29 de abril de 2009

Los rebeldes


Entrada patrocinada por Librerías Troa

Mis entradas en las diferentes librerías de mi ciudad son ya proverbiales, como también lo es el hecho de que la mayoría de las veces salgo de ellas con un libro bajo el brazo. Esta vez mi adquisición ha sido un libro de Sándor Márai titulado Los rebeldes.
Esta novela fue publicada cuando el escritor acababa de cumplir 30 años y supuso su consolidación en uno de los momentos de mayor fecundidad del escritor húngaro.
El libro relata uno de los momentos decisivos en la vida de cuatro jóvenes- Abel, Erno, Tibor y Bela-, que tras aprobar el examen final de bachillerato están a la espera de ser llamados a filas. Todavía entre la adolescencia y la madurez, los jóvenes se resisten a entrar en el mundo de los adultos y acentúan la actividad de su pandilla. Ésta se dedica a actividades diversas, todas ellas en contra de la lógica del mundo adulto. Uno de sus pasatiempos favoritos es realizar hurtos sin sentido pero con muchos riesgos, sobre todo en sus propias casas. Los objetos robados pasan a engrosar las posesiones del grupo que alquila una habitación en una pensión para acumular su tesoro.
En esta cueva de Alí Babá se reúnen los amigos, se disfrazan y representan tramas totalmente improvisadas.
Toda esta actividad se ve complicada cuando uno de los jóvenes roba una gran cantidad de dinero del negocio de su padre. Para evitar que sea descubierto Tibor empeña la cubertería de plata de su familia, salvando momentáneamente la situación. Sin embargo, el plazo de vencimiento se acerca y también el del regreso de su padre, un coronel duro y estricto a quien los muchachos temen.
En este momento crítico surge la figura de Amadé. Es éste un actor de unos cincuenta años, gordo, calvo que no se sabe bien por qué, consigue ganarse la confianza de los amigos y casi formar parte de la pandilla.
Sin embargo su figura es turbia y alguno de los muchachos sospecha de él. También surge la desconfianza entre los amigos cuando Abel descubre que las cartas con las que suelen jugar están trucadas.
De este modo, la acción se va precipitando y los adolescentes dejan de serlo para entrar de un modo brusco y duro en el mundo de los adultos.
Para muchos, Los rebeldes no es más que el reflejo de la cruda realidad, una obra maestra que supuso un escándalo en el momento de su aparición. Lo cierto es que, siendo una buena obra, la novela resulta muy amarga y desesperanzada, en la que aparecen todos los tópicos de la adolescencia: las mujeres, la indeterminación sexual, las dudas de fe, el cruce de los límites, la bebida, el dinero, el ejercicio de la libertad y la traición.
Para incondicionales de Sándor Márai, que estén dispuestos a sufrir una lectura amarga.


28 de abril de 2009

Pesadilla

Espiral
Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo obscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si ésa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de Luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca: como en un espejo, uno de los dos era falaz. «¿Quién sueña con quién?», exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.

Enrique Anderson Imbert

27 de abril de 2009

Ojos que no ven, oídos que no escuchan. Otelo, el moro de Venecia.

Artículo cedido por http://letraceluloide.blogspot.com/
Autor: Ricardo L. Aiello. _ Guionista cinematográfico y televisivo. Docente especializado en Narrativa Audiovisual, Guión y Medios Audiovisuales. Director de TV, recibido en el ISER, Buenos Aires.

Ficha de la película
Dirección: Orson Welles. EEUU,1952. Guión: Orson Welles. Elenco: Orson Welles, Suzanne Cloutier, Micheál MacLiammóir, Robert Coote, Fay Compton, Hilton Edwards, Michael Laurence, Nicholas Bruce, Doris Dowling, Jean Davis.


Sabido es que los celos son sentimientos tan antiguos como la humanidad misma. Dicen algunos que son una enfermedad, pero otros lo definen como algo necesario y hasta como un condimento para el amor (¿será acaso que todo amor es enfermizo?); creo que ambas posiciones pueden ser bien compatibles y, en consecuencia, no excluyentes.

Le cupo a Shakespeare plasmar en una de sus tragedias al personaje paradigmático cuando de celos se trata: Otelo. Recordemos que en una entrevista reciente, el crítico y ensayista norteamericano Harold Bloom dijo que Shakespeare inventó lo que entendemos por humano.
La tragedia Otelo, el moro de Venecia, se escribió a principios del siglo XVII y es otra de las obras de Shakespeare que indagan la siempre misteriosa condición humana, sus ambiciones –las más ruines y las más nobles-, las relaciones entre la codicia individual y el poder, etc.etc. En la obra citada, es Emilia –esposa de Yago- quien define (a la propia Desdémona –devota esposa de Otelo-): Los celos son un monstruo que se engendra y nace de sí mismo. Se trata, en definitiva, de otra de las (complejas) pasiones humanas y su análisis no merece ser reduccionista ni maniqueísta, por cierto.

Como toda la obra del máximo dramaturgo inglés, Otelo fue objeto de traslaciones a la pantalla grande. Podemos citar cinco versiones realizadas en el período del cine mudo, y una última dirigida por Oliver Parker en 1996. Pero nos referiremos a la versión que hizo el genial Orson Welles (actuando incluso en el papel del moro), en 1952.

Bastante fiel a la obra primera (e insisto una vez más que este término, fiel, merece un amplio análisis y re-definición en función de las características del relato que se pretende transponer y sus modos posibles de lectura), se conservan casi en su totalidad los diálogos y los monólogos. La primera secuencia de la película, no obstante, adelanta el final: primero se observa, en un plano casi cenital, el rostro sin vida de Otelo, vemos luego que su cuerpo es traslado expuesto; junto a él, un féretro, un cortejo que los traslada y Yago – su alférez- que observa encerrado en una jaula el final de sus correrías. El resto del relato cinematográfico, así, se constituye en un flashback que, circularmente, retorna al punto de partida mencionado.

Toda transposición al cine origina (o debiera hacerlo) una re-lectura del material original, de su esencia y espíritu. Así, podemos advertir nuevamente algunos rasgos interesantes en los retratos humanos de Shakespeare: en este caso, los celos vienen acompañados de ambiciones desmedidas (¿acaso no lo es toda ambición?). Otelo conquista a Desdémona a espaldas de su padre (el senador Brabancio) y a través del relato de sus grandes virtudes guerreras; es decir que es el propio discurso del moro –aunque algo torpe y limitado, según lo define él mismo, pero ensalzado con las peripecias de las que da cuenta- el que seduce a la mujer. Pero Desdémona, la bella Desdémona, es también objeto del deseo de Rodrigo –hidalgo veneciano-. Éste comienza a conspirar apoyado por Yago, que se muestra tan ruin como tenaz en sus planes. Porque el rumor de una relación –pasada- entre Emilia –esposa de Yago- y Otelo, también existe en la historia, y, por supuesto, los chismes son siempre buen pábulo para los celos. Yago parece aspirar al poder y se sucumbe en su propia miseria; entonces, observamos en esta tragedia que las ambiciones de poder muchas veces –en todo tiempo y lugar- se hermanan también a las pasiones de la cama. Pero el poder militar, la capacidad guerrera, se ve pronto eclipsada (apenas empezado el drama): una fuerte tormenta hace naufragar (literalmente) los planes de los turcos cuando viajaban a Chipre para atacar a las fuerzas que defiende Otelo. Y entonces, la fortaleza de combate del moro deviene en debilidad amatoria, ante la mentira de Yago -a quien cree fiel-. Así, nuestro protagonista se convierte en un gigante con pies de barro y trastabilla: no sólo pierde a su Desdémona, asesinada por sus propias manos, sino que también pierde a su teniente Cassio –al que cree amante de su esposa-. El adulterio de la esposa no merece menos que el castigo de la muerte, porque sólo el cornudo consciente sufre; el personaje de Otelo, en uno de sus parlamentos fundamentales, dice que es el conocimiento –el saberse cornudo- lo que verdaderamente lo destruye –y no la intensidad de la falta-.

Y Otelo vuelve al discurso en uno de los pasajes finales de la obra cuando implora: …Os lo suplico, cuando en vuestras cartas narréis estos desgraciados acontecimientos, hablad de mí tal como soy; no atenuéis nada, pero no añadáis nada por mi malicia. Si obráis así, trazaréis entonces el retrato de un hombre que no amó con cordura, sino demasiado bien; de un hombre que no fue fácilmente celoso; pero que una vez inquieto, se dejó llevar hasta las últimas extremidades.

Cuando ya la caída no podía remediarse, es el propio protagonista quien asume –y expone- su talón de Aquiles.
La versión fílmica –más allá de su citada fidelidad- enriquece la propuesta con bellos decorados palaciegos (fue filmada en Marruecos) y planos logrados con la maestría indiscutible de Orson Welles.
Pero algo más nos deja pensando: las pasiones humanas nunca envejecen y el alma sigue siendo un misterio, más allá de tiempos y progresos.

25 de abril de 2009

De risa

Echando hoy una ojeada a los blogs que sigo de modo habitual, me ha sorprendido y hecho reír este chiste de Turcios, que quiero compartir con vosotros




Tomado de La buena prensa (link en la sección de blogs recomendados)

24 de abril de 2009

Sobre la libertad

Entrada patrocinada por Librerías Troa

Todo el mundo habla de libertad, y con más alarde que nadie aquel que, precisamente, se la deniega a los demás. Los campos de concentración de mi niñez lucían incluso una consigna de libertad sobre la entrada.
Cada vez estoy más convencido de que una acción puede ser libre tan sólo si hay en ella un reflejo de humanidad, si sabe del juez que la observa desde arriba. No puede ir unida a caprichos de la voluntad, a actos de odio o de violencia, así como al interés egoísta de cada uno.
En nuestros tiempos, la libertad no crece en el mundo, aunque a veces lo parezca; crecen simplemente el movimiento estéril, las cosas, las palabras, la basura y la violencia. Y puesto que nada desaparece de la superficie del planeta, el producto de nuestra actividad no nos libera, sino que nos sepulta.

Ivan Klíma: Amor y basura.

Haiku de Primavera IV






La primavera
coquetea rosada
con el cerezo




@Mª Angeles Lluch

23 de abril de 2009

Entrada colectiva


Para Charo Porto, la verdadera responsable de que exista el blog

La acción se desarrolla en los años 80 en un colegio privado. Las alumnas están repartidas en dos edificios. “Las pequeñas” como se llaman entre ellas, de 6 a 14 años, ocupan el más viejo y destartalado. “Las mayores” el de nueva construcción.
Hoy es un día de clase como los demás. La sorpresa salta cuando, a primera hora de la tarde, se anuncia que la profesora de Lengua y Literatura se ha puesto enferma y va a venir a dar la clase Charo, ¡la profesora de las mayores! Gran expectación. Charo tiene fama de buena profesora y de hecho va a causar una honda impresión en una de las niñas, yo misma, hasta entonces bastante ajena a la literatura clásica.
Con modales campechanos, grandes ojos verdes, muy vivos, y una voz de fumadora empedernida, dramatiza la lectura de lo que marcará el principio de mi afición por la literatura, aunque en aquel momento no entendí mucho de todo lo que esta gallega leyó con pasión. Fueron sus explicaciones posteriores las que me hicieron reparar en que en ese texto no sólo se expresaba una idea, sino que, además, se hacía de con un lenguaje elaborado a través de recursos literarios, que lo pulían, del mismo modo que hace el cincel con el marmol.
Y ahora, sin más preámbulos, doy paso al texto que Charo leyó en aquella tarde de mi infancia, no sin dejar de recordaros que hoy podéis hacer vuestras aportaciones para crear una entrada colectiva especial. ¿Cómo? Incluyendo en un comentario un fragmento de una obra de literatura que os haya gustado de modo especial.


ACTO PRIMERO

[En las montañas de Polonia]

Salen en lo alto de un monte ROSAURA, en hábito de hombre, de
camino, y en representado los primeros versos va bajando

ROSAURA: Hipogrifo violento
que corriste parejas con el viento,
¿dónde, rayo sin llama,
pájaro sin matiz, pez sin escama,
y bruto sin instinto
natural, al confuso laberinto
de esas desnudas peñas
te desbocas, te arrastras y despeñas?
Quédate en este monte,
donde tengan los brutos su Faetonte;
que yo, sin más camino
que el que me dan las leyes del destino,
ciega y desesperada
bajaré la cabeza enmarañada
de este monte eminente,
que arruga al sol el ceño de su frente.
Mal, Polonia, recibes
a un extranjero, pues con sangre escribes
su entrada en tus arenas,
y apenas llega, cuando llega a penas;
bien mi suerte lo dice;
mas ¿dónde halló piedad un infelice?

Sale CLARÍN, gracioso

CLARÍN: Di dos, y no me dejes
en la posada a mí cuando te quejes;
que si dos hemos sido
los que de nuestra patria hemos salido
a probar aventuras,
dos los que entre desdichas y locuras
aquí habemos llegado,
y dos los que del monte hemos rodado,
¿no es razón que yo sienta
meterme en el pesar, y no en la cuenta?
ROSAURA: No quise darte parte
en mis quejas, Clarín, por no quitarte,
llorando tu desvelo,
el derecho que tienes al consuelo.
Que tanto gusto había
en quejarse, un filósofo decía,
que, a trueco de quejarse,
habían las desdichas de buscarse.
CLARÍN: El filósofo era
un borracho barbón; ¡oh, quién le diera
más de mil bofetadas!
Quejárase después de muy bien dadas.
Mas ¿qué haremos, señora,
a pie, solos, perdidos y a esta hora
en un desierto monte,
cuando se parte el sol a otro horizonte?
ROSAURA: ¿Quién ha visto sucesos tan extraños!
Mas si la vista no padece engaños
que hace la fantasía,
a la medrosa luz que aun tiene el día,
me parece que veo
un edificio.
CLARÍN: O miente mi deseo,
o termino las señas.
ROSAURA: Rústico nace entre desnudas peñas
un palacio tan breve
que el sol apenas a mirar se atreve;
con tan rudo artificio
la arquitectura está de su edificio,
que parece, a las plantas
de tantas rocas y de peñas tantas
que al sol tocan la lumbre,
peñasco que ha rodado de la cumbre.
CLARÍN: Vámonos acercando;
que éste es mucho mirar, señora, cuando
es mejor que la gente
que habita en ella, generosamente
nos admita.
ROSAURA: La puerta
--mejor diré funesta boca--abierta
está, y desde su centro
nace la noche, pues la engendra dentro.


Suena ruido de cadenas

CLARÍN: ¿Qué es lo que escucho, cielo!
ROSAURA: Inmóvil bulto soy de fuego y hielo.
CLARÍN: ¿Cadenita hay que suena?
Mátenme, si no es galeote en pena.
Bien mi temor lo dice.


Dentro SEGISMUNDO


SEGISMUNDO:¡Ay, mísero de mí, y ay infelice!
ROSAURA: ¡Qué triste vos escucho!
Con nuevas penas y tormentos lucho.
CLARÍN: Yo con nuevos temores.
ROSAURA: Clarín...
CLARÍN: ¿Señora...?
ROSAURA: Huyamos los rigores
de esta encantada torre.
CLARÍN: Yo aún no tengo
ánimo de huír, cuando a eso vengo.
ROSAURA: ¿No es breve luz aquella
caduca exhalación, pálida estrella,
que en trémulos desmayos
pulsando ardores y latiendo rayos,
hace más tenebrosa
la obscura habitación con luz dudosa?
Sí, pues a sus reflejos
puedo determinar, aunque de lejos,
una prisión obscura;
que es de un vivo cadáver sepultura;
y porque más me asombre,
en el traje de fiera yace un hombre
de prisiones cargado
y sólo de la luz acompañado.
Pues huír no podemos,
desde aquí sus desdichas escuchemos.
Sepamos lo que dice.

Descúbrese SEGISMUNDO con una cadena y la luz vestido de
pieles

SEGISMUNDO:¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo.
Aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
--dejando a una parte, cielos,
el delito del nacer--,
¿qué más os pude ofender,
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que no yo gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que dejan en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?
Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
--gracias al docto pincel--,
cuando, atrevido y crüel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?
Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?
Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huída;
¿y teniendo yo más vida,
tengo menos libertad?
En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegios tan süave
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?



Exposición del día del libro









Como hoy es para todos los aficionados a la lectura un día especial he pensado que sería buena idea publicar dos entradas: una visual y otra dedicada a vosotros, para que podáis publicar vuestros textos favoritos.
La muestra gráfica de hoy recoge algunos de los carteles y referencias al día del libro que más me han gustado. Espero que os gusten a todos vosotros y que paséis un buen rato.



















































































































































































































22 de abril de 2009

Monotemático



Esta semana ya está convirtiéndose en una costumbre para mí el pensar en el día del libro. Si el lunes me rebelé sobre la obligación de tener que recibir una rosa, y el martes me reí de las rosas que llegaron cuando ya no eran necesarias, hoy se me viene a la cabeza la crisis económica.
Este año el 23 de abril no será ese momento tan proclive para que compremos un libro. Quizá alguno de vosotros esté atravesando una mala racha, esté preocupado por su hipoteca y sus pagos mensuales o, incluso, se haya visto envuelto en los vaivenes de la bolsa. Estamos sumergidos en una sociedad tan consumista que parece que o compramos un libro o no hemos celebrado este día como merece. Sin embargo existen muchas formas de actualizar nuestra sensibilidad literaria sin caer en el vértigo del gasto sin sentido.

Para empezar, podemos aprovechar el día 23 para hacernos socios de una biblioteca pública y sacar un libro que nos interese de ella. Lo único necesario es la temida foto de carné en la que todos salimos o más gordos, o más flacos, pero siempre más feos de lo que somos. A cambio de esta humillación, podremos acceder a todos los libros del fondo.

Si ya somos socios de una de estas instituciones, nos saltaremos el trámite de la foto y podremos ir en directo al estante. Además es probable que para este día la biblioteca haya organizado algún acto cultural (o pseudocultural) que nos pueda divertir. Quizá alguno de vosotros acabe leyendo un trocito del Quijote.
Otra posibilidad es releer uno de nuestros libros favoritos. Uno de esos ejemplares que cambiaron nuestra visión del mundo. Cogerlo otra vez, ese día, sintiendo que estamos retomando una vieja e importante amistad.
Si tenéis hijos pequeños, sobrinos, o simplemente sois amigos de algún niño, seguro que alguno es aficionado a la lectura. Así que ¿por qué no leer juntos una historia, con una de esas cenas que les gustan especialmente?. Si alguno es un poco mayor que los demás puede ser el lector de los cuentos para los pequeños, e incluso podéis hacer entre todos una lectura dramatizada.
Finalmente, otra opción barata y que todos los seguidores del blog agradeceremos será la de aportar vuestro granito de arena de la siguiente forma: haced un comentario a la entrada correspondiente al día 23 (aviso por adelantado que habrá dos entradas, así que seleccionar la que no sea meramente una exposición grafica), en el que incluyáis un texto de vuestras lecturas, que os haya gustado especialmente.
Será un modo generoso de construir un día del libro diferente, más cerca de los demás.

Letra celuloide

Gacetilla

Ya se encuentra on line el número 9 de LETRACELULOIDE -Revista virtual de cine y literatura-. La revista, de acceso libre y gratuito, contiene breves comentarios de distintos profesionales que trabajan en el campo de la cultura, sobre películas basadas en textos literarios. La idea central es que el visitante pueda descubrir o redescubrir algunas versiones fílmicas y textos de diferentes épocas, nacionalidades, valoración crítica o histórica, como, así también, distintos escritores y cineastas. Esta edición está dedicada a versiones fílmicas de textos de William Shakespeare e incluye, entre otras cosas, un artículo de Abelardo Castillo titulado “Shakespeare apisonado”.

Para todos aquellos que deseen visitarla o conocer las condiciones de publicación la dirección es: http://letraceluloide.blogspot.com/



Desde ya, se agradece su visita y/o difusión.

21 de abril de 2009

De mujeres y rosas





Rosas

Soñabas con rosas envueltas en papel de seda para tus aniversarios de boda, pero él jamás te las dio. Ahora te las lleva todos los domingos al panteón.

Alejandra Basualto

20 de abril de 2009

¿Libro o rosa?

23 de abril. Todos los años llega, inexorable como el día de la madre, el día del padre, y ya puestos, el día del abuelo y el de la abuela. Todos los años vemos cómo se aproxima la temida fecha del día del libro y con él la obligación de regalar un libro al chico que queremos, a nuestro novio o a nuestro marido.
Y yo me pregunto, desde mi posición de esposa: aunque las plantas me chiflan, ¿por qué tengo que resignarme a recibir una rosa (que no un rosal), que en cinco días estará marchita mientras mi marido disfruta durante semanas y quizá meses del Viaje al Oeste. Las aventuras del rey mono (unas 2000 pp)?
Si hay paridad en los ministerios, igualdad en el trabajo, ¿por qué no clamamos las mujeres por que nos regalen un libro? Quizá sea que los chicos no quieran dedicarse a pensar en qué libro van a regalar a su chica. Demasiado esfuerzo. Una rosa, como el año pasado y a correr.
Pues aquí, yo me planto. Nunca he sido feminista, ni he estado locamente aferrada a la lucha por la incorporación de la mujer al mercado laboral. Creo que cada uno debe hacer lo que en su situación le corresponda. Pero, ¡por favor!, si nos han impuesto la paridad en el trabajo, que la promulguen también para los sueldos y los regalos. Y si no, que nos regalen un libro y una rosa.

17 de abril de 2009

16 de abril de 2009

La inspiración

Para Nieves Villaba Catalán, pintora en busca de tiempo

Mucho se habla sobre la inspiración, y no son pocas las líneas que los escritores han dedicado a este tema. También en la pintura se ha tratado esta cuestión a la que dedicamos esta muestra pictórica. Y es que, aunque parezca una paradoja, la inspiración es una fuente de inspiración para todas las artes.
Recordad, para ver mejor los cuadros, haced un clic sobre la imagen.


Splendor Veritatis

Tu rostro, que aparece -un relámpago- y que
desaparece. Muero buscando entre palabras
apagadas un ascua de verdad que ilumine
un instante ese rostro. Haberlo casi visto
-un reflejo en el río- y vivir solamente
para volver a verlo. Que aparece -un relámpago-
y que desaparece. Qué dolor y que gozo
este mover palabras, materia que se cierra
con espesor de piedra sobre Tu luminosa
permanencia, o que logra un destello, o siquiera
nos permite ese leve temblor de Tu inminencia
bajo la piel del verso. Es eso la poesía:
buscar en las palabras, con las palabras contra
las palabras. Tu rostro, que aparece -un relámpago_
y que desaparece.

Miguel d´Ors: Curso superior de ignorancia










Siglo XVII. Barroco. Escuela Italiana
Michelangelo Merisi da Caravaggio
Óleo sobre lienzo
San Mateo y el ángel
La inspiración divina del Nuevo Testamento
























Siglo XVII. Neoclasicismo
Nicolas Poussin
Óleo sobre lienzo
The inspiration of the Poet


















Siglo XVII. Rococó
Jean-Marc Nattier
Óleo sobre lienzo Thalia. Muse of Comedy




















Siglo XIX. Neoclasicismo/Romanticismo
Jean-Auguste Dominique Ingress
Lienzo
El compositor Cherubini con la Musa de la Poesía Lírica




























Siglo XX. Simbolismo
Julio Romero de Torres
Mural
El genio y la inspiración





















Siglo XX. Abstracción. Informalismo
Juan José Vera
Óleo sobre cartón
Inspiración















Siglo XX. Vanguardia. Naïf
Henri Rousseau
Óleo sobre lienzo
La musa inspira al poeta (segunda versión)






















Siglo XX. Pintura Metafísica
Giogio de Chirico
Óleo sobre lienzo
Las musas inquietantes
























Siglo XX. Arte último
Francesco Clemente
Acuarela sobre papel
Musa

15 de abril de 2009

En lugar seguro / Wallace Stegner

Entrada patrocinada por Librerías Troa

Acaba de aparecer por fin publicado en español En lugar seguro, una novela del quizá no muy conocido autor estadounidense Wallace Stegner.
Tras un viaje de varios días en coche desde Nuevo México, un conocido escritor, Larry Morgan y su esposa Sally llegan a Battell Pond, para reunirse con sus amigos Sid Lang, un profesor universitario de Literatura, y su esposa Charity, que está a punto de morir a causa de un cáncer de estómago.
Una vez instalados en una de las cabañas que Sid y Charity tienen cerca del monte, Larry sale al porche y decide llevar a cabo una especie de A La recherché du temps perdú de su amistad con los Lang.
De este modo, busca en su memoria cómo ellos, un matrimonio pobre del medio Oeste, recién llegados a Madison llegan a conocer y a formar parte de la vida de los Lang, un matrimonio rico del Este. El hilo conductor de esta amistad es la figura de Charity, una mujer de carácter fuerte, dominante, alegre y atractivo, que muy pronto decide que los Morgan tienen que ser parte de la existencia de su familia. A partir de esta decisión podemos ver las diversiones, sufrimientos, trabajos, nacimientos, enfermedades de estos matrimonios, a quienes el destino acaba separando temporalmente por la distancia, pero que se reúnen siempre que pueden en Battell Pond.


La novela no es una narración lineal de una serie de acontecimientos concatenados, sino más bien una muestra de los momentos más destacados de una amistad; un relato de los instantes que han quedado grabados más fuertemente en la memoria de Larry Morgan e incluso de algunos que él no ha vivido directamente, pero que se permite imaginar por el profundo conocimiento que tiene de sus amigos. El estilo es sencillo, sin que esto implique una falta de cuidado en el lenguaje. Más bien al contrario. La sencillez es fruto de una fuerte contención por parte del autor, de quien también debemos destacar su habilidad en el trazado de la personalidad de los protagonistas, a través de su modo de hablar, de sus gestos y actuaciones.
El tema de la novela es sin duda alguna el del amor, y más concretamente, el del amor de amistad que el escritor aborda de modo fuerte. No es una relación en la que todo fluye de un modo sencillo. Hay momentos en los que las relaciones son más difíciles, otros en los que se produce un choque entre los caracteres de Larry y Charity. Pero ante todo se respira una gran alegría y placer, una gran sorpresa por el milagro de que sea posible una relación tan profunda como la que existe entre ellos.
Nos encontramos ante una novela casi exquisita, en la que lo único que puede desagradar es la actitud de Charity ante la muerte: ésta es sólo un elemento más en la vida que ella puede manejar a su antojo.

14 de abril de 2009

Sobre Crimen y castigo

A mi padre, in memoriam


Cuando tenía doce años en el colegio me mandaron leer El hobbit, de J.R.R. Tolkien. Habituada como estaba a libros de aventuras como los de los cinco, los Hollister, las aventuras de Bilbo Bolsón me parecieron el no va más de la Literatura. Pocos meses después de acabar el libro, me enteré que Tolkien había escrito El señor de los anillos, una obra en tres volúmenes y además ¡gordos!. Aquello fue mi perdición. Durante dos o tres años me paralizó el pensamiento la idea de que me encontraba ante la obra cumbre del siglo XX.
Vino a sacarme de mi estado de idiotez adolescente la lectura de un libro titulado Crimen y castigo, una de las novelas clásicas de la literatura rusa. Después de leerla varias veces, he podido valorar la auténtica riqueza de este libro.
Si tuvieramos que resumir la obra, podríamos decir que nunca un título fue un reflejo tan fiel de la trama que refiere. Y es que en Crimen y castigo asistimos a un doble asesinato cometido por Raskólnikov y al proceso de sufrimiento y castigo que después padece. Pero la obra es mucho más que un homicidio y una condena.
Si atendemos al crimen, Dostoievski realiza un magistral análisis del mismo, antes de que la idea surja en la mente de Raskólnikov. Al comienzo de la obra el protagonista está sumido en un estado preocupante: vive en una pensión de la peor estofa, evitando a la casera con la que está entrampado; pasa hambre; empeña sus últimos bienes a una vieja usurera; sufre el calor insoportable del verano y se encuentra en un estado de inactividad total.

En esta situación, Raskólnikov pasa las tardes echado en la cama de su cuchitril pensando. Y en sus pensamientos surge una idea a la que no se atreve a ponerle nombre. Poco a poco, sin embargo esa idea no le parece tan mala. La ocurrencia es ingeniosa. Y su plan es casi perfecto.
No haría daño a nadie, más bien liberaría a muchos desgraciados. Y es que, ¿no sería una buena solución matar a una vieja mala como lo es la viuda usurera para recuperar su dinero y volver a tener una situación algo desahogada? Una vez nombrada su idea, ésta se convierte en la obsesión de Raskólnikov, que decide calcular todos los riesgos que puede suponer ponerla en práctica, se da cuenta de que los elementos más preocupantes no son las constantes de la vida de la vieja, si no los imprevistos.
Cuando por fin decide cometer el crimen su teoría se hace realidad. En lugar de matar sólo a la vieja usurera, mata también a su hermana que es testigo accidental del crimen y que además es una persona con una discapacidad mental, conocida y querida por todos.
A partir de este momento comienza el tormento y el castigo de Raskólnikov. En primer lugar, la propia conciencia de su acción no le deja un resquicio de tranquilidad. No sólo ha matado a la viuda que odia, sino también a su hermana, una desgraciada, que estaba allí por error. Por otro lado, la idea de ser descubierto le atormenta sin descanso. Finalmente, su suplicio y su pobreza devienen en una especie de fiebre nerviosa que requiere la presencia del su madre y de su hermana, lo que le supone una gran humillación. Y es que sus familiares más cercanos desconocen el estado de miseria material en que se encuentra el personaje

Muchas lectores califican este libro como infumable, como un exceso en la indagación psicológica de un personaje exagerado. No estoy de acuerdo. Es cierto que puede parecer que el protagonista de la obra es un ser desmesurado, hiperbólico. Pero también lo es el hecho de que analizar lo que pasa por la mente de una persona de un modo detallado sólo es posible colocándola en una situación límite, como en este caso o bien anotando sus reacciones ante un sinfín de acontecimientos rutinarios, hasta que al fin se le pueda calar a la perfección. Y esto nos colocaría quizá ante un libro inmenso e infumable.

Raskólnikov es orgulloso. Pero a la vez tiene un corazón grande que se inclina hacia los más débiles, como es el caso de Sonia, la muchacha que se ve obligada a prostituirse para mantener a su familia. Es inteligente y se hace cargo rápidamente de las intenciones ajenas. Por ello no soporta la idea de que su hermana Dunia se case sin amor, con un hombrecillo despreciable, sólo para facilitar su ascenso en la sociedad. Reconoce la ingeligencia y la grandeza de quienes le rodean, como la de su amigo Razúmijin.
Y el gran logro de de Crimen y castigo no es sólo el análisis psicológico de los protagonistas, como repetiremos los estudiosos y los aficionados a la literatura hasta el fin de los tiempos, sino además todo el elenco de personajes más o menos importantes que van apareciendo al hilo de la acción. A este respecto es muy interesante el cuadro que en wikipedia se nos ofrece sobre los mismos. En el artículo dedicado a esta obra, su autor me desveló algo que sólo alguien que sepa ruso puede saber: los nombres de los personajes de Dovstoiewski son nombres parlantes, que revelan un rasgo esencial de su carácter.

En resumen, a lo largo de esta novela asistimos a un crimen que tiene como consecuencia la caída del buen concepto que de sí mismo tiene el protagonista, a su humillación más completa. Justo en ese momento, en el de su más profunda depresión, es cuando se produce su redención. Raskólnikov acepta que se ha equivocado y decide reparar el daño cometido, lo que le lleva al castigo propiamente dicho: el del exilio en Siberia. Sin embargo, esta aceptación de la culpa y de su penitencia, terminarán por limpiar su alma y le permitirán comenzar una nueva vida. Y es que todo crimen tiene su castigo, y todo castigo, su recompensa.

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