14 de abril de 2011

Sobre Las relaciones peligrosas de Chordelos de Laclos

Hace algún tiempo, cuando participaba en un proyecto de investigación sobre Matrimonio y amor conyugal, analizando las obras que abordaban el tema en la historia de la Literatura Universal, cayó entre mis manos Las relaciones peligrosas, una novela que me impresionó hondamente por la perversidad que los personajes revelaban en sus conductas. No es por ello un libro cuya lectura aconseje, salvo a aquellos que por motivos profesionales se vean obligados a leerla, sobre todo si consideramos la gran cantidad de creaciones que abordan el mismo tema de un modo menos explícito.
Hoy, he recibido una colaboración de Carlos Pereira, un seguidor que se está convirtiendo casi en el autor principal de este blog durante mi periodo opositor. Su texto es un análisis agudo de esta novela, que paso a publicar a continuación y al que sólo quiero hacer una precisión. En esta novela, la forma epistolar no es un mero recurso propio de la época. Es algo más: la entrega de las cartas y de las notas entre hombres y mujeres es una anticipación de la entrega del propio cuerpo. Así la propia carta adquiere un valor simbólico que es parte de la perfección de la obra.

SOBRE LAS RELACIONES PELIGROSAS DE PIERRE DE CHODERLOS DE LACLOS


Una de las grandes obras de la literatura universal es Las relaciones peligrosas, traducida con más frecuencia por “Las amistades peligrosas”. Se trata como casi todo el mundo sabrá de una novela epistolar que refleja con causticidad la sociedad galante del dieciocho. Además surgió como un trabajo prerrevolucionario, y ofrece aún sin pretenderlo decididamente parte de las razones que a ella llevaron, pues muestra una aristocracia enferma y hedonista que de espaldas al pueblo se autodestruye con vicios y constantes rivalidades.
A mí, particularmente, lo que más me interesa de la obra, precisamente no es ese aspecto tan decantadamente deudor de su época: que sea un género epistolar, tan de moda en ese siglo, o ese aspecto tan marcadamente sociológico que ya he citado.
Esta novela habla con total vigencia de las relaciones humanas, sobre todo de las que establecemos hombres y mujeres, y lo hace no sin faltar a la verdad pero sí desde el peor de los planteamientos: la degradación moral.
Pierre Choderlos de Laclos, militar francés, publicó la obra en 1782, que desde el primer momento fue un éxito y un escándalo. Su trama, compleja pero muy bien desplegada a lo largo del texto, explica como dos aristócratas, la marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, se entregan a un duelo perverso y libertino, compitiendo por ello, decidiéndose a disfrutar caprichosamente de sus deseos a costa de los demás, imponiendo su voluntad en ello a través de engaños, venganzas y estratagemas. Ambos han decidido aprovecharse de la sociedad, vivir de espaldas a los sentimientos y la moral, al tiempo que mantienen una vida de apariencia que les permite ser socialmente admitidos, siendo para ella esto último mucho más necesario que para él, pues como hombre puede alardear de sus conquistas, al menos de casi todas.
Los aciertos de la obra son esos dos personajes centrales: la marquesa de Marteuil, quien despiadadamente desea vengarse del amante que la abandona y que para ello pretende utilizar a su viejo amigo Valmont, con la maquiavélica intención de hacer llegar a la virginal adolescente que será la futura esposa del citado ex amante a la noche de bodas con la experiencia necesaria para que este se sepa engañado y burlado.
Pero Valmont no desea conquistas fáciles. No él. Y se ocupa ahora en intentar seducir a la infranqueable presidenta de Tourvel. Tras la marquesa intentar entonces que el también ingenuo profesor de música de la joven Cécile de Volanges la seduzca y desvirgue, suponiendo ello un fracaso. Reta nuevamente a Valmont, si él consigue seducir a esas dos mujeres, la presidenta de Tourvel, empeño de él, y a la joven Cécile, solicitud hecha por la marquesa, ella misma se ofrecerá en precio por una noche en la que volverán a ser amantes como ya lo fueran en otros tiempos.
A través de la marquesa Choderlos de Laclos expone para la época de manera lúcida el problema de la emancipación femenina. Ella, fría, calculadora, hipócrita, corrupta… pero ante todo mujer en un mundo hecho por hombres, que juegan con las cartas marcadas y a costa de hacer sufrir a las mujeres. Ella, viuda, no quiere ser una víctima y supedita todo al orgullo de hacer lo que le place sin tener que dar cuentas a nadie aunque a costa de quien sea.
Valmont, es uno de los más célebres libertinos de la literatura, un hombre deseado por las mujeres, tal vez por la única y concreta razón de que él las desea. Pero vive en esa tesitura, de engañar hasta obtener el objeto de su deseo para luego abandonar a su suerte a cada dama. Ni él ni la marquesa hablan de sentimientos, es más se ríen de ellos, se ríen de quien los tiene. Esa es la clave de este no tan simple personaje, porque según va avanzando la obra, es consciente de que se enamora de la presidenta de Tourvel. Y al ser incapaz de entregarse por entero a ese amor acaba por destruirla a ella, por destruirse él y por vengarse de la marquesa de Merteuil, a la que desenmascara ante los otros, al dar a conocer sus cartas.
En conjunto la obra, de forma incisiva, harto dura incluso, desde la degradación y el vicio habla de las diversas edades de la mujer: vírgenes que salen del convento para ser desposadas con viejos; honestas mujeres casadas que no han conocido la pasión amorosa y que se dejan arrastrar a ella; y mujeres que ya han vivido esas etapas previas y deciden tomar más o menos arteramente las riendas de su propia vida a costa como se ha dicho de quien sea. Incluso cabe la vejez en el personaje de la tía de Valmont, quien todavía comprende como el mundo al paso de los tiempos perdura igual en lo esencial.
Y por otro lado en las edades en la vida del hombre: jóvenes arrebatados y puros como el caballero Danceny; libertinos en la flor de la vida como Valmont; y maduros que deciden sentar la cabeza como Gercourt, el antiguo amante de la marquesa y futuro esposo de Cécile.
Limpio de desenfreno, corrupción y tragedia la historia es como dice la vieja tía delvizconde: lo que siempre ocurre entre hombres y mujeres de cualquier época.

Carlos Pereira
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2 comentarios:

  1. gracias por esa precisión respecto al modo epistolar de la novela, en el que no había caído en cuenta y del que desde luego no había leído nada.

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  2. De nada. Hay un libro bueno, del que te he hablado personalmente y que aprovecho ahora para comentar en el blog, titulado Lecciones de Literatura Universal, de ed. Cátedra. En él hay un comentario excelente de esta novela (y de muchas otras obras que son consideradas como grandes en la historia de la Literatura.
    Gracias a tí Carlos Antonio Pereira.

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