7 de febrero de 2012

El mejor y más retorcido Álvaro Pombo



Fuente: La razón digital

Álvaro Pombo (Santander, 1939) es un claro ejemplo de superación del realismo convencional meramente descriptivo de ambientes y situaciones, porque lo que le interesa al narrador es el carácter simbólico de la realidad, las contradicciones y conflictos que anidan en la condición humana y la fuerza de una trama con la que el lector pueda identificarse de un modo u otro, haciendo de la lectura un ejercicio cómplice de autorreconocimiento crítico. 
Sus novelas –El metro de platino iridiado, Donde las mujeres, Una ventana al norte y La fortuna de Matilde Turpin, entre otras– son modélicas en el estudio de los personajes, sobre todo femeninos, y la presentación de las relaciones sentimentales como un conjunto de obsesivas interdependencias que aspiran a la felicidad.
El temblor del héroe, novela galardonada con el último Premio Nadal, refleja un universo de apariencias y fingimientos, en el que una engañosa percepción del amor y la amistad desembocará en una tragedia que conviene no desvelar.
Román, un jubilado profesor de Filosofía, engreído, autocomplaciente, anclado en su pasión bibliómana que le hace aborrecer internet –se le caracteriza como un «inactual»– y profundamente intrigante y manipulador, es el eje vertebrador de una acción en la que participan Eugenio y su mujer, Elena, ambos traumatólogos, antiguos alumnos suyos y ya amigos; Héctor, un periodista que entrevistará a Román, incorporándose pronto a este singular juego de equívocos; y Bernardo, el moroso inquilino de Román, un pederasta que abusó de Héctor en su adolescencia y que ahora ejerce sobre él una ambivalente tutoría moral.
El relato va creciendo, con un tono inquietante y algo conspirativo, en torno a unas tortuosas relaciones humanas marcadas por la dependencia obsesiva de unos hacia otros, la abnegación mal entendida, los celos desatados y las míseras crueldades cotidianas. Observándose mutuamente, malinterpretándose con frecuencia, instrumentalizando sus emociones según la conveniencia de cada momento, estos personajes construyen una densa trama del mal, una nefasta camaradería que circula entre fingimientos y desengaños, perdidos estos seres en el laberinto de sus particulares egoísmos. Tras éstos, y quizá como siempre, alienta el deseo frustrado de amar y ser correspondido.
Esta crónica de la incomunicación humana es también una novela, en el mejor sentido, intelectual. Por sus páginas desfilan Flaubert, Barthes, Marcuse, Keats, Machado, Unamuno y, entre otros muchos, quizá sobre todo Platón, cuyos diálogos sirven aquí como referente de la conversación social que, más allá del intercambio de ideas, amaga las soterradas intenciones de unos taimados contertulios. Román, que va cediendo protagonismo a lo largo de la historia, manipula los puntos débiles de sus interlocutores, fomentando recelos e inseguridades, y afirmándose en su papel de deliberada negatividad, que lo hace aún más atractivo. 
Esta novela de imposturas y maquiavelismos, en la que aparece autocitado el propio Pombo, es también un juego de espejos entre estas diversas personalidades; la sombra de Borges, tan alargada, planea sobre dicho artificio de equívocas identidades.



Más información: La razón digital

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ENTRADAS