23 de febrero de 2012

Vidas imaginadas

Fuente: ABC


Francesc Serés, que consiguió el pasado año con este libro el Premio de la Crítica en narrativa catalana, ha ideado un dispositivo muy original que proporciona unidad a los veintiún cuentos que lo componen. Imagina una antología de cinco autores rusos -dos mujeres y tres hombres- a los que habría seleccionado y publicado originariamente en catalán, vertidos ahora al castellano por una traductora asimismo imaginaria, Anastasia Maxímovna.

Formalmente nada se diferencia de una antología al uso, con prefacio de la traductora y nota introductoria del propio Serés. Cada autor está precedido por una nota biobibliográfica, en la que alguno de los datos o títulos de los libros (por ejemplo, La Perspectiva Nevski podría ser demasiado corta) hacen asomar ya la ironía presidida por un juego supuestamente metaliterario que nada tiene de tal.

Todos los relatos tratan de anécdotas ocurridas a gentes del pueblo ruso entre finales del siglo XIX y nuestros días. Casi todos, sin embargo, están centrados en la deconstrucción impía de la epopeya comunista, que se va recorriendo desde diferentes lados, siempre haciendo ver el contraste enorme entre los ideales de justicia e igualdad proclamados por la ideología oficial y la miserable realidad de mentiras que escondía.

Serés, que es narrador joven (nacido en 1972), comparte con escritores catalanes de una generación inmediatamente anterior, como Quim Monzó y Sergi Pàmies, dos rasgos sobresalientes: el dominio del cuento y la construcción irónica de sus libros, puesto que ponen en marcha un dispositivo satírico en el que el humor no es ácido, aunque tampoco benevolente.

Como es inevitable en una colección de tantos relatos, hay tres o cuatro que desmerecen de la calidad del conjunto. Pero en el caso de Serés considero más justo decirlo de otro modo: es tanta la calidad de casi todos, que unos pocos no están a igual altura, y se nota mucho. Ocurre cuando la tesis sostenida domina el cuento borrando los matices, como le ocurre a «El camino ruso», o cuando se atiene a una convencional historia como el amor vivido por «La campesina y el mecánico». Pero son excepciones.
Los mejores son los que ponen en funcionamiento la sátira por medio del humor negro. Así, las reacciones del astronauta que ha quedado en una órbita sin retorno por una avería de programación y que echa al traste toda la grandeur revolucionaria («El hombre más solo del mundo»).

Más información: ABC

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