29 de febrero de 2012

El Quijote de Ibarra

Fuente: ABC



El Quijote esculpido en la imprenta por Joaquín Ibarra en 1780 es toda una Arquitectura. Cada letra, número, blanco o final de capítulo es un espacio habitado. El impresor humanista de la magna obra «la cuidó con un magisterio verdaderamente excepcional», detalla a ABC Delfín Rodríguez, catedrático de Historia del Arte y crítico de ABC. Fueron siete años de una hercúlea labor —desde 1773— colectiva de artistas, grabadores, pintores y dibujantes maestros de (y en) la Ilustración. También participaron la Calcografía Nacional y la Imprenta Real.

Se decidió que el Quijote que iba a ver la luz en el taller de Joaquín Ibarra tuviera 33 ilustraciones y dos frontispicios. De los dibujos se encargaron artistas formados en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en torno a los discípulos de Mengs y de Bayeu, el maestro de Goya. El dibujo de Cervantes (aquí, a su derecha) que abre el Quijote de Ibarra lo culminó José del Castillo, «pero Antonio Carnicero también intervino buscando retratos del autor. Se conocían hasta entonces dos pintados, uno de ellos de la época del propio Cervantes, luego trabajado por Alonso del Arco. De ahí deriva esta imagen de Cervantes», explica Delfín Rodríguez. Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, dibujó a don Miguel, como también lo hizo un artista aficionado, poeta e intelectual sevillano, Juan de Jáuregui. Con todos esos mimbres se codificó el mejor retrato posible de Cervantes para el Quijote de Ibarra.

Magisterio académico

Antonio Carnicero y José del Castillo realizaron la mayor parte de los dibujos que ilustran las escenas del Quijote elegidas por los académicos de la Real de Bellas Artes. Y junto a ellos, otros pintores como José Brunete, Gregorio Ferro, Jerónimo Antonio Gil —fundador de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de México, en 1778— tras dejar hechos sus deberes quijotescos, y Bernardo Barranco. En el Quijote de Ibarra vuelcan su magisterio siete grandes artistas de la época.

Y en la segunda parte del Quijote una lápida conmemorativa dedicada a Cervantes es obra de uno de los arquitectos de la Academia de San Fernando más importantes del siglo XVIII: Juan Pedro Arnal, que fue profesor y traductor de obras de arquitectura enormemente importantes, subraya Delfín Rodríguez: «Todos estos artistas se conocían muy bien, y así tanto Arnal, como arquitecto, y Gil, como grabador, participaron en la obra de las “Antigüedades árabes de España”, que fue encargada a José de Hermosilla, y en la que también intervino un joven Juan de Villanueva recién llegado de Roma». Se convierten así, detalla el crítico de arte de ABC, en difusores por toda Europa, a las puertas del Romanticismo, en pleno periodo neoclásico, de las antigüedades árabes de España: «Son artistas ilustrados con relaciones muy intensas con escritores, intelectuales y las elites políticas de la propia Monarquía».

Más información: ABC

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ENTRADAS