28 de noviembre de 2009

La balada de Iza





Para Camino, mi compañera de trabajo y una ayuda imprescindible para llegar a los libros


Cuando me planteé por primera vez la elaboración de un blog personal, tenía claro que quería centrarlo en un ámbito que fuera importante para mí. Un mundo especial que fuera capaz de recoger mis inquietudes, trasmitirlas a los demás y a la vez escuchar los ecos de otras personas interesadas en esos temas.
Para ello, la literatura se presentó como el espacio ideal, virtual y artístico, en el que centrarme.
Diseñar el blog fue difícil: ya el nombre fue un problema. Todos los nombres bonitos estaban escogidos. Así que el que encontré en el fondo de mi imaginación fue un hallazgo precioso.
Dentro de una gran biblioteca, como la de Alejandría, un pequeño espacio, un rincón acogedor, gemütlich, como dirían los alemanes, en el que los visitantes se sintieran importantes y en familia.
Ahora, con un horario de locos que me obliga a madrugar más que a los gallos, muchas veces echo de menos tener más tiempo para poder escribir más entradas. A veces, algunos seguidores me bombardean: escribe más, ¿por qué no publicas más entradas en el blog?
No me olvido en absoluto de mi rincón. Es más, dentro de mi cabeza y de mi corazón existe este rincón. Pero precisamente por el cariño con el que lo he creado quiero que las entradas tengan un nivel mínimo, el que vosotros y yo nos debemos.
En la actualidad trabajo en una biblioteca. Podéis reiros, pero he acabado donde debía terminar. Y aquí, en la sección de catalogación, a cuyos componentes dedico esta entrada, me doy cuenta cada día más de la inmensa ignorancia en la que vivo.
Así puedo abordar la novela que estoy leyendo en estos momentos. Es una obra de Magda Szabó. Hace un mes no os habría podido decir nada de esta escritora húngara, cuya prosa sencilla, elegante y emotiva, esta calando en mi alma.
Investigando la autoría de un libro del siglo XIX con mi compañera de trabajo, Camino, fue cuando fui a parar al lomo de este libro. Precisamente fue Camino la senda que me dirigió hasta él.
En esta obra he reconocido muchas voces de autores que he leído en el pasado: Shakespeare, Turgeniev, Casona o Carmen Martín Gaite en versión mejorada.
La novela de la que estoy hablando nos presenta el conflicto que surge cuando al morir Vince en un sencillo pueblo, su hija Iza decide llevarse consigo a su madre a Budapest para evitar que se encuentre sola, languidezca y muera.
Sin embargo la realidad no es tan sencilla como parece. Pronto surgen conflictos entre las dos protagonistas de esta novela que la autora bien podría haber titulado Madres e hijas. Iza es una mujer divorciada, médico de renombre, con una vida afianzada en la capital. Su madre es una aldeana sin estudios, de gran sensibilidad y capacidad de observación.
Ambas comparten un rasgo de carácter: su orgullo. Este elemento se convertirá precisamente en el obstáculo para que se establezca entre ellas la comunicación necesaria para la convivencia cotidiana.

Iza se sacrifica para que la anciana se sienta segura y útil en el hogar, pero no de un modo desinteresado, sino como si la anciana tuviera que encajar en su complejo mundo diario a la perfección para que su imagen externa siga siendo la de una persona excepcional, capaz de solventar todos los problemas., incluso los más complejos, que surgen en su existencia Sin embargo, ésta advierte el esfuerzo de ambas y en un afán de no causar problemas se va recluyendo en sí misma sin manifestar su opinión, ni tomar decisiones propias.
Los días en Budapest se suceden iguales y monótonos. Pero la llegada de noviembre y la fiesta de difuntos remueven el corazón de la madre de Iza, que decide volver a su aldea para asegurarse de que la tumba de su marido ha quedado dispuesta tal como ella quería.
El reencuentro con su pueblo, sus vecinos, el ex-marido de Iza, con su conejo Capitán, van destruyendo poco a poco el muro de piedra que con el que ha procurado proteger sus sentimientos más delicados en el mundo de Iza.
El ritmo de esta narración en el que los objetos más nimios adquieren una honda importancia es lento y se ordena en torno a una alternancia en los puntos de vista desde los que se enfoca la acción de la obra, unos puntos de vista que a duras penas llegan a comunicarse y que nos muestran el interior de unos personajes atormentados por distintos demonios, de los cuales el peor es el de Iza, una mujer valerosa, valiente e inteligente, incapaz de abandonarse en una entrega generosa y confiada en aquellos que más le quieren.
Dura por el tema tratado, inteligente, delicada y matizada en el modo de abordarlo y perfecta hasta el desenlace, La balada de Iza es una obra imprescindible para lectores ávidos de buena literatura, que disfrutarán con esta novela de ritmo lento.


12 de noviembre de 2009

Momentos


Para Julia, que estará naciendo ahora







Cuánto ha costado
hacer este momento,
nadie lo sabe.


Insausti, Gabriel: Cristal ahumado

1 de noviembre de 2009

De Oblomov y otros gusanos

Para Mercedes, en su cumpleaños



A veces sucede que al simultanear la lectura de dos libros, encontramos entre ellos un vínculo que en principio no esperábamos entre obras tan dispares. Probablemente se deba a que la inteligencia, conmovida por la lectura, se encuentre más despierta para detectar las alusiones que se refieren a alguno de los elementos constitutivos de las obras.

Este fenómeno me sucedió hace unas semanas mientras leía Oblómov, una típica novela decimonónica rusa, y Radiaciones, un diario de Ernst Jünger sobre sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial. Dice este último autor:


"Siempre que vemos un gusano retorcerse, con nuestra conmiseración se mezcla también la repugnancia; algo parecido nos ocurre con el cerdo, el cual es afín al gusano en el modo de sufrir. Supongo que es así como se paga una existencia desprovista de preocupaciones -el gusano vive en la tierra grasa como si estuviera en el país de Jauja, y el cerdo se ha dejado degradar a la condición de glotón grasiento, un giro para el cual cabe presuponer que hubo, sino consentimiento, si idoneidad. En contraste con esto hay animales a los que vemos sufrir con mucha nobleza. En otros gusanos que viven de la depredación, como es el caso de los poliquetos, errantes, y en especial, de los quetognatos del género Sagitta, existen especies dotadas de una gran belleza, que a menudo he admirado a orillas del mar. Aquí vemos como lo que otorga nobleza no es el parentesco de sangre sino el modo de vivir."


Al leer este párrafo, tan trivial y descriptivo en su comienzo como trascendente en sus conclusiones me conmovió la profunda relación que entreví entre los dos tipos de gusanos y las figuras de la novela que estaba leyendo.

Oblómov es una obra de Iván Gonchárov, protagonizada esencialmente por dos personajes: Oblóvmov, un joven de la aristocracia rusa, acostumbrado desde su infancia a no hacer nada por sí mismo y por Scholz, su amigo hijo de un matrimonio formado por una aristócrata rusa y un alemán burgués, que supone la antítesis del temperamento de Oblómov.
Mientras éste deja pasar los días tumbado en un diván, con la misma ropa y sin atender a las ocupaciones que su hacienda genera, Scholz viaja por el mundo, ocupado en sus negocios y en dirigir su vida hacia un rumbo que tiene claro.

A pesar de la disparidad de caracteres, Oblomov (al que podríamos calificar de gusano de tierra grasa), y Scholz (el gusano depredador en palabras de Jünger) no interrumpen su amistad y continúan viéndose. Ante la decadencia de su amigo, Scholz intenta sacarlo de su inercia: le obliga a salir de su casa, lo lleva a bailes, le presenta a jóvenes atractivas y finalmente le pide que viaje con él al extranjero. Oblómov accede, pero cuando llega la fecha prevista, no acude al encuentro de su amigo. La razón no es otra que el amor que siente por una de las jóvenes que le ha presentado el alemán.
Pero si el modo de actuar sigue al modo de ser, el modo de amar también se corresponde con éste y Oblómov ama precisamente de una manera pasiva, sin tomar la iniciativa y dejando que sea su novia la que tome la iniciativa en todo momento.
Nos encontramos ante una novela que se debe calificar de clásica. En ella los dos personajes masculinos bailan, uno sentado y otro en continua acción en busca de la verdad, la belleza y, ante todo, el amor. Para tener en casa y releer con pausa.

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