31 de octubre de 2011

Halloweeen is dead



La tranquilidad del crepúsculo era simple apariencia. Bajo la mano mortecina de la niebla, el sembrado iba adquiriendo un aspecto inquietantemente fantasmal. El silencio era absoluto. La vida, que antes bullía festiva entre los senderos y las cercas, se había extinguido con el último rayo de sol. Los campesinos presintiendo en sus huesos lo que había de ser la noche,  se habían retirado prudentemente a sus casas en busca de seguridad.
Oculta entre las matas, una culebra se deslizó con rapidez. Una presencia, unos susurros, unas risas que helaban la sangre avanzaban por el campo.
Permaneció absolutamente inmóvil, sin respirar, tratando de camuflarse entre los ramajes y hojas caídas, como si aquello no fuera con ella, si bien no era así. Su pequeño corazón latía con fuerza, alterado por la amenaza de la Guadaña.
Las siemprevivas que bordeaban el sendero se movían al hilo de las palabras murmuradas por unos labios invisibles, siempre ávidos de sangre.
Y la inocente y sencilla calabaza sintió que el corazón se le paraba definitivamente cuando una mano se posó sobre ella y la voz dijo: 
- ¡Ana! ¿Has visto qué calabaza más grande? Seguro que Juan y Pedro se llevarán un susto de muerte cuando vengan a casa.


3 comentarios:

  1. Gracias, cobbor. Espero ir mejorando, con tu ayuda heavy.

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