29 de mayo de 2012

Nueva York en la poesía española


Había una anécdota... Juan Ramón pasea por un sendero por Central Park junto a Cenobia. 1946, 'habíamos perdido la guerra'. De pronto, Pedro Guillén se cruza en dirección contraria por esa misma vereda. Los dos poetas hacen como que no se ven o que no se conocen y no se saludan. "Yo no sé si es verdad o es un chascarrillo de esos que se cuentan sobre los poetas. Pero es cierto que pudieron coincidir y que, si lo hicieron, probablemente se ignoraran. Si no es verdad, 'è ben trovato'", explica Julio Neira, catedrático de Literatura Española de la UNED y ex director del Centro Cultural de la Generación del 27 de la Diputación Provincial de Málaga.

La historia hace sonreír, aunque sea un poco penosa, y, ahora, sirve para ilustrar Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (editado por Cátedra), el libro con el que Neira ha querido estudiar la ciudad de Nueva York como tema poético. "Hace unos años, me invitó la Universidad de Dickinson , en Pensilvania, a dar una charla en su semana poética sobre ese tema, más o menos. Entonces, se me ocurrió pensar en lo que a todos: Lorca, José Hierro... Pero empecé a tirar del hilo y encontré que había muchísimos más poetas, de muchas generaciones, épocas y tendencias que han escrito sobre Nueva York".

Por ejemplo: Guillén, Cernuda, Alberti, Benítez Reyes, Fonollosa, García Montero, Martín López Vega, Francisco Brines, Martínez Sarrión, Blas de Otero, casi todos los Panero, Ana María Moix, Ana Rossetti, Gloria Fuertes, León Felipe, Dionisio Cañas, Jorge Urrutia, Luis Antonio de Villena, Antonio Lucas... Y más nombres, en fila, hasta la extenuación.

¿Y qué tiene de particular Nueva York que no tengan París o Roma, o incluso Londres, los referentes clásicos de la cultura española 'de siempre'? "Nueva York es la metáfora perfecta de la sociedad contemporánea, del mundo capitalista. Ofrece una doble imagen: por un lado la atracción por la belleza, el progreso y el vértigo. Y por otra, la repulsión por la sociedad que consume a los habitantes. Esa idea ya está en Lorca y, en realidad, existe desde siempre: la pueden ver en Metropolis, de Fritz Lang, y en Tiempos modernos, de Chaplin. Hasta Rubén Darío tiene un poema de 1914 en esa línea".

Eso es más o menos fácil de entender. Lo malo es que, a estas alturas, Nueva York nos parece a todos un lugar amable y reconfortante (se puede recorrer a pie, se ven barrios de clase media, es fácil comunicarse en español o en 'broken english' y ni siquiera es terriblemente cara) comparada con las ciudades del Golfo Pérsico o las del Sureste Asiático.

"Después, a partir de los atentados del 11-S, la poesía española sobre Nueva York ha sido mucho más empática con la ciudad, ha descubierto las relaciones humanas de sus habitantes, han añadido su punto de vista a esa metáfora que es Nueva York con referencias al cine, la música, la cultura literaria de la ciudad... Hay poemas sobre Taxi driver, sobre Desayuno en Tiffany's, sobre Charlie Parker".

"Nueva York", continúa Neira, "ha acabado por ser el viaje iniciático, la prueba de la capacidad de los poetas españoles. Si viajas a Nueva York tienes que que escribir sobre la ciudad, porque si no, no vales.


Más información: El mundo

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