13 de febrero de 2012

La cruzada de los niños


Fuente: ABC



Aquel verano, el 16 de julio concretamente, la coalición cristiana capitaneada por Alfonso VIII de Castilla había vencido a los moros en las Navas de Tolosa y había conseguido que el curso de la eterna guerra de la Reconquista contra los musulmanes cambiara de rumbo.

Probablemente también cambió la Historia de Occidente. Porque en Tierra Santa los Cruzados sufrían derrota tras derrota ante los hijos del Islam. La bofetada que Alfonso les dio en las Navas fue un soplo de aliento y esperanza para la Cristiandad y para el Papa Inocencio III. Pero entre los cristianos seguía ardiendo la llama de la desilusión por no poder liberar Jerusalén.

Era, pues, el verano de 1212, y un niño francés había tenido una revelación: se le había aparecido Jesucristo y le había pedido que organizara una Cruzada infantil para libertar la Ciudad Tres Veces Santa. Debían atravesar el Mare Nostrum y una vez ante las puertas de aquella Jerusalén dominada por la Media Luna su bondad y su inocencia rendiría sus murallas.
¿Mito, leyenda?

Mito, leyenda, historia, realidad, poesía, sea lo que fuere, la Cruzada de los Niños es uno de los episodios más hermosos de la historia de la Vieja Europa. Unos cuentan que 30.000 chavalillos franceses se unieron a la causa y se encaminaron a Marsella para embarcar. Otros añaden que algo similar ocurrió en tierras alemanas y que los niños fueron hasta Génova para cruzar el mar.Iban en apretada compaña, dándose calor los unos a los otros, compartiendo las bayas de los bosques, los frutos silvestres. Los hombres huían de ellos como la peste. Las mujeres les recomendaban que volvieran a sus casas, que sus padres tendrían el alma partida por su ausencia. Cuentan las crónicas que consiguieron embarcarse, que varios barcos zozobraron en Cerdeña, que los supervivientes fueron engañados y vendidos como esclavos a la morería, que alguno llegaría con el tiempo a ser principalísimo hombre de la Iglesia. La historia es tan bonita y tan hermosa que debemos creer que fue realidad, que la verdad de la inocencia algún día podrá imponerse sobre la Tierra.

Mucho tiempo después de lo que cuentan los cronicones un escritor francés y genial, pero un gran desconocido para muchos, Marcel Schwob recogió el testigo de la historia y escribió una bellisima (y tristísima) crónica novelada de aquellos hechos: La Cruzada de los Niños.

Muerto en 1905 con apenas 38 años, la obra de Schwob fue reconocida como fundamental para la suya propia por André Gide (Los alimentos terrestres), Borges, Faulkner (Mientras agonizo) y nuestro Luis Alberto de Cuenca (El libro de Monelle), autor de la traducción que ahora realiza Reino de Cordelia/Rey Lear, con bellísimas ilustraciones de Jean-Gabriel Daragnès, de la obra de Schwob. Son apenas sesenta páginas, pero de una hermosura y melancolía desbordantes. 


Más información: ABC

1 comentario:

  1. Anónimo2/13/2012

    Hace tiempo leí un libro que se titulaba "Cruzada en jeans" de Ed. SM. Y trataba de este tema, pero con una visión algo moderna, con un niño actúal, que en una máquina del tiempo aparece en otra época, y queda enrolado en esta cruzada. es la única vez que lo oí mencionar. lo confronté en una enciclopedia. Interesante. Isabel

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