18 de febrero de 2012

Apuesta al amanecer

Para J. Plá

Cuando hablo con personas ajenas al mundo de la literatura, les resulta prácticamente imposible creer que entre los clásicos hay obras que atrapan. En todo caso, sostienen, se contarán con los dedos de una mano. Por eso cuando ayer terminé el libro de Arthur Schnitzler en una sola tarde, sin moverme del sillón, me entraron unas ganas terribles de pedir a los lectores de bestsellers que se animen también con esta obra, que en apenas cien páginas relata con maestría una historia sencilla.
Un domingo por la mañana el alférez Wilhem Kasda recibe la visita de un amigo que está en un grave aprieto: durante los últimos tiempos ha ido robando pequeñas cantidades de la empresa en la que trabaja y tiene que devolver la suma de mil florines en un par de días. El alférez anima a su amigo y se ofrece a ayudarle participando en una partida de cartas que tiene lugar todos los domingos por la noche en un hotel cerca de su cuartel.
El primer aspecto que cabe resaltar de esta obra es la cantidad de temas abordados por el escritor en tan pequeño número de páginas: las decisiones y cómo éstas, por triviales que parezcan, pueden tener consecuencias decisivas, la responsabilidad ante las propias acciones, el destino que termina poniendo a cada uno en su lugar, el sentido del honor y la falsa honorabilidad, las relaciones amorosas, la muerte y la vida, así como el valor verdadero de las cosas pequeñas.

El autor  se sirve para ello de una trama en la que dos personajes son puestos en una situación límite en la que muestran cuál es su verdadero carácter. El ritmo argumental es trepidante con tres momentos cumbre: la partida del hotel, la búsqueda de dinero, y el desenlace final. Y todo ello sucede en poco más de dos días, lo que contribuye a aumentar la tensión y opresión de la narración. 
Esta obra destaca también por ser una de las primeras que emplea en la literatura austriaca el monólogo interior para mostrar los pensamientos de los personajes tal y como pasan por su mente, sobre todo en los momentos de máxima confusión interior.

Otro elemento que me interesa destacar son algunos datos del autor. Arthur Schnitzler era un judío de origen húngaro que nació en Viena en 1862. A pesar de que su genio en el terreno literario me hizo pensar en una persona dedicada en cuerpo y alma al arte de la escritura, el hecho es que Schnitzler era médico. Sin embargo no eligió una especialidad muy prosaica, como Dermatología o Cardiología, sino que fue psiquiatra. Ejerciendo como tal tuvo ocasión de conocer a Sigmund Freud , quien le profesaba una gran admiración como escritor. Y es que Schnitzler comenzó a escribir durante la carrera universitaria y frecuentó alguno de los círculos literarios del momento. A lo largo de su vida escribió cerca de cincuenta obras de teatro, casi sesenta narraciones (cuentos, novelas breves y novelas), así como tres ensayos. Todo ello sin contar su producción en el campo de la Medicina, que ejerció primero en el Hospital General y la Policlínica de su padre y más tarde en una consulta privada.

2 comentarios:

  1. Seguiré tu recomendación, seguro que me gusta. Tal vez esté en la línea de Sandor Marai, con su magistral "El último encuentro". Besos.

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  2. Anónimo2/19/2012

    Es distinto a Marai, pero muy interesante. Un abrazo Susana.
    Marian

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