29 de octubre de 2010

La rama seca


Apenas tenía seis años y aún no la llevaban al campo. Era por el tiempo de la siega, con un calor grande, abrasador, sobre los senderos. La dejaban en casa, cerrada con llave, y le decían:
-Que seas buena, que no alborotes: y si algo te pasara, asómate a la ventana y llama a doña Clementina.
Ella decía que sí con la cabeza. Pero nunca le ocurría nada, y se pasaba el día sentada al borde de la ventana, jugando con "Pipa".
Doña Clementina la veía desde el huertecillo. Sus casas estaban pegadas la una a la otra, aunque la de doña Clementina era mucho más grande, y tenía, además, un huerto con un peral y dos ciruelos. Al otro lado del muro se abría el ventanuco tras el cual la niña se sentaba siempre. A veces, doña Clementina levantaba los ojos de su costura y la miraba.
-¿Qué haces, niña?
La niña tenía la carita delgada, pálida, entre las flacas trenzas de un negro mate.
-Juego con "Pipa" -decía.
Doña Clementina seguía cosiendo y no volvía a pensar en la niña. Luego, poco a poco, fue escuchando aquel raro parloteo que le llegaba de lo alto, a través de las ramas del peral. En su ventana, la pequeña de los Mediavilla se pasaba el día hablando, al parecer, con alguien.
-¿Con quién hablas, tú?
-Con "Pipa".
Doña Clementina, día a día, se llenó de una curiosidad leve, tierna, por la niña y por "Pipa". Doña Clementina estaba casada con don Leoncio, el médico. Don Leoncio era un hombre adusto y dado al vino, que se pasaba el día renegando de la aldea y de sus habitantes. No tenían hijos y doña Clementina estaba ya hecha a su soledad. En un principio, apenas pensaba en aquella criatura, también solitaria, que se sentaba al alféizar de la ventana. Por piedad la miraba de cuando en cuando y se aseguraba de que nada malo le ocurría. La mujer Mediavilla se lo pidió:
-Doña Clementina, ya que usted cose en el huerto por las tardes, ¿querrá echar de cuando en cuando una mirada a la ventana, por si le pasara algo a la niña? Sabe usted, es aún pequeña para llevarla a los pagos...
-Sí, mujer, nada me cuesta. Marcha sin cuidado...
Luego, poco a poco, la niña de los Mediavilla y su charloteo ininteligible, allá arriba, fueron metiéndosele pecho adentro.
-Cuando acaben con las tareas del campo y la niña vuelva a jugar en la calle, la echaré a faltar -se decía.

2

Un día, por fin, se enteró de quién era "Pipa".
-La muñeca -explicó la niña.
-Enséñamela...
La niña levantó en su mano terrosa un objeto que doña Clementina no podía ver claramente.
-No la veo, hija. Échamela...
La niña vaciló.
-Pero luego, ¿me la devolverá?
-Claro está...
La niña le echó a "Pipa" y doña Clementina, cuando la tuvo en sus manos, se quedó pensativa. "Pipa" era simplemente una ramita seca envuelta en un trozo de percal sujeto con un cordel. Le dio la vuelta entre los dedos y miró con cierta tristeza hacia la ventana. La niña la observaba con ojos impacientes y extendía las dos manos.
-¿Me la echa, doña Clementina...?
Doña Clementina se levantó de la silla y arrojó de nuevo a "Pipa" hacia la ventana. "Pipa" pasó sobre la cabeza de la niña y entró en la oscuridad de la casa. La cabeza de la niña desapareció y al cabo de un rato asomó de nuevo, embebida en su juego.
Desde aquel día doña Clementina empezó a escucharla. La niña hablaba infatigablemente con "Pipa".
-"Pipa", no tengas miedo, estate quieta. ¡Ay, "Pipa", cómo me miras! Cogeré un palo grande y le romperé la cabeza al lobo. No tengas miedo, "Pipa"... Siéntate, estate quietecita, te voy a contar, el lobo está ahora escondido en la montaña...
La niña hablaba con "Pipa" del lobo, del hombre mendigo con su saco lleno de gatos muertos, del horno del pan, de la comida. Cuando llegaba la hora de comer la niña cogía el plato que su madre le dejó tapado, al arrimo de las ascuas. Lo llevaba a la ventana y comía despacito, con su cuchara de hueso. Tenía a "Pipa" en las rodillas, y la hacía participar de su comida.
-Abre la boca, "Pipa", que pareces tonta...
Doña Clementina la oía en silencio. La escuchaba, bebía cada una de sus palabras. Igual que escuchaba al viento sobre la hierba y entre las ramas, la algarabía de los pájaros y el rumor de la acequia.

3

Un día, la niña dejó de asomarse a la ventana. Doña Clementina le preguntó a la mujer Mediavilla:
-¿Y la pequeña?
-Ay, está delicá, sabe usted. Don Leoncio dice que le dieron las fiebres de Malta.
-No sabía nada...
Claro, ¿cómo iba a saber algo? Su marido nunca le contaba los sucesos de la aldea.
-Sí -continuó explicando la Mediavilla-. Se conoce que algún día debí dejarme la leche sin hervir... ¿sabe usted? ¡Tiene una tanto que hacer! Ya ve usted, ahora, en tanto se reponga, he de privarme de los brazos de Pascualín.
Pascualín tenía doce años y quedaba durante el día al cuidado de la niña. En realidad, Pascualín salía a la calle o se iba a robar fruta al huerto vecino, al del cura o al del alcalde. A veces, doña Clementina oía la voz de la niña que llamaba. Un día se decidió a ir, aunque sabía que su marido la regañaría.
La casa era angosta, maloliente y oscura. Junto al establo nacía una escalera, en la que se acostaban las gallinas. Subió, pisando con cuidado los escalones apolillados que crujían bajo su peso. La niña la debió oír, porque gritó:
-¡Pascualín! ¡Pascualín!
Entró en una estancia muy pequeña, a donde la claridad llegaba apenas por un ventanuco alargado. Afuera, al otro lado, debían moverse las ramas de algún árbol, porque la luz era de un verde fresco y encendido, extraño como un sueño en la oscuridad. El fajo de luz verde venía a dar contra la cabecera de la cama de hierro en que estaba la niña. Al verla, abrió más sus párpados entornados.
-Hola, pequeña -dijo doña Clementina-. ¿Qué tal estás?
La niña empezó a llorar de un modo suave y silencioso. Doña Clementina se agachó y contempló su carita amarillenta, entre las trenzas negras.
-Sabe usted -dijo la niña-, Pascualín es malo. Es un bruto. Dígale usted que me devuelva a "Pipa", que me aburro sin "Pipa"...
Seguía llorando. Doña Clementina no estaba acostumbrada a hablar a los niños, y algo extraño agarrotaba su garganta y su corazón.
Salió de allí, en silencio, y buscó a Pascualín. Estaba sentado en la calle, con la espalda apoyada en el muro de la casa. Iba descalzo y sus piernas morenas, desnudas, brillaban al sol como dos piezas de cobre.
-Pascualín -dijo doña Clementina.
El muchacho levantó hacia ella sus ojos desconfiados. Tenía las pupilas grises y muy juntas y el cabello le crecía abundante como a una muchacha, por encima de las orejas.
-Pascualín, ¿qué hiciste de la muñeca de tu hermana? Devuélvesela.
Pascualín lanzó una blasfemia y se levantó.
-¡Anda! ¡La muñeca dice! ¡Aviaos estamos!
Dio media vuelta y se fue hacia la casa, murmurando.
Al día siguiente, doña Clementina volvió a visitar a la niña. En cuanto la vio, como si se tratara de una cómplice, la pequeña le habló de "Pipa":
-Que me traiga a "Pipa", dígaselo usted, que la traiga...
El llanto levantaba el pecho de la niña, le llenaba la cara de lágrimas, que caían despacio hasta la manta.
-Yo te voy a traer una muñeca, no llores.
Doña Clementina dijo a su marido, por la noche:
-Tendría que bajar a Fuenmayor, a unas compras.
-Baja -respondió el médico, con la cabeza hundida en el periódico.

4

A las seis de la mañana doña Clementina tomó el auto de línea, y a las once bajó en Fuenmayor. En Fuenmayor había tiendas, mercado, y un gran bazar llamado "El Ideal". Doña Clementina llevaba sus pequeños ahorros envueltos en un pañuelo de seda. En "El Ideal" compró una muñeca de cabello crespo y ojos redondos y fijos, que le pareció muy hermosa. "La pequeña va a alegrarse de veras", pensó. Le costó más cara de lo que imaginaba, pero pagó de buena gana.
Anochecía ya cuando llegó a la aldea. Subió la escalera y, algo avergonzada de sí misma, notó que su corazón latía fuerte. La mujer Mediavilla estaba ya en casa, preparando la cena. En cuanto la vio alzó las dos manos.
-¡Ay, usté, doña Clementina! ¡Válgame Dios, ya disimulará en qué trazas la recibo! ¡Quién iba a pensar...!
Cortó sus exclamaciones.
-Venía a ver a la pequeña, le traigo un juguete...
Muda de asombro la Mediavilla la hizo pasar.
-Ay, cuitada, y mira quién viene a verte...
La niña levantó la cabeza de la almohada. La llama de un candil de aceite, clavado en la pared, temblaba, amarilla.
-Mira lo que te traigo: te traigo otra "Pipa", mucho más bonita.
Abrió la caja y la muñeca apareció, rubia y extraña.
Los ojos negros de la niña estaban llenos de una luz nueva, que casi embellecía su carita fea. Una sonrisa se le iniciaba, que se enfrió en seguida a la vista de la muñeca. Dejó caer de nuevo la cabeza en la almohada y empezó a llorar despacio y silenciosamente, como acostumbraba.
-No es "Pipa" -dijo-. No es "Pipa".
La madre empezó a chillar:
-¡Habrase visto la tonta! ¡Habrase visto, la desagradecida! ¡Ay, por Dios, doña Clementina, no se lo tenga usted en cuenta, que esta moza nos ha salido retrasada...!
Doña Clementina parpadeó. (Todos en el pueblo sabían que era una mujer tímida y solitaria, y le tenían cierta compasión).
-No importa, mujer -dijo, con una pálida sonrisa-. No importa.
Salió. La mujer Mediavilla cogió la muñeca entre sus manos rudas, como si se tratara de una flor.
-¡Ay, madre, y qué cosa más preciosa! ¡Habrase visto la tonta ésta...!
Al día siguiente doña Clementina recogió del huerto una ramita seca y la envolvió en un retal. Subió a ver a la niña:
-Te traigo a tu "Pipa".
La niña levantó la cabeza con la viveza del día anterior. De nuevo, la tristeza subió a sus ojos oscuros.
-No es "Pipa".
Día a día, doña Clementina confeccionó "Pipa" tras "Pipa", sin ningún resultado. Una gran tristeza la llenaba, y el caso llegó a oídos de don Leoncio.
-Oye, mujer: que no sepa yo de más majaderías de ésas... ¡Ya no estamos, a estas alturas, para andar siendo el hazmerreír del pueblo! Que no vuelvas a ver a esa muchacha: se va a morir, de todos modos...
-¿Se va a morir?
-Pues claro, ¡que remedio! No tienen posibilidades los Mediavilla para pensar en otra cosa... ¡Va a ser mejor para todos!

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En efecto, apenas iniciado el otoño, la niña se murió. Doña Clementina sintió un pesar grande, allí dentro, donde un día le naciera tan tierna curiosidad por "Pipa" y su pequeña madre.

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Fue a la primavera siguiente, ya en pleno deshielo, cuando una mañana, rebuscando en la tierra, bajo los ciruelos, apareció la ramita seca, envuelta en su pedazo de percal. Estaba quemada por la nieve, quebradiza, y el color rojo de la tela se había vuelto de un rosa desvaído. Doña Clementina tomó a "Pipa" entre sus dedos, la levantó con respeto y la miró, bajo los rayos pálidos del sol.
-Verdaderamente- se dijo-. ¡Cuánta razón tenía la pequeña! ¡Qué cara tan hermosa y triste tiene esta muñeca!

Ana María Matute

27 de octubre de 2010

Naranjas de la China...



 Para Francisca, natural de  Mongolia
Naranjas de la China, tortura china, cuentos chinos...; a lo que parece una lista interminable de realidades calificadas como propias de este gran país asiático hay que añadir un nuevo elemento: inventos chinos.
Casi todos vosotros ya sabréis que la pasta no es un invento italiano, sino chino; el hecho de que la pólvora la inventaran estos hombres de ojos rasgados es de sobra conocido. 
Menos compartido por el común de los mortales es que el papel lo elaboraran por primera vez los chinos. Mientras en los pueblos mesopotámicos se escribía sobre tablas de arcilla realizando incisiones cuneiformes o en Egipto sobre el papiro y más tarde en Grecia sobre pergamino, los chinos ya fabricaban papel a partir de los residuos de seda, paja o algodón en el siglo II d. d. C. Su invención se atribuye a Cai Lun, uno de los consejeros del emperador chino, He de Han. 
Más tarde, los árabes, en una de sus incursiones hicieron prisioneros a algunos chinos y consiguieron hacerse con el secreto de la fabricación del papel seis siglos después. Los árabes por su parte difundieron este invento, que llegó a la península ibérica en el siglo X.
Por si fuera poco, los chinos también fueron los primeros en emplear la técnica de la xilografía, consistente en rebajar en una plancha de madera la parte que se deseaba que quedase en blanco en la hoja de papel. Una vez hecho el grabado, se entintaba la parte sobresaliente y se aplicaba sobre papel con la ayuda de una prensa plana. La xilografía fue usada por los chinos ya en el siglo V. d. C, mientras que en Europa no se empleó hasta el siglo X.
También se atribuye a los chinos la utilización de la primera imprenta con tipos móviles. Se cree que fue hacia el año 930 d. d. C. cuando se empleó por primera vez, si bien oficialmente se dice que fue en el año 1045 cuando Bi-Sheng creó los primeros tipos móviles de arcilla que luego colocaba en un marco de metal para componer frases. En el año 1400 la imprenta en China estaba bastante perfeccionada. En Europa hubo que esperar al año 1456 para que Johann Gensfleish Gutemberg usara por primera vez la imprenta de tipos móviles de plomo.
Es mucho lo que debemos a los pueblos orientales: no sólo los rollitos primavera o el pato laqueado, que hace las delicias de la que escribe, sino aspectos mucho más trascendentales para el desarrollo cultural de la humanidad. Esperemos ir descubriendo y conociendo cada día más todos los pueblos que todavía permanecen en la oscuridad.

25 de octubre de 2010

El legado de Arne


 Para Iutta
Hace poco tiempo hice una reseña sobre un libro de Siegfried Lenz, Lección de alemán, y hoy quiero dedicar unas líneas a otra novela suya que he tenido ocasión de leer recientemente.
El legado de Arne, que así se titula la obra que nos ocupa, vuelve a centrarse de nuevo en el mundo de la adolescencia, si bien en esta ocasión desde un punto de vista diferente al de Lección de aleman. Si en aquélla obra el autor estudiaba en primera persona las repercusiones que en un joven alemán tiene la interpretación del sentido del deber en un momento tan trascencental como la Segunda Guerra Mundial, en esta novela, se acerca, de nuevo en primera persona, al mundo del adolescente desde un punto de vista mucho más intimista y, si es posible decirlo así, lírico.
El narrador de la historia es Hans, el segundo hijo de una familia residente en los muelles de Hamburgo, a la que llega Arne. Éste es el hijo del mejor amigo del padre de Hans, que acaba de prender fuego a su casa, para huir de las deudas que le asedian a él y a toda su familia.
De esta tragedia sólo consigue sobrevivir Arne, un muchacho sensible, que desde el primer momento se distingue de los demás adolescentes de su entorno por su facilicidad para los idiomas y los estudios y por su extremada sensibilidad. Y como de costumbre, la sociedad no acoge a los que son diferentes, ya sea por exceso de cualidades o por defecto de aptitudes. Arne es objeto de burla por parte de la pandilla de Lars y Wiebke, los dos hermanos de Hans, quien, desde su posición de narrador observador, relata el sufrimiento y las alegrías de un muchacho ingénuo y bueno, capaz de creer y amar a sus semejantes.
Es una novela dura, muy realista y bien tratada, de extensión media, que recomiendo a todos aquellos que deseen comprender el dolor de aquellos que no son aceptados por la mayoría.

24 de octubre de 2010

La amada no numerada

Ellos han remendado mis piernas y me han dado un puesto, donde puedo estar sentado: cuento las gentes que pasan por el nuevo puente. Les da gusto atestiguar con número su habilidad, se embriagan con esa nada sin sentido de un par de cifras, y todo el día, todo el día, marcha mi boca muda como la maquinaria de un reloj, amontonando cifras sobre cifras, para regalarles por la noche el triunfo de un número. Sus rostros resplandecen cuando les comunico el resultado de mi turno de trabajo; cuanto más alto es el número, tanto más resplandecen sus rostros y tienen motivo para acostarse satisfechos en la cama, pues muchos miles pasan diariamente por su nuevo puente... Pero sus estadísticas no está bien. Me da mucha pena, pero no están bien. Soy un hombre en quien no se puede confiar, aunque entiendo que despierto la impresión de lealtad.
En secreto me produce alegría quitarles uno de vez en cuando, y luego también, cuando siento compasión, regalarles un par de más. Su felicidad está en mi mano. Cuando estoy furioso, cuando no tengo nada que fumar, indico solamente el término medio, algunas veces por debajo del término medio, y cuando mi corazón late, cuando estoy contento, dejo que mi generosidad fluya en un número de cinco cifras. ¡Son tan felices! Me arrancan en cada ocasión el resultado de mi mano y sus ojos se iluminan y me dan palmaditas en el hombro. ¡No sospechan nada! Y luego empiezan a multiplicar, dividir, porcentualizar, yo no sé qué. Calculan cuántos pasarán hoy cada minuto por el puente y cuántos pasarán en diez años por el puente. Aman el segundo futuro; el segundo futuro es su especialidad y, sin embargo, me da mucha pena, todo eso no concuerda...
Cuando mi pequeña amada pasa por el puente -y pasa dos veces por día- mi corazón simplemente se detiene. El incansable latir de mi corazón sencillamente se detiene, hasta que ella dobla hacia la avenida y desaparece. Y todos los que pasan en ese tiempo, los silencio. Esos dos minutos me pertenecen a mí, a mí solo, y no dejo que me los quiten. Y aun cuando ella al atardecer regresa de su nevería -yo he sabido entretanto que trabaja en una nevería- cuando pasa por el otro lado de la acera frente a mi boca muda, que tiene que contar, contar, mi corazón se detiene de nuevo y comienzo de nuevo a contar, cuando ya no se la ve a ella. Y todos los que tienen la suerte de desfilar en esos minutos ante mis ojos ciegos, no entran en la eternidad de las estadísticas: hombres de sombra, mujeres de sombra, seres de la nada, que no marcharán con los demás en el segundo futuro de la estadística...
Está claro que la amo. Pero ella no sabe nada de esto y no quiero tampoco que lo sepa. No debe sospechar, de qué modo tan increíble ella anula todos los cálculos, y ella debe ser inocente y no sospechar nada y con sus largos cabellos castaños y sus tiernos pies marchar a su nevería, y ha de recibir muchas propinas. La amo. Está clarísimo que la amo.
Recientemente me han supervisado. El camarada, que está sentado al otro lado y tiene que contar los autos, me advirtió ya muy pronto y yo hice maldito el caso. He contado como un loco; un cuentakilómetros no puede contar mejor. El superestadístico en persona se colocó allá enfrente, al otro lado, y ha comparado después el resultado de una hora con el resultado de mi hora. Yo sólo tenía uno menos que él. Mi pequeña amada había pasado y jamás en la vida hubiera hecho yo transportar a esa hermosa criatura al segundo futuro; esa mi pequeña amada no debe ser multiplicada y dividida y ser transformada en una nada porcentual. Mi corazón sangraba de tenerla que contar, sin poderla seguir mirando, y al amigo de allá, el que tiene que contar los autos, le estoy muy agradecido.
El superestadístico me ha dado palmaditas en el hombro y ha dicho que soy bueno, confiable y fiel. "Errar uno en una hora", ha dicho "no es mucho. Sin embargo, tenemos en cuenta un cierto desgaste porcentual. Solicitaré que sea usted trasladado a contar carros de caballos".
Carros de caballos es naturalmente una suerte.
Carros de caballos es una alegría como nunca antes.
Carros de caballos hay todo lo más veinticinco por día, y hacer que cada media hora caiga el siguiente número en el cerebro, ¡es una alegría! Carros de caballos sería magnífico. Entre cuatro y ocho no puede pasar ningún carro de caballos por el puente, y podría ir a pasear o apresurarme a la nevería, podría mirarla largamente o podría quizás llevarla un rato hacia casa, a mi pequeña amada no numerada.

Heinrich Böll

22 de octubre de 2010

La revolución cerebral

 Para CVT
Entre el cerebro de los habitantes de las sociedades ágrafas y nuestro cerebro hay una diferencia abismal.
Si bien compartimos el mismo cerebro que los seres humanos analfabetos de hace 40.000 años, desde que inventamos la lectura hemos empezado a conectar nuestras estructuras cerebrales de formas distintas.
Por ejemplo, los cerebros de nuestros antepasados egipcios y sumerios debieron de ser distintos a los nuestros, como refleja un trabajo pionero de Charles Perfetti y Li-Hai Tan. En él se sugiere que todos los sistemas de escritura usan muchas conexiones estructurales parecidas, pero algunas exclusivas.
Un cerebro conectado para leer los jeroglíficos egipcios o los caracteres chinos activa algunas áreas jamás utilizadas para leer el alfabeto griego o inglés, y viceversa. La variedad de estas adaptaciones es una prueba reciente del potencial innato del cerebro para reorganizarse a fin de realizar nuevas funciones.
El especialista en lenguas clásicas Eric Havelock también sostiene que algunos alfabetos, como el griego, sin duda liberaron una capacidad sin precedentes en el cerebro humano a fin de crear pensamientos novedosos.
En sus estudios describen de qué manera la reordenación de los cálculos básicos que el cerebro realiza durante el aprendizaje de la lectura se convierte en la base neuronal de los nuevos pensamientos. En otras palabras, los nuevos circuitos y senderos que el cerebro crea para leer se convierten en los cimientos de la capacidad para pensar de maneras diferentes e innovadoras.
En otras palabras, la lectura ocasionó tanto una revolución cultural como neuronal. Las personas que aprendieron a leer y escribir, por tanto, desarrollaron cerebros que ampliaban su repertorio intelectual. Unas capacidades que no poseían las culturas orales o ágrafas. ¿Por ejemplo?
Con la creación de los antiguos símbolos de los sellos de cálculo aparecieron los primeros sistemas de contabilidad conocidos y, con ellos, nació la toma de decisiones reforzada que surge cuando se dispone de más y mejor información. Por lo tanto, parecería que los primeros símbolos conocidos (aparte de las pinturas rupestres) estaban al servicio de la economía y de los aspectos económicos. Con los primeros sistemas de escritura globales (la escritura cuneiforme sumeria y los jeroglíficos egipcios), la contabilidad sencilla se convirtió en una documentación sistemática, lo cual condujo a sistemas de organización y cifrado que, a su vez, facilitaron avances intelectuales significativos. Hacia el II milenio antes de nuestra era, las obras literarias acadias habían empezado a clasificar todo el mundo conocido, como prueban la enciclopedia Todas las cosas conocidas sobre el Universo, la obra maestra jurídica del Código de Hammurabi y diversos textos médicos notables. El mismo método científico tuvo sus orígenes en la capacidad cada vez mayor de nuestros antepasados para documentar, codificar y clasificar.

Fuente: http://www.genciencia.com/psicologia/leer-transforma-radicalmente-nuestro-cerebro

20 de octubre de 2010

Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades

Para Arantza.

“Polémica” es la idea que asociarán muchos de los interesados en Literatura al nombre de Harold Bloom (Nueva York, 1930) Este catedrático de Literatura de la Universidad de Yale se ha granjeado la suspicacia de un gran sector del mundo literario Por un lado ha manifestado su escepticismo sobre el modo de estudiar Literatura en las universidades anglosajonas; por otro, se ha opuesto irónica y tajantemente a algunos de los métodos de crítica literaria como el Feminismo o el Multiculturalismo. Su figura, sin embargo, se convirtió realmente en objeto de debate con la publicación de El canon occidental, una obra en que pretendía establecer las obras fundamentales de la tradición literaria occidental.
Más humilde es el propósito de Bloom en el presente libro. Con él pretende ante todo suscitar la pasión por la lectura y para ello ha reunido 40 relatos y 85 poesías, pertenecientes, en su mayoría, a autores decimonónicos de habla inglesa. Estos textos van dirigidos al lector niño que todo aficionado a la lectura esconde en su interior; un lector niño, que no puede dejar de sustraerse a la atracción que ejerce una trama bien contada.
Esta colección de textos está organizada en torno a las cuatro estaciones, un criterio que ya había utilizado Harold Bloom años antes en El viento y la lluvia: Antología de poemas para jóvenes. Dentro de cada estación se han agrupado textos con rasgos comunes, generalmente de tipo temático.
El carácter festivo y humorístico marca los poemas y relatos de la Primavera. Chesterton, Rudyard Kipling o Hearn son algunos de los creadores de estos textos en los que los hombres, ubicados en un estadio primitivo de la historia, desconocen la técnica.
En Verano se opera una evolución. Los personajes, más definidos, se ven obligados a utilizar sus cualidades para superar problemas aparentemente insolubles. Las tramas, con unas estructuras más complejas cobran una fuerza capital, y la acción se instala en primer término. Ruskin, Lewis Carroll, Rudyard Kipling, Stevenson o Mark Twain, son algunos de los autores de los textos que conforman el clima de la estación.
El Otoño da paso a la reflexión. La trama se pone al servicio de consideraciones en torno al ser humano: la vida, la muerte, el amor, la vanidad o la avaricia, son objeto de estudio en textos de Tolstoi, Hawthorne o Conan Doyle.
En Invierno los temas se tornan sombríos e inquietantes: la locura se aúna con lo sobrenatural, tiñendo los relatos de un clima de irrealidad y horror. Así se puede constatar en cuentos de Guy de Maupassant, Edgar Allan Poe o H.G. Wells.
Este libro, al que se pueden hacer algunas recriminaciones –la pérdida de matices debido a la traducción en los textos poéticos o la ausencia de textos de la tradición hispánica- cumple sin duda su objetivo. Aquel que empiece uno de los cuentos se verá obligado a acabarlo sin moverse, independientemente de la hora del día o de la noche en que haya comenzado su lectura.

HAROLD BLOOM: Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades, Barcelona, Anagrama, 2003, (traducción de Damián Alou), 694 páginas, ISBN 84-339-6191-9.

18 de octubre de 2010

Biblia pauperum

La Biblia pauperum, nombre tomado del latín y que literalmente significa Biblia de los pobres es una forma muy popular de la Biblia en la Edad Media, en la que se confrontan en dos páginas consecutivas una colección de imágenes  de la vida de Cristo con las historias que las prefiguran en el Antiguo Testamento. La Biblia pauperum da primacía ante todo a la imagen, al elemento visual, buscando un mayor acercamiento al pueblo, algo que lograba también con su precio económico. Las palabras habladas por los personajes en las miniaturas salen escritas en rollos de pergaminos que parecen salir de sus bocas, como si se tratara de un cómic en versión antigua.
Esta forma es una simplificación de las Biblias moralizantes, que se pueden considerar similares pero con más texto. Como éstas, las Biblias pauperum estuvieron escritas en la lengua vernácula, en lugar del latín.
Existen Biblias de los pobres  manuscritas y xilografiadas, si bien es mayor el número de las que conservamos impresas. Sólo se conservan unos pocos ejemplares manuscritos de la Biblia pauperum que proceden de la escuela de Jan van Eyck. Sotheby contabiliza siete ediciones con esta técnica de la xilografía. Cinco ejemplares se encuentran en la Biblioteca Nacional de París: cuatro tienen cuarenta placas con una de ellas coloreada a mano y la quinta tiene cincuenta placas.
La primera edición de tipos móviles fue impresa por Pfister en Bamberg en 1462. Las ediciones anteriores fueron escritas en latín, pero más tarde se imprimieron en lenguas vernáculas. Se publicó una edición en alemán  en 1470.

Epitafio


Para Vilnius



Pequeña carpa
te tortura la muerte
y yo impotente.


@María Ángeles Lluch

Otoñal


 Para Jose



Noche de orballo
los árboles sin hojas
de frío tiemblan.

@María Ángeles Lluch

17 de octubre de 2010

Haiku de otoño







Noche de otoño,
es tan hermosa la luna llena,
que el niño llora por no tenerla.

Juju Kurihara

Hitchcock y la literatura

Ya se encuentra on line el número 18 de LETRACELULOIDE -Revista virtual de cine y literatura-. La revista, de acceso libre y gratuito, contiene breves comentarios de distintos profesionales que trabajan en el campo de la cultura, sobre películas basadas en textos literarios. La idea central es que el visitante pueda descubrir o redescubrir algunas versiones fílmicas y textos de diferentes épocas, nacionalidades, valoración crítica o histórica, como, así también, distintos escritores y cineastas.
Este número está dedicado al gran director Alfred Hitchcock e incluye dos entrevistas en video realizadas al director, traducidas y subtituladas al español, por primera vez y en exclusiva para Letraceluloide.



Para todos aquellos que deseen visitarla o conocer las condiciones de publicación la dirección es: http://letraceluloide.blogspot.com/

15 de octubre de 2010

Emerge el futuro del libro digital


El libro en pantalla no es competencia del de pastas; pero si es su negocio futuro. Este año alcanzará el 10% en EEUU, mientras en Europa se mantiene en el 2%, por más que un tercio del libro alemán sale ya en ambos formatos. Pero muchos editores hablan ya indistintamente de eBook y pBook -electrónico o impreso- y Amazon, el mayor librero online del mundo, ha anunciado que el primero supera ya este año en ventas al segundo.
Una imagen del día inaugural del mayor encuentro editorial del mundo

No Amazon pues sino los libreros de la esquina son los que sufrirán el ascenso del eBook y con ello la particular vida vecinal en torno a la librería. “Va a ser una transición dura”, dice la directora de Nielsen Book. Pero es imparable y la escritoria Cornelia Funke explica que en EEUU los menores de 18 años leen sólo en lectores digitales, “sólo cuando se enamoran de un libro, lo compran en papel”.
En “La edición en España”, el profesor de la Complutense Sánchez Vigil sostiene que el tradicional “no desaparecerá en absoluto”, permanecerá como lo que es para muchos “un objeto”. Pero “adaptarse al libro digital es una necesidad” y el mismo Ken Follet presenta ya en esta edición de la mayor Feria del Libro, la versión con complementos multimedia de “Los pilares de la tierra”.
Los resultados de una encuesta de la Feria de Fráncfort sugieren que, al menos en Centroeuropa, libreros y editoriales se preparan para una coexistencia pacífica con el libro digital. “Ambos formatos se completan excelentemente”, anticipa el responsable del gremio de libreros alemanes.
La creciente vida móvil varía los hábitos de compra y lectura; y así el desarrollo de aplicaciones de descarga, para periódicos o libros, se revela por fin como negocio viable. La facilidad del clic sirve a dos de sus aspectos: la clara selección y pago del artículo o libro y la inmediatez del acceso en la soledad de una parada de autobús. Pero los comerciales advierten que la distribución online no sirve para ojear, sólo para localizar expresamente lo que se busca.
En el mercado en alemán, un tercio de todas las publicaciones pueden obtenerse ya como eBook
Funke insiste que lo que mueve a leer no es el manuscrito, la letra impresa por Guttenberg o la descarga digital, “sino el poder de las historias”. Otras revoluciones en los medios “se han vivido ya”, añade el director de la Feria de Fráncfort, “y todas ampliaron el horizonte del libro”. A la crisis la supera el interés y la feria abre hoy con 200 expositores más que el pasado año, 7.533 procedente sde 111 países.
Si la historia sigue siendo lo que captura, no es secreto cuánto libro se vende por las pastas (un 97% de libreros alemanes lo considera fundamental) y la moda (80%) y la modernidad (77%%) harán del lector de eBooks también un objeto del deseo. Aunque sólo un 62% le ven a éste “practicidad”, frente a un 85% que al de papel le ven un “valor” y un 76% “belleza”. Éste y la librería cuentan dos ventajas esenciales: el eBook no sirve como regalo y nada sustituye a la tienda como posibilidad de ojear y elegir.
Un tercio de los títulos
En el mercado en alemán, uno de los más lectores y grandes del mundo, un tercio de todas las publicaciones pueden obtenerse ya exclusiva o complementariamente como eBook. Pero el libro especializado o el ensayo científico supera ya en formato digital al impreso y en literatura y divulgación alcanza ya un 20%.
Hay “grandes posibilidades de crecimiento” y desarrollos multimedia complementarios al libro, en lo que trabajan ya anglosajones y chinos. En Europa, Jürgen Neffe sí cree que el eBook ofrece otras lecturas y ha desarrollado Libroid, aplicación (7,99€) que permite, sea leer en vertical, sea conocer su contexto, imágenes y referencias, al ponerlo horizontal. “Es otra manera de leer una historia”, dice Katharina Hacker, que rehace para Libroid su “Alix, Anton y los otros”. Campos como el libro de texto, de cocina, la novela histórica o el manual hacen adecuado el sistema y son de máxima venta, añade Neffe.

14 de octubre de 2010

11 de octubre de 2010

Lección de alemán


Este fin de semana he podido ver desarrollada esta idea de una manera compleja, precisa y muy hermosa en una novela de un escritor alemán.
Normalmente no suelen gustarme las traducciones de los títulos de obras extranjeras. Y es que con el cambio de lengua, a veces se pierden matices importantes. No ocurre así con Lección de alemán, en la que  el traductor ha acertado plenamente, llegando casi a superar el título original de Siegfried Lenz, Die Deutsche Stunde, literalmente La hora de alemán.
En apariencia, el significado es el mismo. Sin embargo la posibilidad de interpretación que ofrece el título en español es mayor y más acorde con el tema del libro. Die Deutsche Stunde, se refiere al motivo desencadenante de la acción de la novela: el castigo al que se ve sometido un chico por entregar en blanco el cuaderno en el que tenía que escribir una redacción durante la hora de alemán.
Con la elección del traductor del título de la obra en español, vamos más allá. Así Lección de alemán no es sólo hora dedicada al estudio de alemán, sino también una muestra de lo que es una persona alemana. Para ello el autor emplea fundamentalmente a tres personas: el protagonista, Siggi, un joven que está ingresado en un reformatorio, su padre Jens y el pintor Nansen. Siggi es el instrumento del que se sirve el narrador para hacer resurgir una serie de acontecimientos surgidos en el pasado, pero que todavía no han concluido, al ser el propio Siggi una consecuencia de los mismos.
Siggi elige como ejemplo de persona que cumple con alegría el deber la figura de su padre, un policía de un tranquilo pueblo de Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial llega una orden de Berlín que deberá ejecutar el policía: prohibir que el famoso pintor Nansen vuelva a poner sus pinceles en un lienzo, por considerar que sus obras son peligrosas para la humanidad y dan una mala imagen de la raza alemana. 
A partir de ese momento se contraponen dos conceptos del deber: el del padre de Siggi, que obedece ciegamente las órdenes que le vienen impuestas desde fuera, y el del pintor, que sólo está dispuesto a seguir lo que su conciencia le dicta como correcto. Entre ambas figuras se sitúa Siggi, que recibe la orden de su padre de espiar al pintor. Siggi, por su parte, es un buen amigo de éste, quien le encarga que esconda algunos de sus cuadros. 
Atrapado entre dos formas de concebir el mundo, Siggi, un muchacho muy sensible, tratará de encontrar su forma de cumplir el deber; una vida doble que acabará por romper al adolescente.
Un libro duro, que en ocasiones recuerda a El Guardián entre el centeno, pero sin su humor de fondo. Una novela para tener en casa.


7 de octubre de 2010

Uso y abuso de la adjetivación en la Literatura


La literatura emplea todos los medios de los que dispone el lenguaje para embellecer su discurso y la adjetivación es el método más empleado para lograr sus fines; sin embargo, un abuso puede provocar el efecto contrario.
Las especiales características del adjetivo nos explican porqué.
Ni los gramáticos griegos ni los latinos consideraron al adjetivo como una categoría independiente. En general, unos lo incluían dentro de la categoría verbal y otros dentro de la nominal. La más interesante es la que lo consideraba en la categoría verbal dentro de las predicaciones del verbo (Gramática de Platón). Esta concepción se basaba en consideraciones de tipo sintáctico y formal y es lo que conocemos como predicado nominal.
La consideración del adjetivo como categoría independiente se da en la Edad Media con los Modistas que ya tratan al adjetivo con un modo de significación distinto del sustantivo, el único con categoría nominal (este concepto lo comparten con los estoicos griegos) aquí influyen las características de tipo morfológico o flexivo. A partir de esta consideración, se estudiará al adjetivo como categoría propia.
Desde el punto de vista semántico, el adjetivo puede diferenciarse del sustantivo porque éste “considera” los objetos, es decir “piensa” los objetos con existencia independiente, mientras que cuando el hablante considera los objetos con dependencia del significado de otra categoría, los expresa desde el adjetivo.
Esta consideración semántica es la que considera Guillaume: El proceso de adjetivación es un proceso de tipo general, que se acerca al universal semántico, va más allá de la generalización. En este sentido distingue entre incidencia interna e incidencia externa: el sustantivo goza de incidencia interna mientras que el adjetivo posee incidencia externa (es decir, necesita para significar la presencia del sustantivo). Según este criterio, también el verbo posee incidencia externa, y sin embargo en el verbo aparece un criterio de tipo temporal, se hace una alusión al tiempo, cosa que no ocurre ni en el sustantivo ni en el adjetivo.
Otra definición de tipo semántico es la que dan Amado Alonso y Henríquez Ureña: indican que al sustantivo corresponden conceptos independientes, mientras que al adjetivo y al verbo corresponden conceptos dependientes.
Desde el punto de vista formal, el adjetivo comparte con el sustantivo los formantes constitutivos (género y número) y facultativos (prefijos, sufijos...). La principal diferencia entre éstos, se da en el proceso de concordancia al depender el adjetivo del sustantivo y en el hecho de que el adjetivo admite grados (superlativo, comparativo...).
El grado es la principal característica del adjetivo y lo que distingue la simple enunciación de la cualidad frente a enunciaciones de tipo comparativo o valorativo. En el caso de la literatura, se trata de expresar valoraciones con interés peyorativo o de exaltación de características...
Formalmente, los comparativos de superioridad de tipo sintáctico que se emplean son: más que; de igualdad tan + adj. + como, igual de + adj. + que, lo mismo de + adj. + que; inferioridad menos + adj. + que.
El empleo de estas formas con intención literaria demuestra un conocimiento de la lengua poética tan pobre como un chiste de Chiquito.
Procedimientos de grado de tipo morfológico son: los sufijos del superlativo absoluto -ísimo -érrimo (forma culta) y si añadimos connotaciones de tipo enfático, los prefijos archi- super- re- requete- que añaden matices sociales: supermolón, archifamoso, remalo, requetemalo; formas que también debemos desechar a no ser que las empleemos con la semiótica que implican... Restos de formaciones latinas que van despareciendo son -ior, -ius.
No todos los adjetivos admiten grados, hay algunos que indican cualidades o características que no se pueden calificar: eléctrico =/ más eléctrico, muerto =/ menos muerto, casos que poéticamente sólo se admiten si poseen significación literaria no errónea: tan muerto como un gusano??? Un muerto muy muerto (ironía enfática).
La gramática tradicional ha clasificado los adjetivos como calificativos y determinativos, y los define funcionalmente por cómo inciden o modifican al sustantivo.
Los adjetivos calificativos designan cualidades, en general son los que aportan un contenido semántico nuevo, mientras que los determinativos designan relaciones, sitúan al sustantivo al que acompañan con respecto de una serie de referencias lingüísticas (de espacio, tiempo y persona); su significación es relativa y ocasional. El epíteto, sin embargo, al tratarse de una repetición, está dentro de la zona de las atribuciones del sustantivo, por eso se le considera más calificativo que determinativo. El epíteto (Moreu de la Cruz) es una palabra, no necesariamente un adjetivo, pero que toma su función, y que se une al sustantivo no para determinarlo sino para ampliar su significado.
El uso de epítetos en la literatura ha de ser mesurado: el abuso de determinadas formas puede provocar el efecto contrario al buscado: "Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo" (Quevedo).
Otra categoría de adjetivos que habría que considerar son los relacionantes, que se caracterizan por servir de puente entre dos oraciones -referente y antecedente- y que se sitúan entre la oración principal y la que hace de subordinado. En este tipo incluimos los relativos, interrogativos y exclamativos, pero no vamos a centrarnos en éstos porque su uso en literatura, como en la sintaxis, es estrictamente necesario.
La posición del adjetivo es otro tema a discutir en la literatura. En principio, la gramática tradicional indica que la posición del adjetivo indica ya de por sí matices de significado. En estas variaciones de colocación influyen valores de tipo histórico, morfosintácticos, rítmicos y semánticos.
El adjetivo antepuesto al sustantivo es de tipo explicativo, insiste en una de las cualidades del sustantivo, precisando y concretando su significado: refrescante bebida (de las muchas cualidades que posee esa bebida -dulce, cítrica, de determinado color...- se hace referencia sólo a una de ellas). Así, el adjetivo antepuesto matiza una de las características -de las muchas que posee un nombre- mientras que si está pospuesto esta característica no es esencial sino “accidental”: bebida refrescante (Bello-Salvà). Este aspecto en literatura es esencial, ya que implica, con el cambio de orden del adjetivo, toda una serie de matices:

Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana.
Vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana. (Zorrilla)

Otros autores dicen que en el español hay un orden lógico según el cual el complementado precede al complemento: sustantivo + adjetivo, y toda alteración de ese orden se percibe como una desviación de tipo estilístico “La humana naturaleza”. Desde el punto de vista psicológico Hansseny Lenz indica que el adjetivo antepuesto indica un carácter subjetivo, ya sea moral o estético, y el pospuesto un carácter objetivo de tipo lógico: un gran emperador; un hombre grande. Esto explica el que determinados adjetivos antepuestos varíen completamente el significado de una palabra; son muy populares los juegos de palabras: No es lo mismo un pobre hombre que un hombre pobre.
La principal diferencia formal entre sustantivo y adjetivo es que éste no admite artículo y sí admite grado.
Esta diferencia formal hace que en la mente del hablante-lector se identifiquen como características esenciales todo lo que sea sustantivo: camisa, mujer, y como características complementarias su adjetivación: grande, carmesí, y se consideran “extraños del lenguaje” las alteraciones lógicas del orden, determinar con artículos a los adjetivos, añadir grados al sustantivo y se les asignen valores estilísticos.
En la lengua coloquial son muy comunes las metáforas, las metonimias y las comparaciones, y por ende en la literatura: lleva una camisa tan grande como una plaza de toros; es una mujer carmesí (pasional).
Esta forma de expresarse que comparten literatura y habla, influidas mutuamente, provoca frecuentemente el abuso de esta categoría.
La adjetivación, como hemos visto, es una categoría gramatical que tiene una función específica: la de complementar al sustantivo. Su misión en literatura se amplía, como hemos visto, a la de embellecer el discurso a través de la calificación, o del empleo de epítetos, o de traslaciones (adjetivación de sustantivos, adverbios, verbos...). El proceso de traslación por el cual una categoría diferente a la del adjetivo pasa a desempeñar su función es muy común en la lengua literaria: naricísimo, mañanísimas. El problema surge, como en todo, con el abuso.
Un mal texto literario es aquel que abusa de los adjetivos ante la falta de vocabulario: Era un muchacho muy pobre = paupérrimo; por un empleo equivocado de las palabras: Hicimos un superperiplo por el barrio chino (ejemplo auténtico); por exceso de adjetivación: Oscura y turbia noche invernal.
El caso es que la adjetivación en literatura ha de entenderse como el arte de intensificar la expresión, sin dejarse llevar por la tentación de sobreadjetivar un texto que ya de por sí, en la mayoría de los casos, posee ya significado.

Carmen Javaloyes


Sobre BlogLeo


 Después de hablar con unos cuantos amigos sobre un taller de lectura y mientras lo consultaba con la almohada, se me vino a la cabeza una idea, que probablemente pueda resultar más interesante para todos los que queráis participar en esta iniciativa del Rincón.
Probablemente, muchos de vosotros seáis amigos de personas que comparten vuestra afición por la lectura. Así que, ¿por qué no unificamos y leemos aquí, en el Rincón, libros que podáis leer y comentar en vuestras tertulias? De este modo podríamos recoger aquí las aportaciones que habéis hecho en vuestros respectivos grupos. Espero vuestros comentarios a esta modificación del taller.

6 de octubre de 2010

El Ciberquijote de la Mancha


El Quijote tiene 405 años; la Real Academia Española, 297, y YouTube, cinco. Las diferencias de edad parecen insalvables para una relación seria, pero ayer la RAE hizo de puente entre el siglo XVII y el XXI poniendo al mejor Cervantes al alcance de la mastodóntica plataforma audiovisual de Google. A YouTube llegan alrededor de 24 horas de vídeo por minuto: lo dijo ayer Javier Rodríguez Zapatero, director general de Google para España, Portugal y Turquía. Luego hizo la conversión de todas esas horas a películas de extensión media: 140.000 a la semana.
Cualquier internauta puede leer y colgar en la web una parte de la obra. La novela ha sido dividida en 2.419 fragmentos, de ocho líneas cada uno. El resultado sumará unas 71 horas de visión ininterrumpida.
Esa inmensa videoteca acaba de abrir una ventana especial para la edición académica del Quijote. Desde ayer los hispanohablantes de todo el mundo pueden colgar en YouTube sus vídeos con la lectura de un fragmento de la novela de Miguel de Cervantes
En la sede de la RAE, su director, Víctor García de la Concha, grabó las primeras líneas de la obra -"En un lugar de La Mancha..."- una vez se solucionaron algunos problemas con el ordenador elegido. Pasa en las mejores familias. También, está visto, en casa del herrero. Cosas de encantadores, diría don Quijote. Por suerte eran molinos y no gigantes, y no hubo siquiera que recurrir al socorrido bálsamo informático: apagar y encender.
La lectura del segundo fragmento corrió a cargo del director de Google España y el resto del libro queda a disposición de los internautas para que la lectura siga desde cualquier rincón del planeta y con cualquier acento, sea o no el español su lengua materna.
Para ello no hay más que entrar en www.youtube.com/elquijote y hacer clic en participar. "No sé si clic está en el diccionario académico", se preguntó Zapatero (sí está, sin k). En ese instante se le asignará un fragmento del Quijote y tendrá seis horas para colgar su vídeo en la plataforma con sede en San Bruno (California).
La RAE ha dividido el Quijote en 2.419 fragmentos, a razón de ocho líneas por fragmento, unos dos minutos de lectura. Es decir, algo más de 71 horas en total, casi tres días con sus noches. Habrá que esperar a que se complete la lectura del libro para poder acceder al resultado, que estará disponible en la Red indefinidamente.
La selección de los vídeos correrá a cargo del Centro de Estudios Cervantinos de Alcalá de Henares. Como explicó Darío Villanueva, secretario de la RAE, la labor del centro se limitará a comprobar "que lo leído se corresponde con el fragmento asignado y que su dicción no altera el significado del texto".
La edición elegida ha sido la preparada por Francisco Rico y editada por la propia RAE y Alfaguara en 2004 con motivo del cuarto centenario de la publicación de la novela, celebrado al año siguiente. Esa edición, que lleva vendidos dos millones y medio de ejemplares, continuaba la tradición de quijotes académicos.
Fundada en 1713, la Real Academia publicó su primera edición de la obra cervantina en 1780. Luego vendrían cuatro más, en 1782, 1787, 1819 y la citada de 2004. Ayer, en la biblioteca de la institución pudieron verse todas esas ediciones y una rareza: los pequeños bustos de terracota con los personajes del libro que la institución difundió entre los diferentes ilustradores para unificar la apariencia de los personajes en la primera edición. De Doré a Dalí, a Cervantes nunca le faltaron ilustradores célebres, pioneros de las más de 300 adaptaciones al cine y la televisión de las andanzas del ingenioso hidalgo. YouTube no es, pues, más que un nuevo eslabón en una cadena que tiene ya más de cuatro siglos.
Según Víctor García de la Concha, la nueva ciberaventura de Alonso Quijano nace de la necesidad de impulsar el uso del español en Internet: "Todavía no tiene en la Red la presencia que merece en relación con el número de sus hablantes ni con su aportación a la cultura".
Bajo el retrato "apócrifo" de Cervantes que preside el salón en el que los nuevos académicos leen sus discursos de ingreso, García de la Concha recordó un episodio chino y cervantino, es decir, humorístico. En su dedicatoria de la segunda parte del Quijote (de 1615) el escritor habla del éxito que había conocido la primera (publicada en 1605) y cuenta una petición que "el grande emperador de la China" le había hecho llegar en una carta "en lengua chinesa". El emperador le ofrecía dirigir un colegio en el que se enseñaría eso que hoy llamamos la lengua de Cervantes. Como el soberano olvidó enviar también dinero, todo quedó ahí. Ahora don Quijote podrá ir y venir sin problemas, no sabemos si también sin censura, por el lejano Oriente.
 El País

5 de octubre de 2010

Albert Camus


Este texto ha sido tomado y modificado parcialmente de la entrada que sobre este autor existe en Wikipedia con el objeto de preparar a los participantes en Blogleo para su lectura de La peste.

Albert Camus nació en una familia de colonos franceses dedicados al cultivo del anacardo en el departamento de Constantina. Su madre, Catalina Elena Sintes, nacida en Birkadem (Argelia) era analfabeta y casi totalmente sorda. Su padre, Lucien Camus trabajaba en una finca vitivinícola, cerca de Mondovi, para un comerciante de vinos de Argel, y era de origen alsaciano. Movilizado durante la Primera Guerra Mundial, es herido en combate durante la Batalla del Marne y fallece en el hospital de Saint-Brieuc en octubre de 1914, hecho que propicia el traslado de la familia a Argel a casa de su abuela materna. 
Albert Camus
Ubicados en Argel, Camus realiza allí sus estudios, alentado por sus profesores, especialmente Louis Germain en la escuela primaria, a quien guardará total gratitud, hasta el punto de dedicarle su discurso del Premio Nobel; y también Jean Grenier, en el instituto, quien lo inició en la lectura de los filósofos, y especialmente le dio a conocer a Nietzsche.
Comenzó a escribir muy pronto: sus primeros textos fueron publicados en la revista Sud en 1932. Tras la obtención del bachillerato, obtiene un diploma de estudios superiores en letras, en la rama de filosofía. La tuberculosis le impide participar en el examen de licenciatura.
En 1935 comenzó a escribir El revés y el derecho que fue publicado dos años más tarde. En Argel funda el Teatro del Trabajo que en 1937 reemplaza por El Teatro del Equipo. En esos años Albert Camus abandona el Partido Comunista por serias discrepancias, como el Pacto germano-soviético y su apoyo a la autonomía del PC de Argelia respecto al Partido Comunista Francés.
Jean Paul Sartre
Entra a trabajar en el Diario del Frente Popular.: Su investigación La miseria de la Kabylia tiene un gran impacto. En 1940 el Gobierno General de Argelia prohíbe la publicación del diario y maniobra para que Camus no pueda encontrar trabajo. Camus emigra entonces a París y trabaja como secretario de redacción en el diario Paris-Soir. En 1943 trabaja como lector de textos para la editorial Gallimard. El anarquista Andre Prudhommeaux lo presentó, en 1948, por primera vez, en el movimiento libertario, en una reunión del Círculo de Estudiantes Anarquistas, como simpatizante que ya estaba familiarizado con el pensamiento anarquista. Camus escribió a partir de entonces para publicaciones anarquistas, siendo articulista de Le Libertaire, Le révolution proletarienne y Solidaridad Obrera (de la CNT). 
Camus, junto a los anarquistas, expresó su apoyo a la revuelta de 1953 en Alemania Oriental. Estuvo apoyando a los anarquistas en 1956, primero a favor del levantamiento de los trabajadores en Poznan, Polonia, y luego, en la Revolución húngara. Fue miembro de la Fédération Anarchiste.
Su ruptura con Jean-Paul Sartre tiene lugar en 1952 tras la publicación en Les Temps Modernes del artículo que éste encargó a Francis Jeanson, donde reprochaba a Camus que su rebeldía era "deliberadamente estética".
Existen corrientes de opinión que afirman que esta ruptura nunca tuvo lugar realmente. La confusión entre las cartas a Sartre enviadas en la década del 1932 al 1954 fue el indicador de que Camus negaba su influencia, achacándola a 'malentendidos intencionados'. Futuras indagaciones siembran dudas sobre la autoría real de esas cartas.
Camus elaboró una reflexión sobre la condición humana. Rechazando la fórmula de un acto de fe en Dios, en la historia o en la razón, se opuso simultáneamente al cristianismo, al marxismo y al existencialismo. No dejó de luchar contra todas las ideologías y las abstracciones.
 Camus murió el 4 de enero de 1960, en un accidente de coche. Entre los papeles que se le encontraron había un manuscrito inconcluso, El primer hombre, de gran contenido autobiográfico. Camus fue enterrado en Lourmarin.

Temporal







Qué distinto el otoño
para mí que voy,
para ti que quedas.

Masaoka Shiki

2 de octubre de 2010

A propósito de Enma

Un día, hablando con una amigo, me hizo dos confesiones: la primera es que su libro favorito era Madame Bovary. Yo no lo había leído todavía pero no me pareció una mala elección dadas las críticas que, a lo largo de la Historia de la Literatura, se han hecho sobre la novela. La segunda declaración me dejó perpleja: si tenía una hija se llamaría Enma, en honor a este personaje sufrido, luchador y extraordinario. Mi idea previa del carácter del personaje, no era esa.
Después de haber leído el libro varias veces, de haber buscado entre líneas algún significado oculto me quedó la impresión de no haber entendido bien la historia. Porque no sólo mi amigo consideraba admirable la conducta de Enma; también muchos críticos literarios alaban el carácter de esta mujer calificándola de un ser heroico que se esfuerza, del mismo modo que hizo D. Quijote, por alcanzar sus ideales forjados en la lectura, de tratarse de un ser fuera de lo común.
De mi lectura del libro extraje yo varias conclusiones. Primero, D. Quijote y Madame Bovary se parecen en su afición a los libros. Pero mientras el hidalgo siente afición por los libros de caballerías, la dama se inclina por la novela sentimental y de amor.
Segundo, y siguiendo con esta comparación, D. Quijote se vuelve loco y decide poner por obra los ideales caballerescos: llevar el bien a los necesitados, a los menesterosos y a los pobres, en honor de su dama. Madame Bovary no se vuelve loca. Sólo desea casarse del mismo modo que lo hacen las heroínas de sus libros: con hombres ricos, guapos y románticos, eternamente apasionados en grado superlativo. Así mientras D. Quijote con su locura decide dedicarse en cuerpo y alma a servir a su dama arreglando el mundo, Enma busca desde su cordura su propio interés.
En tercer lugar, como suele suceder con los seres generosos, D. Quijote hace a lo largo de su camino bastantes amigos, algunos enemigos, y sobre todo adquiere la tranquilidad de estar haciendo lo que debe. Enma por el contrario se caracteriza por su aislamiento. En su matrimonio no consigue establecer una comunicación auténtica. Con sus amantes, se dedica ante todo al propio placer, a la destrucción de su matrimonio y a destrozar todas las relaciones que establece al exigir de los hombres una continua dedicación y admiración por su persona.
Al final de ambas novelas, los dos personajes mueren. D. Quijote, cuerdo, rodeado de los que le quieren muere en su dormitorio. Enma, enloquecida al ver que ha destruido la fortuna familiar, se suicida sola.
Muchos críticos afirman que Madame Bovary busca su ideal por los únicos caminos que tiene una mujer en el siglo XIX. Al no satisfacerle su marido como esposo ideal, busca a través del adulterio un placer que, sin embargo no consigue encontrar nunca.
Sin embargo no creo que Enma sea un personaje heroico. Es una figura que se deja llevar por un afán de consumo en lo material y en el sexo. Siempre más, en este caso, significa hastío siempre. Lo material no es capaz de llenar al ser humano. Puede satisfacer temporalmente su parte corporal, pero deja vacío su espíritu. Por otro lado, Enma tenía otras soluciones. Es cierto que Carlos no es un marido muy romántico. Pero también lo es que está locamente enamorado de Enma, que haría cualquier cosa por su mujer. Ésta se cierra sobre sí misma y en lugar de buscar la solución a sus problemas a través del diálogo, busca el remedio fuera de casa.
Mi última conclusión jamás se la contaré a mi amigo: ninguna hija mía se llamará Enma.



1 de octubre de 2010

Lo que no suele ocurrir


Lo que no suele ocurrrir ha sucedido. No es normal que empiece un libro y lo deje. Pero hoy lo he abandonado.
Andaba yo ha vueltas con la Historia del libro, lenguaje xhtml, html, con Frontpage, las Reglas de catalogación del ministerio y el formato Ibermarc y Marc, o lo que es lo mismo: estaba con la cabeza como un bombo. 
Necesitaba con urgencia leer algo inteligible, con un argumento interesante, bien escrito y tranquilo. 
Y compré un libro que parecía prometer algunas de estas cosas. Una novela del siglo XIX, de un clásico francés como Balzac, que tenía como tema la venganza que una mujer descarga sobre su familia debido a su desmedida envidia.
Si lo que estáis buscando es una trama perversa, llena de depravación moral, desenfreno de las pasiones más bajas del ser humano,  bien escrita no lo dudéis: La prima Bette es vuestro libro. Yo he tenido que abandonar su lectura por resultarme en exceso malvada. Sí. Lo confieso públicamente. 
El argumento comienza in medias res con la proposición del señor Crevel a su consuegra, la baronesa Hulot, para que se convierta en su amante. Su afán es conseguir los favores de esta mujer para vengarse del barón Hulot, quien le había robado previamente a su amante. La baronesa rechaza a su consuegro pues se trata de una persona íntegra, si bien conoce que desde hace años su marido le es infiel. Adeline, que así se llama la baronesa se crió en compañía de Bette, su prima. Bette a diferencia de Adeline, era una mujer poco agraciada, tosca y poco amiga de aceptar consejos de su familia. Cuando Adeline la lleva a París tras su matrimonio con el barón, despechada por lo que cree que es un trato desdeñoso y humillante por parte de su prima, decide destrozarle la vida. Y acierta en el método, que no va a ser otro que el de llevar a la ruina económica y lo que es peor afectiva de toda su familia.
Bette es tan perversa como la duquesa de Las amistades peligrosas. Se sirve de las personas a su antojo y usa las pasiones como instrumento para destruir a las personas. Sus maquinaciones para destrozar a sus familiares son tan complejas como las arañas que elaboran concienzudamente esas telas esféricas durante horas para dejar sin escapatoria a sus víctimas.
Así que, llegando a la mitad del libro, y teniendo en cuenta que, a pesar de mi pasión por los animales, siento aversión por las arañas, he decidido dejar este libro, que, aunque genialmente tramado, supone retrato excesivamente detallado de las peores acciones de las que es capaz el ser humano.

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