18 de julio de 2009

Los elegidos



Para Marta, por nuestra amistad.
Sabado. Noche de verano algo calurosa. Mi marido y yo vamos a cenar a casa de unos buenos amigos. Después de leer un libro a sus niñas, que quedan dormidas en el acto tras un agotador día de pistina (como dicen ellas), nos ponemos a hacer la cena. Y ¡cómo no!, mis ojos se escapan a la librería en la que se mezclan libros de Matemáticas de alto nivel, Filosofía y Literatura. Pido permiso y me pongo a indagar como hago siempre que visito la casa. Marta acaba prestándome dos libros: Los elegidos y Olas.

Escogí Los elegidos por su autor, Chaim Potok. Hace algunos años había leído La promesa, disponible en ediciones Encuentro, y me gustó. Sin embargo, Los elegidos, pese a estar bien escrito y presentar algunos logros notables, me ha parecido más bien una anticipación de lo que luego sería La promesa.
Los elegidos, que se convirtió en bestseller, narra la historia de dos muchachos, Reuven Malter, un judío moderno relativamente bien insertado en la sociedad americana y Danny Saunders, un joven superdotado, hijo de un rabino asideo, enfrentado a la visión del judaísmo que tiene el padre de Reuven.
Enfrentados en un principio por la oposición en la interpretación del judaísmo por parte de sus padres, Reuven y Danny terminan haciéndose amigos a raíz de un incidente en un partido de beisbol, en el que Reuven está a punto de perder un ojo a consecuencia de una bola que Danny le lanza intención.
A raíz de este accidente los dos muchachos intiman e intercambian sus puntos de vista, sus preocupaciones y sus deseos para el porvenir. El padre de Danny, Reb Saunders, espera que su hijo lo suceda como rabino a la cabeza de su secta , pero Danny quiere realizar la carrera de psicología. Por el contrario, Reuven, es un habilidoso con las matemáticas, pero su deseo es convertirse en rabino. Así, en la novela, se presenta un choque entre deseos de padres e hijos, entre sectas del judaísmo, entre formas de entender la educación, y por otro lado se asiste al desarrollo de una profunda amistad entre dos personas que parecían llamadas a odiarse.
El tema del libro es por tanto interesante, como también lo son sus personajes, bien trazados y delimitados psicológicamente. El problema de la novela reside en sus largos pasajes dedicados a la exposición del Judaísmo. Es lógico que, dado el tema que aborda, aparezcan discusiones sobre la interpretación de la Ley y las Escrituras. Sin embargo, en la novela, llegan a resultar excesivas y ralentizan lo que podría haber sido una primera novela de gran calidad.
Con todo la obra alcanzó un gran éxito desde el principio y fue adaptada al cine en el año 1981 y llegó a conseguir importantes premios en el Festival Internacional de Cine de Montreal. El propio Potok apareció brevísimamente en la película interpretando a un profesor.

Un libro que aborda un tema interesante de una manera todavía un poco desmañada y que es superada con creces en La promesa.

14 de julio de 2009

El gato que caminaba solo



Para Carmen, que quiere tener a todos los animales .

Sucedieron estos hechos que voy a contarte, oh, querido mío, cuando los animales domésticos eran salvajes. El Perro era salvaje, como lo eran también el Caballo, la Vaca, la Oveja y el Cerdo, tan salvajes como pueda imaginarse, y vagaban por la húmeda y salvaje espesura en compañía de sus salvajes parientes; pero el más salvaje de todos los animales salvajes era el Gato. El Gato caminaba solo y no le importaba estar aquí o allá.
También el Hombre era salvaje, claro está. Era terriblemente salvaje. No comenzó a domesticarse hasta que conoció a la Mujer y ella repudió su montaraz modo de vida. La Mujer escogió para dormir una bonita cueva sin humedades en lugar de un montón de hojas mojadas, y esparció arena limpia sobre el suelo, encendió un buen fuego de leña al fondo de la cueva y colgó una piel de Caballo Salvaje, con la cola hacia abajo, sobre la entrada; después dijo:
-Límpiate los pies antes de entrar; de ahora en adelante tendremos un hogar.

Esa noche, querido mío, comieron Cordero Salvaje asado sobre piedras calientes y sazonado con ajo y pimienta silvestres, y Pato Salvaje relleno de arroz silvestre, y alholva y cilantro silvestres, y tuétano de Buey Salvaje, y cerezas y granadillas silvestres. Luego, cuando el Hombre se durmió más feliz que un niño delante de la hoguera, la Mujer se sentó a cardar lana. Cogió un hueso del hombro de cordero, la gran paletilla plana, contempló los portentosos signos que había en él, arrojó más leña al fuego e hizo un conjuro, el primer Conjuro Cantado del mundo.
En la húmeda y salvaje espesura, los animales salvajes se congregaron en un lugar desde donde se alcanzaba a divisar desde muy lejos la luz del fuego y se preguntaron qué podría significar aquello.
Entonces Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:
-Oh, amigos y enemigos míos, ¿por qué han hecho esa luz tan grande el Hombre y la Mujer en esa enorme cueva? ¿cómo nos perjudicará a nosotros?
Perro Salvaje alzó el morro, olfateó el aroma del asado de cordero y dijo:
-Voy a ir allí, observaré todo y me enteraré de lo que sucede, y me quedaré, porque creo que es algo bueno. Acompáñame, Gato.
-¡ Ni hablar! -replicó el Gato-. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.
-Entonces nunca volveremos a ser amigos -apostilló Perro Salvaje, y se marchó trotando hacia la cueva.
Pero cuando el Perro se hubo alejado un corto trecho, el Gato se dijo a sí mismo:
-Si no me importa estar aquí o allá, ¿por qué no he de ir allí para observarlo todo y enterarme de lo que sucede y después marcharme?
De manera que siguió al Perro con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.
Cuando Perro Salvaje llegó a la boca de la cueva, levantó ligeramente la piel de Caballo con el morro y husmeó el maravilloso olor del cordero asado. La Mujer lo oyó, se rió y dijo:
-Aquí llega la primera criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?
-Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo, ¿qué es eso que tan buen aroma desprende en la salvaje espesura? -preguntó Perro Salvaje.
Entonces la Mujer cogió un hueso de cordero asado y se lo arrojó a Perro Salvaje diciendo:
-Criatura salvaje de la salvaje espesura, si ayudas a mi Hombre a cazar de día y a vigilar esta cueva de noche, te daré tantos huesos asados como quieras.
-¡Ah! -exclamó el Gato al oírla-, esta Mujer es muy sabia, pero no tan sabia como yo.
Perro Salvaje entró a rastras en la cueva, recostó la cabeza en el regazo de la Mujer y dijo:
-Oh, amiga mía y esposa de mi amigo, ayudaré a tu Hombre a cazar durante el día y de noche vigilaré vuestra cueva.
-¡Ah! -repitió el Gato, que seguía escuchando-, este Perro es un verdadero estúpido.
Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad. Pero no le contó nada a nadie.

Al despertar por la mañana, el Hombre exclamó:
-¿Qué hace aquí Perro Salvaje?
-Ya no se llama Perro Salvaje -lo corrigió la Mujer-, sino Primer Amigo, porque va a ser nuestro amigo por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando salgas de caza.
La noche siguiente la Mujer cortó grandes brazadas de hierba fresca de los prados y las secó junto al fuego, de manera que olieran como heno recién segado; luego tomó asiento a la entrada de la cueva y trenzó una soga con una piel de caballo; después se quedó mirando el hueso de hombro de cordero, la enorme paletilla, e hizo un conjuro, el segundo Conjuro Cantado del mundo.
En la salvaje espesura, los animales salvajes se preguntaban qué le habría ocurrido a Perro Salvaje. Finalmente, Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:
-Iré a ver por qué Perro Salvaje no ha regresado. Gato, acompáñame.
-¡Ni hablar! -respondió el Gato-. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.
Sin embargo, siguió a Caballo Salvaje con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.
Cuando la Mujer oyó a Caballo Salvaje dando traspiés y tropezando con sus largas crines, se rió y dijo:
-Aquí llega la segunda criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?
-Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo -respondió Caballo Salvaje-, ¿dónde está Perro Salvaje?
La Mujer se rió, cogió la paletilla de cordero, la observó y dijo:
-Criatura salvaje de la salvaje espesura, no has venido buscando a Perro Salvaje, sino porque te ha atraído esta hierba tan rica.
Y dando traspiés y tropezando con sus largas crines, Caballo Salvaje dijo:
-Es cierto, dame de comer de esa hierba.
-Criatura salvaje de la salvaje espesura -repuso la Mujer-, inclina tu salvaje cabeza, ponte esto que te voy a dar y podrás comer esta maravillosa hierba tres veces al día.
-¡Ah! -exclamó el Gato al oírla-, esta Mujer es muy lista, pero no tan lista como yo.
Caballo Salvaje inclinó su salvaje cabeza y la Mujer le colocó la trenzada soga de piel en torno al cuello. Caballo Salvaje relinchó a los pies de la Mujer y dijo:
-Oh, dueña mía y esposa de mi dueño, seré tu servidor a cambio de esa hierba maravillosa.
-¡Ah! -repitió el Gato, que seguía escuchando-, ese Caballo es un verdadero estúpido.
Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad.
Cuando el Hombre y el Perro regresaron después de la caza, el Hombre preguntó:
-¿Qué está haciendo aquí Caballo Salvaje?
-Ya no se llama Caballo Salvaje -replicó la Mujer-, sino Primer Servidor, porque nos llevará a su grupa de un lado a otro por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando vayas de caza.

Al día siguiente, manteniendo su salvaje cabeza enhiesta para que sus salvajes cuernos no se engancharan en los árboles silvestres, Vaca Salvaje se aproximó a la cueva, y el Gato la siguió y se escondió como lo había hecho en las ocasiones anteriores; y todo sucedió de la misma forma que las otras veces; y el Gato repitió las mismas cosas que había dicho antes, y cuando Vaca Salvaje prometió darle su leche a la Mujer día tras día a cambio de aquella hierba maravillosa, el Gato se alejó por la salvaje y húmeda espesura, caminando solo como era su costumbre.
Y cuando el Hombre, el Caballo y el Perro regresaron a casa después de cazar y el Hombre formuló las mismas preguntas que en las ocasiones anteriores, la Mujer dijo:
-Ya no se llama Vaca Salvaje, sino Donante de Cosas Buenas. Nos dará su leche blanca y tibia por los siglos de los siglos, y yo cuidaré de ella mientras ustedes tres salen de caza.

Al día siguiente, el Gato aguardó para ver si alguna otra criatura salvaje se dirigía a la cueva, pero como nadie se movió, el Gato fue allí solo, y vio a la Mujer ordeñando a la Vaca, y vio la luz del fuego en la cueva, y olió el aroma de la leche blanca y tibia.
-Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo -dijo el Gato-, ¿a dónde ha ido Vaca Salvaje?
La Mujer rió y respondió:
-Criatura salvaje de la salvaje espesura, regresa a los bosques de donde has venido, porque ya he trenzado mi cabello y he guardado la paletilla, y no nos hacen falta más amigos ni servidores en nuestra cueva.
-No soy un amigo ni un servidor -replicó el Gato-. Soy el Gato que camina solo y quiero entrar en tu cueva.
-¿Por qué no viniste con Primer Amigo la primera noche? -preguntó la Mujer.
-¿Ha estado contando chismes sobre mí Perro Salvaje? -inquirió el Gato, enfadado.
Entonces la Mujer se rió y respondió:
-Eres el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No eres un amigo ni un servidor. Tú mismo lo has dicho. Márchate y camina solo por cualquier lugar.
Fingiendo estar compungido, el Gato dijo:
-¿Nunca podré entrar en la cueva? ¿Nunca podré sentarme junto a la cálida lumbre? ¿Nunca podré beber la leche blanca y tibia? Eres muy sabia y muy hermosa. No deberías tratar con crueldad ni siquiera a un gato.
-Que era sabia no me era desconocido, mas hasta ahora no sabía que fuera hermosa. Por eso voy a hacer un trato contigo. Si alguna vez te digo una sola palabra de alabanza, podrás entrar en la cueva.
-¿Y si me dices dos palabras de alabanza? -preguntó el Gato.
-Nunca las diré -repuso la Mujer-, mas si te dijera dos palabras de alabanza, podrías sentarte en la cueva junto al fuego.
-¿Y si me dijeras tres palabras? -insistió el Gato.
-Nunca las diré -replicó la Mujer-, pero si llegara a decirlas, podrías beber leche blanca y tibia tres veces al día por los siglos de los siglos.
Entonces el Gato arqueó el lomo y dijo:
-Que la cortina de la entrada de la cueva y el fuego del rincón del fondo y los cántaros de leche que hay junto al fuego recuerden lo que ha dicho mi enemiga y esposa de mi enemigo -y se alejó a través de la salvaje y húmeda espesura meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su propia y salvaje soledad
Por la noche, cuando el Hombre, el Caballo y el Perro volvieron a casa después de la caza, la Mujer no les contó el trato que había hecho, pensando que tal vez no les parecería bien.

El Gato se fue lejos, muy lejos, y se escondió en la salvaje y húmeda espesura sin más compañía que su salvaje soledad durante largo tiempo, hasta que la Mujer se olvidó de él por completo. Sólo el Murciélago, el pequeño Murciélago Cabezabajo que colgaba del techo de la cueva sabía dónde se había escondido el Gato y todas las noches volaba hasta allí para transmitirle las últimas novedades.

Una noche el Murciélago dijo:
-Hay un Bebé en la cueva. Es una criatura recién nacida, rosada, rolliza y pequeña, y a la Mujer le gusta mucho.
-Ah -dijo el Gato, sin perderse una palabra-, pero ¿qué le gusta al Bebé?
-Al Bebé le gustan las cosas suaves que hacen cosquillas -respondió el Murciélago-. Le gustan las cosas cálidas a las que puede abrazarse para dormir. Le gusta que jueguen con él. Le gustan todas esas cosas.
-Ah -concluyó el Gato-, entonces ha llegado mi hora.
La noche siguiente, el Gato atravesó la salvaje y húmeda espesura y se ocultó muy cerca de la cueva a la espera de que amaneciera. Al alba, la mujer se afanaba en cocinar y el Bebé no cesaba de llorar ni de interrumpirla; así que lo sacó fuera de la cueva y le dio un puñado de piedrecitas para que jugara con ellas. Pero el Bebé continuó llorando.
Entonces el Gato extendió su almohadillada pata y le dio unas palmaditas en la mejilla, y el Bebé hizo gorgoritos; luego el Gato se frotó contra sus rechonchas rodillas y le hizo cosquillas con el rabo bajo la regordeta barbilla. Y el Bebé rió; al oírlo, la Mujer sonrío.
Entonces el Murciélago, el pequeño Murciélago Cabezabajo que estaba colgado a la entrada de la cueva dijo:
-Oh, anfitriona mía, esposa de mi anfitrión y madre de mi anfitrión, una criatura salvaje de la salvaje espesura está jugando con tu Bebé y lo tiene encantado.
-Loada sea esa criatura salvaje, quienquiera que sea -dijo la Mujer enderezando la espalda-, porque esta mañana he estado muy ocupada y me ha prestado un buen servicio.
En ese mismísimo instante, querido mío, la piel de caballo que estaba colgada con la cola hacia abajo a la entrada de la cueva cayó al suelo... ¡Cómo así!... porque la cortina recordaba el trato, y cuando la Mujer fue a recogerla... ¡hete aquí que el Gato estaba confortablemente sentado dentro de la cueva!
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, soy yo, porque has dicho una palabra elogiándome y ahora puedo quedarme en la cueva por los siglos de los siglos. Mas sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

Muy enfadada, la Mujer apretó los labios, cogió su rueca y comenzó a hilar.
Pero el Bebé rompió a llorar en cuanto el Gato se marchó; la Mujer no logró apaciguarlo y él no cesó de revolverse ni de patalear hasta que se le amorató el semblante.
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, coge una hebra del hilo que estás hilando y átala al huso, luego arrastra éste por el suelo y te enseñaré un truco que hará que tu Bebé ría tan fuerte como ahora está llorando.
-Voy a hacer lo que me aconsejas -comentó la Mujer-, porque estoy a punto de volverme loca, pero no pienso darte las gracias.
Ató la hebra al pequeño y panzudo huso y empezó a arrastrarlo por el suelo. El Gato se lanzó en su persecución, lo empujó con las patas, dio una voltereta y lo tiró hacia atrás por encima de su hombro; luego lo arrinconó entre sus patas traseras, fingió que se le escapaba y volvió a abalanzarse sobre él. Viéndole hacer estas cosas, el Bebé terminó por reír tan fuerte como antes llorara, gateó en pos de su amigo y estuvo retozando por toda la cueva hasta que, ya fatigado, se acomodó para descabezar un sueño con el Gato en brazos.
-Ahora -dijo el Gato- le voy a cantar A Bebé una canción que lo mantendrá dormido durante una hora.
Y comenzó a ronronear subiendo y bajando el tono hasta que el Bebé se quedó profundamente dormido. contemplándolos, la Mujer sonrió y dijo:
-Has hecho una labor estupenda. No cabe duda de que eres muy listo, oh, Gato.
En ese preciso instante, querido mío, el humo de la fogata que estaba encendida al fondo de la cueva descendió desde el techo cubriéndolo todo de negros nubarrones, porque el humo recordaba el trato, y cuando se disipó, hete aquí que el Gato estaba cómodamente sentado junto al fuego.
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, aquí me tienes, porque me has elogiado por segunda vez y ahora podré sentarme junto al cálido fuego del fondo de la cueva por los siglos de los siglos. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

Entonces la Mujer se enfadó mucho, muchísimo, se soltó el pelo, echó más leña al fuego, sacó la ancha paletilla de cordero y comenzó a hacer un conjuro que le impediría elogiar al Gato por tercera vez. No fue un Conjuro Cantado, querido mío, sino un Conjuro Silencioso; y, poco a poco, en la cueva se hizo un silencio tan profundo que un Ratoncito diminuto salió sigilosamente de un rincón y echó a correr por el suelo.
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, ¿forma parte de tu conjuro ese Ratoncito?
-No -repuso la Mujer, y, tirando la paletilla al suelo, se encaramó a un escabel que había frente al fuego y se apresuró a recoger su melena en una trenza por miedo a que el Ratoncito trepara por ella.
-¡Ah! -exclamó el Gato, muy atento-, entonces ¿el Ratón no me sentará mal si me lo zampo?
-No -contestó la Mujer, trenzándose el pelo-; zámpatelo ahora mismo y te quedaré eternamente agradecida.
El Gato dio un salto y cayó sobre el Ratón.
-Un millón de gracias, oh, Gato -dijo la Mujer-. Ni siquiera Primer Amigo es lo bastante rápido para atrapar Ratoncitos como tú lo has hecho. Debes de ser muy inteligente.
En ese preciso instante, querido mío, el cántaro de leche que estaba junto al fuego se partió en dos pedazos... ¿Cómo así?... porque recordaba el trato, y cuando la Mujer bajó del escabel... ¡hete aquí que el Gato estaba bebiendo a lametazos la leche blanca y tibia que quedaba en uno de los pedazos rotos!
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, aquí me tienes, porque me has elogiado por tercera vez y ahora podré beber leche blanca y tibia tres veces al día por los siglos de los siglos. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

Entonces la Mujer rompió a reír, puso delante del Gato un cuenco de leche blanca y tibia y comentó:
-Oh, Gato, eres tan inteligente como un Hombre, pero recuerda que ni el Hombre ni el Perro han participado en el trato y no sé qué harán cuando regresen a casa.
-¿Y a mi qué más me da? -exclamó el Gato-. Mientras tenga un lugar reservado junto al fuego y leche para beber tres veces al día me da igual lo que puedan hacer el Hombre o el Perro.
Aquella noche, cuando el Hombre y el Perro entraron en la cueva, la Mujer les contó de cabo a rabo la historia del acuerdo, y el Hombre dijo:
-Está bien, pero el Gato no ha llegado a ningún acuerdo conmigo ni con los Hombres cabales que me sucederán.
Se quitó las dos botas de cuero, cogió su pequeña hacha de piedra (y ya suman tres) y fue a buscar un trozo de madera y su cuchillo de hueso (y ya suman cinco), y colocando en fila todos los objetos, prosiguió:
-Ahora vamos a hacer un trato. Si cuando estás en la cueva no atrapas Ratones por los siglos de los siglos, arrojaré contra ti estos cinco objetos siempre que te vea y todos los Hombres cabales que me sucedan harán lo mismo.
-Ah -dijo la Mujer, muy atenta-. Este Gato es muy listo, pero no tan listo como mi Hombre.
El Gato contó los cinco objetos (todos parecían muy contundentes) y dijo:
-Atraparé Ratones cuando esté en la cueva por los siglos de los siglos, pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

-No será así mientras yo esté cerca -concluyó el Hombre-. Si no hubieras dicho eso, habría guardado estas cosas (por los siglos de los siglos), pero ahora voy arrojar contra ti mis dos botas y mi pequeña hacha de piedra (y ya suman tres) siempre que tropiece contigo, y lo mismo harán todos los Hombres cabales que me sucedan.
-Espera un momento -terció el Perro-, yo todavía no he llegado a un acuerdo con él -se sentó en el suelo, lanzando terribles gruñidos y enseñando los dientes, y prosiguió-: Si no te portas bien con el Bebé por los siglos de los siglos mientras yo esté en la cueva, te perseguiré hasta atraparte, y cuando te coja te morderé, y lo mismo harán todos los Perros cabales que me sucedan.
-¡Ah! -exclamó la Mujer; que estaba escuchando-. Este Gato es muy listo, pero no es tan listo como el Perro.
El Gato contó los dientes del Perro (todos parecían muy afilados) y dijo:
-Me portaré bien con el Bebé mientras esté en la cueva por los siglos de los siglos, siempre que no me tire del rabo con demasiada fuerza. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
-No será así mientras yo esté cerca -dijo el Perro-. Si no hubieras dicho eso, habría cerrado la boca por los siglos de los siglos, pero ahora pienso perseguirte y hacerte trepar a los árboles siempre que te vea, y lo mismo harán los Perros cabales que me sucedan.

A continuación, el Hombre arrojó contra el Gato sus dos botas y su pequeña hacha de piedra (que suman tres), y el Gato salió corriendo de la cueva perseguido por el Perro, que lo obligó a trepar a un árbol; y desde entonces, querido mío, tres de cada cinco Hombres cabales siempre han arrojado objetos contra el Gato cuando se topaban con él y todos los Perros cabales lo han perseguido, obligándolo a trepar a los árboles. Pero el Gato también ha cumplido su parte del trato. Ha matado Ratones y se ha portado bien con los Bebés mientras estaba en casa, siempre que no le tirasen del rabo con demasiada fuerza. Pero una vez cumplidas sus obligaciones y en sus ratos libres, es el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá, y si miras por la ventana de noche lo verás meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su salvaje soledad... como siempre lo ha hecho.

Ruyard Kipling

12 de julio de 2009

La comedia humana

Primer objetivo de lectura de este verano, cumplido. Quería leer esta novela breve de W. Saroyan y la verdad es que no me ha costado mucho esfuerzo dada su brevedad y la ligereza y naturalidad con que el autor relata esta historia.
En medio de la Segunda Guerra Mundial, en un pueblo de Estados Unidos llamado Ithaca, un joven de 14 años llamado Homer, necesita un trabajo. Su padre ha muerto y su hermano mayor ha sido llamado a filas. Muy pronto consigue trabajo para entregar los telegramas que durante esos días aciagos llegan al pueblo, algunos con buenas noticias y muchos anunciando la muerte de jóvenes de familias del pueblo que han sido heridos o han muerto en batalla.
Homer es un chico alegre y despreocupado que va madurando conforme va llevando a cabo su tarea y va teniendo contacto con los destinatarios de los telegramas. Despierto y sensible, no es ajeno al sufrimiento de quienes le rodean y poco su conciencia de la realidad se transforma para transformarse de niño en hombre.
Este proceso se lleva a cabo ante los ojos de Ulysses, su hermano de 4 años, que con su visión inocente de la vida y su descubrimiento de la realidad, llena de ternura lo que podría haber sido un relato amargo.

No estamos ante una obra maestra, de primera fila de la literatura universal, innovadora de las corrientes literarias del momento. Nos encontramos ante una novela a la que podemos aplicar un adjetivo que ella misma contiene: humana. Los hechos narrados son sencillos y se relatan del mismo modo, con naturalidad y sin complicación.
El gran mérito de la obra reside, en mi opinión, en la habilidad del autor para la creación de los personajes, para retratar la evolución de Homer y la perdida de su inocencia de niño que sigue conservando su hermano pequeño. Otro mérito es la capacidad de introducir en el relato momentos teñidos de humor, como el que tiene lugar en la clase de historia antigua a propósito de una intervención de Homer sobre la importancia de las narices, y de otros llenos de ternura, como aquellos en los que Ulysses se alegra por haber visto algo de tan radical importancia como es un huevo de gallina.
Para tener en casa.

10 de julio de 2009

Cógete un libro, guardátelo, vamos a la playa calienta el sol.

Y vaya que si calienta. Sobre todo en estos últimos días. Y con tanto calor se nos vienen a la cabeza imágenes de playas paradisíacas o -en el peor de los casos- de piscinas casi vacías en las que tomar mojitos, refrescos y zumos mientras nos refrescamos en el agua periódicamente. Es la llamada de las vacaciones.
Sin embargo, aunque todo esto suena muy bien y durante algunos días es interesante al cabo de un tiempo necesitamos hacer algo más que estar tumbados debajo de nuestra palmera favorita o bajo la sombrilla de mercadillo que nos hemos agenciado. Así que, ¿qué mejor que un libro para entretenernos, viajar aún más lejos de lo que ya estamos -incluso en la máquina del tiempo- y conocer otras culturas, otros modos de pensar y otros seres?
Voy a haceros unas recomendaciones de libros para leer estas vacaciones con algunas indicaciones sobre aspectos que pueden resultar interesantes.


Libros para niños:
Los niños son unos seres movidos. Así que os recomiendo dos cosas: la primera, que no les dejéis que se lleven libros a la playa o a la piscina, salvo que sean especialmente cuidadosos o que estén hechos (los libros por supuesto) de plástico.
La lectura de los niños la podéis reservar para momentos en los que os interesa disfrutar de un poco de tranquilidad, como la hora de la siesta. Un libro con una historia fascinante atrapará la atención de los peques y hará que por un rato se olviden de vosotros. La hora de irse a la cama puede ser también un buen momento para vivir, ahora que tenéis tiempo, un rato mágico con ellos, leyéndo para los más pequeños el cuento del día. Un gesto tan sencillo como leer un cuento a un niño puede crear en él una afición enriquecedora durante toda su vida. Para ese momento os recomiendo una edición de cuentos clásicos y el desarrollo de una serie de técnicas que lo pueden volver más especial. A los más pequeños les fascinará que cambieis el tono de voz según el personaje que hable. Así cuando leas la parte del ogro, la voz será grave; un niño como pulgarcito tendrá una voz aguda; un abuelo temblará al pronunciar o sufrirá un repentino cambio de voz. Otra posibilidad es que les propongáis para el día siguiente a la hora de vuestra siesta que dibujen la historia que les contasteis el día anterior o que escriban (si son algo mayores) un final diferente para el cuento.
Para los más jovencitos os recomiendo las historias de los hermanos Grimm, de Andersen, de Walt Disney (no sólo las de princesas o las más recientes, sino las de toda la vida), y si queréis algo más actual, el maletín de Caillou. En esta colección, Caillou aprende a través de nuevas experiencias y trata de conocer y comprender el mundo que lo rodea. Incluye los títulos siguientes: En la biblioteca, En el dentista, En el restaurante, En el metro, En el campo, En el teatro. Y, además, el CD-ROM 'Números y Memoria' de Caillou de regalo. Acompañados de Caillou, los niños desarrollarán la memoria y ampliarán su conocimiento de los números gracias a divertidas actividades repletas de color y de sonido. Cuesta aproximadamente 25 €.

Si ya están en los 10 años una buena opción son los cómics. ¿Quién no ha pasado momentos excelentes leyendo las historias de Astérix y Obélix, Tintín o Spiderman? Para los más lectores, la colección clásica de Barco de Vapor ofrece lecturas muy interesantes y de calidad. Otra posibilidad es recurrir a las aficiones del niño: los libros de dinosaurios, animales o hadas los podéis encontrar sin necesidad de gastar nada en la biblioteca del lugar donde veraneáis y si allí no hay, podéis tomar el material prestado de la biblioteca de vuestra ciudad o de casa de algún amigo.

A partir de los 12 años y dependiendo del carácter de vuestros hijos, pueden interesarles los libros de Cornelia Funke como el titulado Corazón de tinta. En esta obraMortimer «Mo» Folchart y su hija de 12 años, Meggie, comparten su pasión por los libros y un don: si leen en voz alta, pueden hacer aparecer en la vida real a los personajes del libro que están leyendo. Pero un peligro acecha: por cada personaje de ficción que llegue al mundo real desaparecerá una persona real, que se irá al mundo de ficción... El hobbit, El señor de los anillos, El ciclo de pendragón (sobre la Átlantida y el rey Arturo), Momo, La historia interminable y más adelante los libros de Agatha Christie son buenas opciones para chicos de 15 años.

Adultos:
¿Y los padres? ¿Es que no tenemos derecho a descansar y a disfrutar de un buen libro? ¡¡¡Por supuesto que sí!!! Además, el hecho de que siempre haya un libro entre vuestras manos será el mejor estímulo para que vuestros hijos adquieran la afición por la lectura. Ahí va una lista de recomendaciones.
Libros clásicos, que, si bien al principio puede costar leerlos, quizá cambien nuestra vida o nos hagan reflexionar sobre nuestra visión del mundo y de los demás:
-El banquete
-Edipo rey (da nombre a un complejo freudiano y su huella en la literatura actual se puede rastrear por ejemplo en Homo faber de Max Frish).
-El cantar de los nibelungos (paradójicamente es un poema épico protagonizado por mujeres).
-Erec y Enid (libro de caballería y amor cortés, muy interesante y reseñado en el blog).
-El buscón (obra en la que, de modo similar al que Cervantes parodia en el Quijote las novelas de caballerías, Quevedo aprovecha para reirse de la novela picaresca. Ideal para personas con cierto nivel de lectura y conocimiento de la literatura).
-Cuentos completos de Edgar Allan Poe (para quienes quieran pasárselo de miedo, sin sufrir demasiado)
-Los Buddenbrok (saga de una familia alemana, su plenitud y decadencia, al más puro estilo decimonónico)
-Ana Karenina (historia comparativa de la vida amorosa y social de dos mujeres: Ana y Kitty. Imprescindible)
-Crimen y Castigo (de lectura más compleja por su escasa acción y su complejo análisis psicológico del protagonista, hará las delicias de los aficionados a la literatura rusa)
-La piel de zapa de Balzac (novela interesante que recordará en cierto sentido a El burlador de Sevilla y a D. Juan Tenorio)

Libros del siglo XX con categoría de clásicos:
-Platero y yo (para almas poéticas, que necesitan leer en prosa)
-La metamorfosis de Kafka (un libro que requiere una interpretación profunda. Aconsejo leerlo comparándolo con el libro siguiente y, si queréis recurriendo a la entrada que realicé a propósito de las dos obras en el blog)
-El retrato de Dorian Gray (obra breve, que no dejará indiferente a nadie. De lectura sencilla y hondo significado en un momento en el que lo que más importa son las apariencias)
- Muerte en Venecia de Thomas Mann (historia en la que vemos la decadencia máxima de un ser humano. Se debe saber que la palabra Ascher en alemán significa ceniza y es el apellido del protagonista)
- La montaña mágica de Thomas Mann (para seres filosóficos, dispuestos a no entender mucho en una primera lectura. Es un libro denso, en el que se trata todo tipo de temas: la enfermedad, la muerte, las plantas, la construcción de barcos, la alimentación, la tuberculosis, la nieve, el amor. Sólo para personas capaces de aguantar mucha densidad de contenido y un gran número de páginas)
- El Aleph (colección de cuentos de Borges, siempre sorprendente)
- Final de juego (colección de cuentos de Cortázar, muy ilustrativa de la técnica del autor de unir en un mundo realidad y ficción)
- Las uvas de la ira de Steinbeck (novelón entretenido y profundo recibió el premio Pulitzer en 1940 y el Premio Nobel en 1962. Fue una obra muy polémica en el momento de su publicación. Está ambientada en la década de los 1930, cuando Estados Unidos sufre una gran crisis económica tras el Crack del 29 . Describe el proceso por el cual los pequeños productores agrícolas son expulsados de sus tierra por cambios en las condiciones de explotación de las mismas y obligados a emigrar a California donde el tipo de agricultura requiere mano de obra durante la cosecha. Es una novela transgresora que narra las dificultades de la familia Joad en su éxodo desde Oklahoma hacia California en busca de mejores condiciones de vida.

Libros más ligeros
- Bestsellers: Expediente Canaima de Reyes Calderón, La sangre del pelícano de Miguel Aranguren, La soledad de los números primos de Paolo Giordano, El niño con el pijama de rayas de John Boyne, La ladrona de libros de Markus Zusack, El abanico de seda de Lisa See o Ni de Eva ni de Adán de Natalie Nothomb.
- Novela policiaca: de Henning Mankell Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente, La falsa pista, La quinta mujer, Pisando los talones y Cortafuegos. Willkie Collins con La piedra lunar es un clásico que no puede faltar en esta sección. De Patricia Highsmith recomiendo El talento de Mr. Ripley, El juego de Ripley y de Robin Cook Epidemia. Un autor de calidad en este ámbito es Friedrich Dürrematt con obras como Justicia, El encargo, La promesa, y El juez y su verdugo.
- Novela romántica: sin caer en la excesiva cursilería ni en escenas sexuales, existen buenas novelas amorosas que harán las delicias de muchas lectoras: Jane Eyre, Cumbres borrascosas, Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad son algunas de las obras de más calidad en este ámbito y ocupan un lugar en la literatura clásica. De menor calidad literaria, son interesantes las novelas de Victoria Holt como El señor de Far Island, Las arenas movedizas, La confesión de la reina o La luna del cazador son algunas de las obras de esta polifacética escritora que empleó diferentes pseudónimos según el género de novela que escribía.
- Novela histórica: Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, León el Africano deMaguib Mahfouz, Salambó de Flaubert (personalmente no es santo de mi devoción), La guerra carlista de Valle Inclán, Alejandro Dumas con Los tres mosqueteros, Henryk Sienkiewicz con Quo vadis? y Walter Scott con Ivanhoe son algunos clásicos.
Más actuales son las obras de Arturo Pérez Reverte como El club Dumas o El capitán Alatriste . Sánchez Adalid con El mozárabe y El caballero de Alcántara, César Vidal con El rey leproso y Artorius pueden ser una brevísima muestra de lo que existe en el mercado actual

¿Qué quiero leer yo este verano?
Sinceramente muchos libros. Entre ellos La comedia humana de William Saroyan, que ya he comenzado, Los elegidos de Chaim Potok, Dr. Fausto de Thomas Mann y por supuesto releer La Montaña Mágica. Ya hace dos años que no la releo, así que seguro que descubro algo nuevo.





2 de julio de 2009

Sobre la plenitud




En estos días en que nos internamos en las vacaciones, todo nos incita a la gran evasión. Se trata de disfrutar al máximo: comer bien, beber mejor, tostarnos al sol, comprar recuerdos, bailar... en fin, sumergirnos en la frescura agradable de la frivolidad.
Por ello quiero hacerme eco antes de las vacaciones de un poema de Juan Ramón Jiménez. Hipocondriaco por excelencia, y obsesionado con la muerte nos hace comprender con sus palabras que esta vida tiene un final, y que, precisamente según el modo en que termina nuestra existencia esta cobra su sentido total. Por ello, carpe diem sí, pero de un modo inteligente, enriquecedor para nuestro espíritu y para todos los que se cruzan en nuestro camino vital.



Cénit

Yo no seré yo, muerte,
hasta que tú te unas con mi vida
y me completes así todo;
hasta que mi mitad de luz se cierre
con mi mitad de sombra
-y sea yo equilibrio eterno
en la mente del mundo:
unas veces, mi medio yo, radiante;
otras, mi otro medio yo, en olvido-.

Yo no seré yo, muerte,
hasta que tú, en tu turno, vistas
de huesos pálidos mi alma.


1 de julio de 2009

Mi nombre es Asher Lev



Todo mi agradecimiento a un miembro anónimo del blog que me remite una breve reseña de un libro, de un escritor que no me es desconocido: Chaim Potok. Autor de obras como La promesa o Los elegidos, Potok nos ofrece como indica nuestro anónimo seguidor una historia interesante en una novela que trata algunos de los temas constantes en la obra del escritor como son la religión, el conflicto entre el mundo y la conciencia y los problemas para seguir el propio camino sin dejar de ser coherente con las creencias personales. A continuación os remito la reseña de nuestro seguidor.
Mi nombre es Asher Lev de Chaim Potok
Historia de un niño judío que nace con un don, que tiene que hacer rendir pero que le genera muchos sufrimientos. Ser genio no es una aventura fácil. Asher Lev es un niño judio observante que pertenece a una familia profundamente religiosa y que tiene un don muy especial: es un genio que no puede dejar de pintar y dibujar el mundo que le rodea. En este don esta el origen del conflicto con lo que más quiere la familia y su comunidad. ...

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