7 de febrero de 2012

Cela y los tres madroños

«España, contra lo que suele decirse, es país de mucho equilibrio y mesura», decía Cela
Don Guillermo Luca de Tena, Marqués del Valle de Tena, y Don Camilo José Cela, Márqués de Iria-Flavia, fueron designados Senadores por el Rey en junio de 1977. Desde entonces, compartieron desvelos en los debates constitucionales. Aquel año, la amistad ya forjada entre Cela y Luca de Tena se fue estrechando de tal fortuna que don Guillermo, como director de ABC, logró que el titán gallego volviese a escribir en las páginas de ABC de forma asidua, para regalo y gozo de todos los lectores. Y así lo hizo hasta el mismo día de su muerte, hace diez años, con un bellísimo poema inédito cincelado por Cela al borde del abismo de la muerte.

Desde 1979 hasta 1982, Camilo José Cela fue escribiendo en ABC una serie de deliciosos artículos ilustrados magistralmente por Lorenzo Goñi, que han vuelto a ver la luz en el volumen «El juego de los tres madroños» (Austral). En su primer recuadro, publicado el 14 de marzo de 1979, el Nobel confesaba: «Acabo de inventarme El juego de los tres madroños, entretenimiento bienintencionado y ejercitador de las paciencias; por ahora no tengo más que el nombre, que me parece bonito e, incluso, teñido de cierto arcaico aire de menestralía, pero pienso que lo más probable es que el reglamento me vaya saliendo poco a poco y a su ser». Y pasaba a explicar su ingenio: en el primer madroño se esconde la verdad, que es como un racimo; en el segundo, el azar, que es como un melón, y en el tercero, el viento, que pudiera representarse en forma de mariposa de cien colores.
«España, contra lo que suele decirse en las tertulias y en los periódicos, profetizaba don Camilo, es país de mucho equilibrio y mesura, de mucho aplomo y fundamento, que son los cuatro puntos cardinales -parecidos, que no idénticos-, que delimitan la palestra del juego a tres, que hoy propongo para leve solaz, propio y ajeno».

Cada quince o veinte días solía acudir don Camilo al despacho del patrón Don Guillermo Luca de Tena en ABC. Se saludaban, se sentaban y Cela le entregaba a su director un rimero de cuartillas con los artículos escritos, que solía leerle en voz alta. «Fue una etapa inolvidable y magnífica -evocaba Don Guillermo Luca de Tena-. Prácticamente, todos esos madroños se los oí de viva voz antes de enviárselos a Goñi y que el lector los viera primorosamente editados. Nunca le agradeceré bastante esas tardes inolvidables».

Ver más info: ABC

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ENTRADAS