11 de enero de 2012

Una temporada para silbar


Mucha  energía positiva; con un karma muy bueno.. Con estas palabras definíamos riéndonos unos amigos el libro que hoy reseño y que ha ocupado buena parte de mi tiempo libre estas vacaciones de Navidad.
La familia Oliver se encuentra en una situación crítica. Tras la muerte de su esposa, Oliver tiene que simultanear sus tareas de campesino, ganadero y las labores del hogar. El desorden no preocupa mucho a los cuatro miembros de la familia -Paul, de trece años, Damon, Toby y el perro Houdini-. La suciedad y el polvo acumulado es sólo un pequeño inconveniente para ellos. Su verdadero suplicio es la comida. Oliver es incapaz de hacer una comida con buen sabor y que sea nutritiva, por lo que el mejor acontecimiento de la semana para los chicos es la comida en casa de la tía Rae, una buenísima cocinera.
La novela se inicia cuando Oliver encuentra en el periódico un anuncio con un curioso encabezamiento: No cocina, pero tampoco muerde. En él, Rose, una viuda de un estado lejano, se ofrece para ir a cualquier parte de Estados Unidos para realizar las tareas del hogar, excepto la cocina. Convencidos de que cualquier mujer sabe cocinar algo, Oliver y sus hijos deciden contratarla.
La llegada de Rose al hogar de los Milliron supondrá un cambio. Silbando una melodía tras otra, Rose conseguirá llenar de orden la casa de la familia, aunque no llenará los platos de comida. Con ella, además llega su hermano Morris, un hombre de pasado misterioso, con una gran cultura.
Después de que la maestra de la escuela se fugue con un predicador de pacotilla que pasa por el pueblo, Morris se ve obligado a asumir sus funciones, quedando de este modo integrado en la comunidad de Marias Coulee.
La vida de familia, las aventuras de la infancia y juventud, la vida en la escuela unitaria son focalizadas en la novela desde el punto de vista de Paul, que al cabo de muchos años, regresa a Marias Coulee convertido en inspector de educación con la obligación de notificar el cierre de su escuela.
Llena de ternura y buen humor, esta narración que saca a la luz Libros del Asteroide sigue demostrando que es posible descubrir buena literatura en pleno siglo XXI.


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