26 de julio de 2011

La actualidad como literatura


El tratamiento de la actualidad corresponde a los periodistas. Cualquier reportaje periodístico al trabajar con el idioma escrito y por el inherente espíritu de informar es eso. Aún así, dentro de los periódicos existen escritores que hacen periodismo, y que trabajan la actualidad con recursos literarios. En España Larra fue el más insigne literato que dio el tratamiento escrito de la actualidad. Tras él nombres tan insignes como Azorín, Julio Camba, Wenceslao Fernández Flórez, y más recientemente Umbral. Todos ellos desgranaron arte literario a la hora de realizar su trabajo en los periódicos sin poder determinar qué eran más literatos o periodistas.

El siglo XX generó a su vez una forma de escribir novelas que partía de ese concepto: realizar al novelar un exhaustivo y compacto reportaje periodístico. García Márquez, ya primero con su Historia de un náufrago y luego con su celebrado Noticia de un secuestro lo hicieron en nuestro idioma. Sin embargo el antecedente de ello, no el primero, pero sí el que lo popularizó y convenció al lector con esa original forma de hacer la novela fue Truman Capote con A Sangre Fría.

Truman Capote nació en el sur de Estados Unidos, en Nueva Orleans el 30 de septiembre de 1924. Pertenecía a una familia que hoy llamaríamos desestructurada. Esas características familiares y su condición de sureño, marcaron en él una impronta a la hora de escribir. Esa área geográfica del país marcó a una serie de narradores próximos entre sí, destacando de ellos William Faulkner, y contando con otros nombres como por ejemplo Flannery O`Connor y Carson McCullers, ofreciendo una visión atávica de la América profunda, juntos constituyen el llamado gótico sureño, en las inmediaciones del Mississippi, donde la humedad, las costumbres atrabiliarias, la mezcla de razas y orígenes, WASP, negro y afrancesado han hecho que surgiera está interesante corriente literaria, caracterizada por la violencia soterrada y la incultura. Pronto Capote surgió de ese magma que era el Sur y alcanzó renombre con sus publicaciones y con su presencia en revistas y periódicos.

El caso del asesinato de la familia Clutter, arquetipo de la sociedad del bienestar de la Norteamérica de los años 50, en la tranquila Holcomb en Kansas, hizo temer que cualquiera podía morir asesinado en cualquier momento. Fue el tema que Truman decidió novelar. Desarrolló junto a la escritora Harper Lee, autora de Matar un ruiseñor, un exhaustivo trabajo de indagación entre los miembros de la pequeña sociedad donde se produjo el asesinato. Es decir, realizó un trabajo periodístico entrevistándose con cuantos estaban relacionados con el caso, por supuesto incluidos los en un primer momento aún presuntos asesinos y construyó lo que se llamó Non Fiction Novel o Novela Testimonio. En sí qué consiguió.

Partiendo de la realidad, con el enfoque curioso e indagatorio del periodista, alzar una narración rigurosa, al menos en gran medida objetiva y especialmente precisa y clara en la exposición de los hechos. Contó el devenir de unos sucesos que alarmaron y preocuparon a la sociedad de su tiempo. Hoy en día el libro mantiene su frescura, ese carácter de suceso recién acaecido.

Por qué Truman Capote decidió escribir A Sangre Fría, un literato que quería parecerse a Proust, que parecía encaminado a ser un nombre frívolo, casi en permanente contacto con el mundo de la alta sociedad y sus fiestas. Un tipo ocurrente, incluso, ingenioso, como también lo fueron Lorca u Oscar Wilde. Alguien que parecía sentirse a gusto cerca de las estrellas de cine y los focos que ellas arrastraban tras de sí. A lo mejor era su forma de reivindicar su profesionalidad, su buen hacer como periodista y como escritor. Tal vez sólo pretendía ofrecer un trabajo encomiable que nadie le pudiera reprochar y que desdijese esa otra faceta suya de persona ligera, estrafalaria, problemática. Es de suponer que había más hondas razones en sus intenciones. Demostrarse a sí mismo cuál es la naturaleza humana, cuáles sus peligros, cuánto de nosotros mismos es oscuro y tétrico y desazonador hasta llevarnos a la consecuencia última y fatal de quitar la vida a otros. Sus asesinos no están retratados con encono. Los deja hablar, explicarse, sincerarse. Son seres tan posiblemente parecidos a nosotros como cualquier otro ser humano. Únicamente subyace y así permanece en la narración el hecho terrible de que se han matado a cuatro personas. Que en algún momento alguien, ellos, los asesinos, han matado a cuatro personas, ni tan siquiera por una, en principio, gran recompensa. Son asesinatos a sangre fría, por el hecho injustificado pero evidente de asesinar. Truman Capote parece querer insinuar si acaso no todos somos así, si acaso no todos somos capaces de matar.

A Sangre Fría fue un éxito editorial, supuso un gran reconocimiento para su autor, quien tal vez murió sin saber a ciencia cierta si eso es así, si todos somos hijos con una mano de Caín y con la otra de Abel.


Carlos Pereira

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