23 de febrero de 2011

Señales de vida

Sé que algunos de los que compartís este rincón conmigo estáis un poco extrañados de la ausencia de entradas en los últimos meses. Como sabés por la columna lateral, sección Año nuevo, estoy preparando oposiciones.
Entre unas cosas y otras se me va  el tiempo entre tema y tema casi sin darme cuenta. Pero hoy quiero daros cuenta a vosotros de lo que esta siendo mi vida diaria durante estas últimas semanas. Así es el día a día en la vida de una sencilla opositora.

Suena un móvil. En el dormitorio comienza a clarear. A mi lado se levanta mi marido, al que pregunto, como de costumbre
-¿Qué hora es?
A lo que me responde, entre bostezos un lacónico “Las siete menos cuarto“ seguido de un beso.
Pego un brinco ante semejante noticia ¡Cielos! ¿Me dará tiempo hoy a hacer todo lo que tengo previsto?
Me levanto de un salto de la cama y voy a la cocina. Preparo el desayuno mientras desde la radio me llega el apremio de Carlos Herrera: ¡¡Camastrones, que se han pasado ya siete horas del día!! ¡¡Arriba, que no son horas de estar en la cama!! Oigo las últimas noticias sobre Libia, aderezadas por plumas de caso Faisán, mientras mastico una tostada con mermelada de frambuesa (buenísima).
Después de lavarme los dientes y meditar un poco, me siento en el salón y desaparezco detrás de varias torres de temarios y libros.
Son las siete y media. En este momento toca estudiar el Tema doce : La gestión de la colección. Por suerte es un asunto que me encanta. Después de un rato, el estómago ruge.
Miro el reloj y me sorprendo: las diez y media. Si este Herrera va a tener razón. No me va a dar tiempo a mucho en este día.
Decido pararme, escribir lo que llevo hecho hasta el momento y vaciar el lavavajillas que había puesto después del desayuno. Me tomo un kiwi y vuelvo a estudiar.
Ahora me voy a embarcar en el proceloso mundo de la bibliografía: sus tipos, los métodos, su historia y su situación en Navarra. No sé qué resultará de este rato.
Me empieza a doler un poco la espalda y las articulaciones. Me muevo y miro de nuevo el reloj: las doce y media. Toca parar.
Ventilo la casa (compruebo sin mucha sorpresa que llueve y sopla un viento huracanado), consulto Internet y me meto, ¡como no!, en la Insel Bücherei para suspirar por todos los ejemplares de libros que veo. Luego hago la cama, pongo una lavadora, paso el aspirador  y a la ducha. Debajo del agua ardiendo pienso la comida de hoy: un puré de verdura con queso parmesano y empanada gallega de atún (precocinada, que no estoy yo para andar cocinando platos que llevan tanto tiempo).
Después de tender la lavadora, vuelta a estudiar. Voy a tratar de consolidar lo que he aprendido en las dos horas anteriores, porque había muchas fechas y nombres franceses, que son los que, junto con los chinos, peor se me dan.
Más o menos consolidados todos los nombres aquí estoy dos horas después, comiendo con mi marido, que ha llegado hoy más tarde de lo normal y con cara de muy cansado. Para colmo de males, descubro que la empanada gallega de buen aspecto, tiene más masa que relleno, al más puro estilo quevedesco. Vamos, que no hay quien se la coma. Durante la conversación me entero de algo que me sorprende: resulta que hay dos Ronaldos. El de ahora no es el mismo que jugó en el Barça hace unos años. Aquel se retiró después de haber jugado también en el Real Madrid. Desde luego, para estar en el sector de la información, estoy muy poco informada.
Después de comer dormito un poco, elijo un marcapáginas de la colección para el segundo volumen de Radiaciones que voy a empezar a leer por la noche.
A las cuatro y media vuelvo a estudiar.
Lo grave del asunto es que ahora toca Derecho. Y hoy Instituciones de la Unión Europea. ¿Quién se habrá puesto ha crear tanto órgano, tanta institución y reglamento?
Son las siete. Me laten las sienes al ritmo de los comisarios europeos, los abogados generales del Tribunal de Justicia y las funciones del Parlamento Europeo. ¡Y se me han quedado un montón de asuntos en el tintero: el Consejo Europeo, el Consejo de Ministros, el Tribunal de Cuentas, el Tribunal de Primera Instancia….!
Pero las horas pasan volando y dentro de nada voy a tener que contactar con Bibliopos, una página web destinada a bibliotecarios,  para hacer el simulacro de examen en tiempo real. Es la primera vez. Ya he hecho test mínimos, pero el simulacro entero me daba miedo. 
Media hora después puedo decir: el examen no era tan terrible. Creo que por lo menos he aprobado y quizá hasta saque un poco de nota.
Ahora toca preparar la cena -hoy tendré que esmerarme mucho o moriremos de malnutrición-. Y después,  ver House y a dormir, que mañana hay que empezar a trabajar un poco antes.

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