29 de febrero de 2012

Los invitados de la princesa, Premio Primavera de Novela

Fuente: LNE

El filósofo y escritor Fernando Savater ha ganado hoy el Premio Primavera de Novela con Los invitados de la princesa, una parodia crítica e inteligente de la vida cultural y universitaria, en la que, según el jurado, "se conjuga tradición y modernidad" y "se despliega ironía, humor y mordacidad satírica". El jurado que ha fallado este premio, dotado con 200.000 euros y convocado por Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, ha estado presidido por Ana María Matute, que no pudo asistir al acto por estar convaleciente de "una pequeña enfermedad", y ha estado compuesto también por Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Ana Rosa Semprún y Miryam Galaz, como secretaria sin voto.

La novela, profundamente savateriana, según Basanta, "está llena de guiños y complicidades" y atraerá a todo tipo de lectores. Hay en sus páginas intriga, suspense, entretenimiento y relatos fantásticos. "Es una gran parodia hecha con inteligencia", dijo Soler.

En esa crítica del mundillo académico y universitario que es la novela, Xabi Mendia, periodista cultural de El Mundo Vasco, acude a un congreso internacional, denominado Festín de la cultura, que se celebra en la isla de Santa Clara, un pequeño país insular en América Latina. Cuando su avión aterriza, la erupción de un volcán obliga a cerrar el espacio aéreo y los congresistas quedan aislados durante una semana, situación que coincide con una amenaza difusa del grupo terrorista IRENE, que lleva a adoptar "medidas de seguridad extraordinarias", indica la sinopsis facilitada por Espasa.

A lo largo de una semana, se irán desarrollando diferentes actos, entre ellos "la celebración de la gastronomía", que es lo que aporta las primeras dosis de humor, de parodia y de mordacidad satírica", comentó Basanta.

A Savater, que en una ocasión se quedó atrapado en Milán (Italia) debido a las cenizas de un volcán, le gusta escribir sobre aquello que conoce bien, y en la novela habla de temas como la filosofía, la literatura y la teología, pero también del terrorismo, que de alguna manera afecta a los recluidos en la isla. Cada día, el ambiente claustrofóbico que respiran los congresistas propiciará que alguno de los asistentes "cuente una historia, real o inventada y en parte relacionada con el tema que se haya tratado en el congreso, de modo que el autor hace un homenaje a diferentes tipos de relatos, entre ellos a los fantásticos", señaló Basanta.

Savater, que ya ha ganado otros premios tan importantes como el Nacional de Ensayo con La tarea del héroe, y el Planeta con La hermandad de la buena suerte, aseguró que con esta nueva novela pretende "hacer disfrutar al lector con cierto humor, imaginación y con algunas tramas de toque fantástico".

En la obra premiada están presentes, en tono "un poco burlesco a veces", cuestiones que conoce a fondo este escritor, como el mundo de la cultura, el de la universidad, el de la política, las carreras de caballos, la gastronomía o la lectura. En definitiva, la novela "es un homenaje a los libros que tanto placer" le han dado y es también "un ingenuo homenaje a Boccaccio y a Chaucer", señaló el premiado tras hacerse público el fallo.

En declaraciones a Efe, Savater afirmó que en la novela "no todo es parodia", pero los temas que se tocan en ella "no se toman en plan trascendente sino que hay concesiones a la ironía y al humor". Los terroristas que salen en la novela "son más benévolos que los de ETA", una lacra que "todavía está ahí, como también están otros que se empeñan en hablar pidiendo cosas y diciendo que hay que dárselas para que todo siga bien", comentó Savater, muy crítico siempre con el terrorismo de ETA y con los partidos que no condenan a la banda.

Savater se ha jubilado ya como profesor universitario, y quiere dedicarse más a la ficción.

Más información: LNE

El Quijote de Ibarra

Fuente: ABC



El Quijote esculpido en la imprenta por Joaquín Ibarra en 1780 es toda una Arquitectura. Cada letra, número, blanco o final de capítulo es un espacio habitado. El impresor humanista de la magna obra «la cuidó con un magisterio verdaderamente excepcional», detalla a ABC Delfín Rodríguez, catedrático de Historia del Arte y crítico de ABC. Fueron siete años de una hercúlea labor —desde 1773— colectiva de artistas, grabadores, pintores y dibujantes maestros de (y en) la Ilustración. También participaron la Calcografía Nacional y la Imprenta Real.

Se decidió que el Quijote que iba a ver la luz en el taller de Joaquín Ibarra tuviera 33 ilustraciones y dos frontispicios. De los dibujos se encargaron artistas formados en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en torno a los discípulos de Mengs y de Bayeu, el maestro de Goya. El dibujo de Cervantes (aquí, a su derecha) que abre el Quijote de Ibarra lo culminó José del Castillo, «pero Antonio Carnicero también intervino buscando retratos del autor. Se conocían hasta entonces dos pintados, uno de ellos de la época del propio Cervantes, luego trabajado por Alonso del Arco. De ahí deriva esta imagen de Cervantes», explica Delfín Rodríguez. Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, dibujó a don Miguel, como también lo hizo un artista aficionado, poeta e intelectual sevillano, Juan de Jáuregui. Con todos esos mimbres se codificó el mejor retrato posible de Cervantes para el Quijote de Ibarra.

Magisterio académico

Antonio Carnicero y José del Castillo realizaron la mayor parte de los dibujos que ilustran las escenas del Quijote elegidas por los académicos de la Real de Bellas Artes. Y junto a ellos, otros pintores como José Brunete, Gregorio Ferro, Jerónimo Antonio Gil —fundador de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de México, en 1778— tras dejar hechos sus deberes quijotescos, y Bernardo Barranco. En el Quijote de Ibarra vuelcan su magisterio siete grandes artistas de la época.

Y en la segunda parte del Quijote una lápida conmemorativa dedicada a Cervantes es obra de uno de los arquitectos de la Academia de San Fernando más importantes del siglo XVIII: Juan Pedro Arnal, que fue profesor y traductor de obras de arquitectura enormemente importantes, subraya Delfín Rodríguez: «Todos estos artistas se conocían muy bien, y así tanto Arnal, como arquitecto, y Gil, como grabador, participaron en la obra de las “Antigüedades árabes de España”, que fue encargada a José de Hermosilla, y en la que también intervino un joven Juan de Villanueva recién llegado de Roma». Se convierten así, detalla el crítico de arte de ABC, en difusores por toda Europa, a las puertas del Romanticismo, en pleno periodo neoclásico, de las antigüedades árabes de España: «Son artistas ilustrados con relaciones muy intensas con escritores, intelectuales y las elites políticas de la propia Monarquía».

Más información: ABC

Exposición sobre Dickens I

Uno de los aniversarios más importantes que se ha celebrado este año en el mundo de la literatura ha sido el del segundo centenario del nacimiento de Charles Dickens. Su observación aguda de la realidad unida a su capacidad de escribir le permitieron crear gran cantidad de personajes inolvidables.
 Algunas editoriales, como Alba, han aprovechado para editar en sus mejores colecciones la obra de este escritor. Por mi parte, pretendo realizar una serie de exposiciones con ilustraciones de las obras del conocido autor inglés. El post de hoy está dedicado a Los papeles póstumos del Club Pickwik. 














28 de febrero de 2012

El arte de rezar el Sefarad


Fuente: El País


Bellas biblias manuscritas que elaboraron y leyeron los hebreos de la España medieval pueden contemplarse en la Biblioteca Nacional en una exposición presentada hoy lunes y cuyo fin es "hacer visible un legado poco conocido debido a la expulsión de los judíos en 1492", destaca Javier del Barco, doctor en Filología Hebrea y comisario de la exposición. Biblias de Sefarad: las vidas cruzadas del texto y sus lectores reúne medio centenar de piezas, de las que unas 40 son manuscritos.

Son sobre todo biblias que en su mayoría se exhiben por primera vez y que en su origen estaban en las bibliotecas de la comunidad judía hispana. Los judíos llamaban Tanakh a ese conjunto de libros sagrados y fueron los cristianos los que cambiaron el orden de esos libros, les añadieron otros y lo llamaron el Antiguo Testamento.

Según Del Barco, en toda España "hay una veintena de estas biblias judías que se conserven completas y luego hay otras muchas incompletas. Es un número pequeño si se compara con Italia, Inglaterra o Francia". Este experto del Centro de Ciencias Humanas y Sociales, del CSIC, subraya que "los ejemplares españoles se han conservado en general bien gracias al coleccionismo", aunque lamenta que "buena parte de los que se realizaron en aquella época se conservan fuera". Hay que tener en cuenta que tras la orden de expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, los manuscritos se dispersaron por media Europa, y otros fueron escondidos o requisados en la Península. En todo el globo, de los manuscritos que vieron la luz en aquel periodo, "solo se ha conservado la décima parte".

La exposición, que podrá verse hasta el 13 de mayo y cuenta con el patrocinio del European Research Council, la ha inaugurado el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. En ella hay ocho secciones en las que se enseña cómo era la vida cultural y religiosa del judaísmo en la Península, el territorio al que llamaban Serafad. En esa vida la Biblia era "el eje central", dice Del Barco, que escoge entre las joyas de la muestra la llamada Biblia de Alba, que pertenece a la Casa de Alba y reposa en el palacio de Liria, en Madrid. "Es un manuscrito excepcional del segundo cuarto del siglo XV que pasó por la Inquisición y por el conde duque de Olivares". La Biblia de Alba es una de las pocas traducciones completas al castellano que se conservan de la Edad Media. La tradujo un judío que trabajó al unísono con dos monjes cristianos. Pero si hablamos de curiosidades de la exposición, Del Barco señala un pequeño libro de oraciones para fiestas que "contiene poesías sobre las comunidades judías medievales, entre ellas las de Madrid".

Más información: El País

Gargantúa y Pantagruel nuevamente editados

Fuente: ABC

Acantilado publica los cinco libros del genial dúo dinámico de la literatura francesa, en traducción Gabriel de Hormaechea

¿Es moderno François Rabelais (1494-1553)? Tópicos: escritor de lo grotesco, escatológico, arcaico creador de nombres, hambres y hombres imposibles, polemista anticlerical, apologeta de la dipsomanía (léase borrachín).
Llevaba razón Bajtín cuando afirmó que Rabelais no había sido entendido en cuatro siglos. A Bajtín lo persiguió Stalin. ¿Qué compartía el formalista ruso con el padre de Gargantúa y Pantagruel?
Para el profesor Guy Demerson, prologuista de lujo en la edición de Acantilado que traduce Gabriel de Hormaechea, «una contracultura obstinadamente disidente» frente al lenguaje del poder, sea político, jurídico o teológico.
En el siglo de las guerras de religión, Rabelais era subversivo por ser un humanista de tomo y lomo. Hijo del abogado del rey en Chinon, se convierte en hermano menor franciscano y estudia leyes en París. Con la reforma luterana, se prohíbe el griego en la Sorbona: Rabelais cambia la regla franciscana por la benedictina, más tolerante con las cosas del saber. Acompañando al prelado de la orden por la región del Poitou descubre la cultura popular y sus ricas tradiciones.
Jurista, folclorista, filólogo, Rabelais amplía conocimientos en 1530 al cursar medicina en la universidad de Montpellier; se cartea con Erasmo y difunde a Hipócrates y Galeno en ediciones estudiantiles que hoy calificaríamos «de bolsillo». Ejercer de médico supone pasar al brazo secular; entre 1532 y 1535 lo encontramos en el hospital de Lyon conjugando el juramento hipocrático con las artes de la imprenta. A la imprenta da un opúsculo, Pantagrueline Pronosticution, que preludia lo que va a ser su obra: una sátira de los horóscopos de pacotilla que pretenden determinar nuestro destino.

Sus criaturas de fábula

En ese trienio lionés nacen sus criaturas, con un orden diferente, otro tópico, al que aprendimos en los manuales de Literatura. En 1532 ve la luz Pantagruel y en 1534 Gargantúa. Como apunta Hormaechea, «Rabelais muestra a su héroe como hijo de Gargantúa y le da el nombre de Pantagruel, nombre preexistente en la literatura popular francesa, aunque correspondía a un diablillo que echaba sal en la boca de los borrachos, mientras dormían, para producirles sed...».
Si seguimos varados en lo tópico observaremos en la obra rabelesiana una sátira del ciclo artúrico protagonizada por patosos gigantes; acabaremos limitados al «banquete pantagruélico», la «situación kafkiana» o el «panorama dantesco»...
Esos lugares comunes, tan frecuentes en quienes no han leído a Rabelais, Kafka o Dante. Tópicamente asociado a los excesos en la mesa, el «pantagruelismo» postula, sin embargo, un equilibrio entre el pensamiento religioso y la racionalidad filosófica.
Pantagruel, señala Hormaechea, le sirve a su creador para ridiculizar «el abuso de tanto aparato silogístico, bajo el que se oculta la mucha ignorancia togada» (lean alguna sentencia actual y verán cómo las cosas no han cambiado). Conclusión. El Rabelais que explica en cada capítulo Hormaechea es un humanista que carga contra supersticiones, sofismas y eufemismos que abonan la hipocresía.



Más información: ABC


27 de febrero de 2012

Calle Katalin

Una de las escritoras que ha tenido más éxito editorial y comercial en los últimos años ha sido Irène Némirovsky: A pesar de no ser una autora de bestsellers, los cierto es que sus libros se han vendido bien: los temas que aborda son  variados y de gran interés y  y el número de sus novelas relativamente numeroso, lo que siempre es apetecible para la empresa que se encarga de comercializar su obra.
Mucho menos conocida que ella es otra escritora de la época llamada Magda Szabó, considerada por muchos como una de las mejores escritoras de Hungría. Esta ignorancia sobre la autora se debe sin duda a varios factores: sólo contamos con cuatro novelas traducidas al castellano y todas ellas tratan de temas muy actuales con un realismo no exento de dureza.

La obra que hoy me ocupa, Calle Katalin, es la que más difiere de la línea realista de Szabó. En ella se relata de historia de Henriett, Blanka, Irén y Balint, cuya infancia y adolescencia transcurre en casas contiguas de la misma calle. Lo que en un principio prometía ser un conjunto de relaciones y existencias felicices y sin problemas se quiebra con la muerte de uno de los personajes debido a los disparos de un soldado. Los sentimientos de culpa de los protagonistas, los resentimientos entre padres e hijos, las venganzas personales e íntimas se suceden, siempre con el recuerdo y la presencia del amor de fondo que se forjó en un pasado mejor.

La autora no aborda la narración de los hechos de un modo lineal ni desde un punto de vista único. La narración se enmarca en un prólogo excelente, de una sola página, que reproduje en otro post, y un epílogo, se supone una auténtica revelación sobre los sentimientos últimos de los personajes. Entre prólogo y epílogo la autora se enfrenta a los acontecimientos rodando sin problema entre las perspectivas del mundo de los muertos, el de los vivos y el de la omnisciencia, lo que en algunos momentos confiere a Calle Katalin un tono irreal muy apropiado para una sucesión de recuerdos nostálgicos de una época feliz.

La obra es un  regalo para el lector, como también lo son sus otras obras, La balada de Iza y La puerta.

Entradas relacionadas: La balada de Iza, La puerta

25 de febrero de 2012

Estanterías y gatos


Para Elzbieta y Wowo


Hace ya tiempo, dediqué una entrada a la afición que Ernst Jünger sentía por los gatos. Él no es el único escritor que siente cierta simpatía por los felinos domésticos. Como es conocido, Lope de Vega escribió un poema titulado Gatomaquía, Hoffmann una novela llamada el Gato Murr y en Japón Natsume Soseki  describió con un perspectiva inquietantemente felina Soy un gato. Al otro lado del Atlántico tampoco falta algún ejemplo tan destacado como el Poe, con El gato negro, cuento que recomiendo a todos los que sientan pasión por la intriga y el terror.
Ante el final de semana un poco complicado que he tenido que afrontar, he decidido sacar mi instinto gatuno a pasear y he usado mi comodín de tercera vida en este post un poco friki. Si hay muchos escritores apasionados por los gatos y muchos libreros con gato encerrado (en sus casas por supuesto), no negaré que en el mundo de los lectores voraces, predominan los amantes de los gatos. Sus ventajas frente al perro son evidentes: se puede leer con el gato en el regazo, ronroneando y dando calorcito en una tarde de invierno, sin tener que dedicar minutos preciosos para la lectura a sacar a pasearlo para los menesteres por todos conocidos.
Para todos los que tienen la suerte de tener libros y gatos en casa se ha creado una línea de estanterías que harán realidad sus sueños y las delicias de su mascota. Los que no tengan gatos, siempre pueden dedicar los huecos pensados para ellos a otros menesteres, como las plantas.

















Enlace: Revista de muebles, Letras y gatos, En recuerdo de Edgar Allan Poe, El gato negro

24 de febrero de 2012

La hormiga argentina


Fuente: El mundo


Siruela continúa su labor de recuperación de toda la obra de Italo Calvino con La hormiga argentina, un relato publicado en 1952, que el propio Italo Calvino sitúa junto a 'La nube de smog' (Siruela, 2011) por una afinidad estructural y moral. Aquí el 'dolor de vivir' proviene de la naturaleza: las hormigas que infestan la costa de Liguria, pero es semejante la actitud de modesto estoicismo del personaje central, quien no acepta ninguno de los modelos de comportamiento que se le proponen para hacer frente a la plaga de hormigas que invade su casa. Uno de los más logrados relatos de Calvino, en el que el más estricto realismo se transmuta repentinamente en la fantasía más desatada.

Mas información: El mundo

23 de febrero de 2012

Vidas imaginadas

Fuente: ABC


Francesc Serés, que consiguió el pasado año con este libro el Premio de la Crítica en narrativa catalana, ha ideado un dispositivo muy original que proporciona unidad a los veintiún cuentos que lo componen. Imagina una antología de cinco autores rusos -dos mujeres y tres hombres- a los que habría seleccionado y publicado originariamente en catalán, vertidos ahora al castellano por una traductora asimismo imaginaria, Anastasia Maxímovna.

Formalmente nada se diferencia de una antología al uso, con prefacio de la traductora y nota introductoria del propio Serés. Cada autor está precedido por una nota biobibliográfica, en la que alguno de los datos o títulos de los libros (por ejemplo, La Perspectiva Nevski podría ser demasiado corta) hacen asomar ya la ironía presidida por un juego supuestamente metaliterario que nada tiene de tal.

Todos los relatos tratan de anécdotas ocurridas a gentes del pueblo ruso entre finales del siglo XIX y nuestros días. Casi todos, sin embargo, están centrados en la deconstrucción impía de la epopeya comunista, que se va recorriendo desde diferentes lados, siempre haciendo ver el contraste enorme entre los ideales de justicia e igualdad proclamados por la ideología oficial y la miserable realidad de mentiras que escondía.

Serés, que es narrador joven (nacido en 1972), comparte con escritores catalanes de una generación inmediatamente anterior, como Quim Monzó y Sergi Pàmies, dos rasgos sobresalientes: el dominio del cuento y la construcción irónica de sus libros, puesto que ponen en marcha un dispositivo satírico en el que el humor no es ácido, aunque tampoco benevolente.

Como es inevitable en una colección de tantos relatos, hay tres o cuatro que desmerecen de la calidad del conjunto. Pero en el caso de Serés considero más justo decirlo de otro modo: es tanta la calidad de casi todos, que unos pocos no están a igual altura, y se nota mucho. Ocurre cuando la tesis sostenida domina el cuento borrando los matices, como le ocurre a «El camino ruso», o cuando se atiene a una convencional historia como el amor vivido por «La campesina y el mecánico». Pero son excepciones.
Los mejores son los que ponen en funcionamiento la sátira por medio del humor negro. Así, las reacciones del astronauta que ha quedado en una órbita sin retorno por una avería de programación y que echa al traste toda la grandeur revolucionaria («El hombre más solo del mundo»).

Más información: ABC

22 de febrero de 2012

Un comienzo perfecto


Esta misma tarde he comenzado la lectura de un libro nuevo y su comienzo me ha resultado tan precioso y preciso en sí mismo que quiero compartirlo con vosotros.

El proceso de envejecer no es como lo describen los escritores, ni tampoco como se define en la medicina.
A los vecinos de la calle Katalin ni los libros ni los médicos les habían preparado para la extraña nitidez con la que la vejez les iluminaría el pasillo borroso y apenas visible que habían recorrido en las primeras décadas de su vida, ni tampoco para cómo les reordenaría los recuerdos, angustias, cómo cambiaría sus juicios y su escala de valores. Se habían hecho a la idea de que traería cambios biológicos, de que sus cuerpos iniciarían un proceso de desintegración que concluiría con la misma precisión y dedicación con que los había preparado para el camino que debían recorrer a partir del instante de su concepción, asumieron que su aspecto variaría, que sus sentimientos se debilitarían, que, a la par que sus gustos, también cambiarían  sus costumbres y sus necesidades, que se volverían más glotones o más inapetentes, tímidos o susceptibles, y que el acto de dormir y de digerir -que de jóvenes consideraban parte de la vida misma- también podría sufrir complicaciones. Nadie les había advertido de que la desaparición de la juventud no resultaba alarmante por lo que les quitaba, sino por lo que les daba. Ni sabiduría, ni serenidad, ni sobriedad o calma, sino la conciencia de la desintegración del Todo.
De pronto se percataron de que la vejez había desintegrado su pasado, algo que en su infancia y los años de juventud habían considerado compacto y sólido; el Todo se les había desintegrado en partes, lo seguía abarcando todo, todo lo que les había sucedido hasta entonces, pero de forma distinta. El espacio se había resquebrajado en escenarios, el tiempo en fechas, los hechos en episodios, y los vecinos de la calle Katalin acabaron comprendiendo que, de todo lo que constituía sus vidas, en realidad solo importaban unos pocos escenarios, fechas y episodios; lo demás solo servía para llenar los poros de la existencia, al igual que las virutas de madera, de un baúl preparado para un largo viaje y que solo están para impedir que el contenido se rompa.
Para entonces ya sabían que entre vivos y difuntos apenas hay una diferencia cualitativa sin demasiada importancia, y que a cada ser humano le es dado tener en la vida a una sola persona a quien invocar en el instante de la muerte.
Magda Szabó: Calle Katalin

Los ojos del hermano eterno




Hace mucho tiempo, siglos antes de que Buda naciera, vivía en  Oriente Virata, un famoso guerrero también conocido como "El Rayo de la Espada".

Debido a una traición que se desencadena una guerra.  Virata acude en socorro de su rey. Tras una batalla muy sangrienta con la que consigue vencer al enemigo, se da cuenta que entre los traidores que han resultado muertos está su propio hermano.
Vencido por el dolor, Virata decide hacerse juez para impartir justicia. Muy pronto sus sentencias meditadas le dan una fama sin precedentes y pasa a ser conocido entre los habitantes de Oriente como "La Fuente de Justicia".  Sin embargo la paz no llega a su alma.

 Un día al dictar una sentencia  que condena a un asesino a pasar el resto de su vida en las mazmorras, oye cómo éste le acusa de no ser justo, pues condena sin conocer en realidad cuáles son los sufrimientos a los que se va a ver expuesta la persona juzgada. Virata  se  admite su ignorancia y por la noche deja en libertad al asesino, ocupando él su lugar para conocer las penas de las personas a las que él ha condenado previamente. Al cabo de un mes, el Rey, avisado por el preso, pone el libertad a Virata que decide renunciar a su puesto de juez, convencido de que es incapaz de dictar sentencias justas. Y decide dedicarse a buscar la sabiduría.
A través de un proceso de depuración interior, el protagonista llega a la auténtica sabiduría, después de cometer muchos errores y de sufrir numerosas penurias.
Podría afirmar y quizá engañar a algunos diciendo que este relato es uno de los menos conocidos de Las Mil y una noches, de la que va a aparecer una selección de textos escogidos. Pero este cuentecillo es lo que constituye el hilo central de una novela corta de Stefan Zweig, Los ojos del hermano eterno.
La novela está construida de un modo impecable, formando un círculo perfecto y se ajusta a lo que el lector puede esperar de una fábula oriental, en la que no falta una sabia moraleja y un final impactante.

Situada en un tiempo mítico, "antes del nacimiento de Buda", pero con alusiones directas a dioses de la religión budista y a principios filosóficos de la misma, refiere la vida entera del héroe en busca de su objetivo, abordando temas como la verdad, la justicia, la responsabilidad de las acciones, las consecuencias de las omisiones y la humildad que debe presidir todo proceso auténtico de redención interior. Un libro breve y recomendable para quien busque como Virata entrar en la eternidad sin culpa en su alma.

El mapa del cielo

Fuente: El mundo

Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968) siempre tuvo claro quería vivir de la literatura. “No me veía con un trabajo normal y robándole horas al sueño para escribir. Afortunadamente, en España hay muchísimos certámenes literarios”. En ellos encontró la fórmula para meter un pie en el oficio y pagar las facturas, a base de relatos cortos y algunas novelas, como La hormiga que quiso ser astronauta (2001) y Las corrientes oceánicas (2005).

Llevaba una década en esa carrera de fondo cuando por fin dispuso de los ahorros necesarios para consagrar un año y medio de su vida a una trama que venía gestando desde que leyó La máquina del tiempo, de H.G. Wells. “Me pregunté qué habrían sentido los lectores contemporáneos de Wells al leer su novela en una época en que la ciencia estaba sembrando el mundo de maravillas y cómo reaccionaría el propio autor ante la invención de una máquina como la que él describía en su obra”. Así nació El mapa del tiempo (XL Premio Ateneo de Sevilla, 2008), una ambiciosa mezcla de géneros ambientada en la época victoriana en la que llamaba a filas al padre de la ciencia ficción -con permiso de Verne-.

Los derechos de publicación de la obra fueron adquiridos en 25 países y en la primera semana de venta en Estados Unidos se colocó en la lista de los más vendidos del New York Times. Con la inercia de su éxito internacional, Palma presenta ahora El mapa del cielo (Plaza & Janés), la segunda parte de su homenaje a Wells, inspirada esta vez en La guerra de los mundos. "Durante la promoción de El mapa del tiempo me di cuenta de que por azar había inventado una fórmula que podía aplicarse a otras novelas de Wells y que los personajes daban mucho más de sí". 

De este modo, Palma sitúa a Wells en esta entrega en la tesitura de ver cómo la invasión marciana que relataba en su obra se hace realidad. Aunque ambas novelas, como es lógico, tienen muchos nexos en común, el escritor gaditano asegura que pueden leerse de manera independiente, ya que el narrador apunta en la segunda parte los hechos que el lector necesita saber de la primera. "De hecho, en mi Facebook estoy recomendando empezar por ésta", subraya.

Esta voz narrativa que proporciona al lector recién llegado las pistas necesarias para que no se pierda, es la misma que le escamotea información, que salta en el tiempo y el espacio según se le antoje -y se regodea por ello-. "Es un homenaje al narrador victoriano. Es como un prestidigitador, un ilusionista". En definitiva, una herramienta eficaz para hilvanar una trama compleja poblada de paradojas temporales y universos paralelos que se desarrolla a lo largo de 744 páginas. Pero el componente fantástico es casi una excusa para abordar el tema más universal de todos: una historia de amor. "Los viajes en el tiempo o la visita de seres del espacio quedan en un segundo plano".

El estigma de las etiquetas

Palma abraza la etiqueta "bestseller" de buen grado pero con ciertos reparos: "Mi literatura es eminentemente lúdica, apuesto por la trama y la peripecia, pero a diferencia de muchos autores de bestsellers, intento que la prosa tenga valor en sí misma, que no sea una mera herramienta de transmisión del relato". El espejo en el que se mira son, además de Wells o Verne, contemporáneos de éstos como Dumas, Salgari o Stevenson. "Todos ellos practicaron una literatura popular culta. Se dirigían a un nuevo tipo de lector burgués que demandaba aventuras, pero no le tomaban por tonto. En definitiva, hay dos tipos de escritores: los que hacen pensar y los que hacen soñar. Yo me considero dentro del segundo grupo".




Más información: El mundo

El colmo


Fuente: ABC


Sam Spade, El halcón maltés
Siempre asistiremos al recurrente debate entre qué es mejor: ¿el libro o su adaptación cinematográfica? Para los amantes de la literatura la novela no podrá ser nunca igualada, mientras que para los cinéfilos la película aportará siempre ese algo que hace mágico al séptimo arte.

En lo que ambos estarán de acuerdo es en que el retrato de los personajes hecho en los filmes no será nunca el que los lectores se imaginaban al devorar las páginas de su autor favorito.

Pues bien, la tecnología ha vuelto a hacer de las suyas y ha conseguido acercar (un poco) la imaginación de los escritores al mundo real, aunque no de carne y hueso. Y es que la página web The Composites, creada por el artista Joseph Davis, se ha atrevido a elaborar retratos robots de los personajes que forman ya parte de la historia de la Literatura.
Software policial

Enma Bovary, Madame Bovary
Para ello, tal y como recoge la BBC, se sirve de un software tecnológico empleado por la Policía que permite, tomando como referencia las descripciones de los personajes hechas por los escritores en sus novelas, recrear el supuesto rostro que estos tendrían en su versión de carne y hueso.

Como era de esperar, no son pocos los internautas que han acudido a la web en busca de solución a su eterno dilema y el site ha experimentado un crecimiento de 6.000 seguidores en sus tres primeros días de existencia.

Porque, ¿quién no querría saber qué cara tienen Emma Bovary (Madame Bovary), Edward Rochester (Jane Eyre), Humbert Humbert (Lolita), Aomame (1Q84) o Tom Ripley (El talento de Mr. Ripley)?

No sabemos lo que pensarían Gustave Flaubert, Charlotte Brontë, Vladimir Nabokov, Haruki Murakami o Patricia Highsmith, pero seguro que el resultado no les dejaría indiferentes.

Mas información: ABC
Enlaces relacionados: The composites

21 de febrero de 2012

La UVI de los libros olvidados

Fuente: El País


Imagen de uno de los libros rescatados por Reanimation Library.
El proyecto The Reanimation Library se mueve con envidiable fluidez entre dos aguas: la imprenta y el ordenador. Entre la librería de viejo y un vivo archivo online abierto a cualquiera que quiera contemplar, añadir o usar alguna de sus increíbles imágenes, el proyecto de Andrew Beccone nació hace diez años cuando este bibliotecario decidió empezar a salvar de la hoguera del cubo de la basura libros con imágenes curiosas.

Su idea ha vivido estos días su particular apogeo: decenas de cajas han dejado su pequeño espacio en Brooklyn para trasladarse al MoMA, donde los fondos de su librería forman ahora parte del taller Print Studio, actividad paralela a la exposición Print / Out, que se abre este fin de semana con piezas de Ai Weiwei, Ellen Gallagher, Martin Kippenberger, Lucy McKenzie, Museum in progress, Editions Jacob Samuel y Thomas Schütte.


El humilde proyecto de Beccone se ha convertido así en material de estudio y trabajo o, mejor, en la viva demostración de que la imprenta sigue siendo una fuente inagotable de belleza y de sorpresas. “Empecé la colección cuando descubrí la cantidad de libros que nadie quería y que contenían imágenes impactantes”, explica él. “Eran libros sin valor económico pero con un evidente valor cultural por las ilustraciones que contenían. Poco a poco empecé a reunir lo que los demás tiraban”.

Y la basura, ese contenedor inagotable de patrimonio cultural, amenazaba con tragarse sorprendentes libros descartados, arrinconados, desahuciados u olvidados. Libros sobre mamíferos, sobre moluscos, sobre sexo, sobre ambas cosas a la vez (El sexo de los animales sin espina dorsal), de botánica, de ciencia, de cocina... Beccone tiene unos 1.500 que ahora la gente consulta, fotocopia o simplemente mira. En la web se catalogan, ordenan y multiplican. Permite navegar por las páginas de esos volúmenes cuyos textos quizá han perdido validez pero cuyas imágenes reviven como material artístico.

Así, aunque a nadie le interesen Los diez secretos de los bolos a muchos les maravillarán ver los dibujos de este libro de Don Carter, ilustrado por Anthony Ravielli y publicado en 1963 por The Viking Press (New York). O pasar página —o clic— por los cuerpos de los murciélagos tal y como eran vistos en 1968 en un libro divulgativo de Random House titulado Murciélagos, las alas de la noche. O el esqueleto de un avión en otra joya sesentera: 747, la historia de un superjet. 

Los títulos se multiplican: desde un libro de recetas de comida hawiana al Curso básico del lenguaje de los signos en norteamérica, El vuelo de los pájaros o Los árboles favoritos de América. En todos, las imágenes del pasado (candorosas, alegres, hermosamente primarias) nos revelan detalles de cómo el mundo se creía más adulto cuando en realidad solo era un confuso adolescente o cómo fue nuestro mundo no hace tanto tiempo. “Escaneamos unas cuantas imágenes de cada libro, lo catalogamos y clasificamos por temas. Tenemos verdaderas maravillas, libros muy curiosos sobre ciencia, deportes o medicina. Es un proyecto sin fin. Cada vez nos llegan más libros y la idea es que sea una librería infinita”.

Más información: El País

Haiku


Persecución:
En el retrovisor
la luna llena.

Andrés Neuman

Dowton Abbey: efectos literarios

Fuente: El País

En el primer capítulo de la segunda temporada de Downton Abbey, la multipremiada serie de Julian Fellowes, Molesley, el mayordomo de Matthew Crawley (Dan Stevens), le regala a Anna un libro como pretexto de seducción: Elizabeth y su jardín alemán de la escritora Elizabeth von Armin.
[Spoiler] No surte efecto: Anna sigue fiel a Bates. Pero quien sí parece estar sacando provecho de la transacción es Von Armin, una de las gran olvidadas de las letras británicas. En 1898 publicó Elizabeth y su jardín alemán, su primera novela (y de alto contenido autobiográfico). Fue un rotundo éxito. Escribió 20 libros más, pero la posteridad se olvidaría prácticamente de ella.
En España vivió un resurgimiento en 2008, cuando Lumen reeditó ese primer relato de su vida con el conde Henning August von Arnim-Schlagenthin. Así hablaba de la obra José María Guelbenzu en una crónica publicada en Babelia:
"La otra obra es una pieza de admirable delicadeza y sensibilidad: Elizabeth y su jardín alemán (Lumen), de Elizabeth von Arnim, transcurre en la región alemana de Pomerania y se asienta en el contraste entre la vida en una mansión que obliga a todas las convenciones sociales de su tiempo y la vida libre del jardín que la joven madre Elizabeth, con ayuda de sus libros y sus hijos, convierte en un paraíso".
En el Reino Unido y, sobre todo, en Estados Unidos, Von Armin le debe su fortuita popularidad a Julian Fellowes, que hizo alusión a la novela por puro rigor histórico: Elizabeth y su jardín alemán fue un verdadero best-seller en la época que retrata Downton Abbey. Varios editores ya se plantean editar la obra completa de Von Armin en formato electrónico, una más de las múltiples publicaciones derivadas del efecto literario de la serie.

Más información: El País

20 de febrero de 2012

Aniversario de la muerte de Stefan Zweig


Fuente: ABC



Stefan Zweig se fue de este mundo en febrero de 1942, pero había empezado a morir en mayo de 1933, cuando los jóvenes bárbaros del doctor Goebbels quemaban sus libros en la berlinesa Bebelplatz. Era el preámbulo de la prohibición en Alemania del autor más leído de entreguerras. En aquel ostracismo, con un equipaje tan ligero como la esperanza, Zweig escribió biografías sobre personajes enfrentados a periodos convulsos: María Estuardo, Erasmo… Su «Castellio contra Calvino» (1936), ambientado en la Ginebra que envió a la hoguera a Miguel Servet, constituía un alegato contra el totalitarismo: «Tolerancia frente a intolerancia, libertad frente a tutela, humanismo frente a mecanización, conciencia frente a violencia… Todos estos nombres expresan una opción que en última instancia es la más personal y la más íntima, la que para el individuo resulta de mayor importancia: lo humano o lo político, la ética o la razón, el individuo o la comunidad…».

En 1941, Zweig evocaba «El mundo de ayer», la amarga memoria de un europeo condenado a la condición de apátrida. En veinte años, aquel ciudadano del mundo asistió a la desaparición del imperio austrohúngaro y vio su Viena natal convertida en 1938 en capital de provincias del III Reich. Libros, conferencias, discursos radiados, hoteles... Alejado de sus raíces, con sus colecciones de autógrafos de Napoleón, Beethoven o Goethe en manos de la Gestapo, Zweig ultima su autobiografía, escribe la claustrofóbica «Novela de ajedrez» y aguarda la edición inglesa de su ensayo sobre Brasil.

Todos los territorios resultan hostiles para un judío cosmopolita, doble condición demonizada por comunistas y nazis. Divorciado en 1938 de su esposa Friderike María y a punto de cumplir 60 años, Zweig culminará el último viaje con Charlotte Elisabeth Altmann, la secretaria treintañera con la que se casa en 1939. Cuando recibe la noticia del pacto germano-soviético, colige que nunca más podrá regresar a Europa. Allí dejó perdido su «Balzac», y «perdidos están todos los países en los que yo había arraigado, ya que el mundo inglés y el americano no son mi mundo...».

La Blitzkrieg hitleriana reduce todavía más el territorio del escritor acosado: «Aquel día de septiembre de 1939 pone punto final a la época que formó y educó a los que ahora tenemos sesenta años», apunta en «El mundo de ayer». Le quedaba Londres, hasta que la Luftwaffe redujo a escombros el edificio de su editorial inglesa. Viajará a Nueva York, Córdoba, Rosario, Montevideo, Santa Fe, Río… hasta el último refugio de Petrópolis. El ambiente fascistoide de Argentina y Brasil le hace pensar que Hitler invadirá, también, Hispanoamérica. El ataque japonés a Pearl Harbour y la entrada de Estados Unidos en guerra no atenúan su desasosiego; el 20 de enero de 1942, Heydrich y Eichmann rubrican en el lago Wannsee la siniestra «solución final». Cada vez más aislado, Zweig dialoga con Montaigne, Balzac, Goethe y Tolstoi. Petrópolis no es Viena y echa en falta una buena conversación. Mantiene relación epistolar con Friderike, su exmujer: «Aquí yo sólo tengo naturaleza y libros, viejos libros que leo y releo una y otra vez…».

Febrero del 42. Resuena el carnaval de Río: un Zweig apesadumbrado prosigue un estudio sobre Vespucio con fuerzas menguantes y recibe una carta de Roger Martin du Gard: «Nuestra generación está obligada a permanecer tranquila y a desaparecer del escenario con un ademán de dignidad». La frase de su amigo se une a las que el escritor subraya cuando Montaigne habla de la muerte. El último día de su vida, Stefan y Charlotte Elisabeth reservaron habitación en un hotel. En la mesilla de noche, un frasco de Veronal y las cartas, selladas, de despedida… Los encontraron estirados en la cama, abrazados y con manchas de sudor por la temperatura tropical: él, con la elegancia acostumbrada; ella, con la mano entrelazada con la del escritor. La última hora es que la obra de Zweig mantiene toda su vigencia: momentos estelares de nuestra biografía lectora.

Más información: ABC

18 de febrero de 2012

Apuesta al amanecer

Para J. Plá

Cuando hablo con personas ajenas al mundo de la literatura, les resulta prácticamente imposible creer que entre los clásicos hay obras que atrapan. En todo caso, sostienen, se contarán con los dedos de una mano. Por eso cuando ayer terminé el libro de Arthur Schnitzler en una sola tarde, sin moverme del sillón, me entraron unas ganas terribles de pedir a los lectores de bestsellers que se animen también con esta obra, que en apenas cien páginas relata con maestría una historia sencilla.
Un domingo por la mañana el alférez Wilhem Kasda recibe la visita de un amigo que está en un grave aprieto: durante los últimos tiempos ha ido robando pequeñas cantidades de la empresa en la que trabaja y tiene que devolver la suma de mil florines en un par de días. El alférez anima a su amigo y se ofrece a ayudarle participando en una partida de cartas que tiene lugar todos los domingos por la noche en un hotel cerca de su cuartel.
El primer aspecto que cabe resaltar de esta obra es la cantidad de temas abordados por el escritor en tan pequeño número de páginas: las decisiones y cómo éstas, por triviales que parezcan, pueden tener consecuencias decisivas, la responsabilidad ante las propias acciones, el destino que termina poniendo a cada uno en su lugar, el sentido del honor y la falsa honorabilidad, las relaciones amorosas, la muerte y la vida, así como el valor verdadero de las cosas pequeñas.

El autor  se sirve para ello de una trama en la que dos personajes son puestos en una situación límite en la que muestran cuál es su verdadero carácter. El ritmo argumental es trepidante con tres momentos cumbre: la partida del hotel, la búsqueda de dinero, y el desenlace final. Y todo ello sucede en poco más de dos días, lo que contribuye a aumentar la tensión y opresión de la narración. 
Esta obra destaca también por ser una de las primeras que emplea en la literatura austriaca el monólogo interior para mostrar los pensamientos de los personajes tal y como pasan por su mente, sobre todo en los momentos de máxima confusión interior.

Otro elemento que me interesa destacar son algunos datos del autor. Arthur Schnitzler era un judío de origen húngaro que nació en Viena en 1862. A pesar de que su genio en el terreno literario me hizo pensar en una persona dedicada en cuerpo y alma al arte de la escritura, el hecho es que Schnitzler era médico. Sin embargo no eligió una especialidad muy prosaica, como Dermatología o Cardiología, sino que fue psiquiatra. Ejerciendo como tal tuvo ocasión de conocer a Sigmund Freud , quien le profesaba una gran admiración como escritor. Y es que Schnitzler comenzó a escribir durante la carrera universitaria y frecuentó alguno de los círculos literarios del momento. A lo largo de su vida escribió cerca de cincuenta obras de teatro, casi sesenta narraciones (cuentos, novelas breves y novelas), así como tres ensayos. Todo ello sin contar su producción en el campo de la Medicina, que ejerció primero en el Hospital General y la Policlínica de su padre y más tarde en una consulta privada.

Una prueba para los incrédulos

Algunas veces en este blog hemos mantenido discusiones sobre si realmente el haiku es un género literario, si los escritores que lo cultivan son poetas o todo es como la pintura moderna, una tomadura de pelo. Mirando el blog de nuestra colaboradora y escritora de haikus Susana Benet he encontrado una prueba de su talento como autora en otro género corto: el cuento. Después de leer este relato con regustos a Cortázar a nadie le quedará ninguna duda de su habilidad y honestidad literaria.

EL ALMUERZO






Acabo de presenciar un hecho insólito desde el vigésimo piso del edificio donde se ubica mi angosto despacho de investigador. Asomado a la ventana observo a un anciano sentado en un banco solitario, entre la maraña de setos que crecen descuidados junto a la rampa del garaje. Es la hora del almuerzo. El mío consiste en un trago de coñac. Todo está en calma. Algunos transeúntes circulan como breves insectos sobre el asfalto. Súbitamente observo un animal que avanza reptando entre los setos. Es un lagarto enorme. Lo veo deslizarse ligero hacia el anciano. Después, de un solo bocado, el reptil engulle al viejo. Lo último que veo son las zapatillas grises agitándose hacia el fondo de la flexible garganta. Contengo un grito. Mis manos se crispan sobre el cristal. Allá abajo el reptil, con el cuerpo dilatado, se interna furtivo en la oscura boca del garaje. ¿Qué debo hacer? ¿Llamar al conserje, a la policía, a los bomberos? ¿Golpear la puerta de los despachos contiguos? Nadie me creería y podría perder mi escasa clientela. Mis ojos descienden a un titular del periódico que reposa en mi escritorio: “Extrañas desapariciones de ancianos: un caso sin resolver”.


Fuente: Noches blancas

17 de febrero de 2012

No comparto las razones de la luz

Fuente: El mundo


Todos sabemos que el iPhone tiene mil utilidades. Uno de sus usos menos frecuentes puede ser escribir poesía, pero Pedro Alberto Cruz no sería poeta (o al menos, el poeta que es ahora) sin el acompañamiento de ese aparato que no sirve sólo para llamar por teléfono. En su iPhone están escritos (y corregidos, muy corregidos) la mayor parte de los textos de su libro No comparto las razones de la luz (Huerga y Fierro), que ayer fue presentado en el Museo Thyssen por José María Lasalle y Luis Alberto de Cuenca.
Pedro Alberto Cruz es un profesor universitario que ha publicado varios títulos sobre el arte contemporáneo, la realidad, la ficción, la imagen, e incluso un monográfico sobre Daniel Buren, un artista conceptual francés, cuyas obras parecen códigos de barras. También es consejero de Cultura de la Región de Murcia, y su nombre traspasó las páginas de cultura y de política, y llegó hasta los sucesos, al ser agredido físicamente por tres individuos que le acusaron, muy a la ligera, de enchufismo. Lo que más le dolió a Pedro Cruz, aparte de la irracionalidad del acto, fue la pérdida de su teléfono, donde había acabado un largo poema tras dos semanas de apurar bien las palabras.
Cruz, profesor y político, ha llegado a la poesía tarde (está a punto de cumplir 40 años), pero con muchas ganas. Escribió un libro, que aún está inédito, y tras aquella agresión física y moral, el mundo se le tambaleó y le dejó huella, como se aprecia en No comparto las razones de la luz, que escribió como terapia, un poco para exorcizar los demonios, el malestar y las contradicciones de aquel incidente.

La poesía le supuró aquella herida, pero cree que toda su trayectoria, tan distinta, estaba destinada a escribir poemas: "He seguido un proceso de depuración que me ha llevado a elegir la poesía como forma de expresarme". No es, por lo tanto, un libro primerizo, sino que denota una madurez y una originalidad infrecuentes en una primera (o segunda) obra. El autor que más le ha influido, y quizás se note su sombra, es Alberto Caeiro, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa, y en general, la poesía portuguesa.
'No comparto las razones de la luz' es una reflexión sobre el dolor, el cuerpo, la distancia, la realidad, la imagen, el otro... el ser humano. El título ya nos lo sugiere, y lo explica: «Hay días en los que te encuentras mal, sales a la calle, miras, el cielo es luminoso y el sol te hiere. Otros días es al revés. La luz siempre viene a destiempo».

Más información: El mundo
Fuente: El mundo


La primera vez que Nick Carraway ve a Jay Gatsby, su vecino en Long Island, lo encuentra solo, en el jardín, de noche, mirando al cielo. Mirando "qué parte le correspondía del firmamento local". De algún modo, Carraway, narrador, impone, sin explicarse, su fascinación por aquel desconocido de coñesco apellido, que montará los grandes saraos de la zona para la clase ociosa.
Justo Navarro, en Anagrama, José Luis Piquero, en Paréntesis, y Miguel Temprano, en RBA, aportan estos días tres traducciones nuevas de 'El gran Gatsby', de Francis Scott Fitzgerald. Tres variantes de esta fascinación, publicada en 1924. "He escrito la mejor novela de los Estados Unidos", le dijo a su editor el joven novelista Francis Scott Fitzgerald. Un comentario muy de Faulkner. Y resultó que no era una sentencia exagerada. Aunque siempre es tramposo decir que algo mítico había nacido para ser mítico y que tal arrogancia pudiera no ser exagerada. Estos días, además, se rueda una nueva versión cinematográfica con Leonardo Di Caprio (que no para, últimamente) encarnando al anfitrión más famoso de las letras norteamericanas.

Más información: El mundo

Luz Gabás, primera alcaldesa novelista

Fuente: ABC

Año de 1953. Kilian abandona la nieve de la montaña de Huesca para comenzar, junto a su hermano Jacobo, el viaje de ida hacia una tierra desconocida, lejana y exótica: la isla de Fernando Poo. En las entrañas de esa ínsula exuberante y seductora le espera su padre, un veterano de la plantación Sampaka, el lugar donde se cultiva y tuesta uno de los cacaos más maravillosos del mundo.

En esta tierra eternamente verde, cálida y voluptuosa, los jóvenes hermanos descubren la ligereza de la vida social de la colonia en comparación con una España encorsetada y gris; comparten el duro trabajo necesario para conseguir el cacao de la finca de Sampaka... Pasión, amor, odio, amistad entre colonos y nativos marcan el debut literario de Luz Gabás con Palmeras en la nieve (Temas de Hoy).

Nacida en Monzón, Huesca, en 1968, Luz Gabás es alcaldesa de Benasque, en el maravilloso paraíso del Pirineo altoaragonés. Los mejores años de su niñez y adolescencia transcurrieron entre el pueblo de su familia paterna (Cerler, en el valle de Benasque) y el de su rama materna (Serrate, en el valle de Lierp).

Tras vivir un año en San Luis Obispo (California), Luz Gabás se licenció en Filología Inglesa en Zaragoza, y obtuvo más tarde la plaza de profesora titular de escuela universitaria. Durante años ha compaginado su docencia universitaria con la traducción, la publicación de artículos, la investigación literaria y lingüística, y la participación en proyectos culturales, teatrales y de cine independiente. La alcaldesa de Benasque vive en el precioso pueblo de Anciles, junto a la villa de Benasque, donde tiene su «recado de escribir».

El editor comprensivo

Cuando terminó su voluminosa novela (732 páginas), Luz Gabás envió su manuscrito de Palmeras en la nieve a varias editoriales con la intención de que fuera valorado. Algunas contestaron, otras no. Las que acusaron recibo de su texto le respondieron que la obra no encajaba en su proyecto editorial, o bien que tenían completo el programa de publicaciones previsto, en fin, las típicas excusas para «dar largas».

Luz Gabás decidió entonces remitir su ejemplar al editor Ramón Badía Vidal, de Milenio, en Lérida, que muy interesado en el tema colonial de la obra rápidamente le contestó y le confirmó su intención de publicarla. El mismo día que Luz Gabás firmó el contrato con Badía sonó el teléfono de su casa. La interlocutora se identificó: «Buenos días, soy Raquel Gisbert, de Temas de Hoy...». Y Luz Gabás contestó: «Hola Raquel, acabo de firmar el contrato con una editorial de Lérida».

«Inmediatamente -cuenta la escritora-, Raquel me expuso que en Temas de Hoy estaban muy interesados en publicarla y me pidió el contacto de Ramón Badía para intentar llegar a un acuerdo. Y en este punto tengo que agradecer la buena disposición de Ramón, que rescindió el contrato y permitió que la obra se editara en ámbito nacional. A él, a Ramón Badía, nunca le estaré lo suficientemente agradecido por su primera valoración de la novela, su profesionalidad y su comprensión. Me acaba de llamar para preguntarte que tal va la cosa, mi aterrizaje en Madrid...» 


Más información: ABC

16 de febrero de 2012

¿El primer cuento de Kafka?

Entre 1895 y 1901 medió la existencia de la revista literaria Der Wanderer (El viajero), que en idioma alemán se editó en Praga bajo la dirección de Otto Gauss y Andrea Brezina. El número correspondiente a diciembre de 1896 incluye (pág. 7) un cuento titulado El juez, cuyo autor oculta o deja entrever su nombre detrás de la inicial K. Por la atmósfera del cuento y por esa letra (que será más tarde el nombre de los protagonistas de El proceso y de El castillo) se me ha ocurrido la idea de que se trata del primer cuento de un Kafka de quince años.

EL JUEZ

Cuando fui citado a comparecer -como decía la cédula de notificación- en calidad de testigo, entré por primera vez en el Palacio de Justicia. ¡Cuántas puertas, cuántos corredores! Pregunté dónde estaba el juzgado que me había enviado la citación. Me dijeron: a los fondos, siempre a los fondos. 
Los pasillos eran fríos y oscuros. Hombres con portafolios bajo el brazo corrían de un lugar para otro y hablaban un leguaje cifrado en el que a cada rato aparecían las palabras como in situ, a quo, ut retro. Todas las puertas eran iguales y, junto a cada puerta, había chapas de bronce cuyas inscripciones, gastadas por el tiempo, ya no podían leerse.
Intenté detener a los hombres de los portafolios y pedirles que me orientaran, pero ellos me miraban coléricos, me contestaban: in situ, a quo, ut retro. Fatigado de vagabundear por aquel laberinto, abrí una puerta y entré. Me atendió un joven con chaqueta de lustrina, muy orgulloso. Soy el testigo, le dije. Me contestó: Tendrá que esperar su turno. Esperé, prudentemente, cinco o seis días. Después me aburrí y, tanto como para distraerme, comencé a ayudar al joven de chaqueta de lustrina. 

Al poco tiempo ya sabía distinguir los expedientes, que en un principio me habían parecido idénticos unos a otros. Los hombres de los portafolios me conocían, me saludaban cortésmente, algunos me dejaban sobrecitos con dinero. Fui progresando. Al cabo de un año pasé a desempeñarme en la trastienda de aquella habitación. Allí me senté en un escritorio y empecé a garabatear sentencias. 
Un día el juez me llamó. -Joven- me dijo-. Estoy tan satisfecho con usted, que he decidido nombrarlo mi secretario. Balbuceé palabras de agradecimiento, pero se me antojó que no me escuchaba. Era un hombre gordísimo, miope y tan pálido que la cara sólo se le veía en la oscuridad. Tomó la costumbre de hacerme confidencias. -¿Qué será de mi bella esposa? -suspiraba-. ¿Vivirá aún? ¿ Y mis hijos? El mayor andará ya por los veinte años. 
Algún tiempo después este hombre melancólico murió, creo (o, simplemente, desapareció), y yo lo reemplacé. Desde entonces soy el juez. He adquirido prestigio y cultura. Todo el mundo me llama Usía. El joven de saco de lustrina, cada vez que entra a mi despacho, me hace una reverencia. Presumo que no es el mismo que me atendió el primer día, pero se le parece extraordinariamente. He engordado: la vida sedentaria. Veo poco: la luz artificial, día y noche, fatiga la vista. Pero unos disfruta de otras ventajas: que haga frío o calor, se usa siempre la misma ropa. Así se ahorra. Además, los sobres que me hacen llegar los hombres de los portafolios son más abultados que antes. Un ordenanza me trae la comida, la misma que le traía a mi antecesor: carne, verduras y una manzana. Duermo sobre un sofá. El cuarto de baño es un poco estrecho. 
A veces añoro mi casa, mi familia. En ciertas oportunidades (por ejemplo en Navidad) no resulta agradable permanecer dentro del Palacio. Pero, ¿qué he de hacerle? Soy el juez. Ayer, mi secretario (un joven muy meritorio) me hizo firmar una sentencia (las sentencias las redacta él) donde condeno a un testigo renitente. La condena, in absentia, incluye una multa e inhabilitación para servir de testigo de cargo o de descargo. El nombre me parece vagamente conocido. ¿No será el mío? Pero ahora yo soy el juez y firmo las sentencias.

Marco Denevi

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