13 de febrero de 2012

Morir de Venecia

Fuente: El mundo

La muerte en Venecia, de Thomas Mann, muestra cómo, hace 100 años justos, hasta el turismo de playa podía ser algo muy elegante y otoñal. Impresionan ésta y otras lejanías. El centro 'manniano' Buddenbrookhaus de la ciudad de Lübeck, al norte de Alemania (donde nació el escritor), ofrece una exposición de centenario con fetichismos y estudio de la novela breve en cuestión. La muestra abunda además en la inspiración que esta obra supuso para el director Luchino Visconti y para el compositor Benjamin Britten, que la versionaron, casi a la vez, en sus respectivos campos. El primero abre lentamente su película Warner Bros, estrenada en 1971, con el célebre 'Adagietto' de la 'Quinta Sinfonía' de Mahler y el barco de vapor de un Gustav von Aschenbach convertido en músico (en el original es escritor) atravesando un plástico amanecer.
Britten compuso la partitura de la ópera homónima más o menos al mismo tiempo que el fastuoso Visconti rodaba en el Lido. Como en otras obras, el británico escribió el papel del protagonista (Aschenbach aquí se mantiene literato) específicamente para la voz del tenor Peter Pears, su fiel compañero. La estrenó en 1973, en el Festival de Aldeburgh. Poco después murió. Fue el último trabajo de uno de los grandes operistas del siglo XX. Tanto la versión en cine, como la ópera guardan para el niño polaco Tadzio, fruto y objeto de la ambigua obsesión de Aschenbach (escritor o músico), un papel de estricto mutismo.

Ideal y atrevimiento

"La película tuvo un éxito inmenso. Visconti ya era muy prestigioso, y aunaba en Muerte en Venecia calidad, buen gusto y atrevimiento. Era la primera vez que se trataba este tema de forma tan limpia y con tanto gusto" explica el poeta Luis Antonio de Villena, quien en su reciente 'Mártires de la belleza' habla sobre el triste destino de Björn Andrésen, el joven adonis que encarnaba a Tadzio en el filme. "Aschenbach ve en Tadzio esa imagen perfecta, el ideal. La película es una reflexión sobre el arte creador, la belleza, la muerte. Mann y Visconti hacen referencia a Platón, a mitos medievales, al mundo del romanticismo y a la filosofía decadentista. La novela llamó la atención en el momento de publicación por tratarse de un chico y no una chica el ideal de belleza. Pero eso ya está en los griegos".

Novela y cine

El también poeta Luis Alberto de Cuenca, es menos entusiasta: "No soy fan de La muerte en Venecia, ni de la novela, ni de la película. Sin que eso signifique que no me parezcan dos productos excelentes. Creo que Visconti interpreta muy bien el mensaje que transmite el texto de Mann, y que son legítimas las variaciones que introduce en el filme, puesto que el espíritu que anima a la novela y a la cinta es el mismo."
Fernando Aramburu también cuenta a EL MUNDO.es: "Thomas Mann escribió textos más potentes, extensos y complejos que La muerte en Venecia. En cuanto a la película, la vi una vez, de joven, y no me debió de impresionar especialmente puesto que no dejó en mí la menor huella. Hay que tener en cuenta que el extraordinario valor de la obra de Thomas Mann reside en la calidad y hondura de la escritura y en la densidad de pensamiento, justo lo que no es posible atrapar con una cámara".


Más información: El mundo

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