30 de junio de 2009

Gracias a los 33

Hoy, viendo a los miembros del rincón me he dado cuenta de que ya hemos llegado a 32. Mejor dicho 33, si me incluyo entre los miembros del blog. Jamás, pensé cuando empecé con este rinconcillo que tantas personas se sentirían atraídas por las cosas que publico.
Ahora os quiero volver a agradecer el estímulo que sois para mí, porque muchas veces las entradas son el fruto de mi conocimiento de que hay personas a las que les puede interesar lo que les digo.
Gracias por estar ahi, al otro lado del cable, esperando, leyendo y escribiendo.

Este blog es de todos. ¡Enhorabuena!

23 de junio de 2009

Mal de muchos...


Los errores más comunes y cómo corregirlos
Ricard de la Casa

Todos cometemos errores, es humano según dice la famosa cita en latín. Es importante que entendamos que, aún con mucha experiencia como bagaje, los seguimos cometiendo, otros errores, desde luego, y en algunos casos los mismos, pero alguien también decía que somos la única especie que es capaz de tropezar con la misma piedra dos y tres y hasta cuatro veces. He aquí unos cuantos errores comunes de una obra. Algunos se deslizan casi sin darnos cuenta, y son difíciles de encontrar.


1/ El Personaje principal se vuelve pasivo

Eso suele suceder generalmente porque al cabo de poco tiempo en que nos hemos sumergido completamente en la elaboración de la obra, los personajes suelen cobrar "vida" en nuestro interior y algún personaje secundario toma mayor relevancia. Puede que sea porque el personaje principal ha dejado de gustarnos o justamente porque alguno de secundario nos agrada más o encontramos que la obra mejora o da más juego con ese personaje. Es fácil que suceda así, pensemos que los personajes que actúan de contrapunto del principal, suelen ser los "malos de la película" y estos son, en la mayoría de los casos, mucho más atractivos. En cualquier caso es un error. Desde luego seguimos siendo libres para hacer lo que nos venga en gana, pero seguirá siendo un error de planteamiento. Debemos entonces repasar el texto (las escenas) y ver dónde el personaje se vuelve pasivo y devolverle la fuerza perdida. Si eso no nos apetece, o es muy complicado y acabamos prefiriendo al personaje secundario, deberíamos reestructurar la obra para el intercambio de roles o tener más de un personaje principal, esta solución es un poquito más complicada, pero la experiencia vale la pena.


2/ No presentar al Personaje Principal en los primeros párrafos

El lector busca, tiene, quiere identificarse con el personaje principal, al menos quiere hallarlo rápidamente para saber cómo y a quién prestar mayor atención. Es vital que en la primera escena, se presente al personaje principal. El comienzo es un tiempo delicado no sólo porque debemos captar la atención del lector, sino porque tenemos que presentar al personaje. Hay muchas formas de hacerlo, no se preocupe por ello, pero si no aparece, el lector tiende a confundirse y creer que algún secundario es el principal (por desgracia somos de costumbres fijas) y cuando éste aparece, la confusión se hace mayor y puede llegar a molestar. Intente mostrar alguna emoción del personaje, eso le servirá para darle profundidad, para caracterizarlo, sin necesidad de describirlo completamente. Ese es un punto importante, no lo haga de forma descarada, sensiblera ni gratuita, la inclusión debe ser natural, si no es así recomponga la escena hasta conseguirlo.

3/ Derrochar Ideas - Argumentos - Caracteres
Un error típico de principiante. Tenemos demasiadas ideas en la cabeza y las queremos meter todas para dar una sensación de complejidad de la trama, de riqueza; no es necesario en absoluto. Servirá, como mucho, para que el lector avezado se dé cuenta de la falta de seguridad en nosotros mismos. A menudo utilizamos un personaje para explicar una cosa en el primer capítulo, otro en el segundo, otro en el tercero. Hay que aprovechar a los mismos, utilizarlos más intensamente, eso les dará mayor profundidad psicológica y por ello facilitaremos la labor del lector para seguir la trama. Al utilizar los mismos personajes secundarios y aunque estos no puedan mostrar cambios importantes en su carácter, se debería escoger algunos, por ejemplo el que dé la réplica al personaje principal, para mostrar pequeños cambios.

4/ ¿Qué estoy haciendo yo aquí?
No se desespere, a todos les pasa, hasta al más experimentado. Es simplemente falta de previsión, falta de un esquema general del relato o de la novela. Y nos pasa porque a pesar de tener las cosas muy controladas, a todos nos gusta dejar correr la imaginación y ver a dónde nos lleva la escena en la que estamos metidos. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es bueno que antes de empezar hayamos diseñado la obra en sus partes principales: personajes, conflictos, escenas. Sólo así sabemos por dónde vamos y si nos desviamos deberíamos tener una buena razón. Experimentar no es malo, pero cuanto más organizados estemos, mejor sacaremos provecho de esa experimentación, pues un buen escritor no debería pasar toda una vida escribiendo una sola novela.

5/ Diálogo
Es una parte fundamental en la obra, cuanto más larga sea ésta, más importante se vuelve. Pero tampoco se obsesione con ello. Intente no dejar soliloquios, conferencias, largas parrafadas ni explicaciones. Un sistema sencillo de comprobar si vamos por buen camino es visualizar la hoja de papel como si fuera una imagen, si hay mucho texto quiere decir que hay una pobreza de diálogo, si hay mucho espacio en blanco pasa lo contrario, estamos abusando de él. Con todo, sólo usted puede evaluar si en una escena es necesario más o menos cantidad de diálogo. Tenga cuidado con el Slang, con los dialectos, si los utiliza debe intentar que el lector pueda interpretar correctamente sus significados. Debemos buscar la manera para que quede claro lo que se está intentando decir. No tema utilizar "dijo" en los diálogos, esa palabra se utiliza normalmente en el 90% de las ocasiones. Desde luego debe intercalarse con otras palabras, sobre todo cuando el personaje hace algo o lo dice de cierta manera, pero intente mostrar esas emociones, no de señalarlas simplemente.
6/ Parar demasiado pronto
Otro fallo de escritor novel. Estamos tan ansiosos por acabar una obra (llevamos tantas inacabadas...) que generalmente precipitamos el fin. Las historias acaban demasiado abruptamente (habitualmente por falta de un esquema general). Fuércese a continuar escribiendo cuando crea que ya a acabado, normalmente podemos encontrarnos con una sorpresa. Y en todo caso si no consigue mejorarla será un excelente ejercicio.
7/ No dejar descansar la historia
Cuando acabamos una historia estamos demasiado metidos en ella. Somos incapaces de juzgarla con absoluta imparcialidad. Hay que darse tiempo para olvidarse-distanciarse, y dependiendo de nuestro trabajo estar al menos unos días-semanas alejados de ella. Una vez ha pasado ese tiempo, hace falta chequear la historia para una aceptación general, leerla como lector -directamente- sin pretender ni pensar en corregir-cambiar etc.
8/ No ensayar comienzos diferentes.
No valoramos nuestra capacidad en su justa medida, sea por arriba o por abajo. Quizá el principio escogido no sea el más adecuado aunque lo parezca. Una vez se tiene la historia, se debería ensayar varios comienzos alternativos, no muy complejos, sólo dos o tres párrafos, de forma rápida, escogiendo diferentes formas de presentar la información, puntos de entrada en la historia. Una vez que eso se hace varias veces, se vuelve algo natural en nosotros y aprovecharemos mejor todo nuestro potencial creativo
9/ No planear el clímax desde el principio
Una cosa es la previsión, la organización, tener un esquema general del relato o de la novela y otra llegar hasta el extremo de tener previsto hasta el clímax, algo que ocurre generalmente al final de la novela. No debemos atarnos las manos hasta ese extremo y dejarnos la posibilidad de cambios. Es evidente que deberíamos desarrollarla de acuerdo con la promesa original, pero que eso no nos coarte como para que la obra se convierta en algo rígido.
10/ Tomar demasiado tiempo para repasar
Más que error, vicio que hace falta erradicar. Corrija todo lo que crea necesario, pero defina un tiempo concreto para ello, sino esta abocado a la necesidad ilógica de corregir un texto cada vez que lo lea y eso más que ralentizar su producción acabará paralizándola. Acepte como artículo de fe que toda obra es susceptible de mejora, y que nosotros mismos evolucionamos y que con ello nuestra capacidad y experiencia aumenta. Tenemos que parar en algún momento, si no estaremos siempre dando vueltas al mismo molino.
11/ Estructuras ilógicas
Un error del que hay que huir como del diablo. La obra se sustenta en una realidad (incluida la ciencia ficción y la fantasía más desbocada), la que el escritor desea y debe aferrarse a ella. Debe respetarse a sí mismo y sobre todo al lector. Construirla de forma inverosímil o fuera de contacto de la realidad hará que la gente no se crea lo que está leyendo, pensarán con toda razón que usted, el escritor, les está tomando el pelo, se molestarán y simplemente dejarán de leerla. La obra ha de ser consistente con todos sus planteamientos y ser honestos con ellos. Y, sobre todo, al final del relato o la novela, no se saque un conejo de la chistera para solucionar sus fallos de estructura, sólo conseguirá hacer más visibles estos.

17 de junio de 2009

Erec y Enid



La primera vez que intenté leer el Quijote no me gustó en absoluto. El personaje del caballero que se vuelve loco por leer libros de caballerías me parecía totalmente absurdo y sus aventuras descabelladas y sin sentido.
Tuvo que pasar mucho tiempo y tuve que leer muchos libros para que finalmente pudiera reconciliarme con este clásico de la literatura universal.
Cuando pensaba que ya había acabado de entender la que se considera primera novela moderna, vi en casa una novela medieval titulada Erec y Enid. El autor, Chetrien de Troyes, no me resultaba del todo desconocido y de hecho, durante mis estudios de literatura había intentado leer alguna de sus obras sin éxito.
En un momento de descuido se la quité a mi marido y comencé a leerla. Para mi sorpresa me encontré con una de las novelas que Cervantes parodiaba en el Quijote.
Erec es un caballero que está en la corte del rey Arturo. Tras sufrir una afrenta durante una cacería, pide permiso al rey para vengarse del caballero que ha herido su orgullo. Concedido el permiso, Erec parte tras el caballero para llegar a un castillo, donde se celebra una competición para lograr un ave cetrera mudada cuatro veces. Para poder presentarse al combate, es preciso llevar una armadura hermosa y una bella doncella. Erec no tiene ni lo uno ni lo otro, pero la suerte lo pone al alcance de su mano cuando se hospeda en un albergue cuyo dueño es un antiguo caballero, padre de una hermosa doncella. Erec le agradece a su huésped el favor que le hace y le promete que, si gana el combate, se casará con su hija y la hará reina de sus tierras y a él le llenará de riquezas.
Lógicamente Erec gana el combate y se lleva a la doncella, una joven de extraordinaria belleza y discreción, llamada Enid.
Realmente la novela podría haber tenido esta trama como núcleo argumental, pero en Erec y Enid sólo es el comienzo de la obra. Después de contraer matrimonio, Erec se siente tan feliz que abandona su actividad caballeresca y pronto sus vasallos comienzan a hablar mal de él. Enid no puede contenerse y se lo dice, lo que provoca la ira de Erec y su decisión de salir en busca de aventuras, con la única compañía de su esposa.
Combates con caballeros desconocidos, encuentros con enanos, enfrentamientos con gigantes, duelos por su bella esposa a quien otros desean son algunos de los acontecimientos a los que podemos asistir en esta novela de apenas 200 páginas.
Narrada de forma sencilla, casi ingenua paranuestros días, aunque no por ello de forma descuidada, Erec y Enid supone un soplo de aire fresco y una ayuda para comprender lo que debía ser el género favorito de la época: una mezcla de lo más destacado de los cantares de gesta y de la lírica trovadoresca.

Haiku de verano II







Desde la hierba
el cortado olor verde
de otro verano.






@María Ángeles Lluch

16 de junio de 2009

Y los sueños... sueños son







El sueño de la mariposa

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

Chuang Tzu

11 de junio de 2009

Kafka y la muñeca viajera

Fue en el siglo pasado en la ciudad de Berlín. Una mañana soleada un escritor checoslovaco se paseaba por un jardín idílico cercano a su casa, cuando de pronto un llanto desconsolado vino a turbar la paz del lugar. Franz Kafka, que así se llamaba el autor, buscó al causante del ruido y pronto vio a una niña, primorosamente vestida, que no podía dejar de llorar. Preocupado, Kafka se acercó a la niña y le preguntó si se había perdido y ella le dijo "yo no", respuesta que desconcertó al escritor. Tras una corta conversación se dio cuenta que el problema de la niña era que había perdido a su muñeca favorita. Ante la imposibilidad de localizar tan precioso juguete en el parque, Kafka decidió recurrir a su poder mágico: la imaginación y la palabra. La muñeca de Elsi no se había perdido, se había ido de viaje, porque ya había crecido y necesitaba recorrer mundo.
Ante esta respuesta Elsi miró atónita a Kafka: "¿cómo podía saber él eso?". "Pues por la sencilla razón de que él se había cruzado con ella y le había dado el recado. Él era de profesión cartero de muñecas y probablemente al día siguiente Elsi recibiría una carta de su muñeca".
En efecto, al día siguiente, Kafka apareció a la hora prevista en el parque con una carta en la que, el autor, haciéndose pasar por la muñeca, le contaba a la niña sus aventuras, sus motivos para irse y sus planes para el futuro.
Estas cartas y la relación de afecto que se establece entre un Kafka al borde de la muerte y Elsi durante un espacio de tres semanas son el eje argumental que desarrolla Jordi Serrat en Kafka y la muñeca viajera, una novela publicada en editorial Siruela, basada en un hecho real, sobre el que los estudiosos del escritor han tratado de hacer averiguaciones.
El libro se lee de forma ágil. Tiene aciertos, como la caracterización de Kafka como un ser sensible, imaginativo, inteligente y muy diferente del que nos podemos imaginar al leer El proceso o El castillo; unos diálogos vivos tanto con Elsi, como con su compañera Dora; los lugares por los que imagina que se desarrolla la vida de la la muñeca de su nueva amiga. Pero también presenta defectos que no pueden pasar desapercibidos. Desde mi punto de vista el más destacado es el lenguaje de las cartas que la muñeca de Elsi le dirige a su dueña. Es difícil creer que una niña se sienta atraída por un lenguaje tan artificial y tan poco propio de una muñeca, o que, siendo tan inteligente como parece, crea que su muñeca se va a casar con un explorardor. En todo caso, debería casarse con un muñeco explorador.
Quitando estos detalles de analista puntillosa, nos encontramos ante una historia muy tierna, entretenida y sencilla, que merece la pena pedir prestada o sacar de la biblioteca.

9 de junio de 2009

Un cuento... de siempre

Creo haber visto entre los nuevos seguidores un niño (en la foto de los churricos). También sé que algunos de mis seguidores tenéis hijos. Así que, por una vez, os invito a subiros a la máquina del tiempo y a leer para los más peques este cuento tradicional.


Para todos los niños que siguen este blog, sean mayores o pequeños


Al morir un molinero, dejó por herencia a su hijo tan solo un gato. Pero éste dijo a su amo:
-No te parezca que soy poca cosa. Obedéceme y verás.

Venía la carroza del rey por el camino.
-Entra en el río -ordenó el Gato con Botas a su amo, y gritó:
-¡Socorro. ¡Se ahoga el Marqués de Carabás!
El Rey y su hija mandaron a sus criados que sacaran del río al supuesto Marqués de Carabás, y le proporcionaron un traje seco, muy bello y lujoso.
Lo invitaron a subir a la real carroza, y adelantándose el Gato por el camino, pidió a los segadores que, cuando el rey preguntara de quién eran aquellas tierras contestaran «del Marqués de Carabás».
Igual dijo a los vendimiadores, y el rey quedó maravillado de lo que poseía su amigo el Marqués.

Siempre adelantándose a la carroza, llegó el gato al castillo de un gigante y le dijo:
-He oído que puedes convertirte en cualquier animal. Pero no lo creo.
-¿No? -gritó el gigante-. Pues convéncete.
Y en un momento tomó el aspecto de un terrible león.
-¿A que no eres capaz de convertirte en un ratón?
-¿Cómo que no? Fíjate
Se transformó en ratón y entonces ¡AUM! el Gato se lo comió de un bocado, y seguidamente salió tranquilo a esperar la carroza.
¡Bienvenidos al castillo de mi amo, el Marqués de Carabás! Pasen Su Majestad y la linda princesa a disfrutar del banquete que está preparado.
El hijo del molinero y la princesa se casaron, y fueron muy felices Todo este bienestar lo consiguieron gracias a la astucia del Gato con Botas.


ACTIVIDADES para los niños

1. Todos a pintar: a ver quién dibuja mejor una escena del cuento del gato con botas.
2. ¿Y si hacemos una representación teatral? Con un lapiz de ojos puedes pintarle a tu hijo la punta de la nariz y ponerle unos bigotes estupendos. Después, toda la familia o los amigos pueden representar el cuento. ¿Quién hará de princesa? ¿Mamá o Carmen? ¿Quién será el ogro terrible, quizá Dani?
3. Una moraleja: hay que ser astutos, pero no todo vale para conseguir lo que queremos. Hablad con vuestros hijos
4. ¿Y si hacemos una tarta para celebrar la boda del príncipe y la princesa? O a lo mejor prefieren hacer con vosotros una pizza y ver una peli de dibujos animados


7 de junio de 2009

4 de junio de 2009

44 consejos para jóvenes escritores

1. Copiar en fichas todos los finales que se nos ocurran para un relato así como sus inicios, probar todas las combinaciones posibles y elegir la más eficaz.
2. Contemplar la vida, los hechos, los sentimientos, las cosas, las palabras... con actitud de asombro, de extrañeza, y escribir a partir de las nuevas percepciones que así tengamos de todo ello.
3. Inventar nuevas formas de enfocar nuestros actos cotidianos y escribir sobre ellos.
4. Mirar los objetos de nuestra casa como si pertenecieran a otro mundo y escribir sobre la nueva forma de percibirlos.
5. Inventar un mundo en el que las personas hablen con las cosas y las cosas hablen entre sí.
6. De entre todas las ideas que se agolpan en nuestra mente, apuntar una; la más simple, la más atractiva o la primera que podamos atrapar, sin preocuparnos por perder las restantes en el camino.
7. Es bueno relajarse unos minutos antes de comenzar a escribir, concentrarse en la respiración, para dejar fluir los pensamientos; coger al vuelo palabras que pasen por la mente y llevarlas a la página.
8. Se puede trabajar con listas existentes, tales como las del listín telefónico, la carta de un restaurante o la cartelera de los cines.
9. Plantearse la mayor cantidad posible de formas de soledad existentes para desarrollar en un texto la que más nos conmueva.
10. Observar lugares bucólicos y describirlos. Extraer noticias truculentas de periódicos sensacionalistas y ambientar los sucesos en dichos lugares.
11. Estar alerta cuando nos sentimos angustiados para rescatar aquellas imágenes que dan forma a la angustia.
12. Escribir sin estar pendientes del calendario, del reloj ni de lo que consigamos; simplemente, hacerlo.
13. Escribir sobre un tema, elegido a conciencia, que nos produzca la más intensa e íntima liberación.
14. Imaginar varias situaciones que ocurren en distintos lugares a la misma hora como método para contar algo desde distintos puntos de vista.
15. Repetir un mismo itinerario mental en distintas ocasiones para comparar resultados y recoger la mayor cantidad posible de material vivencial.
16. Imaginar un viaje de afuera hacia adentro y otro de adentro hacia fuera de uno mismo y escribir "durante" el viaje.
17. Planificar un viaje interior por el territorio que sea más propicio para las representaciones imaginarias.
18. Practicar el aislamiento durante un período programado de tiempo que puede ir desde un día completo hasta una semana, un mes... y anotar lo que experimentamos en ese lapso.
19. Escribir un texto a partir de la comparación de dos realidades: recuerdos, sueños, experiencias vividas, sonidos, perfumes...
20. Escribir un texto a partir de semejanzas y diferencias que resulten de compararse uno mismo con otra persona.
21. Encontrar las palabras que más placer nos produzcan o más significaciones nos provoquen para constituirlas en componentes de una imagen.
22. Apelar a nuestros sentidos diferenciando aromas, sabores, sonidos, observaciones y sensaciones táctiles de todo tipo para incluir en nuestra lista para constituir imágenes.
23. Dividir un objeto en el mayor número posible de piezas que lo componen para jugar con ellas en un texto, llamando al objeto por el nombre de algunas de esas piezas o partes.
24. Inventar situaciones, personajes, conceptos que nos permitan transgredir las funciones del lenguaje.
25. Reunir todo tipo de géneros y discursos y a partir del contraste entre dos de ellos, para constituir una narración: noticias periodísticas, telegramas, poemas, diálogos escuchados al pasar, etcétera.
26. Analizar todo tipo de palabras buscando la mayor cantidad de explicaciones posibles que en torno a ellas nos aporta material para un texto o nos permite, directamente, constituir el texto.
27. Inventar imágenes inexistentes, con mecanismos similares a los productores de frases hechas, y desplegarlas literalmente en un texto.
28. Tomar una idea conocida y asombrarse frente a ella como si nos resultara desconocida como método para conseguir material literario.
29. Coleccionar refranes de distintas procedencias para trabajar con ellos en un texto.
30. Inventar refranes y jugar con su sentido literal.
31. Prestar atención a los episodios cotidianos, y convertir cada mínimo movimiento ocurrido en un espacio común -un bar, el metro, un edificio, la playa- en un episodio capaz de desencadenar otros muchos.
32. Elegir momentos a distintas horas del día y describir todo lo que sentimos y lo que sucede a nuestro alrededor, más cerca y más lejos.
33. Inventariar palabras a partir del alfabeto y crear entre ellas un itinerario, el esqueleto de una historia.
34. Tomar todo tipo de secretos: un "secreto de familia", un "secreto de confesión", "el secreto de estado", "el secreto profesional", como motores de un texto.
35. Hurgar en nuestro mundo interior, rescatar de él algún aspecto que no nos atrevemos a expresar y ponerlo en boca de un personaje.
36. Confeccionar una lista de afirmaciones y otra de negaciones como posible material para un texto en el que se omita algo específico.
37. Invertir el mecanismo lógico: secreto/confesión, es una manera de enfrentar la ficción. En consecuencia, partir de una confesión para luego inventar el secreto.
38. Emborronar folios durante diez minutos exactos cada día. Al cabo de cada mes (y por ninguna razón antes) leer lo apuntado. Dicha lectura constituirá una grata sorpresa para su autor. Dado que escribió asociando libremente, el material acopiado será heterogéneo y muy aprovechable para ser transformado en texto literario.
39. Contar lo diferente y no lo obvio de cada día.
40. Trazarse un boceto de escritura "en ruta" y atrapar las ideas susceptibles de ser incorporadas a nuestra futura obra.
41. Recopilar anécdotas ajenas y apropiarse de algún detalle de cada una o de su totalidad.
42. Del intercambio de textos con otros escritores pueden surgir propuestas y comentarios reveladores.
43. Imitar una página del texto de un escritor consagrado y comprobar el ensamblaje de las palabras.
44. Rescatar la espontaneidad del niño. Jugar y crear con todo lo que se tiene a mano.


Anónimo

2 de junio de 2009

¿Ética o estética? Pequeña reflexión

He podido observar, a lo largo del tiempo, que en el terreno del arte, y más en concreto, en el ámbito de la creación literaria, existen dos posturas extremas cuando se trata de manifestar una opinión sobre la relación entre ética y estética: por un lado la de aquellos que sostienen que estos aspectos son independientes, que en la creación literaria todo es lícito; de otro la de las personas que defienden que las obras que tienen un contenido inmoral -teniendo en cuenta que la propia delimitación de este término nos llevaría un buen rato de discusión- no se deben leer.
El de la ética es un terreno peliagudo que conviene tratar con una precisión que el espacio de estas entradas no permite. Sin embargo, sí que podemos permitirnos realizar una serie de reflexiones que pueden ayudarnos a la hora de decidirnos o no por la lectura de un libro.
El tiempo de nuestra vida no es infinito. Por ello, tampoco el número de libros que vamos a poder leer.
Si tenemos en cuenta la premisa anterior, parece evidente que hay que establecer un orden de prioridades a la hora de elegir un libro.
En primer lugar debemos tener en cuenta cuáles son nuestros principios morales, nuestras creencias éticas.
En segundo lugar es necesario considerar que hay muchos, pero muchísimos libros que tienen una calidad literaria ínfima y que alcanzan un gran eco gracias a que abordan temas conflictivos o, en otras ocasiones, a la influencia de los medios. En muchos casos, un libro aparece publicado en una editorial que está integrada en el mismo grupo mediático que algunos periódicos y cadenas de televisión y radio.

En tercer lugar, hay una fórmula muy sencilla que nos puede ayudar a determinar si realmente nos interesa leer un libro determinado, a saber, la fórmula de la balanza. Cuando tomemos un libro entre nuestras manos, pensemos en toda la información que hemos reunido sobre él y sopesémosla. En un lado de la balanza colocaremos los valores estéticos del libro, el interés real del autor, lo que el libro puede aportar a nuestra formación humanista. En el otro platillo estarán los valores que estén en contra de nuestra visión ética del mundo, el hombre, Dios, la belleza... Si los valores estéticos son lo suficientemente consistentes para vencer el lado negativo, por decirlo así, de la obra probablemente estaremos ante un libro que por lo menos, merece la pena ser empezado.
Pero sí los valores estéticos son nulos y los de tipo éticos y relativos a la verdad objetiva de la realidad brillan por su ausencia, no hay duda: nos encontramos ante uno de esos libros que nos habrá costado 20 €, un espacio en nuestra estanteria y una pérdida de tiempo que no estamos en condiciones de permitirnos.

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