29 de junio de 2010

No te dejes el libro cuando vayas a la playa






Para las amigas recuperadas


No te olvides la toalla cuando vayas a la playa es lo que decía una canción que se oía por la radio cuando era pequeña y que me hacía mucha gracia. Os propongo que el libro sea como la toalla. Un objeto que no nos vamos a dejar en casa cuando nos marchemos de vacaciones, igual que tampoco olvidamos el bañador o nuestra camiseta favorita.
Probablemente penséis que tengo olvidado el blog. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que la preparación de las oposiciones me absorbe tanto la cabeza que me siento sin fuerzas para escribiros nada.
Pero sé que estáis aquí, en el ciberespacio y no puedo dejar de daros por lo menos una noticia breve de algunos de los libros que he leído durante este tiempo, por si os gustan y os apetece llevar alguno en la maleta.
Una de las cosas que he hecho durante estos meses ha sido darme un baño de literatura japonesa. He descubierto un autor muy especial que me ha pillado: primero por su forma de escribir, sencilla pero cuidada y además por ser exactamente lo que yo imaginaba que debía ser un japonés.
A muchos os sonará Natsume Soseki. Es autor de varias novelas entre ellas Botcham, Shanshiro, Soy un gato y Kokoro. No es este el orden en el que estas obras fueron escritas, sino la secuencia en que las fui leyendo.
Botcham es el relato en primera persona de un estudiante recién graduado que es enviado a provincias como profesor a una escuela de secundaria. La novela relata de modo sencillo y lineal las desventuras que sufre el personaje que da título a la obra durante el accidentado año que vive en provincias. La novela, como se ha dicho innumerables veces, es un éxito entre la juventud japonesa y es lectura obligatoria en las escuelas. En la introducción se dice que Botcham es un personaje del que el lector puede reírse porque inspira antipatía. Nada más lejos de mi opinión. Nos podemos reír de las desgracias del protagonista, pero siempre con una risa compasiva. No estamos ante un héroe, pero sí ante una persona amable e ingenua que actúa según unos principios morales que chocan con los de un mundo de seres corruptos.

Más interesante que Botcham, aunque en la misma línea argumental es Sanshiro, una novela de aprendizaje de un joven de provincias que acude a Tokio para cursar sus estudios en Literatura. En el tren conoce a un maestro de escuela que le llama poderosamente la atención y con el que gracias a su mejor amigo de la universidad, trabará una profunda relación. Junto con las aventuras intelectuales de la vida universitaria, el joven sentirá por primera vez el amor, hacia una joven modelo de gran belleza a la que intentará conquistar.
Por su grado de humor y sarcasmo destaca Soy un gato, una de las obras más divertidas de Soseki. El protagonista es un gato que no tiene nombre y que, a punto de morir nada más nacer, consigue sobrevivir al ser acogido en la casa de un maestro. El gato es un testigo de excepción de todos lo que acontece en la vida de los habitantes de la casa y sus amigos, pues nadie advierte su presencia y puede hacer un estudio de la curiosa raza humana, la única que no tiene pelo más que en la cabeza.
Soy un gato cuenta la vida diaria del maestro, las visitas de sus amigos y sus propias aventuras, su amor platónico por una gata y una batalla monumental que mantiene con las ratas para tratar de ganar puntos delante de su amo. Un libro divertido, elaborado con un ritmo lento.
Nadie que espere emociones fuertes o una acción desenfrenada va a disfrutar con la novela. El gato recuerda en algunos episodios a El Buscón de Quevedo, pues a fin de cuentas el felino no es sino un pícaro que se busca la vida y que nos ofrece una visión grotesca de la misma. La obra incluye una descripción hiperbólica de la nariz de una vecina, que también recuerda la conocida poesía de Quevedo "Erase un hombre a una nariz pegado".

Finalmente tenemos Kokoro. Una gran obra de la literatura japonesa y sin duda la novela culminante del escritor japonés. Relata la relación de amistad y quasi filiación entre un estudiante y un sensei, un sabio, que da una lección de vida a su joven amigo a través de las conversaciones que mantiene con él y en una de las cartas que le envía. Es sin duda la obra con más sabor japonés de todas las del escritor en la que la tragedia hace acto de presencia y se juega con la anticipación y los puntos de vista con maestría.
El escritor, a lo largo de sus novelas se desarrolla una serie de personajes, que se aunan en un mismo abanico: el de las relaciones humanas de amistad y afán de sabiduría. Mientras Botcham trata la vida en una escuela, Sanshiro se centra en la vida universitaria, Soy un gato en la caricatura de un maestro y Kokoro en el amor y el conocimiento teórico y práctico de la vida.
Natsume Soseki puede parecernos un escritor extraño, en ocasiones monótono; pero quien se acerca a él con ojos limpios puede descubrir una gran sensibilidad y una forma diferente de ver el mundo.


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