24 de marzo de 2011

Acerca de La educación sentimental

Si hay algo que un bloguero agobiado agradece en momentos de alta tensión, como unas oposiciones -dicho con otras palabras, lo que más puedo agradecer como autora del Rincón hoy- es la existencia de algunos seguidores que me proporcionan material para publicar y compartir con vosotros.
Este es el caso de Carlos Pereira Diz, un autor, gallego donde los haya, que me remite esta reseña sobre una obra de los autores que más le fascinan: Flaubert.
Así se manifiesta a propósito de La educación sentimental
"Si hubiera que elegir un único país donde cupiera toda la literatura universal sería Francia. Porque siempre dio al mundo en todas las épocas excelente literatura. Es en definitiva el país más literario del mundo.
Gustave Flaubert era un provinciano francés que ya temprano pensó en escribir. Como otros artistas los escritores saben que la realidad no es nada sin ficción, y que la ficción resulta vacía sin realidad. Flaubert, el novelista del provincianismo, pasaba largas temporadas en París, entonces capital del mundo; trataba y frecuentaba salones, mesas y tertulias con príncipes, actrices, otros colegas escritores, políticos… debía ser un burgués algo excéntrico, muy leído, bastante culto, campechano y con buena conversación.
Pero sobre todo era un hombre que conocía la condición humana, alguien curioso y perspicaz. Que decidió escribir sobre su generación. Dijo a su amigo Bouilhet “¡uno no elige los temas! Los padece.” Y en otro momento manifestó “quiero hacer la historia moral de los hombres de mi generación, aunque `sentimental´ sería una palabra más exacta.” También explicó su obra con las siguientes palabras “es un libro de amor y de pasión; pero de una pasión tal y como puede existir en nuestros tiempos, es decir, inactiva.”
“La educación Sentimental”, publicada en 1.869, es la historia de un ambicioso joven de provincias que acaba de terminar el bachillerato, Frédéric Moreau, quien se enamora apasionadamente de una mujer casada, madame Arnoux, a la que conoce en una travesía en barco. Moreau sueña con alcanzar fama y fortuna pero antes deberá aprender a vivir en sociedad, a desenvolverse en los hábitos y costumbres de su tiempo.
Como Flaubert era un novelista se decantó no por hacer crónica de sus días sino que eligió para hablar de su tiempo y sus gentes el proceloso y a veces inquietante mundo de las emociones. Explicar –acaso explicarse (siempre a los autores se les imputa cuánta biografía guarda su obra)- sentimentalmente un momento histórico, unos días marcados por los historiadores con fechas y sucesos relevantes. Sin embargo esa parcela de historia de Francia no es la más conocida fuera de ella. Aunque sirve de escenario de las vicisitudes del protagonista, no siendo hoy en día lo que hace que la novela se siga leyendo ni lo que da grandeza al texto.
Porque “La educación Sentimental” es una radiografía psicológica del muchacho al que Flaubert llama Frédéric. Sí, Flaubert, es un novelista de personajes. Enma Bovary. Frédéric Moreau. Ambos son personajes peculiares, tratados con complejidad y sin demasiada complacencia, y con un cierto paralelismo: ambos buscan sobresalir o adaptarse al mundo. Ambos se lanzan a la conquista de la sociedad, con sus limitaciones y a veces algo denigrantes armas para ello. Enma utilizaba a los hombres para conseguirlo. Pero Frédéric a las mujeres para lo mismo. Si una alcanza de la peor manera su sueño, y eso la condena y defenestra. El otro no llega a conseguirlo, o sí, pero de una forma tan sutil y necia que no puede llegar a complacerle. Frédéric padeció de amor, y amó, también fue correspondido, pero aun así no obtuvo el placer de disfrutarlo.
Flaubert demuestra ser un escritor tosco, cuyo estilo literario consigue alternar frases prostibularias con delicadísimas sutilezas, con todo trenza fulgurantes visiones del presente y del futuro. Todo en él parece estar sometido a ligeras fricciones como si cada uno de los Flauberts que escribían diese la réplica al otro con cierto desaire e incluso con sarcasmo. El alma de Frédéric es así, sometido a las fuerzas intempestivas del amor, en su sentimiento exacerbado por madame Arnoux, en su dependencia física por el cuerpo de La Mariscala, en su afán de ascensión social junto a madame Dambreuse, y en su supuesta vida anodina y acomodada junto a Louise. Un ramillete de damas entre las que se debate el personaje como si la luz pasase por un prisma descomponiéndose en varios colores."
Por Carlos Pereira 

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