26 de marzo de 2012

El reto de Von Doderer: Los demonios

Hace ya unos días desde que apareció el último post del Rincón. La ausencia de publicaciones tiene una explicación que se sintetiza en un título de tan sólo dos palabras: Los demonios.
Quien conozca la obra de Heimito von Doderer comprenderá mi dilema: dedicarme a la lectura de una obra de más de 1600 páginas, de consistencia intelectual y literaria considerable, o bien, continuar leyendo obras más fáciles y breves para facilitar la continuidad de entradas del Rincón. El hecho de que tanto como la obra que nos ocupa como su autor sean prácticamente desconocidos así como su incuestionable calidad son los factores cruciales que provocaron mi decisión de desconectarme de la red  para centrarme en esta novela.
Franz Karl Heimito von Dorerer es un escritor austriaco, poco conocido hasta el momento fuera de su patria, al que la editorial Acantilado ha dedicado su atención permitiendo su entrada en el mercado español. La vida del autor no carece de curiosidades, empezando por el nombre por el que normalmente se le conoce. Heimito -pronunciado en alemán jaimito- no es el nombre que tuvo en un principio von Dorerer. Fue su madre, quien, durante un viaje a España oyó el nombre de Jaime, y, gustándole mucho, comenzó a llamar a su hijo Jaimito, alemanizando la grafía.
Von Doderer fue menor de seis hermanos de una familia austro-húngara muy bien situada. Le tocó en suerte vivir una época agitada (1896-1966): así participó en la Primera Guerra Mundial, fue apresado y pasó por varios campos de concentración en Siberia; tiene un breve contacto con el partido nazi debido a una crisis personal; participa también en la Segunda Guerra Mundial -lo que le permite conocer numerosas ciudades- y termina siendo capturado por los ingleses, que lo liberan en 1945.
En el periodo de entreguerras es cuando Heimito decide ser escritor para lo que cursa los estudios de Historia y Psicología. Se especializa en cuestiones medievales de la capital austriaca y se interesa profundamente por las obras Sexo y carácter de Otto Weiniger y La decadencia de Occidente de Oswald Spengler. En 1938 escribe Un asesinato que cualquiera comete.
Cuando von Doderer regresó de la Segunda Guerra Mundial, se encontró con la prohibición de publicar en Austria debido a sus breves escarceos con el nacionalsocialismo. Con 52 años es un escritor vetado y desconocido que se ve obligado a encontrar un medio para ganarse la vida y lo encuentra tras realizar estudios de biblioteconomía. Su trabajo en las bibliotecas le pone en contacto con documentos que luego serán cruciales en la escritura de novelas posteriores. Con la publicación de La escalera de Strudholf en 1951 es reconocido como escritor en su país. Los demonios aparece en 1956 y  recibe de nuevo muy buenas críticas.
A partir de este momento Heimito von Doderer recibe una serie de premios literarios: el Nacional de las Artes de Austria en 1958, el Ciudad de Viena en 1961 y el Wilhem Raabe en 1966.

En este punto tengo que confesar que estoy aterrada. Reseñar una novela de esta categoría, tratar de transmitir algo de su esencia con mis palabras sin destrozar la obra que me ocupa es algo que me parece muy difícil. En cualquier caso, los posibles prejuicios que lo que diga os haga albergar o los defectos que os parezca que la obra pueda tener a la obra son achacables a la persona que reseña   y no a la obra o al autor.
Von Doderer afirmó que "una obra narrativa lo es tanto más cuanto menos idea pueda hacerse uno de ella por su contenido". Ésta es la clave de Los demonios y también la mejor explicación para entender la dificultad para trazar una visión general sobre ella. Por eso voy a optar por dar sólo unas pinceladas que sirvan al lector de aviso para lo que va a encontrar en la novela.
Los demonios es una novela coral, una obra que ocupó a su autor durante más de veinticinco años (¡!) y en la que, como señalan todos los críticos aparecen más de un centenar de personajes. Todo lo que llevo dicho puede asustar al lector por su carácter monumental. Si nos ceñimos al núcleo de la obra, es fácil darse cuenta de que el escritor parte de una idea que podemos delimitar: ofrecer una visión general de la vida en Viena a finales de los años veinte. Para ello se va a servir del siguiente artificio: el jefe de sección G-ff, un alto funcionario, entra en posesión de una herencia. Viendo que su situación económica le permite retirarse de su trabajo con cierta holgura, se jubila prematuramente y pasa a dedicarse a escribir una crónica de los hechos que durante los años 1926 y 1927 suceden en la vida de un grupo de amigos cercanos, "los nuestros", como los llama G-ff. Entre ellos hay un medievalista, un escritor, una estudiante de violín, un dibujante. Ellos junto con sus correspondientes parejas conforman el eje central de la novela. Alrededor de cada uno aparecen nuevos personajes que permiten la entrada en la obra de otros estratos de la sociedad vienesa: desde un peligroso criminal, pasando por un grupo de prostitutas, chulos, agitadores políticos, boy-scouts, estudiantes de bachillerato,  hasta un miembro de la diplomacia húngara y un príncipe.
Dos aspectos fundamentales son los que ocupan al narrador: la evolución intelectual y afectiva de "los nuestros". En alguno de los casos el escritor presenta pequeñas novelas de formación (no cito los nombres de los personajes por no desbaratar la obra). En la mayoría de los casos se produce un encuentro con la verdad sobre el propio ser, sobre la identidad personal y su lugar en la sociedad, los amigos y la familia. Detrás del estudio de la personalidad de sus criaturas, que va cobrando mayor importancia conforme avanza la novela, se va tejiendo el tapiz de la vida de Viena: los cafés, las tertulias, las reuniones de sociedad, los intereses de la juventud, la vida universitaria, el mundo del hampa.
Llama la atención la inclusión de capítulos enteros pertenecientes a géneros distintos al de la novela propiamente dicha: dos de ellos son los nocturnarios -o los diarios sobre los extraños sueños de la Kaps, un personaje que aparece en la segunda parte de la novela- o una crónica medieval dedicada a un proceso medieval a unas supuestas brujas. Sobre este último aspecto, algunos autores de críticas han echado en falta la presencia de lo demoníaco en la obra a pesar de lo que el título pueda hacer pensar. Sin embargo no hay que llamarse a engaño. En este libro, el sentido de demonio es en cierto sentido el que tenía en griego la palabra daemon, el de una presencia psíquica. Y esta especie de fuerzas psíquicas aparecen en la obra en ciertos momentos. El propio narrador lo señala explícitamente "Y Ruodlieb se asusta, porque él ha experimentado exactamente  lo mismo que su señor. En otras palabras, Ruodlieb se asusta porque esas palabras sacan a la luz un estado de cosas que adquiere validez general. Es una situación muy moderna: el choque entre una primera y una segunda realidad entre las que no hay un puente ni una lengua común, aunque las palabras concretas lo puedan ser. El  señor Achaz lo expresa de la siguiente manera:
 Quando una ymagen te gana y te haze presso, te despoja del resto de las cosas del mundo y quedas desamparado"
- Es lo que aquella época llamaban un demonio- dijo Williams.
- Y tenían razon.
Otro aspecto muy llamativo de la obra es su profundo sentido del humor, que se manifiesta en distintos niveles: juegos de palabras establecidos a partir de los nombres de los personajes (los Siebenschein son llamados por los nuestros los sietesuelas, los siete cabritillos, hay un personaje llamado Krautwurst -literalmente fiambre de col- y muchos más); motivos que se van repitiendo en diferentes ambientes que nada tienen que ver entre sí (señalo el episodio del pulpo que se cuela por una alcantarilla); y cómo no, el hilarante capítulo en el que un grupo de orondas señoras vienesas lucha por bajar de los 80 kilos delante de revistas de moda y tazas de chocolate con mucha nata montada, así como la obsesión sexual que de pronto se apodera de uno de los personajes por las señoras gordas y que adquiere forma de tratado que se incluye en la obra a través de un capítulo titulado Señoras gordas, que el propio G-ff se encarga de censurar.
En resumen: una obra redonda, en la que se va tejiendo una compleja de red de relaciones que acaba vinculando a los personajes aparentemente más lejanos y en la que se retrata la vida y costumbres de Viena.
Acabaré con una de las brillantes reflexiones que aparecen de vez en cuando en la obra sobre motivos distintos, en este caso, sobre la amistad.

Sí, era verdad, estábamos solos, en el sentido más superficial de la palabra, pero también en otro más hondo: estábamos solos, nos habíamos dado la oportunidad de olvidar los estériles enfrentamientos y su violencia, éramos señores libres, que podían estar contentos y de buen humor, prescindiendo de lo que no llegamos a comprender y nos obliga a avanzar a tientas por senderos extraños: aquí cada cual podía ser él mismo tanto para lo más elevado como para lo más bajo.

AVISO IMPORTANTE: Para todos los que leéis las introducciones a los libros: ¡no leáis la de éste hasta haber terminado la novela!  El introductor da demasiadas informaciones sobre la trama.

2 comentarios:

  1. Qué gracia lo e Jaimito. Sí parece una lectura de envergadura, jajaja, pero me gusta ese escenario tan bien reflejado de Austria, lur donde puede que vaya este verano. Lo anoto, sin duda.
    Abrazos

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    1. Pues sí que es gracioso. En casa mi marido se partía de risa con el nombre antes de saber la verdad, porque le sonaba a Jaimito. ¡Imagínate la sorpresa cuando nos enteramos que de verdad era el nombre en español!
      El libro es de tres estrellas (sobre tres), aunque el primer capítulo puede resultar un poco complejo.

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