9 de abril de 2010

La puerta

Hay veces en las que no se sabe que leer. Los libros se escurren entre las manos como el agua o la arena y los títulos de los estantes van pasando por delante de nuestros ojos produciéndonos una especie de hastío.

En una situación de este tipo me encontraba yo cuando hace unas semanas me paseaba por entre las estanterías de mi biblioteca municipal. Me apetecía leer algo nuevo, pero no por ello normal. Quería descubrir otro de esos libros a los que llamamos “el libro”.
Y de repente ahí lo vi. El nombre de una escritora, Magda Szabo, a la que acababa de conocer gracias a su novela La balada de Iza.
Así que como otras veces, la arena se hizo piedra y por fin pude coger un libro en préstamo.
La novela hace honor a su título. La puerta empieza y acaba con dos movimientos paralelos mediante los cuales la narradora abre y cierra la entrada a su conciencia. Entre dos capítulos marco en los que la protagonista, una escritora de éxito, hace un ejercicio consciente de invitar y despedir a su lector, se sitúa la acción de La puerta, que no puede ser más sencilla: las peculiares relaciones entre la escritora y una asistenta que se ve obligada a contratar cuando, debido a un cambio de la situación política de su país, la protagonista puede volver a ejercer como autora.

Emerenc, que así es como se llama la criada, es un personaje extraño. Respetada e incluso temida por toda la comunidad, (incluidos los perros), realiza trabajos de asistenta a la vez que barre las calles cuando nieva, asiste a los convalecientes, visita a las parturientas, acompaña a los moribundos, esconde a los que huyen de la persecución de cualquier tipo y rescata gatos de la muerte.
Sin embargo, su mayor rareza es que nunca, jamás ha permitido que nadie cruce la puerta de su casa. Tan sólo permite la entrada a los más allegados al vestíbulo de su hogar, lugar en el que les atiende de modo opulento. El secreto que Emerenc debe esconder tras la puerta es objeto de múltiples elucubraciones por parte de sus amigos y vecinos y también de la escritora, que a lo largo de toda la obra se esfuerza por establecer una relación de amistad con esta peculiar mujer.
La puerta es una novela destacada, según muchos, la mejor de Szabo. Me atrevo a sugerir que quizá puedan sobrar algunas de las páginas en las que la protagonista reflexiona sobre su yo solitario y atormentado y el personaje de su criada. En todo caso no deja indiferente.

La puerta es un motivo que se repite constantemente en la novela, tanto estructuralmente (con los capítulos de entrada y salida), como metafóricamente: es la barrera que alzamos entre nuestra intimidad y la de los demás, la que oculta nuestro ser más íntimo que sólo estamos dispuestos a mostrar a los que más queremos. Así, el tema de la comunicación cobra una importancia esencial, recordando a otras escritoras como Carmen Martín Gaite o Virginia Wolf, en una novela que recomiendo, cuando menos, leer.


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