10 de noviembre de 2010

¡Que fácil es escribir!

Para N. Jazmati, que está aprendiendo a escribir
 
Un rotulador robado a una madre agobiada, un trozo de pared y media hora fue lo que necesité con dos años para rellenar  las paredes de una habitación de cabezas de mi oso de peluche. Por suerte era bastante pequeña todavía y el mural no llegó hasta el techo de la habitación.
Poco después, el jardín de infancia. La lengua fuera, el lápiz me lo daba la profesora y tenía que rellenar renglones hasta conseguir que fueran iguales que el ejemplo de la línea impresa: "mi mamá me mima y me domina", expresión curiosa con la que el destino me castigaba por la gamberrada de dos años antes. Y a los seis años, los cuadernos, los primeros dictados, las matemáticas y demás asignaturas de la escuela y el instituto.
Si consideramos lo que le cuesta al niño aprender a escribir, parece casi un chiste que la escritura tardara milenios en aparecer. Lo que a nosotros nos costó cinco años, al ser humano le ocupó cinco milenios durante los cuales su forma de transmitir las ideas pasó por una serie de estadios. En primer lugar se utilizó el pictograma, un dibujo que asume el significado del objeto representado. Si dibujaba un bisonte, el significado era ese: el animal conocido como bisonte. Si la pintura era un árbol, el sentido estaba claro: árbol.
Con el tiempo apareció el ideograma, una imagen convencional o símbolo que en la escritura de ciertas lenguas significa una palabra, morfema o frase determinados, sin representar cada una de sus sílabas o fonemas. Así un ojo puede significar mirar, una estrella el cielo, etc.; o, retomando el dibujo anterior, bisonte podía significar bisonte, pero también cazar.
Este sistema  suponía una mayor riqueza expresiva pero, a la vez, requería un elevado número de signos distintos y originaba una gran confusión, junto a la dificultad de ser interpretado por la multitud de significados que podía tener. La aparición del fonograma supuso la asignación de un valor fonético fijo al dibujo. Su aparición se debe a la necesidad de transcribir nombres propios, flexiones verbales, adverbios…etc.
La invención de los alfabetos se remonta al segundo milenio antes de Cristo. En la zona de Siria y Palestina surgió el llamado alifato.  Las necesidades de tipo comercial de los pueblos allí establecidos favorecieron la aparición de un nuevo sistema de escritura que partía de la simplificación de la escritura cuneiforme, contaba con el reconocimiento del alfabeto fonético y terminó dando como resultado un alfabeto consonántico destinado a escribir lenguas que, como las semíticas, tienen raíces consonánticas casi siempre trilíteras, en las que las vocales sirven como procedimiento gramatical para formación de derivados, conjugación, formación de plurales, etc.  El alifato se dividió en dos: el fenicio y el arameo, de los que más tarde derivaron los alfabetos más utilizados en el mundo -excepto chino y japonés.
Los griegos, probablemente, conocieron este sistema de escritura en la ciudad Gibl (en Libano de hoy), un importante centro cultural y de comercio que llamaron Biblos; lo adoptaron en Grecia, transformando algunas consonantes y semi-consonantes en vocales. También variaron la dirección de algunas letras y generalizaron el modo de escribir de izquierda a derecha. Su aparición se suele fechar hacia el 900 a. C. 
Cinco años, sólo cinco años de práctica y conseguiremos dominar el arte de la escritura, resultado de una serie de descubrimientos que el ser humano realizó a lo largo de cinco milenios de su historia.

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