14 de septiembre de 2010

Entrevista a Reyes Calderón


Reyes Calderón ha publicado otra novela policiaca, El último paciente del Dr. Wilson, protagonizada por sus personajes habituales y, con ocasión de su edición, en el Diario de Navarra han realizado una entrevista a esta profesora de economía, que aprovecha su insomnio para desarrollar tramas cada vez más interesantes.
A continuación reproduzco la entrevista recogida en dicho diario:

¿Por qué alguien puede matar a otro? Si llevamos la maldad en los genes, si es el ambiente el que nos moldea y nos hace malos, alguien que vive en un ambiente sórdido acaba siendo sórdido o al revés. ¿O hay parte de nuestra decisión voluntaria, el que decide ser malo porque sí? ¿Cuál es su conclusión?

Yo creo que debe sacarla cada uno. Hay un episodio en la novela en el que a un grupo de personas les ofrecen una cacería un poco especial: la presa es un hombre. ¿Quién puede matar a sangre fría, cazar, algo que ha pasado en realidad, según parece? ¿Quién, fríamente, puede coger una escopeta y disparar?

La novela, de hecho, surge de un chispazo: las imágenes reales en las que un grupo de chavales daba fuego a una mujer en un cajero.

A mí me impactó mucho aquello entre otras razones porque conocía a alguno de los padres. Es muy fuerte que tengamos una sociedad en la que alguien pueda grabar con el móvil la muerte de otra persona pudiéndola evitar. Pero en cualquier caso no es una novela filosófica, es de intriga, de acción, donde uno se posiciona. Se ve cómo un asesino va cambiando el arma, el modus operandi para que no lo pillen. Es una novela muy rápida. Me decía una persona: "¡Me ha durado noche y media, tengo un sueño...!". Sí que es un poco adictiva, quizá sea una de las que más.

Stieg Larsson y usted fueron dos de los autores más vendidos en la última Feria del Libro. ¿La gente necesita engancharse?

A veces llevamos una vida de mucha presión, crisis, estrés... y uno quiere evadirse. La diferencia entre Larsson y esta novela es que a mí no me interesa la violencia por la violencia. Me interesa comprender la condición humana, al chaval que graba la muerte de una mendiga. No consiste en que te cuenten la maldad, sino que es una historia en la que tú te sumas como protagonista.

Al morir Larsson tenía en mente unos diez libros de Millenium. ¿Esta serie también tienen final?

Yo siempre estoy trabajando en algo. La siguiente tiene que ver con el crimen perfecto. Sobre si eso existe o no. Me estoy divirtiendo mucho, la verdad.

¿Tiene alguna en reposo?

Esa. Está escrita pero ahora está leyéndola el forense.

¿Este equipo que le asesora, por cierto, es el mismo desde el principio?

Voy añadiendo personas conforme las necesito. Aquí he necesitado psiquiatras. El mundo de la mente humana es fascinante. Me ha tocado estudiar un montón de psiquiatría por la noche pero es que somos gente muy compleja. Ayer escuchaba que nuestra cabeza es un ordenador potentísimo y que consume poquísimo.

El planteamiento de la novela es casi un juego, ¿no? Un asesino que busca al azar en un mapamundi dónde va a cometer el siguiente crimen...

De hecho, la página web [www.lolamachor.com] representa el despacho de la juez, con los escenarios, las pistas, un mapamundi que te lleva exactamente en Google Earth al lugar donde se ha producido el asesinato...

Que la web se llame con el nombre del personaje ya da idea de la importancia que les da. Los diseña con detalle, la jueza disimula sus pecas con maquillaje, por ejemplo. ¿Los prepara mucho?

Yo creo que ellos me enganchan a mí. Hay veces que intento ponerle a un personaje una frase en la boca y no se deja. Para mí ya tienen su propia vida. Yo casi voy contemplándolos desde fuera. La jueza empezó en Pamplona cuando no era juez, con un asesinato en Sanfermines. Ha ido ganando en años y en experiencia, y cambiando un poco de perspectiva. Yo creo que al lector lo que le gusta es ir poniéndose en la piel de una persona normal, alguien que es juez pero que tiene que comprar leche, o ir a levantar un cadáver pensando que tiene que recoger al niño de un cumpleaños.

MacHor está inspirada en una amiga juez, pero no sé si usted le presta también rasgos. Ambas son ex fumadoras, por ejemplo.

Siempre los personajes tienen algo tuyo, más de lo que quisiera. Pero a mí por ejemplo nunca me hubiera gustado ser juez. Es verdad que a veces la gente le gusta verse, hay alguno que incluso te pide que pongas a alguien su nombre o que protestan cuando lo haces.

¿Ve en el cine estas novelas?

Sí que son cinematográficas. Espero que estén pronto.

¿Hay algún intento, algún proyecto, propuesta...?

Bueno... tiene que haber un buen guión y ahora yo creo que tenemos directores de cine en España muy buenos.

¿Cómo vive el éxito?

Me sigue sorprendiendo una barbaridad pero tampoco tengo mucho tiempo para pararme a pensarlo. Siempre tengo cosas que hacer. Me sorprende, pero la verdad es que creo que no he cambiado lo más mínimo. Doy gracias a Dios y para adelante.

¿Se acuerda de la última vez que perdió el tiempo?

No. ¡En la vida hay tantas cosas que hacer y tan distintas! Desde hacer una buena chistorra a leer un buen libro, hacer deporte, estar con la familia, reírte, ir al cine... pasear por esta tierra...

¿Qué tal se lleva con sus colegas escritores?

Es gente extraordinaria. Yo aprendo muchísimo en las reuniones, cenas, premios y cosas de este tipo. Conoces gente interesantísima, cada uno de su padre y de su madre. Lorenzo Silva, por ejemplo, es un tipo estupendo. Vas leyendo sus novelas, vas conociéndole a él, viendo las interconexiones...

¿Y sus hijos van entrando?

Los mayores, a los pequeños no les dejamos. La verdad es que son grandes críticos. A veces los editores no se atreven a decirte determinadas cosas, y así los productos no mejoran. Yo necesito que me digan qué puede estar mejor, y rehago las veces que haga falta. Ésta [señala un ejemplar] por ejemplo es la número 21 de esta novela.


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