15 de noviembre de 2010

El candelabro enterrado

 Para Teresa


Cuando empiezo varios libros que me atraen por su título, la publicidad que se ha hecho de ellos o las recomendaciones de mis amigos y se me caen de las manos una y otra vez, me resulta un auténtico placer descubrir un pequeño tesoro como esta novela de Stefan Zweig.
Este escritor austriaco se centra en la novela en un tema complejo: la salvaguarda de los objetos sagrados, de lo religioso, frente al ataque pagano.
Para ello desarrolla un argumento sencillo y redondo. Cuando los bárbaros entran en Roma, su jefe Genserico promete al papa León que en el expolio de la urbe sólo tomará los objetos valiosos y respetará la vida de las personas. Y tal como promete, asï obra: casa por casa, templo por templo Genserico se adueña con sus huestes de todo aquello que puede tener valor.
Aunque la mayoría de personas se sienten tranquilas al ver su vida a salvo, la comunidad judía permanece en vilo: durante años han permanecido en Roma porque entre los objetos del tesoro de palacio se encuentra la Menorá (el candelabro de siete brazos del templo de Salomón), objeto de valor religioso por su significación de vínculo y alianza con Dios. Y ahora, cuando ya pensaban que el candelabro iba a tener una patria en la ciudad italiana, ven amenazadas sus esperanzas con el expolio bárbaro. Muy pronto se confirman las sospechas: un judio que trabaja en el tesoro de palacio, observa cómo los invasores van llevándose todos los objetos valiosos. Sin embargo, entre tanta riqueza, la Menorá pasa desapercibida y en un descuido cae al suelo. El judio la entierra como puede, pero en el último instante un bárbaro la ve y la incorpora al botín.
A pesar de todos los intentos de los judios por recuperar el objeto sagrado, no lo consiguen y ante esta situación la asamblea de sabios toma una decisión: once ancianos seguirán al candelabro, junto con un niño, que pueda dar testimonio, cuando ellos hayan muerto, de que la Menorá existe y dónde se encuentra. Para la tarea sale elegido Benjamín, el nieto de uno de estos ancianos.
El pequeño empieza el viaje sin entender muy bien su propósito, pero el rabino más anciano, Eleazar, le explica todas aquellas cosas que el niño no entiende bien. Al llegar al puerto donde el tesoro va a embarcar, el candelabro cae al suelo y Benjamín se lanza para recuperar el objeto sagrado. Un golpe de un esclavo y un brazo roto por haber intentado tomar lo sagrado con sus manos serán todo lo que consiga.
La acción se desarrolla en dos tramos temporales, entre los que media un lapso de unos ochenta años. En el segundo de ellos, Benjamín es ya un sabio reputado en la comunidad judía. Sin embargo, su interior sigue atormentado pues no sabe qué es lo que Dios quiere de él. Será  el momento en  se reciban nuevas noticias de la Menorá, cuando sienta que su destino se va a descubrir.
En esta novela, además del valor de lo sagrado, la vanidad de la riqueza, la vocación del ser humano, Stefan Zweig analiza la religiosidad como un elemento que da sentido a la existencia no sólo de un ser humano, sino de todo un pueblo.

2 comentarios:

  1. Anónimo11/16/2010

    He leído la novela y estoy totalmente de acuerdo en lo que dices. Está muy bien escrita y de alguna forma cuando la leí pensé que le podría servir a Spielberg como guión para alguna película.

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  2. Me parece, de todos modos, que Spielberg no sabría captar el sentido trascendental del libro.

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