9 de febrero de 2012

Pruebas falsas


Esta mañana, ligeramente adormilada por efecto del Frenadol con el que combato un resfriado que me tiene encerrada en casa, he decidido escapar del frío leyendo una novela negra, Pruebas falsas, de la escritora estadounidense residente en Venecia, Donna Leon.
La acción se desarrolla, como casi todas las de las obras de la autora,  en la ciudad de los canales por excelencia y se inicia cuando el dottor Carlotti entra en la casa de María Grazia para realizar su visita semanal a su paciente. Al llegar a su cuarto, descubre su cadáver en el suelo, y llama a la policía. 
El caso recae sobre el teniente Scarpa, quien al ver la cabeza golpeada y comprobar que la criada rumana de María Grazia ha desaparecido, decide, movido por sus numerosos prejuicios, que ésta ha sido la culpable.
Al regresar de sus vacaciones el comisario Brunetti retoma el caso cuando una mujer proporciona una coartada creíble para la rumana.
A partir de ese momento nos vemos envueltos por una narración ágil que nos conduce hacia un final hábilmente construido.
La novela, como todas las de esta escritora, es muy correcta y tan sólo se le puede culpar de lo mismo que acusa a su personaje Scarpa: los prejuicios. Así, a lo largo de la obra la autora suele unir tipos de personajes e ideas con defectos: Scarpa y la propia víctima, personajes deleznables por su comportamiento, son fieles de la Iglesia Católica y ser funcionario puede calificarse como sinónimo de corrupto. En general estas asociaciones se realizan de una forma sutil que pasará desapercibida al lector devorador de libros. Sin embargo para un lector exigente resulta una lástima que una escritora tan fluida como Donna Leon peque de este vicio.
En resumen: un libro correcto, entretenido, bien escrito, con una trama que atrapa la atención del lector, con el defecto de  la apología de una determinada manera de ver el mundo

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