23 de agosto de 2012







LA FÁBULA DE LA BALLENA Y EL MANDRIL

I
Se acercó el mandril cojo y sin garbo
Al estanque de aguas australes, gélidas, y de color gris acero
Y no era un día de tormenta, sino una tarde como de chocolate
Dulce y espesa, lenta discurriendo
Y preguntó al viento primero, luego a la morsa,
Más tarde al albatros, y siempre obtuvo o silencio o desdén
Y fue la ballena quien dio una buena razón:
Todo es obsoleto…

II
Si se desgaja el hielo y cae sobre el lomo de una ballena
Si siente que el aire frío de la tarde será dolor mañana
Qué puede pedirle al mandril
Que la mira como si estuviera buscando otro planeta
Pero él dijo:
Entre las manos tengo calor y un ramo de olivo
La ballena quería creerlo
Pero la tentación de morir varada en una playa
O de caer por la sima del mundo
La idea precisa de ser un reloj de agua y luz
De saltar como un delfín las olas
La llevaron a darle la espalda
E irse lenta como un pedazo grande de hielo que se hubiera desgajado
En primavera.

III
El mico tenía cara de mico
Y era cojo
Y resabiado
En el océano austral el hielo se mezcla con las ballenas
Qué puede una naturaleza tan pura dar
Sino silencio y una gris lentitud
El mico en cambio era tropical
Y ruidoso
Y molesto como el zumbido de un moscardón azul
Ambos eran inmiscibles.


Carlos Pereira

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