8 de noviembre de 2011

Las aventuras de Wesley Jackson

Para Francis.


No es mucha la información disponible sobre William Saroyan. Nacido en Fresno en 1908 en el seno de una familia de inmigrantes armenios, ingresa a la edad de  tres años en un orfanato tras la muerte de su padre. En 1925, tras haber sido expulsado varias veces del instituto por falta de disciplina, Saroyan, trabaja con su tío, viaja a Nueva York y a San Francisco, ciudad en la que terminará realizando pequeños trabajos mal pagados que compagina con largas estancias en la biblioteca pública y redactando con su inseparable máquina de escribir.
En 1932 publica sus primeros poemas en una revista armenia. Dos años más tarde, con la aparición del Joven audaz sobre el trapecio volante, alcanza un éxito rotundo entre el gran público y la crítica de su país. Tras realizar viajes por Europa y América y  publicar varias obras de importancia menor, Saroyan ingresa en 1942 en el Ejército de los Estados Unidos.
Ese mismo año escribe La comedia humana, una de las novelas con las que conseguirá una mayor fama. Ya en 1944 el Gobierno de su país le contrata para que escriba una novela bélica, que aliente a los soldados de sus filas. A cambio, le prometen dejarle volver desde Londres, donde se encontraba en aquel momento, a América para ver a su mujer y a su hija recién nacida.
Saroyan escribió entonces Las aventuras de Wesley Jackson, una novela sobre la guerra, pero en ningún caso belicista, por lo que no recibió la recompensa prometida.
Las aventuras de Wesley Jackson es una narración de un joven con 18 años, de San Francisco, quien cuenta en primera persona todos los sucesos que le acontecen desde que ingresa en el ejército de los Estados Unidos con motivo del estallido de la Segunda Guerra Mundial. El padre de Wesley, un bebedor empedernido, se preocupa de que su hijo reciba una educación moral para que sea mejor persona que lo que él ha sido. Y Wesley es una buena persona. Es un personaje excepcional, que abre su interior ante los ojos del lector sin pudor alguno para desvelar los secretos aparentemente más nimios de su personalidad: su canción favorita es Valencia, echa de menos a su madre y a su hermano, no le gusta la guerra y, lo que para él es muy importante, es terriblemente feo.
No es esa sin embargo la impresión que cala más en la conciencia del que lee esta novela, en la que el protagonista evoluciona interiormente, sin perder nunca su pureza. Nos encontramos ante una novela de aprendizaje, en la que las referencias autobiográficas están muy presentes.
Wesley comienza siendo un ser muy ingenuo e inocente. Escribe una carta destinada a su profesora de la escuela dominical de la Iglesia Presbiteriana, con la ilusión de recibir una respuesta. Todos los chicos del ejército escriben cartas y reciben respuestas.
Pero Wesley no recibe la contestación que espera. De hecho no es la señorita Fawkes la que responde a su carta, sino el pastor de la iglesia, que además de anunciarle la muerte de su antigua profesora, le dice a Wesley algo que él nunca había podido imaginar: tiene madera de escritor y debe seguir ejerciendo como tal.
Al principio -confiesa Wesley- pensé que aquel tipo debía de estar chiflado, pero no tardaría en seguir su consejo, y por eso, ahora estoy escribiendo esta historia, que trata de mí mismo, y también de otra gente, de la que sólo puedo contar lo que sé.

Así al mismo tiempo que se inicia como soldado, Wesley estrena su vocación de escritor. No quiero desentrañar la trama de la obra y por ello me atendré a las palabras que Saroyan pone en boca de su personaje: la novela trata de los hechos que le suceden al protagonista y a sus amigos a lo largo del conflicto, en diversas ciudades aliadas.  Sobre ellos Wesley nunca se manifiesta indiferente. Siempre se compromete moralmente tomando partido por el ser humano. De este modo se convierte en portavoz de un humanismo optimista, que a veces puede resultar excesivo, pero que no debe confundirse con una ignorancia de la maldad presente en el mundo. Wesley la ve, la rechaza y a la vez se resigna a ella como muestra de la pequeñez del ser humano. 
En cuanto a los fallos de la novela, quizá podamos señalar su extensión. Probablemente el resultado de la obra hubiera sido más efectivo con una obra más corta.
En esta novela, William Saroyan se acerca a la excelencia de La comedia humana. En palabras de un amigo, "La comedia humana es a La Iliada, lo que Las aventuras de Wesley Jackson a La Odisea". Con todo no faltan detractores de esta obra de Saroyan, a los que se oponen otras opiniones más mesuradas.





Ficha técnica
Las aventuras de Wesley Jackson / Saroyan, William; traducción de J. Martín Lloret .-- 1ª ed .-- Barcelona : Acantilado, 2006.
390 p. ; 21 cm .-- (Narrativa de Acantilado ; 103)
Traducción de: The adventures of Wesley Jackson


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