29 de abril de 2011

23 de abril de 2011

Marcas de agua

Resulta de una obviedad desconcertante decir que hoy es 23 de abril y por tanto el día del libro.Sin embargo, los comerciantes de muchas partes de España han cambiado la fecha  para celebrar el día dedicado al que es uno de los mejores inventos del ser humano, debido a la coincidencia que este año se produce con la Semana Santa y asegurar así el incremento de ventas de libros que se produce en esta fecha.
Sin embargo no todo en la vida es dinero, es más, sólo una parte de ella lo es. Por eso en el Rincón vamos a celebrar el día del libro en la fecha que corresponde, con una exposición de marcas de editor.
Las marcas de editor son unos signos que desde el descubrimiento de la imprenta utilizaron los impresores como elemento que los identificaba como fabricantes del libro. En un principio la colocaron en el colofón de la obra, aunque a veces, por falta de espacio, ubicaron en la primera página, creando una especie de portada.
La primera marca fue empleada por dos tipógrafos alemanes, Peter Schoeffer y Fust -que se había hecho con la imprenta de Gutemberg por la deuda que éste mantenía con él-, en el Codex Psalmorum o Salterio de Maguncia en 1457.
Desde entonces son miles las marcas de agua con las que los impresores identifican sus obras, a la vez que las adornan. He aquí algunas de las más famosas.


Peter Schoeffer y Fust, primeros impresores en usar la marca de impresión en Maguncia




William Caxon, primer impresor de Inglaterra




Marca de Nicolás Spinderer, impresor que trabajó en España en el siglo XV







Marca de Aldo Manuzio, Venecia, siglo  XVI


Marca de Gabriele Giolito, Venecia, siglo XVI

Marca de Juan Jofré, Valencia, s. XVII

Marca de Luis Sánchez, Madrid, s. XVII
Marca de Juan Cuesta, Madrid, siglo XVII

21 de abril de 2011

Sorpresas que da la vida

 Para Jose, que siempre me sorprende

Visitando hoy el blog de mi marido, El festín de Homero, he descubierto una faceta desconocida de su personalidad: es Jose un tipo muy, pero que muy osado, que se ha atrevido a publicar una lista con las diez novelas que enviaría a un extraterrestre. Copio su entrada
"Hace casi tres años me propuse elaborar una lista de novelas básicas. Digamos que entiendo por "novelas básicas" las que debería incluir un pack que le mandásemos a un extraterrestre interesado en conocer la novela humana en sus hitos representativos y esenciales.
Hice una consulta entre mis contactos de Facebook y mis alumnos de la Universidad de Navarra. Así salió una lista aquilatada que, por supuesto, no satisfará a todo el mundo, así son estas cosas. Pero repito, se trata de hacer un listado de diez títulos "representativos y esenciales" que condensen el esfuerzo narrativo del hombre a ojos de, digamos, un ser de otra galaxia.
Tampoco se trata de diez recomendaciones de lectura. Estoy seguro de que más de uno de estos títulos puede desconcertar e indigestar a algunos lectores.
Termino con dos indicaciones:
* La lista estaba prácticamente cerrada y cotejada con opiniones de amigos (y esposa) en otoño de 2008. Pero era una lista de nueve títulos. Confieso que he tenido dificultades a la hora de elegir la décima novela. Esta es Grandes Esperanzas de Dickens... sí, Grandes Esperanzas, a condición de que se la lea en las condiciones que indica el listado.
* Pero, ¿qué hace un listado como este en el blog de Homero? Es verdad que la lista que aquí se propone transciende todos los límites del blog (lingüísticos e históricos). Claro que también es cierto que la primera de las diez novelas es la obra de Heliodoro, por si alguien se pensaba (que los hay) que la novela es un invento del S. XVI. ¿Que "Diez de Diez" nos sigue pareciendo una entrada poco clásica? Entonces la próxima misión consistirá en decantar los diez hitos básicos de la literatura griega.
Pero esto queda para otro post. Ojalá que estos DIEZ títulos os den para pensar, reflexionar y comentar.
Heliodoro, Teágenes y Cariclea
Chrétien de Troyes, Erec y Enid
Lazarillo de Tormes
M. de Cervantes, Don Quijote
H. Fielding, Tom Jones
Ch. Dickens, Grandes esperanzas [si se lee con el final original]
F. Dostoievski, Crimen y castigo
M. Proust, Por el camino de Swann
Th. Mann, La montaña mágica
V. Woolf, Las olas"
Después de shock traumático al conocer la audacia de mi marido en el terreno literario y su preocupante interés por alfabetizar otros planetas, propongo por mi parte una lista de novelas. Espero vuestra opinión.
Dafnis y Cloe, la primera novela conocida de la literatura griega
Eric y Enid, novela de un género que marcaría tendencia: la novela de caballerías.
D. Quijote de la Mancha: primera novela moderna.
Sentido y sensibilidad, ejemplo de novela romántica y no sensiblera.
Tom Jones, novela de aprendizaje.
El idiota, menos conocida que Crimen y castigo, pero desde mi punto de vista más redonda narratológicamente hablando.
Ana Karenina, ejemplo de construcción novelística.
La montaña mágica, novela hito en la forma de narrar del siglo XX
 En busca del tiempo perdido (idem de idem)
Y aquí me encuentro en un dilema. Dejo el puesto número diez  para alguna novela innovadora y rompedora que desconozco todavía y que estoy esperando encontrar para sorprender a nuestros amigos extraterrestres.


Enlaces relacionados: Diez de diez

19 de abril de 2011

Buitre

Para Rigoberto
Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?
-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?
- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.
Entradas relacionadas: La metamorfosis, Microrrelato de Kafka

16 de abril de 2011

15 de abril de 2011

Radiaciones

 Para Wesley Jackson, al que prácticamente he obligado a leer esta obra.
Es complicado leer de un modo crítico y significativo cuando se oposita. La mente concentra sus fuerzas  en un asunto concreto y al enfrentarse al texto literario se relaja y tiende a bajar la guardia.Son pocas las entradas que estoy publicando durante este periodo de mi vida. Y una de ellas va a estar dirigida al libro que está ocupando buena parte de mi tiempo desde Navidad.
Radiaciones no es una obra para cualquier lector. Conozco personas que han reaccionado con una actitud de rechazo sólo leyendo el título el título. Pero además, si se conoce al autor, hay razones de más peso que pueden apoyar las tentaciones de no leer la obra.
En efecto, Ernst Jünger, es un alemán orgulloso de sus raíces, sin que ello le impida valorar los valores de otros pueblos y culturas, hijo de un químico. De orientación positivista y profundamente racionalista, cursó Biología (al menos parte de los estudios, si bien no he podido  verificar que los acabara) y Filosofía. En los dos ámbitos le movía un mismo afán: el mayor conocimiento y aproximación posible a la Verdad.
Y aquí aparece lo que puede ser uno de los problemas de Radiaciones: su género. Esta no es una obra para distraerse, sino, por el contrario, para concentrarse. Está formada por una serie de diarios escritos por el autor desde los días anteriores a la Segunda Guerra Mundial, hasta después de su desenlace y contiene las reflexiones que los diferentes acontecimientos cotidianos suscitan en su mente. Desde la siembra de guisantes, hasta sus encuentros con Picasso o con Guide en París, pasando por la entrada de sus tropas en las ciudades francesas hasta sus aventuras en el frente ruso, todo tiene cabida en la obra. Y tanto los pequeños coleópteros que se cruzan por su camino como el terrible Kniébolo (apodo que da a Hitler en sus diarios), las desgracias de sus semejantes y las suyas propias, dan lugar a reflexiones, a veces atinadas, a veces alternativas, pero en todo caso, interesantes.
Si algo podemos decir de Jünger es que tiene un espíritu grande: intentó evitar el sufrimiento a los seres que se cruzaban en su existencia (vegetales, animales, humanos), siendo profundamente consciente del valor de la Creación y de las relaciones que todos los elementos tienen entre sí. Todo con sentido crítico ante la realidad a la que se enfrenta. Para lectores apasionados por su crecimiento espiritual.

Vídeo en el que podréis ver y oír (en alemán) a Ernst Jünger

14 de abril de 2011

Sobre Las relaciones peligrosas de Chordelos de Laclos

Hace algún tiempo, cuando participaba en un proyecto de investigación sobre Matrimonio y amor conyugal, analizando las obras que abordaban el tema en la historia de la Literatura Universal, cayó entre mis manos Las relaciones peligrosas, una novela que me impresionó hondamente por la perversidad que los personajes revelaban en sus conductas. No es por ello un libro cuya lectura aconseje, salvo a aquellos que por motivos profesionales se vean obligados a leerla, sobre todo si consideramos la gran cantidad de creaciones que abordan el mismo tema de un modo menos explícito.
Hoy, he recibido una colaboración de Carlos Pereira, un seguidor que se está convirtiendo casi en el autor principal de este blog durante mi periodo opositor. Su texto es un análisis agudo de esta novela, que paso a publicar a continuación y al que sólo quiero hacer una precisión. En esta novela, la forma epistolar no es un mero recurso propio de la época. Es algo más: la entrega de las cartas y de las notas entre hombres y mujeres es una anticipación de la entrega del propio cuerpo. Así la propia carta adquiere un valor simbólico que es parte de la perfección de la obra.

SOBRE LAS RELACIONES PELIGROSAS DE PIERRE DE CHODERLOS DE LACLOS


Una de las grandes obras de la literatura universal es Las relaciones peligrosas, traducida con más frecuencia por “Las amistades peligrosas”. Se trata como casi todo el mundo sabrá de una novela epistolar que refleja con causticidad la sociedad galante del dieciocho. Además surgió como un trabajo prerrevolucionario, y ofrece aún sin pretenderlo decididamente parte de las razones que a ella llevaron, pues muestra una aristocracia enferma y hedonista que de espaldas al pueblo se autodestruye con vicios y constantes rivalidades.
A mí, particularmente, lo que más me interesa de la obra, precisamente no es ese aspecto tan decantadamente deudor de su época: que sea un género epistolar, tan de moda en ese siglo, o ese aspecto tan marcadamente sociológico que ya he citado.
Esta novela habla con total vigencia de las relaciones humanas, sobre todo de las que establecemos hombres y mujeres, y lo hace no sin faltar a la verdad pero sí desde el peor de los planteamientos: la degradación moral.
Pierre Choderlos de Laclos, militar francés, publicó la obra en 1782, que desde el primer momento fue un éxito y un escándalo. Su trama, compleja pero muy bien desplegada a lo largo del texto, explica como dos aristócratas, la marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, se entregan a un duelo perverso y libertino, compitiendo por ello, decidiéndose a disfrutar caprichosamente de sus deseos a costa de los demás, imponiendo su voluntad en ello a través de engaños, venganzas y estratagemas. Ambos han decidido aprovecharse de la sociedad, vivir de espaldas a los sentimientos y la moral, al tiempo que mantienen una vida de apariencia que les permite ser socialmente admitidos, siendo para ella esto último mucho más necesario que para él, pues como hombre puede alardear de sus conquistas, al menos de casi todas.
Los aciertos de la obra son esos dos personajes centrales: la marquesa de Marteuil, quien despiadadamente desea vengarse del amante que la abandona y que para ello pretende utilizar a su viejo amigo Valmont, con la maquiavélica intención de hacer llegar a la virginal adolescente que será la futura esposa del citado ex amante a la noche de bodas con la experiencia necesaria para que este se sepa engañado y burlado.
Pero Valmont no desea conquistas fáciles. No él. Y se ocupa ahora en intentar seducir a la infranqueable presidenta de Tourvel. Tras la marquesa intentar entonces que el también ingenuo profesor de música de la joven Cécile de Volanges la seduzca y desvirgue, suponiendo ello un fracaso. Reta nuevamente a Valmont, si él consigue seducir a esas dos mujeres, la presidenta de Tourvel, empeño de él, y a la joven Cécile, solicitud hecha por la marquesa, ella misma se ofrecerá en precio por una noche en la que volverán a ser amantes como ya lo fueran en otros tiempos.
A través de la marquesa Choderlos de Laclos expone para la época de manera lúcida el problema de la emancipación femenina. Ella, fría, calculadora, hipócrita, corrupta… pero ante todo mujer en un mundo hecho por hombres, que juegan con las cartas marcadas y a costa de hacer sufrir a las mujeres. Ella, viuda, no quiere ser una víctima y supedita todo al orgullo de hacer lo que le place sin tener que dar cuentas a nadie aunque a costa de quien sea.
Valmont, es uno de los más célebres libertinos de la literatura, un hombre deseado por las mujeres, tal vez por la única y concreta razón de que él las desea. Pero vive en esa tesitura, de engañar hasta obtener el objeto de su deseo para luego abandonar a su suerte a cada dama. Ni él ni la marquesa hablan de sentimientos, es más se ríen de ellos, se ríen de quien los tiene. Esa es la clave de este no tan simple personaje, porque según va avanzando la obra, es consciente de que se enamora de la presidenta de Tourvel. Y al ser incapaz de entregarse por entero a ese amor acaba por destruirla a ella, por destruirse él y por vengarse de la marquesa de Merteuil, a la que desenmascara ante los otros, al dar a conocer sus cartas.
En conjunto la obra, de forma incisiva, harto dura incluso, desde la degradación y el vicio habla de las diversas edades de la mujer: vírgenes que salen del convento para ser desposadas con viejos; honestas mujeres casadas que no han conocido la pasión amorosa y que se dejan arrastrar a ella; y mujeres que ya han vivido esas etapas previas y deciden tomar más o menos arteramente las riendas de su propia vida a costa como se ha dicho de quien sea. Incluso cabe la vejez en el personaje de la tía de Valmont, quien todavía comprende como el mundo al paso de los tiempos perdura igual en lo esencial.
Y por otro lado en las edades en la vida del hombre: jóvenes arrebatados y puros como el caballero Danceny; libertinos en la flor de la vida como Valmont; y maduros que deciden sentar la cabeza como Gercourt, el antiguo amante de la marquesa y futuro esposo de Cécile.
Limpio de desenfreno, corrupción y tragedia la historia es como dice la vieja tía delvizconde: lo que siempre ocurre entre hombres y mujeres de cualquier época.

Carlos Pereira
Entradas relacionadas: Carlos Antonio Pereira

8 de abril de 2011

Lo que pasa en nuestros cerebros cuando leemos, en pantalla o papel, una historia

Hay mucho de la idea de flujo de Csíkszentmihályi en la lectura, uno de los formatos más universales para contar historias unos cuentos, relatos, que son, según múltiples investigaciones, casi vividos a juzgar por nuestra actividad cerebral.
Es probable que esté en ese aspecto, en el hecho de que percibamos la historia en cuestión como si la estuviéramos viviendo, una de las claves del éxito de la aplicación de la perspectiva del storytelling a juegos, compras, lecciones y cualquier otro tipo de narrativa que requiera motivación.
Me ha gustado especialmente la entrevista a Livia Blackburne, autora de From Words To Brain, acerca de qué procesos cerebrales están implicados en la lectura, procesos que ya observábamos en cuanto a los juegos en Digital Nation y que pueden generalizarse a lo que ocurre cuando nos acercamos y nos sumergimos en cualquier tipo de historia.
De este modo, el autor recomienda que al escribir usemos palabras que evoquen emociones, descripciones vívidas y un lenguaje preciso que permita al lector dibujarse una imagen de lo que está ocurriendo. Debemos conseguir que el lector se identifique con los personajes, que empatice con ellos, nos dice. Crear situaciones que guarden similitudes con lo que el lector haya experimentado en algún momento de su vida provocará mayor empatía.

Proceso cerebral de la lectura-cerebro-pensamiento

Leer una página o pantalla puede activar nuestros cerebros al menos de dos modos distintos. Primero las palabras activarán una red específica para el lenguaje en nuestros hemisferios izquierdos. Después, a un nivel más profundo, los lectores mostrarán actividad cerebral en distintas zonas, dependientes del significado de las palabras. Como decíamos al comenzar, algunas áreas de la imaginación son las mismas que utilizamos para procesar los eventos que efectivamente experimentamos.
Por ejemplo, una descripción visual vívida activará regiones visuales, mientras que descripciones de los pensamientos y motivaciones de un personaje activarán porciones del cerebro relacionadas con el razonamiento social. Y eso de forma parecida a lo que pasa cuando vemos películas, escuchamos una historia, jugamos un videojuego o, añado, interactuamos en redes sociales virtuales (lo explicamos en el enlace).

¿Porqué nos gustan tanto las historias?

Todavía más interesante resulta su explicación acerca de la potencia de las historias, del también llamado “storytelling”, centrada en cómo las vivenciamos, en qué funciones cumplen:
Nuestros cerebros parecen programados para buscar significados, las causas de lo que va ocurriendo a nuestro alrededor. Queremos dar sentido al mundo y las historias siguen esa lógica, la de ayudar a dar sentido y estructurar el mundo.
En segundo lugar, somos animales sociales. Nos gusta pasar tiempo con otros, escuchar acerca de las cosas que les pasan, lo cual crea un interés evidente sobre las historias que nos llegan.
En tercero, tal y como hemos explicado antes aquí al hablar de las neuronas espejo y su función adaptativa, las historias son una forma de traspasar información a los demás, de enseñar. Aprendemos de lo que ocurre a los demás, sobre situaciones que no hemos experimentado.

Fuente. El caparazón

¿Los documentos más antiguos del Cristinanismo?

Una inundación ocurrida hace cinco años en un árido valle del norte de Jordania dejó al descubierto dos nichos dentro de una cueva, uno de ellos marcado con una menorah, el candelabro religioso judío. Un pastor que pasaba por el lugar se encontró, por casualidad, con el curioso hallazgo, descubriendo en él un tesoro oculto por dos mil años. Se trataba de 70 libros de metal, cada uno de entre cinco a 15 hojillas de plomo, sellados con ese mismo material y con cobre, que yacían dentro de las tumbas junto a unos rollos, un cuenco de incienso y otros artefactos.
El pastor no entendió el lenguaje y los símbolos de los textos, pero supo que tenía algo valioso entre manos. Vendió su botín a un beduino israelí llamado Hassan Saeda, quien los pasó en contrabando por la frontera, hoy luce como su dueño y está enfrentado en una ardua disputa con el gobierno jordano que reclama la devolución de los textos.
La batalla no es nimia: los primeros análisis realizados a los códices por un grupo de arqueólogos británicos revelan que podrían ser los textos cristianos más antiguos conocidos hasta ahora y entregar nuevos datos sobre la vida de Jesús y el nacimiento del cristianismo.
Una de las pocas personas que ha visto la colección es David Elkington, un estudioso de arqueología religiosa, quien lidera el equipo británico dedicado a conseguir que los libros sean llevados a un museo de Jordania. Saeda llegó a él para saber el valor de los textos y Elkington alertó al gobierno jordano temiendo que fueran a parar al mercado negro.
El arqueólogo británico, como el resto de la comunidad científica, sabe que si los textos no son judíos, sino cristianos, su valor es muy importante. Esto, porque la arqueología de los primeros cristianos es escasa. De hecho, es sólo por el hallazgo de las cartas de Pablo que se sabe de esta nueva fe tras la crucifixión de Jesús. Pero hasta ahora, nunca ha habido un descubrimiento del movimiento cristiano primitivo.
Una cruz y una tumba
Para Elkington, la evidencia es contundente. El mismo hecho de que se trate de libros -dice- sugiere que son cristianos, ya que los judíos y los romanos usaban rollos. 
"Es realmente único. Lo que tenemos aquí son 70 libros y cinco o seis rollos pequeños. Hubo una pequeña transición entre los años de pergaminos y los años de los libros. En la Biblia hay muchas menciones de libros que se mantienen sellados. De hecho, los libros sellados se mencionan en el Libro de Apocalipsis", dice Elkington a La Tercera.
No son los únicos signos que avalan el origen cristiano. Uno de los libros, cuenta, tiene unas placas de yeso que representan un mapa de la ciudad santa de Jerusalén. En el primer plano hay una crucifixión y detrás de ella una tumba, que puede ser la de Jesucristo. En otros, hay imágenes del Templo de Jesrusalén y ramas de palma, todos los cuales están asociados con la Fiesta de los Tabernáculos o Sucot, que en su forma más antigua era conocida como la Fiesta del Mesías. "Aunque todavía tenemos que descifrar la mayor parte de la lengua, a través de sus imágenes es muy fácil ver cómo retratan la vida de Jesús", dice.
Otro dato: está escrito en hebreo asmoneo, que es un idioma antiguo de los rituales del Templo de Jerusalén. "No es una lengua hablada. Se usaba en el templo para textos que no debían ser leídos por la población, sino sólo por los sumos sacerdotes", explica y agrega que, posiblemente, los primeros cristianos usaron esta lengua con el mismo fin. Por eso, también los libros fueron hechos en metal, para que no se pudieran editar. Llegaron a Jordania posiblemente en manos de cristianos que huyeron de Jesrusalén tras su destrucción por los romanos, en el año 70.
Edad oscura
Los expertos británicos, que pudieron ver, fotografiar y analizar parte de los libros cuando fueron facilitados por Saeda, creen que los textos tienen unos dos mil años, según las pruebas a los que fueron sometidos. "Creemos que es probable que pertenezcan a la Edad Oscura del cristianismo, que fue un período de unos 20 años, inmediatamente después de la muerte de Jesús. No hay registros de esa época, porque éstos se perdieron cuando los romanos destruyeron Jerusalén y lo que quedó, irónicamente, fue destruido por los cristianos cientos de años después", para evitar que fueran conocidos.
El director del Departamento de Antigüedades de Jordania, Ziad al-Saad, dice que los textos "podrían coincidir o, tal vez, ser más importantes que los Rollos del Mar Muerto", un grupo de 800 pergaminos descubiertos en 1947, en las grutas de Qumran, escritos por la congregación judía de los esenios entre los años 150 a.C. hasta 70 d.C. y que entregan datos del judaísmo, el Antiguo Testamento y el cristianismo. "La información inicial que tenemos es muy alentadora. Parece que estamos ante un descubrimiento muy significativo, tal vez el más importante en la historia de la arqueología".
Dudas
Pero hay expertos que han expresado sus dudas sobre el origen cristiano del hallazgo. En un reciente artículo en el diario El Mundo, Antonio Piñero, catedrático español y autor de numerosos libros sobre la Historia Bíblica, sostuvo que las primeras comunidades cristianas no tenían los recursos para pagar el uso del metal y que no le cuadra, por ejemplo, que en el libro no esté el símbolo cristiano del pez.
Elkington cree que ese análisis es simplista, pues la iglesia primitiva era muy popular y perfectamente pudo sumar esos recursos. "Los primeros cristianos era numerosos. Miles y no cientos de personas recibieron a Jesús en su ingreso a Jerusalén. Además, un texto del siglo I o II, los Reconocimientos Clementinos, habla muy claramente acerca de la comunidad de San Santiago, discípulo de Jesús, que tenía sobre cinco mil personas. Lo que estos códices pueden decirnos es justamente sobre estos grupos, lo que ellos creyeron y lo que Jesús fue", señala.
La carencia del símbolo del pez en los códices es obvia para el arqueólogo británico: "Los peces no existían como un símbolo cristiano en la época de Cristo, ni hubo un movimiento llamado cristianismo hasta alrededor del 63 d.C., cuando el término fue acuñado por primera vez en la ciudad de Antioquía de Siria. Los primeros cristianos se conocieron como Ebionitas y es muy probable que fueran los autores de estos códices. Según los análisis que hemos hecho y la iconografía de los textos, creemos que éstos son del siglo I y que es el más antiguo texto cristiano jamás encontrado. Tal vez de un año o dos después de la muerte de Jesús", dice.
Tomado de: La tercera

1 de abril de 2011

EL SIGLO DE LA NOVELA, EL SIGLO DE LAS HEROÍNAS

Nunca antes la literatura se había ocupado tanto de la psicología femenina, nunca antes tanto las mujeres eran las protagonistas de las historias que narradas embelesaban a los lectores. “Ana Karenina”, “Madame Bovary”, “Jane Eire”, “La Regenta”, “Fortunata y Jacinta”… y otras novelas. Porque durante el siglo diecinueve la mujer fue el centro de atención de los literatos. La sociedad estaba comprendiendo que las mujeres tenían su propia voz, sus propios temas, su propia vida. Pero la ficción se encargó de tomar esa inquietud más o menos acuciante y ofrecerla en romances irrepetibles. Era el tiempo de esplendor de la ópera. Y la mujer se encarnó en heroínas operísticas. Culminaciones de sensibilidad y dulzura que entraban de lleno en el primer plano de cualquier romance con su misteriosa y atrayente psicología. Porque el diecinueve es también el siglo de la psicología antes de la psicología. Cuando más que una ciencia era un conocimiento y preocupación general, un tema de conversación en salones, tertulias y en las familias; un velado misterio inexplicable que sólo la novela sabía desentrañar al menos en sus aspectos más apremiantes. Así esas damas o ángeles o hadas, que como sin pies se entregaban al amor, en un paroxismo entre el misticismo y la pasión, iban resultando presentes e inteligibles.
Ya se habían escrito novelas, ya era un género literario utilizado -y aún moderno sin embargo-, era el género que mejor permitía reconciliar la realidad con la ficción: el teatro constreñía la vida a un escenario, la poesía eludía la acción por la musicalidad. La novela se adentraba en la realidad sin tapujos, aunque es indudable que con trampas. Cada autor difícilmente podía ofrecer una realidad completa, porque con la literatura sólo se podía llegar hasta donde era admisible llegar, y aún así ofrecía una enconada disección de la sociedad, de sus gentes, de sus afanes, caprichos, vicios, y hasta depravaciones. La novela encarnaba un todo; era la vida escrita en páginas repletas de vicisitudes y avatares que resumían la completa existencia de diversos seres más o menos desgraciados, más o menos afortunados. Las heroínas soportaban estoicamente y con cierto aborrecimiento toda la atención que caía sobre ellas, eran requeridas para ello, se las iba a tomar como elemento de atención y análisis. Se iba a buscar en ellas por el tortuoso camino de la creación literaria las profundidades de la mente. 
Los autores indagaban así en la condición humana, en los enrevesados misterios del ser humano y ofrecían historias ejemplarizantes en mayor o menor medida, explicando además a través de los ojos de sus heroínas la corrupción e insania de su época. Era pues un maridaje, el autor –porque mayoritariamente eran hombres los que escribían- aplicaba su intelecto a desengranar de forma laboriosa un constreñido mundo grande fuera de sus páginas –tal era la paradoja: porque era en el romance donde perduraba la libertad antes que la conveniencia, e iba de la mano de una protagonista que era capaz de ir saltando barreras y miedos, guiada por su amor y su valentía. Todas esas mujeres que se ofrecían en tan selectas páginas podían hacer lo que la mayoría de las reales lectoras que disfrutaban con sus peripecias seguramente no harían nunca. Había un divorcio entre la realidad y la ficción; pero era el principio del fin de aquellos tiempos. La mujer estaba decidida a no volver a perderse el protagonismo de su vida; estaba decidida a enfrentarse al mundo y a sus voraces maledicentes. Todos queremos desde entonces amar con el arrebato de lo prohibido. Todos hemos leído que la pasión empieza por decidir pecar.
Por Carlos Pereira

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