1 de octubre de 2010

Lo que no suele ocurrir


Lo que no suele ocurrrir ha sucedido. No es normal que empiece un libro y lo deje. Pero hoy lo he abandonado.
Andaba yo ha vueltas con la Historia del libro, lenguaje xhtml, html, con Frontpage, las Reglas de catalogación del ministerio y el formato Ibermarc y Marc, o lo que es lo mismo: estaba con la cabeza como un bombo. 
Necesitaba con urgencia leer algo inteligible, con un argumento interesante, bien escrito y tranquilo. 
Y compré un libro que parecía prometer algunas de estas cosas. Una novela del siglo XIX, de un clásico francés como Balzac, que tenía como tema la venganza que una mujer descarga sobre su familia debido a su desmedida envidia.
Si lo que estáis buscando es una trama perversa, llena de depravación moral, desenfreno de las pasiones más bajas del ser humano,  bien escrita no lo dudéis: La prima Bette es vuestro libro. Yo he tenido que abandonar su lectura por resultarme en exceso malvada. Sí. Lo confieso públicamente. 
El argumento comienza in medias res con la proposición del señor Crevel a su consuegra, la baronesa Hulot, para que se convierta en su amante. Su afán es conseguir los favores de esta mujer para vengarse del barón Hulot, quien le había robado previamente a su amante. La baronesa rechaza a su consuegro pues se trata de una persona íntegra, si bien conoce que desde hace años su marido le es infiel. Adeline, que así se llama la baronesa se crió en compañía de Bette, su prima. Bette a diferencia de Adeline, era una mujer poco agraciada, tosca y poco amiga de aceptar consejos de su familia. Cuando Adeline la lleva a París tras su matrimonio con el barón, despechada por lo que cree que es un trato desdeñoso y humillante por parte de su prima, decide destrozarle la vida. Y acierta en el método, que no va a ser otro que el de llevar a la ruina económica y lo que es peor afectiva de toda su familia.
Bette es tan perversa como la duquesa de Las amistades peligrosas. Se sirve de las personas a su antojo y usa las pasiones como instrumento para destruir a las personas. Sus maquinaciones para destrozar a sus familiares son tan complejas como las arañas que elaboran concienzudamente esas telas esféricas durante horas para dejar sin escapatoria a sus víctimas.
Así que, llegando a la mitad del libro, y teniendo en cuenta que, a pesar de mi pasión por los animales, siento aversión por las arañas, he decidido dejar este libro, que, aunque genialmente tramado, supone retrato excesivamente detallado de las peores acciones de las que es capaz el ser humano.

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