5 de diciembre de 2010

En defensa de Emma

Muchas veces los seguidores del blog enviáis vuestras opiniones, pensamientos o ideas para confrontarlas con las que aquí expongo. Puede que al final os quede la duda de si realmente vuestros comentarios sirven de algo. La respuesta es que rotundamente sí.
Hoy he podido leer un comentario de un crítico literario, Mauricer Naude, a propósito de Madame Bovary que ha enviado un seguidor del blog. Os lo transmito.
Si hoy en día todavía somos sensibles a la virulencia de la acusación que Flaubert dirige a la humanidad es, sobre todo, a causa de las cualidades de esta obra que, en virtud de una química misteriosa, permite la fusión del sujeto con el objeto y la de la subjetividad más íntima con verdades de carácter general. Escuchamos, pues, este canto desesperado que habla de la incurable soledad del hombre, de su incapacidad para la vida y de su fracaso fundamental. Y para comprenderlo plenamente, no basta con seguir las anotaciones del pentagrama, sino que, de vez en cuando, hay que levantar la vista de la página impresa, hay que largar las amarras de la palabra y navegar por el mar de la modulación.
Salen, entonces, a nuestro encuentro parajes desconocidos, formas cambiantes y del color impreciso de los sueños. El negro, entonces, no es tan negro, es más bien gris verdoso, gris azulado, gris perla a punto de convertirse en gris púrpura. Vemos volar, entonces, a un pájaro solitario, o quizás a una mariposa, enamorado del sol y de la luz solar, y le vemos caer al suelo con las alas rotas.
Si hubieran alzado su cabeza para contemplar su vuelo, todos los mediocres habitantes de Yonville-l'Abbaye hubieran aumentado su talla en unos centímetros y hubieran tenido la mala conciencia de continuar una vida tan a ras de suelo. La mujercita del oficial de sanidad les hubiera a todos un alma suplementaria.
Los contemporáneos de Flaubert, ensordecidos por los gorgoritos románticos, no estaban preparados para escuchar un canto tan sutil, y no vieron en esta especie de don Quijote femenino que es Emma, más que una golfa. En cierta medida, eran todos parroquianos de Yonville-l'Abbaye, prestos al comadreo y a la indignación hipócrita. Después, durante cincuenta años, Madame Bovary fue relegada a la vitrina de los objetos artísticos y adorada como una reliquia por los escritores, que vieron en ella a una obra maestra aburrida para el gran público. El tiempo de purgatorio parece estar tocando a su fin: Emma a vuelto entre nosotros con su eterna juventud.
 Tras estos magníficos párrafos, en los que el crítico francés no sólo se muestra como un lector avispado, sino como un creador poeta, quiero hacer una pequeña rectificación respecto a la entrada que hice hace ya unos meses.
Independientemente de la opinión que la conducta moral de Emma pueda merecer, lo cierto es que las circunstancias no le fueron propicias: fue criada por un padre que tenía puestos sus ojos en lo que él quería que fuera el futuro de su hija; un padre bueno, pero rudo y zafio para la sensibilidad de Emma. Ésta, educada en un colegio de monjas, donde se había puesto en contacto con la literatura del momento, una literatura sentimental que preparaba su alma sólo para soñar y no para vivir con los pies en el suelo, se agarró a Carlos como un naúfrago se sujeta en el mar a un madero algo podrido. 
Y escapó de la casa paterna. Ganó en independencia, en solvencia económica y, aunque no fuera consciente de ello, en amor por parte de su marido. Pero perdió parcialmente su inocencia y sus sueños se fueron al traste. Su marido no era cómo ella había soñado. Y siguió buscando hasta que creyó encontrar la respuesta. Enamorada de un duque, de su título, de su educación y su aspecto se entregó a él. Recuperó parte de sus sueños. Pero éstos se fueron al traste cuando su amante se cansó de ella.
¿Es imposible el amor eterno? No lo creo. Pero es difícil, por no decir imposible que el amor sea perfecto, al menos en este mundo. Carlos amaba a su mujer a su modo burgués. No era un marido al modo novelesco que deseaba Emma, pero probablemente hubiera sido un buen marido y Emma con su inteligencia podría haber conseguido un cambio en él. Porque entre el duque y Carlos hay una diferencia: Carlos amaba a su mujer de verdad; el duque sólo su apariencia, su aspecto.
Emma ve en esta novela como todos sus sueños se destrozan. El matrimonio, que ella pensaba que iba a solucionar todos sus males como ella quería que se solucionaran, no lo hace. Su adulterio, que ella pensaba llevar con valor ante la sociedad, siempre que se resolviera como ella deseaba, acaba como muchas de estas relaciones y más en la sociedad decimonónica, con la ruptura. Y Emma cree que todo está perdido. Es un alma rota, con sus deseos hechos trizas. Y es que a Emma nadie le enseñó a vivir, sólo a soñar; nadie le explicó que el amor es entrega sacrificada y no sólo ensoñación y satisfacción personal.
Perdona Emma el mal que te hizo tu educación sentimental, la sociedad en la que viviste. No creo que seas exactamente  el personaje que desearía tener como modelo, aunque tuviste el arrojo de intentar vivir lo que soñabas. Lastima que tus sueños estuvieran equivocados.

Quiero expresar mi agradecimiento a Carlos Antonio Pereira por haberme descubierto el texto de Maurice Naude, Todo lo que siempre quise decir de Madame Bovary.



3 comentarios:

  1. …a Emma nadie le enseñó a vivir, sólo a sonar…

    Palabras todavía relevantes para muchos hoy. Será una de las razones porque seguimos leyendo Madame Bovary.

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  2. Me ha gustado mucho su reseña acerca del choteo que hacen las masas acerca de lo que no alcanzan, la más importante libertad a lograr yace en el interior de cada persona.

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  3. Lo malo de los sueños es cuando no te das cuenta de que los sueños, sueños son.
    Creo que lo bueno de Emma es que Flaubert no se comprometió abiertamente con ninguna de las posturas. Se limita a fotografiar y así cada uno se identifica con la parte más cercana a sí mismo.
    La libertad interior ¡¡¡¡algo muy difícil! Creo que hay un libro sobre campos de concentración, El hombre en busca de sentido, que trata del tema. Lo leí hace ya años y me gustó.
    Gracias por vuestros comentarios. Soís increíbles

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