15 de mayo de 2009

¿Realidad o ciencia ficción?



Como ya os he contado en alguna ocasión, cuando tenía 14 años, pensaba que no podría llegar a descubrir un libro mejor que El señor de los anillos.
Más tarde, Crimen y castigo me abrió los ojos a la realidad. Durante mis estudios de Filología tuve la ocasión (y la obligación) de leer numerosas obras de literatura que me sorprendieron y me apasionaron. Y cuando de nuevo empecé a pensar que nada me iba a sorprender, leí Madame Bovary de la que trataré en otra ocasión.

Después de tantos descubrimientos, ya estoy convencida de que todavía queda algún libro nuevo y apasionante por leer. Hace unos años leí un libro que removió mi conciencia y todavía sigue haciéndolo. Se trata de Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

En aquel momento, la utopía que el escritor planteaba, aunque posible, parecía altamente aberrante. En efecto, Un mundo feliz nos presenta un planeta en el que los seres humanos ya no son concebidos de manera natural, sino por fecundación in vitro. Tras este procedimiento, el embrión resultante no se implanta en el útero materno, sino que a través de una complicada maquinaria se sustituye a la madre y además se consigue producir diferentes tipos de personas mediante un condicionamiento a través de la administración del oxígeno. Así surgen los alfas, llamados a ser la clase privilegiada, los betas y los omegas o parias de la sociedad. Los niños nacidos mediante este procedimiento son clones y son educados en inmensas salas por unas enfermeras que los condicionan de tal manera que cada tipo de individuo está casi determinado a comportarse y a sentirse a gusto con su situación.

Así, los bebés omegas al tocar las flores que están a su alcance sufren una descarga eléctrica que los condiciona para sentir aversión por la naturaleza. Mientras descansan, oyen cintas grabadas en las que suenan continuas lecciones sobre la suerte que tienen de no ser alfas, seres con una gran responsabilidad, ni betas. Y de este modo surgen unos seres humanos que están satisfechos con su destino, desconocen lo que es la familia, viven para la sociedad y cuando se deprimen ingieren unas pastillas llamadas soma, con las que su estado de ánimo cambia radicalmente.

En el momento en que el individuo deja se ser útil a la sociedad, lo que ocurre en una edad relativamente temprana -unos cuarenta años-, y manifiesta los primeros síntomas de vejez y fealdad, se va retirando de la circulación. En unas salas inmensas permanencen tumbados viendo la televisión e ingiriendo pastillas de soma mientras esperan su muerte, algo a lo que están abocados por su creciente adicción a esta droga.
Ésta es la sociedad en la que se desarrolla la acción de la obra, en la que Bernard, un individuo no del todo bien visto por ser diferente de los demás, reflexiona sobre aspectos de la realidad que sus compañeros ven como temas completamente extravagantes y extraños: el libre desarrollo de la personalidad, la gestación de la vida dentro de la familia, la templanza en las relaciones sexuales...etc.
Cuando leí el libro aunque posible, la realidad que planteaba no me parecía cercana. Ahora, en un momento en el que se habla de la eutanasia como de una realidad normal, del sexo entre adolescentes cada vez más jóvenes, de la concepción del ser humano en los laboratorios para sus propios fines, y en medio en de una sociedad en la que pensar de modo diferente al mayoritario puede resultar complicado, se me antoja que Aldous Huxley no escribió un libro de ciencia ficción, sino que elaboró una trama de una novela realista del futuro.

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