamente, la diferencia entre el cuento y lo que los franceses llaman nouvelle y los anglosajones long short story se basa en esa implacable carrera contra el reloj que es un cuento plenamente logrado: basta pensar en “The Cask of Amontillado”, “Bliss”, “Las ruinas circulares” y “The Killers”. Esto no quiere decir que cuentos más extensos no puedan ser igualmente perfectos, pero me parece obvio que las narraciones arquetípicas de los últimos cien años han nacido de una despiadada eliminación de todos los elementos privativos de la nouvelle y de la novela, los exordios, circunloquios, desarrollos y demás recursos narrativos; si un cuento largo de Henry James o de D. H. Lawrence puede ser considerado tan genial como aquéllos, preciso será convenir en que estos autores trabajaron con una apertura temática y lingüística que de alguna manera facilitaba su labor, mientras que lo siempre asombroso de los cuentos contra el reloj está en que potencian vertiginosamente un mínimo de elementos, probando que ciertas situaciones o terrenos narrativos privilegiados pueden traducirse en un relato de proyecciones tan vastas como la más elaborada de las nouvelles.

Lo que sigue se basa parcialmente en experiencias personales cuya descripción mostrará quizá, digamos desde el exterior de la esfera, algunas de las constantes que gravitan en un cuento de este tipo. Vuelvo al hermano Quiroga para recordar que dice: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste ser uno”. La noción de ser uno de los personajes se traduce por lo general en el relato en primera persona, que nos sitúa de rondón en un plano interno. Hace muchos años, en Buenos Aires, Ana María Barrenechea me reprochó amistosamente un exceso en el uso de la primera persona, creo que con referencia a los relatos de “Las armas secretas”, aunque quizá se trataba de los de “Final del juego”. Cuando le señalé que había varios en tercera persona, insistió en que no era así y tuve que probárselo libro en mano. Llegamos a la hipótesis de que quizá la tercera actuaba como una primera persona disfrazada, y que por eso la memoria tendía a homogeneizar monótonamente la serie de relatos del libro.

En ese momento, o más tarde, encontré una suerte de explicación por la vía contraria, sabiendo que cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo. Recordé que siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra. El signo de un gran cuento me lo da eso que podríamos llamar su autarquía, el hecho de que el relato se ha desprendido del autor como una pompa de jabón de la pipa de yeso. Aunque parezca paradójico, la narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa. Incluso cuando se habla de terceros, quien lo hace es parte de la acción, está en la burbuja y no en la pipa. Quizá por eso, en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí.

Esto lleva necesariamente a la cuestión de la técnica narrativa, entendiendo por esto el especial enlace en que se sitúan el narrador y lo narrado. Personalmente ese enlace se me ha dado siempre como una polarización, es decir que si existe el obvio puente de un lenguaje yendo de una voluntad de expresión a la expresión misma, a la vez ese puente me separa, como escritor, del cuento como cosa escrita, al punto que el relato queda siempre, con la última palabra, en la orilla opuesta. Un verso admirable de Pablo Neruda: Mis criaturas nacen de un largo rechazo, me parece la mejor definición de un proceso en el que escribir es de alguna manera exorcizar, rechazar criaturas invasoras proyectándolas a una condición que paradójicamente les da existencia universal a la vez que las sitúa en el otro extremo del puente, donde ya no está el narrador que ha soltado la burbuja de su pipa de yeso. Quizá sea exagerado afirmar que todo cuento breve plenamente logrado, y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior al terreno neurótico; de todas maneras, en cualquier cuento breve memorable se percibe esa polarización, como si el autor hubiera querido desprenderse lo antes posible y de la manera más absoluta de su criatura, exorcizándola en la única forma en que le era dado hacerlo: escribiéndola.

Este rasgo común no se lograría sin las condiciones y la atmósfera que acompañan el exorcismo. Pretender liberarse de criaturas obsesionantes a base de mera técnica narrativa puede quizá dar un cuento, pero al faltar la polarización esencial, el rechazo catártico, el resultado literario será precisamente eso, literario; al cuento le faltará la atmósfera que ningún análisis estilístico lograría explicar, el aura que pervive en el relato y poseerá al lector como había poseído, en el otro extremo del puente, al autor. Un cuentista eficaz puede escribir relatos literariamente válidos, pero si alguna vez ha pasado por la experiencia de librarse de un cuento como quien se quita de encima una alimaña, sabrá de la diferencia que hay entre posesión y cocina literaria, y a su vez un buen lector de cuentos distinguirá infaliblemente entre lo que viene de un territorio indefinible y ominoso, y el producto de un mero métier

Quizá el rasgo diferencial más penetrante -lo he señalado ya en otra parte- sea la tensión interna de la trama narrativa. De una manera que ninguna técnica podría enseñar o proveer, el gran cuento breve condensa la obsesión de la alimaña, es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desvaída realidad que lo rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación. El hombre que escribió ese cuento pasó por una experiencia todavía más extenuante, porque de su capacidad de transvasar la obsesión dependía el regreso a condiciones más tolerables; y la tensión del cuento nació de esa eliminación fulgurante de ideas intermedias, de etapas preparatorias, de toda la retórica literaria deliberada, puesto que había en juego una operación en alguna medida fatal que no toleraba pérdida de tiempo; estaba allí, y sólo de un manotazo podía arrancársela del cuello o de la cara. En todo caso así me tocó escribir muchos de mis cuentos; incluso en algunos relativamente largos, como "Las armas secretas", la angustia omnipresente a lo largo de todo un día me obligó a trabajar empecinadamente hasta terminar el relato y sólo entonces, sin cuidarme de releerlo, bajar a la calle y caminar por mí mismo, sin ser ya Pierre, sin ser ya Michèle.

Esto permite sostener que cierta gama de cuentos nace de un estado de trance, anormal para los cánones de la normalidad al uso, y que el autor los escribe mientras está en lo que los franceses llaman un état second. Que Poe haya logrado sus mejores relatos en ese estado (paradójicamente reservaba la frialdad racional para la poesía, por lo menos en la intención) lo prueba más acá de toda evidencia testimonial el efecto traumático, contagioso y para algunos diabólico de "The Tell-tale Heart" o de "Berenice". No faltará quien estime que exagero esta noción de un estado ex-orbitado como el único terreno donde puede nacer un gran cuento breve; haré notar que me refiero a relatos donde el tema mismo contiene la “anormalidad”, como los citados de Poe, y que me baso en mi propia experiencia toda vez que me vi obligado a escribir un cuento para evitar algo mucho peor. ¿Cómo describir la atmósfera que antecede y envuelve el acto de escribirlo? Si Poe hubiera tenido ocasión de hablar de eso, estas páginas no serían intentadas, pero él calló ese círculo de su infierno y se limitó a convertirlo en "The Black Cat" o en "Ligeia". No sé de otros testimonios que puedan ayudar a comprender el proceso desencadenante y condicionante de un cuento breve digno de recuerdo; apelo entonces a mi propia situación de cuentista y veo a un hombre relativamente feliz y cotidiano, envuelto en las mismas pequeñeces y dentistas de todo habitante de una gran ciudad, que lee el periódico y se enamora y va al teatro y que de pronto, instantáneamente, en un viaje  en un café, en un sueño, en la oficina mientras revisa una traducción sospechosa acerca del analfabetismo en Tanzania, deja de ser él-y-su-circunstancia y sin razón alguna, sin preaviso, sin el aura de los epilépticos, sin la crispación que precede a las grandes jaquecas, sin nada que le dé tiempo a apretar los dientes y a respirar hondo, es un cuento, una masa informe sin palabras ni caras ni principio ni fin pero ya un cuento, algo que solamente puede ser un cuento y además en seguida, inmediatamente, Tanzania puede irse al demonio porque este hombre meterá una hoja de papel en la máquina y empezará a escribir aunque sus jefes y las Naciones Unidas en pleno le caigan por las orejas, aunque su mujer lo llame porque se está enfriando la sopa, aunque ocurran cosas tremendas en el mundo y haya que escuchar las informaciones radiales o bañarse o telefonear a los amigos. 

Me acuerdo de una cita curiosa, creo que de Roger Fry; un niño precozmente dotado para el dibujo explicaba su método de composición diciendo: First I think and then I draw a line round my think (sic). En el caso de estos cuentos sucede exactamente lo contrario: la línea verbal que los dibujará arranca sin ningún “think” previo, hay como un enorme coágulo, un bloque total que ya es el cuento, eso es clarísimo aunque nada pueda parecer más oscuro, y precisamente ahí reside esa especie de analogía onírica de signo inverso que hay en la composición de tales cuentos, puesto que todos hemos soñado cosas meridianamente claras que, una vez despiertos, eran un coágulo informe, una masa sin sentido. ¿Se sueña despierto al escribir un cuento breve? Los límites del sueño y la vigilia, ya se sabe: basta preguntarle al filósofo chino o a la mariposa. De todas maneras si la analogía es evidente, la relación es de signo inverso por lo menos en mi caso, puesto que arranco del bloque informe y escribo algo que sólo entonces se convierte en un cuento coherente y válido per se. La memoria, traumatizada sin duda por una experiencia vertiginosa, guarda en detalle las sensaciones de esos momentos, y me permite racionalizarlos aquí en la medida de lo posible. Hay la masa que es el cuento (¿pero qué cuento? No lo sé y lo sé, todo está visto por algo mío que no es mi conciencia pero que vale más que ella en esa hora fuera del tiempo y la razón), hay la angustia y la ansiedad y la maravilla, porque también las sensaciones y los sentimientos se contradicen en esos momentos, escribir un cuento así es simultáneamente terrible y maravilloso, hay una desesperación exaltante, una exaltación desesperada; es ahora o nunca, y el temor de que pueda ser nunca exacerba el ahora, lo vuelve máquina de escribir corriendo a todo teclado, olvido de la circunstancia, abolición de lo circundante. Y entonces la masa negra se aclara a medida que se avanza, increíblemente las cosas son de una extrema facilidad como si el cuento ya estuviera escrito con una tinta simpática y uno le pasara por encima el pincelito que lo despierta. Escribir un cuento así no da ningún trabajo, absolutamente ninguno; todo ha ocurrido antes y ese antes, que aconteció en un plano donde “la sinfonía se agita en la profundidad”, para decirlo con Rimbaud, es el que ha provocado la obsesión, el coágulo abominable que había que arrancarse a tirones de palabras. Y por eso, porque todo está decidido en una región que diurnamente me es ajena, ni siquiera el remate del cuento presenta problemas, sé que puedo escribir sin detenerme, viendo presentarse y sucederse los episodios, y que el desenlace está tan incluido en el coágulo inicial como el punto de partida. Me acuerdo de la mañana en que me cayó encima "Una flor amarilla": el bloque amorfo era la noción del hombre que encuentra a un niño que se le parece y tiene la deslumbradora intuición de que somos inmortales. Escribí las primeras escenas sin la menor vacilación, pero no sabía lo que iba a ocurrir, ignoraba el desenlace de la historia. Si en ese momento alguien me hubiera interrumpido para decirme: “Al final el protagonista va a envenenar a Luc”, me hubiera quedado estupefacto. Al final el protagonista envenena a Luc, pero eso llegó como todo lo anterior, como una madeja que se desovilla a medida que tiramos; la verdad es que en mis cuentos no hay el menor mérito literario, el menor esfuerzo. Si algunos se salvan del olvido es porque he sido capaz de recibir y transmitir sin demasiadas pérdidas esas latencias de una psiquis profunda, y el resto es una cierta veteranía para no falsear el misterio, conservarlo lo más cerca posible de su fuente, con su temblor original, su balbuceo arquetípico.

Lo que precede habrá puesto en la pista al lector: no hay diferencia genética entre este tipo de cuentos y la poesía como la entendemos a partir de Baudelaire. Pero si el acto poético me parece una suerte de magia de segundo grado, tentativa de posesión ontológica y no ya física como en la magia propiamente dicha, el cuento no tiene intenciones esenciales, no indaga ni transmite un conocimiento o un “mensaje”. La génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia; en un tiempo en que las etiquetas y los géneros ceden a una estrepitosa bancarrota, no es inútil insistir en esta afinidad que muchos encontrarán fantasiosa. Mi experiencia me dice que, de alguna manera, un cuento breve como los que he tratado de caracterizar no tiene una estructura de prosa. Cada vez que me ha tocado revisar la traducción de uno de mis relatos (o intentar la de otros autores, como alguna vez con Poe) he sentido hasta qué punto la eficacia y el sentido del cuento dependían de esos valores que dan su carácter específico al poema y también al jazz: la tensión, el ritmo, la pulsación interna, lo imprevisto dentro de parámetros pre-vistos, esa libertad fatal que no admite alteración sin una pérdida irrestañable. Los cuentos de esta especie se incorporan como cicatrices indelebles a todo lector que los merezca: son criaturas vivientes, organismos completos, ciclos cerrados, y respiran. Ellos respiran, no el narrador, a semejanza de los poemas perdurables y a diferencia de toda prosa encaminada a transmitir la respiración del narrador, a comunicarla a manera de un teléfono de palabras. Y si se pregunta: Pero entonces, ¿no hay comunicación entre el poeta (el cuentista) y el lector?, la respuesta es obvia: La comunicación se opera desde el poema o el cuento, no por medio de ellos. Y esa comunicación no es la que intenta el prosista, de teléfono a teléfono; el poeta y el narrador urden criaturas autónomas, objetos de conducta imprevisible, y sus consecuencias ocasionales en los lectores no se diferencian esencialmente de las que tienen para el autor, primer sorprendido de su creación, lector azorado de sí mismo.

Breve coda sobre los cuentos fantásticos. Primera observación: lo fantástico como nostalgia. Toda suspensión of disbelief obra como una tregua en el seco, implacable asedio que el determinismo hace al hombre. En esa tregua, la nostalgia introduce una variante en la afirmación de Ortega: hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio.

Segunda observación: lo fantástico exige un desarrollo temporal ordinario. Su irrupción altera instantáneamente el presente, pero la puerta que da al zaguán ha sido y será la misma en el pasado y el futuro. Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado. Descubrir en una nube el perfil de Beethoven sería inquietante si durara diez segundos antes de deshilacharse y volverse fragata o paloma; su carácter fantástico sólo se afirmaría en caso de que el perfil de Beethoven siguiera allí mientras el resto de la nubes se conduce con su desintencionado desorden sempiterno. En la mala literatura fantástica, los perfiles sobrenaturales suelen introducirse como cuñas instantáneas y efímeras en la sólida masa de lo consuetudinario; así, una señora que se ha ganado el odio minucioso del lector, es meritoriamente estrangulada a último minuto gracias a una mano fantasmal que entra por la chimenea y se va por la ventana sin mayores rodeos, aparte de que en esos casos el autor se cree obligado a proveer una “explicación” a base de antepasados vengativos o maleficios malayos. Agrego que la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de full-time de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural, como en el socorrido modelo de la casa encantada donde todo rezuma manifestaciones insólitas, desde que el protagonista hace sonar el aldabón de las primeras frases hasta la ventana de la bohardilla donde culmina espasmódicamente el relato. En los dos extremos (insuficiente instalación en la circunstancia ordinaria, y rechazo casi total de esta última) se peca por impermeabilidad, se trabaja con materias heterogéneas momentáneamente vinculadas pero en las que no hay ósmosis, articulación convincente. El buen lector siente que nada tienen que hacer allí esa mano estranguladora ni ese caballero que de resultas de una apuesta se instala para pasar la noche en una tétrica morada. Este tipo de cuentos que abruma las antologías del género recuerda la receta de Edward Lear para fabricar un pastel cuyo glorioso nombre he olvidado: Se toma un cerdo, se lo ata a una estaca y se le pega violentamente, mientras por otra parte se prepara con diversos ingredientes una masa cuya cocción sólo se interrumpe para seguir apaleando al cerdo. Si al cabo de tres días no se ha logrado que la masa y el cerdo formen un todo homogéneo, puede considerarse que el pastel es un fracaso, por lo cual se soltará al cerdo y se tirará la masa a la basura. Que es precisamente lo que hacemos con los cuentos donde no hay ósmosis, donde lo fantástico y lo habitual se yuxtaponen sin que nazca el pastel que esperábamos saborear estremecidamente.

14 de marzo de 2012

Premio Loewe de Poesía 2012

Fuente: ABC
Álvaro García, quinta del 65, es ya un poeta de asentada y dilatada trayectoria. En 1989 ganaba el Premio Hiperión con un libro delicioso, un «debut oficial» de altísima categoría, La noche junto al álbum.
Con Intemperie y Para lo que no existe se consolidó su obra, y hace ahora diez años, firmes sus manos malagueñas al timón de sus versos, comenzó otra singladura con Caída, libro constituido por un único poema, al que siguió El río de agua, concebido también como una unidad. Y, como no hay dos sin tres, aunque no haya sido exactamente premeditado, ahora llega Canción en blanco, poemario por el que Álvaro obtuvo el Premio Loewe, que este miércoles ha recogido en Madrid.
El jurado estuvo compuesto por Víctor García de la Concha, Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Pablo García Baena, Joaquín Pérez Azaústre, Jaime Siles y Luis Antonio de Villena, un jurado que, como reconoce Álvaro García «es una antología de la poesía española contemporánea». El libro ha sido publicado por Visor.
El poeta explica que «en blanco alude a un disposición, a que no existe una idea preconcebida de cómo debe ser el poema, sino que nace abierto a ser invadido por la realidad, la imaginación, la fantasía, el amor, el humor. Intento la búsqueda de la totalidad, intento abarcar, y la única manera de hacerlo es ser flexible. Busco hacer convivir tiempos y espacios, como una suerte de música contrapuntística, de tipo jazzístico, ya que el jazz me gusta mucho, entre cosas porque es muy elástico».
Los lectores de poesía son pocos pero valientes, gente de lealtades a prueba de bombas narrativas, gente que tiene una fe inconmovible en la poesía. ¿Pero al poeta qué le dan, qué le ofrecen, sus propios versos? «La poesía me permite hacer -explica Álvaro García- lo que la vida no te permite. Con la poesía puedes robar al tiempo todos tus tiempos y hacerlos convivir, lo que ocurre con lo que no ocurre, lo que existe con lo que no existe. En este sentido es un ejercicio de salud verbal que hace que la vida respire y se ensanche, y te dé la sensación de que algo puede quedar, perdurar, mientras que, como bien sabemos, la vida pasa, es fugaz».
Más información: ABC

La inmolación por la belleza



El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él, que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola para ocultar su rubor.
Una vez alguien encontró una esfera híspida, ese tremendo alfiletero. En lugar de rociarlo con agua o arrojarle humo -como aconsejan los libros de zoología-, tomó una sarta de perlas, un racimo de uvas de cristal, piedras preciosas, o quizá falsas, cascabeles, dos o tres lentejuelas, varias luciérnagas, un dije de oro, flores de nácar y de terciopelo, mariposas artificiales, un coral, una pluma y un botón, y los fue enhebrando en cada una de las agujas del erizo, hasta transformar a aquella criatura desagradable en un animal fabuloso.
Todos acudieron a contemplarlo. Según quién lo mirase, semejaba la corona de un emperador bizantino, un fragmento de la cola del Pájaro Roc o, si las luciérnagas se encendían, el fanal de una góndola empavesada para la fiesta del Bucentauro, o, si lo miraba algún envidioso, un bufón.
El erizo escuchaba las voces, las exclamaciones, los aplausos, y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco. Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos, había muerto de hambre y de sed. Pero seguía hermoso.

Marco Denevi

8 de marzo de 2012

El asesino hipocondriaco

Fuente: Casa del libro


El señor Y. debe cumplir su último encargo como asesino profesional, pero para conseguirlo tendrá que superar un grave obstáculo: no le queda más que un día de vida .En realidad, el enigmático asesino a sueldo que responde a las iniciales M.Y. lleva años muriéndose, desde el mismo momento en que vino a este mundo. Le persiguen tantas enfermedades que cualquiera podría considerarlo un milagro médico. 
Ahora, por encargo de un cliente misterioso que se mantiene en la sombra, debe matar al escurridizo Eduardo Blaisten antes de que le asalte una apoplejía terminal o una úlcera gangrenosa o un empeoramiento de su Síndrome de Espasmo Profesional. Su incomprensible mala suerte irá frustrando uno tras otro todos sus intentos de homicidio, y estableciendo una mágica conexión entre sus propias penalidades y los grandes males físicos, psicológicos e imaginarios, que torturaron a Poe, Proust, Voltaire, Tolstói, Molière, Kant y al resto de los hipocondríacos ilustres de la historia de la literatura y el pensamiento. Una inteligente y divertidísima novela que aúna intriga, obsesión, asesinato y amor incondicional por la literatura.

7 de marzo de 2012

El bufete, Premio Abogados de Novela


Fuente: Expansión

La tercera edición del Premio Abogados de Novela ya tiene ganador. El jurado, compuesto por los escritores Lorenzo Silva, Javier Sierra y Marta Rivera de la Cruz, el periodista Antonio San José, y los representantes de los tres organizadores del galardón - Miquel Samper (CGAE), José Calabrús (Mutualidad) y Carmen Fernández de Blas (Martínez Roca)- ha fallado, por unanimidad, que el ganador este año sea la novela El Bufete escrita por Borja Martínez-Echevarría.

El jurado, presidido por Lorenzo Silva, ha resaltado que “en esta obra hemos destacado el conocimiento y capacidad de análisis que tiene el autor sobre el funcionamiento del opaco mundo de los bufetes de abogados y la trama e intrigas financieras que existen en las grandes empresas y el mundo de las finanzas”.

Este premio creado hace tres años, premia aquellas novelas que versan sobre el mundo en que se desarrolla la actividad de los abogados, con el objetivo de que ayuden al lector a profundizar en el conocimiento de esta profesión y sus ámbitos de actuación, valores, proyección y trascendencia social de su función.

En las dos pasadas ediciones el premio recayó en los libros La prueba (2010), de la periodista Carmen Gurruchaga y La melancolía de los hombres pájaro (2011) del galardonado escritor Juan Bolea, que ha publicado sus obras en una veintena de países.

El ganador del Premio Abogados de Novela 2012 ha expresado su alegría al recibir la comunicación del fallo y ha manifestado que “mi intención, en ésta mi primera novela, ha sido acercar al público el mundo de los grandes despachos de abogados, en los que llevo trabajando los últimos diez años”. La novela saldrá a la venta el próximo 10 de abril por la editorial Martínez-Roca.

Más información: Expansión

6 de marzo de 2012

Feria virtual del libro


Fuente: Europapress


La I Feria Virtual del Libro (www.feriavirtualdellibro.es), la primera feria exclusivamente online sobre el libro que se celebra en el mundo, arrancará este martes con la participación de 31 expositores y más de 30 actividades programadas. Dirigida a los lectores, autores y editoriales de España y Latinoamérica, la Feria tiene por objeto impulsar la industria creciente de los libros electrónicos y los contenidos digitales legales, sin dejar a un lado los libros tradicionales en papel.

Uno de los principales atractivos de esta Feria es que los visitantes pueden visitar el recinto y las casetas virtuales las 24 horas desde cualquier parte del mundo hasta el 11 de marzo, hacer consultas a los expositores a través de un chat, y participar en los talleres y encuentros con los autores sin necesidad de desplazarse ni esperar colas, simplemente a través de un ordenador con conexión a internet.

Algunas de las actividades programadas para el primer día son la presentación del libro solidario 'Luces en la sombra', editado por Reacciona, en el que han colaborado 73 fotógrafos y cuya recaudación servirá para ayudar a reducir la mortalidad infantil en niños y niñas menores de cinco años, a través de la ONG Save the Children, y el encuentro digital con el experto del libro electrónico Javier Celaya sobre las tendencias en la edición digital. Ambas actividades se realizarán desde el stand virtual de Bubok.

También se celebrarán otros encuentros digitales a través de webinar o videconferencia con Rubén Turienzo, experto en Coaching e Influencia Social y autor de varios libros sobre esta temática; con Silvano Gozzer, especialista en edición digital; y un encuentro conjunto con los autores de best sellers Juan Gómez-Jurado y Manel Loureiro, conocidos como el "Ken Follet" español y el "Stephen King" español respectivamente. En estos encuentros, los visitantes podrán enviar sus preguntas a través del chat y los autores las contestarán en directo a través de la cámara.

Más información: Europapress.es

Haiku


Se aleja el alma.
En la jaula tan sólo
plumas y alas.

Manuscrito inédito de Miguel de Unamuno

Fuente: El mundo
Un manuscrito inédito del escritor y filósofo Miguel de Unamuno, titulado Mi confesión y dedicado dirigido a la juventud hispana, ha aparecido en el transcurso de una investigación realizada por una profesora en la Casa Museo del pensador en la Universidad de Salamanca, de la que fue rector.

La profesora Alicia Villar, de la Universidad Pontificia de Comillas (Santander), ha localizado el manuscrito inédito de Unamuno en una carpeta donde se guardaba el Tratado del Amor de Dios y otros 19 folios numerados y escritos por las dos caras, según ha informado la institución académica en un comunicado.

Unamuno escribió el texto descubierto antes de septiembre de 1904, próximo a cumplir cuarenta años, coincidiendo con una época de mucho trabajo al compaginar su cargo de rector de la Universidad salmantina, seguir con sus clases y trabajar en varios libros a la vez, mientras tenía cercana aún la dura experiencia del fallecimiento de su hijo Raimundo.

Se trata de un escrito breve que sirve al escritor y filósofo para expresar sus preocupaciones esenciales, y en el que "resulta posible reconocer el germen de dos de sus obras principales: Vida de Don Quijote y Sancho, que escribe un año más tarde, y sobre todo Del sentimiento trágico de la vida".

El escrito Mi confesión está dedicado y dirigido a la juventud hispana y en opinión de la autora del hallazgo, recogida por la Universidad, "probablemente se deba al viaje que el autor planificaba en esos momentos a Argentina".
Más información: El Mundo

5 de marzo de 2012

Cartas cruzadas


Entrada patrocinada por Librerías Troa

Cuando leí La ladrona de libros, tuve la impresión de que Markus Zusak era un escritor que podría dar que hablar en un futuro. Con un libro en el que la historia de una niña durante la Segunda Guerra Mundial era abordada por una narradora tan especial como la Muerte era de esperar que el autor tratara de sorprendernos de nuevo en un futuro.
El hecho es que lo ha conseguido con una nueva novela titulada Cartas cruzadas. El autor, y nunca mejor dicho como verá quien lea este libro hasta el final, nos presenta a su protagonista, Ed, como un joven mediocre, hijo de un alcohólico y una tendera, que se dedica a conducir de modo ilegal taxis para conseguir dinero.
Cuando su turno de trabajo ha terminado, dedica su tiempo a leer, a pasear a su perro Doorman y a jugar a cartas con sus amigos Marv, Ritchie y Audrey. Todos ellos son taxistas y sus vidas son una sucesión de viajes del trabajo a casa, de casa a la partida de cartas y pocas cosas más. Esta forma tan vacía de vida va a variar cuando, un día en el banco, Ed hace frente a un atracador poco cualificado (como ladrón) y consigue detenerlo. Tras salir en los periódicos y ser entrevistado en la radio un día recibe una carta. En el doble sentido de la palabra: una carta que es un as de diamantes. En él hay tres direcciones y unas horas escritas. 
Sospechando que tal vez ha sido confundido con una persona capaz de solucionar problemas, Ed decide visitar las tres direcciones después de haber consultado con sus amigos.
En la primera de ellas ve cómo un hombre viola a su mujer cuando llega a casa borracho por la noche.El problema está claro. Pero Ed no sabe muy bien cómo solucionarlo, por lo que decide ir a la segunda dirección. Allí la situación es distinta. 
A la hora indicada Ed puede ver a través de una ventana a una anciana prepararse la cena, tomarla y acostarse. La acción se repite un día tras otro y Ed debe averiguar cuál es el problema para buscar la solución. Más complejo todavía parece en principio el tercer caso: por la mañana apostado entre unos setos ve cómo una chica preciosa hace footing descalza.
Ed decide resolver los casos propuestos. Cuando acaba con ellos llega otro mensaje escrito en otro as: el de picas. De este modo, a través de los ases de todos los palos Ed se dedica a mejorar o arreglar situaciones de personas que viven en su ciudad y comienza a sentirse profundamente bien consigo mismo.

Cartas cruzadas es un libro que demuestra cómo Markus Zusak es un autor de más de un registro.
Lejos de quedarse anclado en una colección de narraciones sobre un personaje o unos temas, cambia radicalmente de época y se sitúa en otro ambiente muy distinto.
Para ello focaliza la narración desde la perspectiva de Ed, empleando el lenguaje que se puede esperar de un taxista que tiene que defenderse entre prostitutas, ladronzuelos que intentan fugarse sin pagar y amigos sin cultura. Un taxista que poco a poco se va superando a sí mismo, tratando de buscar el bien de los demás y la verdad sobre sí mismo y los que le rodean.
Junto a estos temas en la obra aparecen abordados otros muchos: la amistad, la grandeza e importancia de las cosas pequeñas, el sexo, su disociación del amor y las consecuencias que esto trae consigo, las relaciones entre familiares y el afán de superación. En Cartas cruzadas no faltan guiños literarios a otras obras como Seis personajes en busca de autor, uno de cuyos recursos emplea Zusak para resaltar cómo la búsqueda de la Verdad ha de conducir hasta las últimas consecuencias.
La obra fue publicada en 2003 y ha recibido algún premio de Literatura. Sin embargo, hemos tenido que esperar hasta 2011 para que una narración que puede considerarse como algo más que un bestseller por su calidad literaria, llegara a España.

2 de marzo de 2012

Premio Azorín de Novela 2012

Fuente: Las Provincias

La escritora madrileña Almudena de Arteaga resultó ayer ganadora en la XXXVI edición del Premio Azorín de Novela con su obra Capricho, ambientada entre finales del siglo XVIII y principios del XIX y en la que presenta una historia sobre las tres musas del pintor Francisco de Goya.
El fallo se dio a conocer en el transcurso de una gala que se está celebró en el Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA).
Arteaga había presentado su obra bajo el pseudónimo de 'Micaela' y el lema 'Las fuentes de una musa'. Ese texto gira en torno a las tres musas de Goya y, según la propia autora, es una obra «con mucha intriga y mucha feminidad».
El jurado de la trigésimo sexta edición de este galardón elegió el trabajo de Almudena de Arteaga de entre las diez obras, de las 99 presentadas, que habían llegado a la final. El Premio de Novela Azorín está dotado con 68.000 euros.
Escritores como Gonzalo Torrente Ballester, Luis Antonio de Villena, Luis Racionero, Jesús Ferrero, Dulce Chacón, Luisa Castro, Javier García, Ángela Becerra o Manuel Mira han sido algunos de los ganadores de este premio en ediciones anteriores, que el año pasado recayó en la escritora y periodista Pepa Roma por la obra 'Indian Express', de la que se han vendido en torno a los 10.000 ejemplares.
De Arteaga es una prolífica autora de novelas de temática histórica, además de ser marquesa de Cea, título que le cedió su padre, Iñigo de Arteaga y Martín, XIX Duque del Infantado. Se trata de una de las autoras del género de novela histórica más reconocida de España. 

Más información: Las Provincias

Haiku




Tímida asoma
primera lagartija,
la primavera.

María Ángeles Lluch

1 de marzo de 2012

Tercer centenario de la creación de la Biblioteca Nacional de España


Durante la Edad Media y Renacimiento el dominio de la lectura y por ende, el de los libros, era un ámbito restringido. Los monasterios durante la Edad Media se encargaron de conservar buena parte de los textos que de otro modo habrían perecido en un momento de inestabilidad y guerras. En el Renacimiento los nobles y clases más acomodadas comenzaron a disfrutar también de este fragmento de la cultura y pasaron a leer no sólo devocionarios sino también poesía lírica y novelas. Con el nacimiento de la burguesía y su establecimiento las posibilidades de acceder a los libros se fueron extendiendo y sin duda, en el siglo XVII ya parte del pueblo era capaz de leer composiciones sencillas.
Con todo fue en el siglo XVIII cuando se produjo una auténtica extensión de la cultura. En España, la llegada de los Borbones supuso una mayor libertad de pensamiento. Se crearon las Sociedades de Amigos, desde las que se pretendía llevar a cabo una labor de fomento cultural; se fundaron las Reales Academias y además,  en 1711 se creó la Real Librería, que más tarde se convertiría en la Biblioteca Nacional de España.
La primera ubicación de la Real Librería fue el pasadizo que unía el Real Alcázar con el Convento de la Encarnación y se abrió al público por primera vez  el 1 de marzo de 1712. En 1716  Felipe V firmó el decreto que declaraba el carácter público de los fondos de la Librería.
Curiosamente hay que esperar a 1836 para que la Biblioteca pase a denominarse Nacional. Ese mismo año comienza a ser dependiente del Ministerio de Gobernación y no de la corona. Hoy en día, depende del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El  11 de noviembre de 2009 es la fecha en que adquiere el nombre de Biblioteca Nacional de España
La función de las bibliotecas nacionales es, ante todo, reunir, catalogar, conservar preservar y difundir la el patrimonio bibliográfico de la nación. Uno de los instrumentos más eficaces para ello fue la creación del Depósito Legal, que fue concebido por Francisco I de Francia en 1537.
Una buena idea para el día de hoy es planear una visita a la Biblioteca Nacional. Según señala el Ideal, la Biblioteca Nacional de España tiene un servicio de visitas guiadas los martes, miércoles, jueves y viernes por la tarde y los sábados por la mañana. Las visitas particulares tienen horario de martes y viernes a las 17 h. y sábados a las 12 h. También hace falta cita previa. La duración de la visita a la Biblioteca Nacional de España es de hora y media y es necesario pedir cita previa por teléfono. Una vez al año también celebra una jornada de puertas abiertas, que normalmente suele ser próxima a la festividad del día del libro (23 de abril).









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