31 de octubre de 2011

Halloweeen is dead



La tranquilidad del crepúsculo era simple apariencia. Bajo la mano mortecina de la niebla, el sembrado iba adquiriendo un aspecto inquietantemente fantasmal. El silencio era absoluto. La vida, que antes bullía festiva entre los senderos y las cercas, se había extinguido con el último rayo de sol. Los campesinos presintiendo en sus huesos lo que había de ser la noche,  se habían retirado prudentemente a sus casas en busca de seguridad.
Oculta entre las matas, una culebra se deslizó con rapidez. Una presencia, unos susurros, unas risas que helaban la sangre avanzaban por el campo.
Permaneció absolutamente inmóvil, sin respirar, tratando de camuflarse entre los ramajes y hojas caídas, como si aquello no fuera con ella, si bien no era así. Su pequeño corazón latía con fuerza, alterado por la amenaza de la Guadaña.
Las siemprevivas que bordeaban el sendero se movían al hilo de las palabras murmuradas por unos labios invisibles, siempre ávidos de sangre.
Y la inocente y sencilla calabaza sintió que el corazón se le paraba definitivamente cuando una mano se posó sobre ella y la voz dijo: 
- ¡Ana! ¿Has visto qué calabaza más grande? Seguro que Juan y Pedro se llevarán un susto de muerte cuando vengan a casa.


27 de octubre de 2011

La cucaracha soñadora




 Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.


Augusto Monterroso

Enlaces relacionados: Un problema de aspecto, Dinosaurios

24 de octubre de 2011

El Quijote interactivo


 

No descubrimos América si afirmamos con absoluta rotundidad que la difusión y la digitalización de fondos son las dos principales preocupaciones/ocupaciones de la BNE en la actualidad. No puede una biblioteca cabecera nacional quedarse atrás en el afán modernizador del mundo bibliotecario de un país. 
Uno de los exponentes más claros -y también más conseguidos- de estos nuevos objetivos de nuestra Biblioteca Nacional es la sección de su Web (www.bne.es) o servicio como tal, llamado “El Quijote Interactivo”. Consiste esta iniciativa de la BNE en acercarse a la primera edición de la obra cumbre de Cervantes, conservada entre sus fondos.
El libro casi está en nuestras manos, acompañado (inéditamente) de contenidos anexos multimedia y de ayuda. Se han digitalizado a altísima calidad los dos ejemplares que se contienen en la BNE de la primera edición de la popular obra de Miguel de Cervantes: los de 1605 y 1615. Acompañando a este epicentro (es el núcleo principal del servicio), encontramos un portal interactivo al que se han incorporado mapas, ilustraciones, grabados y otros contenidos procedentes de 43 ediciones distintas del Quijote y de otras 21 obras más, todas pertenecientes a la BNE. También podemos ver al entrar en la sección, el vídeo de presentación de “El quijote interactivo en You Tube”. Es para no perdérselo.

Tomado de Dokumentalistas
Redactado por Enrique Navas Benito. Bibliotecario Universidad de Sevilla

20 de octubre de 2011

Lingüistas


Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.

De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:

 - ¡Qué sintagma!
 - ¡Qué polisemia!
-  ¡Qué significante!
- ¡Qué diacronía!
- ¡Qué exemplar ceterorum!
- ¡Qué Zungenspitze!
 -¡Qué morfema!

La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.

Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ''Cosita linda".


Mario Benedetti

19 de octubre de 2011

HAIKU




Rosa en un vaso,
aún zumban las abejas
en mi memoria.

(de: "Huellas de escarabajo", Edit. Comares)

13 de octubre de 2011

Flavia de los extraños talentos



Reconsiderando que mi última elección de un libro en la biblioteca no había sido plenamente satisfactoria, decidí cambiar el criterio selectivo. En lugar de seleccionar el libro sólo por su título y supuesto tema, adopté una postura frívola. Y me llevé a casa un libro rojo, de aspecto llamativo, titulado Flavia, de los extraños talentos.
No recomiendo a nadie que adopte eternamente un criterio tan superficial para elegir un libro, aunque he de confesar que en esta ocasión, ¡oh milagro!, funcionó. Flavia de los extraños talentos es exactamente lo que uno espera de un libro rojo, en el que se ve perfilada en negro la silueta de una niña sentada en un sillón con un cuervo en el respaldo.
Flavia es una niña que ha crecido en condiciones poco habituales: su madre murió cuando ella era pequeña; su padre, obsesionado por su muerte, vive dedicado en cuerpo y alma a la filatelia y sus hermanas Ophelia y Daphne sólo piensan en chicos y en leer.
Pero Flavia tiene un tesoro: su afición por la química, más específicamente, por los venenos. Aprovechando un laboratorio que un antepasado suyo fue creando en una de las partes del caserón en el que vive la familia, Flavia ha ido aprendiendo todos los secretos de la química y de los métodos científicos. 
Lo que en principio parece una afición algo rara, se convierte en el instrumento esencial con el que la pequeña Flavia intentará resolver un asesinato que se comete en el jardín de su casa y del que su padre es el principal sospecho.
Sarcástica,  llena de humor y sobre todo correctamente escrita y planificada de principio a fin, Flavia de los extraños talentos es una obra excelente para adultos que deseen refrescar sus ideas después de leer libros complicados y también para jóvenes a los que les guste leer, a partir de unos 14 años. El libro captura la atención  del lector y el ritmo de los acontecimientos va in crescendo, siendo prácticamente imposible despegarse de él en los últimos capítulos.


Ficha técnica
Fecha de publicación: 06/10/2009
423 páginas
ISBN: 978-84-08-08846-2
Código: 515230
Formato: 15 x 23 cm.
Tomo 1
Encuadernación: Rústica con solapas
Colección: Planeta Internacional

8 de octubre de 2011

La hora 25


El fenómeno se repetía como en el Día de la marmota: ir a la biblioteca, pasear tiempo y tiempo los ojos por las estanterías buscando el libro para descansar, sacar un libro, llegar a casa, abrir el libro y sentir cómo las palabras no estaban puestas en la página más que por un único motivo: $. Al día siguiente, devolución del libro y vuelta a empezar el proceso de selección.
Se hallaban mis ojos en uno de estos reconocimientos infructuosos, cuando vi un libro: La hora 25. Aparte de reminiscencias radiofónicas, no había en él nada que me atrajese: una portada en negro y violeta llena de cabezas de soldados nazis, un autor rumano desconocido del siglo XX y una editorial, El Buey Mudo, que no conocía de nada. Sin embargo, lo elegí (o tal vez me eligió, quién sabe).
La hora 25 es una novela que, sin ser de tesis, trata de demostrar una idea del autor: llegará un momento en que la sociedad occidental sufrirá una revolución técnica. Fruto de ella los seres humanos se convertirán en "los proletarios de una sociedad organizada según la necesidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos, es decir, los ciudadanos técnicos." En la sociedad técnica el hombre sólo tiene un valor técnico social y por ello puede acontecerle cualquier hecho: "Pueden detenerle y enviarle a hacer trabajos forzados, exterminarle, obligarle a a efectuar quién sabe qué trabajos para un plan quinquenal, para la mejora de la raza u otros fines necesarios a la sociedad técnica, sin ningún miramiento para su persona. La sociedad técnica trabaja exclusivamente según leyes técnicas manejando solamente abstracciones de planos y teniendo una sola moral; la producción."
Éste sombrío panorama es el que se propone retratar en una novela uno de los personajes de la obra, Traian, un escritor de éxito. Para ello decide basarse en las personas que le rodean y los acontecimientos que marcan sus vidas. Entre ellas destaca Ion Moritz, un rumano que es acusado de ser judío por un gendarme del pueblo que desea a su esposa. Iohann sufre en su propio nombre el reflejo de la incapacidad de la sociedad de comprender al individuo y se ve obligado a cambiar en numerosas ocasiones las declaraciones sobre su origen:
"En toda mi vida -dice en un momento el personaje- no he deseado más que unas cuantas cosas: poder trabajar, tener donde cobijarme con mi mujer y mis hijos y llevarme algo a la boca.
¿Me han detenido ustedes por eso?
Los rumanos mandaron un gendarme a requisarme, como se requisan las cosas o los animales. Y yo dejé que me requisaran. Tenía las manos vacías y no podía luchar contra el Rey, ni siquiera contra el gendarme que llevaba fusil y pistolas. Pretendieron que me llamaba Iacob y no Ion, como me había bautizado mi madre. Me encerraron con una multitud de judíos, en un campo rodeado de alambre espinoso -como ganado-, y me obligaron a hacer trabajos forzados. Comíamos en rebaño, como el ganado, bebíamos té en rebaño y acaso pretendían llevarme también un día al matadero en rebaño también. Los otros fueron, sin duda. Pero yo me escapé.
¿Me detuvieron ustedes a causa de eso? ¿Me detuvieron porque me evadí antes de ser conducido al matadero?
Los húngaros pretendieron que no me llamaba Iacob, sino Ion, y me detuvieron porque era rumano. Me torturaron de una manera inhumana y luego me vendieron a los alemanes. Éstos pretendieron que no me llamaba Ion, ni Iacob, sino Ianos, y me torturaron de nuevo porque era húngaro. Luego un coronel me dijo que no me llamaba Iacob, ni Yankel, sino Iohnn, y me obligó a ser soldado..."
El caso de Moritz es uno de los que recorren la obra. Como se puede ver en los fragmentos reproducidos, el escritor tiene un estilo vivo, apasionado. El problema es que pone su estilo al servicio de la idea y lo que podría haber sido un gran libro, se convierte en un libro demasiado largo para demostrar el futuro de una sociedad que abandona la cultura, la belleza y al ser humano; o tal vez pueda considerarse como una obra escrita demasiado rápido por G. Virgil Gheorguiu, quien de haber elaborado más la estructura y haber insistido de un modo menos explícito en sus tesis, estaría en un lugar más destacado de la literatura rumana.
Gheorguiu se merece mi agradecimiento por haberme proporcionado una obra con contenido y una pequeña reprimenda por su visión negra y violeta de la realidad, que me ha hecho correr de nuevo a la biblioteca a buscar otro libro


7 de octubre de 2011

Nace la plataforma "librosinlibro.es"


Contenidos digitales de fácil acceso y sin DRM (digital rights management) y precios un 40 por ciento más bajos que en papel son la señas de identidad de la 'librosinlibro.es', una plataforma de comercialización de contenidos digitales impulsada por tres pequeñas editoriales. 
"Si logras hacer algo que sea sencillo, fácil, barato y con calidad, no hay que temer a la piratería", afirma el editor de Rey Lear y Reino de Cordelia, Jesús Egido. Sus compañeros en esta aventura digital son Eduardo Riestra, de Ediciones del Viento y José Ángel Zapatero de Menoscuarto.
El proyecto comenzó hace dos años cuando el mercado del libro digital era una "nebulosa", explica Eduardo Riestra, y precisa que el mercado potencial de los contenidos digitales es un "universo de 400 millones de personas en todo el mundo". Ya hay disponibles más de 70 títulos y esperan que antes de final de año alcancen los 200. 
REPARTO JUSTO DE DERECHOS DE AUTOR Preconizan también "un ejercicio amable del libro electrónico", que minimice las prácticas fraudulentas y facilite su expansión por las redes sociales y un reparto justo de derechos de autor, que esperan llegue al 40 por ciento en la mayoría de los casos. 
Han copiado el modelo de Estados Unidos e incluso han aprendido a digitalizar allí en la frontera con México. A esta iniciativa, que comenzó en septiembre a funcionar oficialmente, tras unos meses de prueba ofreciendo descargas gratuitas, ya se han sumado Bartleby, Cálamo, Cangrejo Pistolero, Descrito, Difácil, E.D.A. libros y Proteus. Asimismo, reconocen la importancia de la labor "prescriptora" u "orientadora" del librero tradicional con quienes piensan establecer acuerdos para canalizar sus contenidos hacia las tiendas electrónicas de éstos en condiciones ventajosas. 
Respecto al DRM, que limita el uso de medios o dispositivos digitales a los que es posible descargar un contenido digital y que usan muchos editores y plataformas de venta de libros digitales, aseguran que no ha sido más que "un obstáculo" para el desarrollo del comercio del libro digital y por ello ofrecen sus contenidos sin protección. LIBROS SIN DRM "¿Por qué no vamos a confiar en los lectores si les ofrecemos calidad y precio? Además, los libros sin DRM se pueden leer y compartir en cualquier dispositivo sin ningún problema", apunta Jesús Egido y precisa que el DRM "dificulta mucho la descarga". Así una vez que descargas el libro en el ordenador desde 'librosinlibro' es posible descargarlo hasta cinco veces y luego copiarlo cuantas veces quiera el usuario.
Por su parte, Eduardo Riestra afirma que el verdadero enemigo del papel no es el libro electrónico, sino la "falta de cultura" y aventura que el libro electrónico será un verdadero "complemento" del libro de papel. En esta misma línea, pretenden que los lectores encuentren en la librería digital lo mismo que en las librerías físicas y ofrecen al usuario la posibilidad de elegir entre varios formatos (epub o mobipocket) e incluso poder acceder a las primeras páginas de novedades editoriales en dichos formatos. De cara al futuro, sus responsables ya están manteniendo contactos con grandes editoriales y están negociando con otros canales de distribución de contenidos.
Fuente: Portalic.es
Enlace de interés: librosinlibro.es

6 de octubre de 2011

El poeta sueco Tomas Tranströrmer, Premio Nobel de Literatura 2011


La Academia Sueca le ha galardonado porque, a través de la intensidad de sus lúcidas imágenes, nos aporta un acceso fresco a la realidad.


El poeta sueco Tomas Tranströmer ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2011, según ha anunciado hoy la Academia Sueca. El escritor sucede al hispanoperuano Mario Vargas Llosa, que logró el galardón el pasado año. La Academia ha decidido galardonar a Tranströmer «porque, a través de la condensidad de sus traslúcidas imágenes, nos aporta un acceso fresco a la realidad».
Tomas Tranströmer nació el 15 de abril de 1931 en Estocolmo. Sus padres, Helmy y Gösta Tranströmer, eran maestra de escuela y redactor respectivamente. Tras terminar el bachillerato en 1950 en el centro de enseñanza secundaria Södra Latin, comenzó sus estudios en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones en la Universidad de Estocolmo, materias que formaron parte de su licenciatura en 1956. Trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna
Después de haber completado sus estudios académicos fue contratado como asistente en el departamento de psicometría de la Universidad de Estocolmo en 1957. Al año siguiente se casó con Monica Bladh. Entre los años 1960 y 1966 trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping.
Tranströmer sufrió una apoplejía en 1990 que en gran medida lo privó del habla. Después de haber publicado poemas en diferentes revistas, Tranströmer publicó en 1954 el libro 17 dikter, uno de los debuts más destacados de la década. Ya aquí se nota el interés por la naturaleza y la música que caracteriza una gran parte de su producción. Con las siguientes colecciones de poemas Hemligheter på vägen (1958),  y Klanger och spår (1966) confirmó ante los críticos y el resto de los lectores su posición como uno de los principales poetas de su generación. El libro Östersjöar (1974) recoge fragmentos de una historia familiar de Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde su abuelo materno trabajaba como práctico de costa y donde Tranströmer de niño pasó muchos veranos. Recuerdos de su infancia y juventud en los años 30 y 40 se encuentran también en el libro de memorias Poemas selectos y Visión de la Memoria (2009).
La mayor parte de las colecciones poéticas de Tranströmer se caracterizan por la austeridad, la concreción y las metáforas claras y expresivas. En sus últimos poemarios Góndola fúnebre (2000) y Den stora gåtan (2004) Tranströmer ha avanzado hacia unos formatos cada vez menores y hacia un mayor grado de concentración. Ya en la década de los 60, Tranströmer fue introducido en Estados Unidos por el autor Robert Bly. Desde entonces el interés por su poesía ha aumentado internacionalmente y ahora está traducido a más de sesenta idiomas. A lo largo de los años Tranströmer ha publicado también sus propias interpretaciones de poesía extranjera. Un volumen recopilatorio de sus traducciones fue publicado en 1999 bajo el título de Tolkningar.

Fuente: ABC Cultural

5 de octubre de 2011

Este tipo es una mina


 



No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros. 

Luisa Valenzuela

Haiku


Audaz jinete es
el viento sobre la hoja
de oro en el verde.

@María Ángeles Lluch

3 de octubre de 2011

Cómo me deshice de quinientos libros

 Para Jose Torres, sabio

Hace varios años leí un ensayo de no recuerdo qué autor inglés en el que éste contaba las dificultades que se le presentaron para deshacerse de un paquete de libros que por ningún motivo quería conservar en su biblioteca. Ahora bien, en el curso de mi existencia he podido observar que entre los intelectuales es corriente oír la queja de que los libros terminan de sacarlos de sus casas. Algunos hasta justifican el tamaño de sus mansiones señoriales con la excusa de que los libros ya no los dejaban dar un paso en sus antiguos departamentos. Yo no he estado, y probablemente no lo estaré jamás, en este último extremo; pero nunca hubiera podido imaginar que algún día me encontraría en el del ensayista inglés, y que tendría que luchar por desprenderme de quinientos volúmenes.
Trataré de contar mi experiencia. De pasada diré que es probable que esta historia irrite a muchos. No importa. La verdad es que en determinado momento de su vida o uno conoce demasiada gente (escritores), o a uno lo conoce demasiada gente (escritores), o uno se da cuenta de que le ha tocado vivir en una época en que se editan demasiados libros. Llega el momento en que tus amigos escritores te regalan tantos libros (aparte de los que generosamente te pasan para leer aún inéditos) que necesitarías dedicar todos los días del año para enterarte de sus interpretaciones del mundo y de la vida. Como si esto fuera poco, el hecho es que desde veinte años mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos termina por confundirse tristemente con la primera.
Por ese tiempo di en la torpeza de visitar las librerías de viejo. En la primera página de Moby Dick Ismael observa que cuando Catón se hastió de vivir se suicidó arrojándose sobre su espada, y que cuando a él le sucedía hastiarse, sencillamente tomaba un barco. Yo, en cambio, durante años tomé el camino de las librerías de viejo. Cuando uno empieza a sentir la atracción de estos establecimientos llenos de polvo y penuria espiritual, el placer que proporcionan los libros ha empezado a degenerar en la manía de comprarlos, y ésta a su vez en la vanidad de adquirir algunos raros para asombrar a los amigos o a los simples conocidos.
¿Cómo tiene lugar este proceso? Un día está uno tranquilo leyendo en su casa cuando llega un amigo y le dice: ¡Cuántos libros tienes! Eso le suena a uno como si el amigo le dijera: ¡Qué inteligente eres!, y el mal está hecho. Lo demás ya se sabe. Se pone uno a contar los libros por cientos, luego por miles, y a sentirse cada vez más inteligente. Como a medida que pasan los años (a menos que se sea un verdadero infeliz idealista) uno cuenta con más posibilidades económicas, uno ha recorrido más librerías y, naturalmente, uno se ha convertido en escritor, uno posee tal cantidad de libros que ya no sólo eres inteligente: en el fondo eres un genio. Así es la vanidad ésta de poseer muchos libros. 
En tal situación, el otro día me armé de valor y decidí quedarme únicamente con aquellos libros que de veras me interesaran, hubiera leído, o fuera realmente a leer. Mientras consume su cuota de vida, ¿cuántas verdades elude el ser humano? Entre éstas, ¿no es la de su cobardía una de las más constantes? ¿A cuántos sofismas aludes diariamente para ocultarte que eres un cobarde? Yo soy un cobarde.
De los varios miles de libros que poseo por inercia, apenas me atreví a eliminar unos quinientos, y eso con dolor, no por lo que representaran espiritualmente para mí, sino por el coeficiente de menor prestigio que los diez metros menos de estanterías llenas irían a significar.
Día y noche mis ojos recorrieron una y otra vez (como decían los clásicos) las vastas hileras, discriminando hasta el cansancio (como decimos los modernos). ¡Qué increíble cantidad de poesía, qué cantidad de novelas, cuántas soluciones sociológicas para los males del mundo! Se supone que la poesía se escribe para enriquecer el espíritu; que las novelas han sido concebidas, cuando menos, para la distracción; y aún, con optimismo, que las soluciones sociológicas se encaminan a solución algo. Viéndolo con calma, me di cuenta de que en su mayor parte la primera, o sea la poesía, era capaz de empobrecer el espíritu más rico, las segundas de aburrir al más alegre y las terceras de embrollar al más lúcido. Y no obstante, qué consideraciones hice para descartar cualquier volumen, por insignificante que pareciera. Si un cura y un barbero me hubieran ayudado sin yo saberlo, ¿habrían dejado en mis estantes más de cien?
Cuando en 1955 visité a Pablo Neruda en su casa de Santiago me sorprendió ver que escasamente poseía treinta o cuarenta libros, entre novelas policiales y traducciones de sus propias obras a diversos idiomas. Acababa de donar a la Universidad una cantidad enorme de verdaderos tesoros bibliográficos. El poeta se dio ese gusto en vida; único estado, viéndolo bien, en el que uno se lo puede dar.
No haré aquí el censo de los libros que estaba dispuesto a desprenderme; pero entre ellos había de todo, más o menos así: política (en el mal sentido de la palabra, toda vez que no tiene otro), unos 50; sociología y economía, alrededor de 49; geografía general e historia general, 3; geografía e historias patrias, 48; literatura mundial, 14; literatura hispanoamericana, 86; estudios norteamericanos sobre literatura latinoamericana, 37; astronomía, 1; teorías del ritmo (para que la señora no se embarace), 6; métodos para descubrir manantiales, 1; biografías de cantantas e ópera, 1; géneros indefinidos (tipo Yo escogí la libertad , 14; erotismo, ½ (conservé las ilustraciones del único que tenía); métodos para adelgazar, 1; métodos para dejar de beber, 19; psicología y psicoanálisis, 27; gramáticas, 5; métodos para hablar inglés en diez días, 1; métodos para hablar francés en diez días, 1; métodos para hablar italiano en diez días, 1; estudios sobre cine, 8; etcétera.
Pero esto constituía nada más el principio. Pronto descubrí que eran pocas las personas que querían aceptar la mayor parte de los libros que yo había comprado cuidadosamente a través de los años perdiendo tiempo y dinero. Si bien esto me reconcilió algo con el género humano al descubrir que el mero afán de acumular no era una aberración tan generalizada, me causó las molestias consiguientes, por cuanto una vez decidido a ello, deshacerme de esos libros se convirtió en una necesidad espiritual apremiante. Un incendio como el de la Biblioteca de Alejandría, al que están dedicados estos recuerdos, es el camino más llano, pero resulta ridículo y hasta mal visto quemar quinientos libros en el patio de la casa (suponiendo que la casa lo tuviera). Y se acepta que la Inquisición quemara gente, pero la mayoría se indigna de que quemara libros.
Ciertas personas aficionadas a estas cosas me sugirieron donar todos esos volúmenes a tales o cuales bibliotecas públicas; pero una solución tan fácil le restaba espíritu aventurero al asunto y la idea me aburría un poco, además de que estaba convencido de que en las bibliotecas públicas serían tan inútiles como en mi casa o en cualquier otro sitio. Tirarlos uno por uno a la basura no era digno de mí, de los libros, ni del basurero. La única solución eran mis amigos. Pero mis amigos políticos o sociólogos poseían ya los libros correspondientes a sus especialidades, o eran enemigos de ellos en gran cantidad de casos; los poetas no querían contaminarse con nada de contemporáneos suyos a quienes conocieran personalmente; y el libro sobre erotismo era una carga para cualquiera, aun despojado de sus ilustraciones francesas.
Sin embargo, no quiero hacer de estos recuerdos una historia de falsas aventuras supuestamente divertidas. Lo cierto es que de alguna manera he ido encontrando espíritus afines al mío que han aceptado llevarse a sus casas esos fetiches, a ocupar un lugar que restará espacio y oxígeno a los niños, pero que darán a los padres la sensación de ser más sabios e incluso la más falaz e inútil de ser los depositarios de un saber que en todo caso no es sino un repetido testimonio de la ignorancia o la ingenuidad humanas.
Mi optimismo me llevó a suponer que al terminar estas líneas, comenzadas hace quince días, en alguna forma justificaría cabalmente su título; si el número de quinientos que aparece en él es sustituido por el de veinte (que empieza a acortarse debido a una que otra devolución por correo), ese título estaría más apegado a la verdad.

2 de octubre de 2011

Manzana

 
 La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. 
Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente.
Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.
 Ana María Shua

1 de octubre de 2011

Tempus fugit









Encima de un enorme iceberg a la deriva por el Atlántico Norte, un señor de Cuenca, funcionario de correos, y un pingüino discutían por el precio de un sello. El debate era agrio, visceral, a cara de perro, y quizás hubiera durado días, meses, años.

Pero el iceberg no.

Eloy Mon








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