28 de febrero de 2012

Gargantúa y Pantagruel nuevamente editados

Fuente: ABC

Acantilado publica los cinco libros del genial dúo dinámico de la literatura francesa, en traducción Gabriel de Hormaechea

¿Es moderno François Rabelais (1494-1553)? Tópicos: escritor de lo grotesco, escatológico, arcaico creador de nombres, hambres y hombres imposibles, polemista anticlerical, apologeta de la dipsomanía (léase borrachín).
Llevaba razón Bajtín cuando afirmó que Rabelais no había sido entendido en cuatro siglos. A Bajtín lo persiguió Stalin. ¿Qué compartía el formalista ruso con el padre de Gargantúa y Pantagruel?
Para el profesor Guy Demerson, prologuista de lujo en la edición de Acantilado que traduce Gabriel de Hormaechea, «una contracultura obstinadamente disidente» frente al lenguaje del poder, sea político, jurídico o teológico.
En el siglo de las guerras de religión, Rabelais era subversivo por ser un humanista de tomo y lomo. Hijo del abogado del rey en Chinon, se convierte en hermano menor franciscano y estudia leyes en París. Con la reforma luterana, se prohíbe el griego en la Sorbona: Rabelais cambia la regla franciscana por la benedictina, más tolerante con las cosas del saber. Acompañando al prelado de la orden por la región del Poitou descubre la cultura popular y sus ricas tradiciones.
Jurista, folclorista, filólogo, Rabelais amplía conocimientos en 1530 al cursar medicina en la universidad de Montpellier; se cartea con Erasmo y difunde a Hipócrates y Galeno en ediciones estudiantiles que hoy calificaríamos «de bolsillo». Ejercer de médico supone pasar al brazo secular; entre 1532 y 1535 lo encontramos en el hospital de Lyon conjugando el juramento hipocrático con las artes de la imprenta. A la imprenta da un opúsculo, Pantagrueline Pronosticution, que preludia lo que va a ser su obra: una sátira de los horóscopos de pacotilla que pretenden determinar nuestro destino.

Sus criaturas de fábula

En ese trienio lionés nacen sus criaturas, con un orden diferente, otro tópico, al que aprendimos en los manuales de Literatura. En 1532 ve la luz Pantagruel y en 1534 Gargantúa. Como apunta Hormaechea, «Rabelais muestra a su héroe como hijo de Gargantúa y le da el nombre de Pantagruel, nombre preexistente en la literatura popular francesa, aunque correspondía a un diablillo que echaba sal en la boca de los borrachos, mientras dormían, para producirles sed...».
Si seguimos varados en lo tópico observaremos en la obra rabelesiana una sátira del ciclo artúrico protagonizada por patosos gigantes; acabaremos limitados al «banquete pantagruélico», la «situación kafkiana» o el «panorama dantesco»...
Esos lugares comunes, tan frecuentes en quienes no han leído a Rabelais, Kafka o Dante. Tópicamente asociado a los excesos en la mesa, el «pantagruelismo» postula, sin embargo, un equilibrio entre el pensamiento religioso y la racionalidad filosófica.
Pantagruel, señala Hormaechea, le sirve a su creador para ridiculizar «el abuso de tanto aparato silogístico, bajo el que se oculta la mucha ignorancia togada» (lean alguna sentencia actual y verán cómo las cosas no han cambiado). Conclusión. El Rabelais que explica en cada capítulo Hormaechea es un humanista que carga contra supersticiones, sofismas y eufemismos que abonan la hipocresía.



Más información: ABC


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