21 de noviembre de 2012

EL LAMENTO DE FAUSTO O LA INDIFERENCIA



Desde mi cuerpo hasta tu azucenado cuerpo,
Y aquella estela tuya de olor de rosas
Y los frescos pétalos de tus labios,
Y mi ímpetu…
Hubiera querido ser río para ti.
Hubiera querido amarte y luego más amarte
Cuando surgiste entre mis brazos leve, grave, dúctil,
Tras un océano persistentemente inacabable.
Creímos recuperar nuestra invivida juventud común
En una noche bohemia y canalla.
Si descuidé la vida te encontré a ti:
Aquel soñado presente de aquel momento breve
En que cayeron almenas, cercos…
Tanta divertida locuacidad y tanto poderoso secreto.
Aunque no todos los poetas cantan tristemente
Ni todo el amor es dulce
¿Cómo retener con las manos el mar?
Fríos, aquellas madrugadas, en nuestras interminables conversaciones.
Tú en un sueño tras otro sueño,
Temerosa de mis confesadas debilidades:
“No todo es fulgor,
Lucha o relámpago…”

Incauta volabas a tus recuerdos
Cuando me habías enseñado la iglesia de los franciscanos,
Así en silencio, como ya acomodados y viejos, paseábamos la ciudad termal,
Acompasando nuestros pasos y acaso los pensamientos.
¡Pero será que tendremos forma de glaciar?
Yo me hinqué a ti
Como si ya nada hubiera de ser provisional.
Eras fémina y lluvia.
“¡Entonces detengo el mar
O la incesante tierra?”
Horizontes sireneados
… Tras aquel malhadado camino de faunos y bosques;
Pero aquel inesperado beso tuyo de entrega
Como si urgente fuese imponer la redención al amor.
Hoy el olor gramíneo del ganado
De grandes oscuros ojos soñadores
Te imponen nuevamente ante mí,
Crucialmente mártir
¿Qué perdurará más en ti, aquel amor, este dolor?
Cuál fue la huella que dejaste sobre mí impresa,
-Sea indeleble o ya marchita-
Tal vez deba vivir en el sur como tú en el este,
Tal vez deba vivir en arrebatada venganza y sin ti.
Tal vez hayamos de ser sin habernos necesitado,
Como si la indiferencia condicione a los pusilánimes.
Serena como Venus, desposada y despojada,
Horrorizada como una niña de lo que de mí supiste.
Tú, aquella que vi en el rincón, en la penumbra,
Tan callada, tan atenta, tan profunda…
A la que llegué como si isla tuviese un mar
Del que nosotros, desolados o vulnerables,
Fuéramos a ser rescatados.
Sin tormentas, tras huir,
Partimos… hasta nunca volver más…

16 de octubre de 2012

Carlos Pereira

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