9 de agosto de 2010

La casa del propósito especial


Para Yoli y Moncho por su hospitalidad

Cuando hace cuatro semanas me marché de vacaciones a Tui (destino que por cierto recomiendo), tenía muy claro cuál iba a ser mi ocupación: desconexión total: ni mail, ni blog, ni oposición, ni cartas, ni móvil ni inalámbrico. Si acaso, algún libro muy muy ligero, de esos de los que no hablo demasiado por este sitio y que alguna vez me demanda algún seguidor descontento.
Así llegué a casa de mi cuñada, con ese propósito tan habitual en vacaciones de descansar y olvidarme de lo que forma parte de mi vida diaria. Y he aquí que cayó entre mis manos un libro del autor del libro El niño del pijama de rayas, obra que intenté leer sin éxito. Sin embargo la portada en la que aparecía un paisaje nevado que contrastaba con los casi cuarenta grados de temperatura exterior y el que hubiera regalado yo misma ese libro para Navidad a un familiar por recomendación de una amiga, me movieron a echarle un ojo, por si acaso.
Y la casualidad funcionó. John Boyne, del que se dice que escribió El niño del pijama de rayas en 24 horas -algo sobre lo que no me cabe ninguna duda- había evolucionado. Del estilo algo improvisado del citado libro, parecía haber pasado a una narración mucho más elaborada sobre un tema algo menos usual que el de la repercusión Segunda Guerra Mundial en los niños.
En La casa del propósito especial, John Boyne cuenta la historia de Georgi Danilovich Yáchmenev, un chico de una aldea rusa que, tras salvar la vida de un miembro de la familia del Zar, es vendido por su familia para que pase a formar parte de la guardia del heredero Alexis.
La historia está narrada desde una doble perspectiva: la de un narrador omnisciente protagonista, el propio Georgi, que desde el presente refiere los acontecimientos más relevantes que le han conducido a la situación actual; y la de un narrador protagonista que cuenta cómo van pasando los últimos días de existencia junto a su esposa Zoya.
Por otro lado y como resulta evidente, el escritor se mueve entre dos tiempos: el presente y el pasado tratando de plantear un pequeño misterio sobre su propia identidad y sobre la de su esposa.
De final predecible, hay que agradecer al autor un mayor esfuerzo en la ambientación de los escenarios, su juego con las perspectivas y los tiempos y sobre todo el proporcionar una lectura fácil y amena que ayudará a pasar bien el tiempo de verano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ENTRADAS